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				<journal-title>Revista Internacional de Sociolog&#x00ED;a</journal-title>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">ris.2016.74.2.029</article-id>
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				<subject>ART&#x00CD;CULO</subject>
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				<article-title>Los problemas te&#x00F3;ricos y metodol&#x00F3;gicos del concepto de exclusi&#x00F3;n social. Una visi&#x00F3;n neofuncionalista</article-title>
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					<trans-title>Theoretical and methodological problems of the social exclusion concept. A Neofunctionalist Approach</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Los problemas te&#x00F3;ricos y metodol&#x00F3;gicos del concepto de exclusi&#x00F3;n social. Una visi&#x00F3;n neofuncionalista</alt-title>
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					 <surname>Garc&#x00ED;a Blanco</surname>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>El &#x00E9;xito de la idea de exclusi&#x00F3;n social en la pol&#x00ED;tica social y las profesiones sociales europeas no guarda correspondencia con su claridad conceptual ni su determinaci&#x00F3;n emp&#x00ED;rica. La habitual asociaci&#x00F3;n de la exclusi&#x00F3;n social con la privaci&#x00F3;n econ&#x00F3;mica tiene mucho que ver con este problema, que adem&#x00E1;s dificulta una investigaci&#x00F3;n emp&#x00ED;rica acorde con los rasgos m&#x00E1;s importantes que se atribuyen a este fen&#x00F3;meno relacional: la p&#x00E9;rdida multidimensional, acumulativa y secuencial de la inclusi&#x00F3;n social. El objetivo del art&#x00ED;culo es clarificar te&#x00F3;ricamente la exclusi&#x00F3;n social desde un (heterodoxo) punto de vista neofuncionalista y, a partir de &#x00E9;l, proponer una metodolog&#x00ED;a de investigaci&#x00F3;n que facilite una aproximaci&#x00F3;n emp&#x00ED;rica m&#x00E1;s adaptada a los mencionados rasgos distintivos de este fen&#x00F3;meno social.</p>
			</abstract>
			
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				<title>ABSTRACT</title>
				<p>The success of the idea of social exclusion in European social policy and social work has no direct correspondence with its conceptual clarity and empirical determination. The usual connection of social exclusion with economic deprivation has much to do with this problem, which also hinder to make the empirical research in a form proper to the main features of this relational phenomenon: the multidimensional, cumulative and sequentially loss of social inclusion. The aim of this paper is to make a theoretical clarification of social exclusion from a (heterodox) neofunctionalist point of view, and from it to propose a methodology of research, in order to facilitate an empirical approach more adapted to the aforementioned features of this social phenomenon.</p>
			</trans-abstract>

			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Autonom&#x00ED;a funcional</kwd>
				<kwd>Diferenciaci&#x00F3;n social</kwd>
				<kwd>Efectos spill-over</kwd>
				<kwd>Funcionalismo de las equivalencias</kwd>
				<kwd>Interdependencias funcionales</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Equivalence Functionalism</kwd>	
				<kwd>Functional Autonomy</kwd>
				<kwd>Functional Interdependences</kwd>
				<kwd>Social Differentiation</kwd>
				<kwd>Spill-Over Effects</kwd>
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		<sec id="S1">
			<title>LA G&#x00C9;NESIS Y LOS PROBLEMAS DEL CONCEPTO “EXCLUSI&#x00D3;N SOCIAL”</title>

			<p>Aludiendo con mayor o menor precisi&#x00F3;n a una serie de graves carencias sociales que demandan una respuesta urgente de la sociedad, en especial por su tendencia acumulativa en individuos, familias y territorios, el t&#x00E9;rmino “exclusi&#x00F3;n social” ha terminado por convertirse en el punto de referencia casi obligado de las pol&#x00ED;ticas, organizaciones y profesiones sociales en Europa.</p>

			<p>Esto se ha producido como si el t&#x00E9;rmino gozara de un grado de evidencia tal que no precisara de un criterio objetivable de definici&#x00F3;n, pues la mera alusi&#x00F3;n al mismo parece dar cobertura institucional y legitimidad social a pol&#x00ED;ticas e intervenciones sociales que pretenden hacerle frente. Importante para ello ha sido la poderosa imagen espacial impl&#x00ED;cita en el t&#x00E9;rmino entre un interior y un exterior de la sociedad, que sugiere una severa fractura entre quienes no est&#x00E1;n afectados por el problema de la exclusi&#x00F3;n (y por tanto estar&#x00ED;an “dentro” de la sociedad) y quienes s&#x00ED; lo est&#x00E1;n (y por tanto quedar&#x00ED;an “fuera” de la sociedad). El resultado es que, como ha se&#x00F1;alado Herzog (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2011</xref>: 611 y ss.), la exclusi&#x00F3;n social opera m&#x00E1;s como una idea que como un concepto.</p>

			<p>Para comprender este estado de cosas es preciso reconstruir la g&#x00E9;nesis del t&#x00E9;rmino exclusi&#x00F3;n social, que se remonta a los a&#x00F1;os sesenta (<xref ref-type="bibr" rid="CIT13">Kanfler 1965</xref>), aunque su empleo solo se hace frecuente con el debate suscitado por el libro de Ren&#x00E9; Lenoir <italic>Les exclus</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1974</xref>). En &#x00E9;l, se presenta a los excluidos como un colectivo muy heterog&#x00E9;neo, formado por individuos a los que la sociedad no presta atenci&#x00F3;n o viven en los m&#x00E1;rgenes de la “normalidad” social: los “inadaptados, marginales o asociales […], incapaces de atender sus necesidades, o que exigen cuidados constantes, o representan un peligro para los dem&#x00E1;s, o se encuentran segregados, bien por causa de ellos mismos, bien por causa de la colectividad” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT16">Lenoir 1974</xref>: 10).</p>

			<p>Los pobres como tales no son incluidos por Lenoir entre los excluidos, al considerar que la pobreza es solo un factor de vulnerabilidad entre otros, y que entre ella y la inadaptaci&#x00F3;n hay m&#x00E1;s una correlaci&#x00F3;n que una relaci&#x00F3;n causal (<xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1974</xref>: 27 y ss.), como probar&#x00ED;a el hecho de que la exclusi&#x00F3;n afecta a todas las capas sociales.</p>

			<p>Este deslinde de la pobreza oblig&#x00F3; a Lenoir a buscar un criterio distinto de la falta de recursos como fundamento de la exclusi&#x00F3;n social, y lo encontr&#x00F3; en una especie de patolog&#x00ED;a social de ra&#x00ED;z moral, pero que queda sin teorizar, como se pone de manifiesto en el continuo baile de t&#x00E9;rminos utilizados como equivalentes para referirse a &#x00E9;l (exclusi&#x00F3;n, inadaptaci&#x00F3;n, marginalidad…) y en la gran diversidad de situaciones, cuyo denominador com&#x00FA;n es institucional: se trata de individuos que, por variadas razones, son objeto de la atenci&#x00F3;n de los servicios sociales.</p>

			<p>Los excluidos son presentados, as&#x00ED;, como los habitantes de los suburbios marginales, los parados de larga duraci&#x00F3;n, los ni&#x00F1;os y j&#x00F3;venes que fracasan en el sistema educativo, los colectivos que no tienen acceso al sistema sanitario ni a los servicios y ayudas sociales, etc. Lo que vendr&#x00ED;a a poner de manifiesto en cada uno de estos casos es una l&#x00ED;nea simb&#x00F3;lica que separa a dos grupos de poblaci&#x00F3;n: los que viven en espacios urbanos normalizados y los que viven es espacios degradados y degradantes; los que acceden al mercado de trabajo normalizado y los que quedan fuera de &#x00E9;l; los que se atienen a la norma educativa y los que no –y en consecuencia fracasan en la escuela–; quienes acceden a las instituciones de la seguridad social y a los servicios de salud y quienes no acceden ni a unas ni a otros. La exclusi&#x00F3;n social viene a hacer referencia, pues, a una divisi&#x00F3;n del espacio social: hay quienes est&#x00E1;n dentro de la sociedad –integrados en ella– y quienes est&#x00E1;n fuera –los excluidos de ella–.</p>

			<p>El texto de Lenoir, por lo dem&#x00E1;s, no ofrece respuesta a la cuesti&#x00F3;n crucial de c&#x00F3;mo se produce la divisi&#x00F3;n de la sociedad entre incluidos y excluidos, que solo bastantes a&#x00F1;os despu&#x00E9;s, en la d&#x00E9;cada de los noventa, es abordada de forma m&#x00E1;s rigurosa.</p>

			<p>En 1991, un grupo de trabajo encabezado por Philippe Nasse elabor&#x00F3; un informe sobre la exclusi&#x00F3;n para el Comisionado del XI Plan Econ&#x00F3;mico Nacional franc&#x00E9;s. En &#x00E9;l, si bien subsiste la ambig&#x00FC;edad relativa a la diferencia entre exclusi&#x00F3;n e inadaptaci&#x00F3;n, podemos encontrar dos ideas muy interesantes. La primera es que la exclusi&#x00F3;n simb&#x00F3;lica es un desencadenante de situaciones de exclusi&#x00F3;n; y la segunda, que toda situaci&#x00F3;n de exclusi&#x00F3;n social representa un riesgo de exclusi&#x00F3;n acumulativa, es decir, acaba generando otras formas de ruptura del <italic>lien social</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">Nasse 1991</xref>: 33), que es un concepto clave para entender la g&#x00E9;nesis de la noci&#x00F3;n de exclusi&#x00F3;n, que, como certeramente ha se&#x00F1;alado Fassin (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1996</xref>), remite a las tradiciones francesas de la higiene y la asistencia sociales, por un lado, y de la sociedad como un organismo cohesionado moralmente de la teor&#x00ED;a social durkheimiana, por otro.</p>

			<p>En un segundo informe para dicho plan, este proceso de exclusi&#x00F3;n social se focaliz&#x00F3; en el desempleo, ya que pese a constatar “la gran heterogeneidad de las poblaciones excluidas y la diversidad de trayectorias que conducen a la exclusi&#x00F3;n”, se puso especial &#x00E9;nfasis en que “el desempleo de larga duraci&#x00F3;n o recurrente se ha convertido en la manifestaci&#x00F3;n y la fuente principal de exclusi&#x00F3;n” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT07">Fragonard 1993</xref>: 16 y ss.).</p>

			<p>Este giro hacia el desempleo como el centro de los procesos que deterioran el “v&#x00ED;nculo” del individuo con la sociedad normalizada no impidi&#x00F3; que la noci&#x00F3;n de exclusi&#x00F3;n social siguiera cubriendo un amplio espectro de situaciones susceptibles de ser referidas a fen&#x00F3;menos diversos, como la pobreza, la desigualdad o la ciudadan&#x00ED;a. Si se re&#x00FA;nen todos ellos bajo un denominador com&#x00FA;n es porque se considera que, a fin de cuentas, desembocan en una fractura social entre quienes tienen un “lugar” en la sociedad y quienes no lo tienen.</p>

			<p>Dentro de este proceso de difusi&#x00F3;n acelerada del t&#x00E9;rmino “exclusi&#x00F3;n social” durante los a&#x00F1;os noventa, tuvieron lugar los, hasta ahora, m&#x00E1;s sistem&#x00E1;ticos intentos de teorizar la exclusi&#x00F3;n social, que tienen como marco de referencia los discursos sobre las “nuevas formas de pobreza” y la “nueva cuesti&#x00F3;n social”.</p>

			<p>En el primer caso, nos encontramos con los an&#x00E1;lisis de Serge Paugam (<xref ref-type="bibr" rid="CIT29">1991</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1993</xref>) sobre los procesos de “descualificaci&#x00F3;n social”. Para Paugam, las l&#x00ED;neas principales de fractura social que est&#x00E1;n en el origen de la nueva pobreza dependen de dos grandes desarrollos estructurales en las sociedades industriales avanzadas: la degradaci&#x00F3;n del mercado de trabajo y el crecimiento, asociado a &#x00E9;l, del desempleo de larga duraci&#x00F3;n, por un lado; y, por otro, el debilitamiento de los v&#x00ED;nculos sociales generados por la familia y la solidaridad de clase (obrera).</p>

			<p>En el segundo caso, Robert Castel (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1991</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1995</xref>) presenta la “nueva cuesti&#x00F3;n social” en el marco de la historia de la relaci&#x00F3;n entre trabajo y sociabilidad, con la que explora c&#x00F3;mo la inserci&#x00F3;n de los individuos en la divisi&#x00F3;n del trabajo hab&#x00ED;a permitido construir una serie de formas de cohesi&#x00F3;n social, as&#x00ED; como las “zonas de vulnerabilidad social” que revelan el aspecto an&#x00F3;mico de dichas formas. En relaci&#x00F3;n con tales zonas, Castel no trat&#x00F3; tanto de mostrar la localizaci&#x00F3;n de los individuos en ellas, como de explicar los procesos de tr&#x00E1;nsito de la integraci&#x00F3;n a la vulnerabilidad o precariedad y/o de esta a la “inexistencia social”.</p>

			<p>En relaci&#x00F3;n con esta &#x00FA;ltima, Castel prefiere referirse m&#x00E1;s a la “desafiliaci&#x00F3;n” que a la exclusi&#x00F3;n, al considerar que la primera, m&#x00E1;s que ratificar una ruptura, apunta a la reconstrucci&#x00F3;n de las trayectorias que conducen a ella; mientras que la segunda tiene una connotaci&#x00F3;n excesivamente est&#x00E1;tica, por referirse sobre todo a un estado (o conjunto de estados) de privaci&#x00F3;n, cuya constataci&#x00F3;n cree que dificulta, m&#x00E1;s que facilita, la recomposici&#x00F3;n del proceso que produce tal situaci&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">Castel 1995</xref>: 13 y ss.). Es m&#x00E1;s, Castel recalca, con acierto, que la exclusi&#x00F3;n de ning&#x00FA;n modo puede entenderse como inexistencia de relaciones sociales, sino como un conjunto de relaciones sociales particulares. Como nadie estar&#x00ED;a fuera de la sociedad, la met&#x00E1;fora espacial “dentro/fuera” subyacente a la noci&#x00F3;n de exclusi&#x00F3;n ser&#x00ED;a poco adecuada para simbolizar el problema de referencia, que ser&#x00ED;a captada mejor por la diferencia “centro/periferia”. As&#x00ED;, en la sociedad habr&#x00ED;a un conjunto de posiciones cuyas relaciones con el “centro” son m&#x00E1;s o menos laxas, siendo de &#x00E9;l de donde surge la onda de choque que atraviesa la estructura social. Pero si el foco se dirige hacia las situaciones perif&#x00E9;ricas, tal y como hace el concepto de exclusi&#x00F3;n, cree Castel que quedan ocultos los procesos desencadenados por esa onda de presi&#x00F3;n, al igual que las continuidades de los mismos a trav&#x00E9;s de la estructura social, lo que conducir&#x00ED;a a olvidar que la vulnerabilidad golpea a la sociedad en sus relaciones laborales, a trav&#x00E9;s de las diversas formas de desregulaci&#x00F3;n y flexibilizaci&#x00F3;n del trabajo.</p>

			<p>Los problemas de estos desarrollos te&#x00F3;ricos relativos a la exclusi&#x00F3;n son, sobre todo, dos. En primer lugar, presentan la exclusi&#x00F3;n social como un fen&#x00F3;meno propio de la madura sociedad moderna, y por lo tanto dificultan la posibilidad de entenderla en toda su magnitud; es decir, como un problema presente en toda sociedad, cuyas formas y consecuencias cambian con la transformaci&#x00F3;n de las sociedades. Y en segundo lugar, el uso de una concepci&#x00F3;n estratificatoria de la estructura social moderna, aunque se presente en forma de una diferencia centro/periferia social, conduce a una combinaci&#x00F3;n poco clara de conceptos marxistas (explotaci&#x00F3;n laboral) y weberianos (dominaci&#x00F3;n y cierre social), que se traduce en la idea de que el problema de la desafiliaci&#x00F3;n social radica en si las estructuras ocupacionales y las instituciones pol&#x00ED;ticas que distribuyen recursos y oportunidades sociales permiten a la sociedad ofrecer “sitio” a todos o, por el contrario, hacen que sufra un d&#x00E9;ficit estructural de “sitios”, de “lugares sociales” (Laparra <italic>et al.</italic> <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2007</xref>: 18 y ss.).</p>

			<p>Este planteamiento te&#x00F3;rico no ha sido &#x00F3;bice, sin embargo, para que sus partidarios hayan se&#x00F1;alado que tanto el “espacio” de la exclusi&#x00F3;n como las “trayectorias” de desafiliaci&#x00F3;n/descualificaci&#x00F3;n social que conducen a &#x00E9;l originan un fen&#x00F3;meno multidimensional y heterog&#x00E9;neo, adem&#x00E1;s de esencialmente din&#x00E1;mico (Laparra y P&#x00E9;rez <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2008</xref>), lo que es correcto pero contradictorio con la imagen unidimensional (focalizada en la econom&#x00ED;a, particularmente en el &#x00E1;mbito laboral-ocupacional) y compacta (ejercicio de la dominaci&#x00F3;n y clausura social) que proyecta dicho planteamiento. Podemos preguntarnos, por ejemplo, c&#x00F3;mo es posible explicar desde esta perspectiva que una persona de clase media con una carrera profesional normalizada, a causa de una adicci&#x00F3;n da&#x00F1;e gravemente sus relaciones familiares, deteriore severamente su estatus laboral y acabe refugi&#x00E1;ndose en c&#x00ED;rculos formados por personas en situaci&#x00F3;n similar, lo que a su vez con frecuencia realimenta su proceso de exclusi&#x00F3;n familiar y laboral.</p>

			<p>Este ejemplo creo que clarifica, no solo que los fen&#x00F3;menos de exclusi&#x00F3;n no dependen de las categor&#x00ED;as marxistas enraizadas en el concepto de explotaci&#x00F3;n, como se&#x00F1;al&#x00F3; hace ya tiempo Rosanvallon (<xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1995</xref>: 7), sino, tambi&#x00E9;n, que es dif&#x00ED;cil entenderlos a partir de las categor&#x00ED;as de dominaci&#x00F3;n y cierre social, pilares fundamentales de la teor&#x00ED;a weberiana de la estratificaci&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT36">Silver 2007</xref>). Por ello, se hace necesaria una teorizaci&#x00F3;n alternativa de la exclusi&#x00F3;n social, capaz de articularla dentro de una teor&#x00ED;a general de la sociedad y su evoluci&#x00F3;n, as&#x00ED; como de dar cuenta coherente del car&#x00E1;cter “din&#x00E1;mico”, “multidimensional” y “heterog&#x00E9;neo” que hoy se le atribuye de forma generalizada.</p>
			
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			<title>FUNDAMENTOS NEOFUNCIONALISTAS DE UNA ALTERNATIVA TE&#x00D3;RICA</title>

			<p>El t&#x00ED;tulo de neofuncionalista con el que hago referencia a mi propuesta de an&#x00E1;lisis alternativo de la exclusi&#x00F3;n social, alude a una corriente del pensamiento sociol&#x00F3;gico que en los a&#x00F1;os setenta del pasado siglo retom&#x00F3; la inspiraci&#x00F3;n funcionalista, tras el fuerte descr&#x00E9;dito en que hab&#x00ED;a ca&#x00ED;do su versi&#x00F3;n cl&#x00E1;sica durante la d&#x00E9;cada anterior. Esta denominaci&#x00F3;n, como ha se&#x00F1;alado Jeffrey C. Alexander (1985), se acu&#x00F1;&#x00F3; a imagen y semejanza del r&#x00F3;tulo neomarxismo, utilizado para referirse al amplio movimiento intelectual que, poco antes, hab&#x00ED;a llevado a cabo una renovaci&#x00F3;n sustantiva del pensamiento marxista cl&#x00E1;sico. </p>

			<p>Como el neomarxismo, el neofuncionalismo realiz&#x00F3; una cr&#x00ED;tica decidida de algunos supuestos b&#x00E1;sicos del planteamiento original, incorpor&#x00F3; algunos elementos de otras corrientes intelectuales supuestamente antag&#x00F3;nicas y no se materializ&#x00F3; en una perspectiva &#x00FA;nica, sino en una diversidad de desarrollos te&#x00F3;ricos frecuentemente conflictivos entre s&#x00ED;. De ellos, ser&#x00E1; el construido por el soci&#x00F3;logo alem&#x00E1;n Niklas Luhmann el que sirva de referencia a mi propuesta te&#x00F3;rica.</p>

			<p>Como es bien sabido, el funcionalismo cl&#x00E1;sico antepuso el concepto de estructura al de funci&#x00F3;n, pues presupon&#x00ED;a unos sistemas sociales provistos de determinadas estructuras y, a partir de ello, se interrogaba por sus prestaciones funcionales, que deb&#x00ED;an ser atendidas si los sistemas en cuesti&#x00F3;n deb&#x00ED;an conservarse (<xref ref-type="bibr" rid="CIT34">Radcliffe-Brown 1972</xref>; Parsons 1964). A este enfoque estructural-funcional, Luhmann contrapuso una alternativa a la que denomin&#x00F3; funcional-estructuralismo, porque su idea central es la necesidad de invertir los t&#x00E9;rminos de la relaci&#x00F3;n entre estructura y funci&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">Luhmann 1974a</xref>). Luhmann consideraba que, m&#x00E1;s all&#x00E1; de la tradicional cr&#x00ED;tica por la dificultad de explicar el cambio y el conflicto sociales, el principal problema del estrucural-funcionalismo resid&#x00ED;a en esa anteposici&#x00F3;n por principio de las estructuras a las funciones, pues cre&#x00ED;a que cerraba la posibilidad de problematizar las estructuras y plantearse su sentido para la constituci&#x00F3;n y reproducci&#x00F3;n de los sistemas sociales. </p>

			<p>Con este giro en la fundamentaci&#x00F3;n del an&#x00E1;lisis funcional, su punto de referencia ya no es un estado de cosas dado (un sistema estructurado y su conservaci&#x00F3;n), sino algo m&#x00E1;s abstracto y abierto: el mundo y su complejidad, entendida como totalidad de lo posible en &#x00E9;l. Y como el concepto de posibilidad presupone que es factible condicionar y limitar lo posible, los sistemas son concebidos como aquellas unidades que, dentro del mundo, a trav&#x00E9;s de sus estructuras convierten lo posible en algo determinado, o cuando menos determinable.</p>

			<p>Sistemas sociales y personales procesan la complejidad del mundo de una forma peculiar: erigiendo condicionantes y limitaciones que seleccionan determinadas posibilidades, pero a la vez permiten referirse a otras y ordenar el acceso a las mismas. En el plano social del mundo, la complejidad se presenta como doble contingencia, de la que se deriva una tendencia a la indeterminaci&#x00F3;n reflexiva de la interacci&#x00F3;n social. A tal efecto, los sistemas sociales disponen de dos v&#x00ED;as diferentes pero complementarias de estructuraci&#x00F3;n: la generalizaci&#x00F3;n de expectativas y la diferenciaci&#x00F3;n interna, pues mediante ellas la sociedad reduce y conserva complejidad de una forma ordenada, al facilitar la selecci&#x00F3;n de acciones concretas entre las socialmente posibles, pero remitiendo a la vez siempre a nuevas posibilidades de acci&#x00F3;n, que exigir&#x00E1;n una nueva selecci&#x00F3;n. </p>

			<p>Estos dispositivos de estructuraci&#x00F3;n social no pueden ser entendidos como lo fijo o estable de la sociedad, por contraposici&#x00F3;n a unos procesos sociales que representasen su fluidez y variabilidad. La incesante sucesi&#x00F3;n de fen&#x00F3;menos sociales, que a cada instante convierte un futuro que siempre mantiene abiertas distintas posibilidades en un pasado ya inmodificable, implica por s&#x00ED; misma una reducci&#x00F3;n f&#x00E1;ctica de complejidad. Justo de ello y de la consiguiente necesidad de delimitaci&#x00F3;n sist&#x00E9;mica es de lo que da cuenta el concepto de proceso social. En pocas palabras: los procesos son sistemas y precisan una estructura, cuya funci&#x00F3;n no consiste en eliminar la selectividad espont&#x00E1;nea de los procesos, sino en reforzar su capacidad selectiva, facilitando as&#x00ED; su delimitaci&#x00F3;n y una mejor determinaci&#x00F3;n de su funcionamiento.</p>

			<p>De esta diferencia fundamental resulta otra de especial relevancia para el tema de este art&#x00ED;culo: la relativa al concepto de “evoluci&#x00F3;n social”, con el que se debe dar cuenta de c&#x00F3;mo emergen y se reproducen las estructuras de la sociedad. </p>

			<p>La explicaci&#x00F3;n de c&#x00F3;mo emergen y se reproducen las estructuras sociales adopta en Parsons (<xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1974</xref>: 40 y ss.) m&#x00E1;s la forma de un proceso de desarrollo que propiamente evolutivo, al entender la evoluci&#x00F3;n social como un proceso de progresiva diferenciaci&#x00F3;n de las estructuras sociales que deben atender cada una de las cuatro funciones anal&#x00ED;ticamente identificadas por su teor&#x00ED;a general de la acci&#x00F3;n con el famoso esquema “AGIL”.</p>

			<p>Frente a este esquema “desarrollista” de la evoluci&#x00F3;n social, Luhmann toma como punto de partida la idea de que el an&#x00E1;lisis evolutivo debe explicar c&#x00F3;mo el cambio social hace posible que de la entrop&#x00ED;a social pueda surgir la neguentrop&#x00ED;a; es decir, c&#x00F3;mo tiene lugar la morfog&#x00E9;nesis de la complejidad social (<xref ref-type="bibr" rid="CIT21">Luhmann 1997</xref>: 414).</p>

			<p>Luhmann busca la respuesta a esta cuesti&#x00F3;n en el neoevolucionismo, en el que la morfog&#x00E9;nesis de la complejidad no se explica mediante una “ley” ni apelando a las ganancias de “racionalidad” que genera la complejidad, sino suponiendo que la evoluci&#x00F3;n es recursiva, ya que se concibe como un proceso que aplica a sus resultados el mismo procedimiento que los ha producido: la “cooperaci&#x00F3;n no coordinada” de las funciones evolutivas de la variaci&#x00F3;n, la selecci&#x00F3;n y la reestructuraci&#x00F3;n. Esta falta de coordinaci&#x00F3;n sist&#x00E9;mica (com&#x00FA;nmente descrita como “azar”) implica que no es posible prever si las variaciones conducir&#x00E1;n a una selecci&#x00F3;n positiva o negativa de las novedades que presentan, y menos a&#x00FA;n si se producir&#x00E1; la reestructuraci&#x00F3;n a partir de la correspondiente selecci&#x00F3;n. El resultado de ello es una concepci&#x00F3;n de la evoluci&#x00F3;n como un proceso interminable que tiene lugar en un tiempo irreversible, en cuyo curso cualquier reestructuraci&#x00F3;n estabilizadora se convierte en punto de apoyo para la g&#x00E9;nesis de nuevas variaciones –y esto, l&#x00F3;gicamente, tanto m&#x00E1;s cuanto mayor sea la complejidad alcanzada–.</p>

			<p>Al representar tanto el final de una secuencia evolutiva como el presupuesto de la nueva variaci&#x00F3;n social, la reestructuraci&#x00F3;n evolutiva simboliza la unidad de la morfog&#x00E9;nesis social y ha de ser concebida como “estabilizaci&#x00F3;n din&#x00E1;mica”. Su soporte fundamental son las ya mencionadas formas de diferenciaci&#x00F3;n interna de la sociedad, a saber: la segmentaria, caracter&#x00ED;stica de las sociedades arcaicas; la estratificatoria, propia de las sociedades de castas y estamentales; y la funcional, correspondiente a las sociedades modernas.</p>

			<p>Por tanto, la evoluci&#x00F3;n social no cabe ser interpretada ni como progreso ni como desarrollo, pues en ella caben por igual la emergencia de los &#x00F3;rdenes sociales y su destrucci&#x00F3;n. La teor&#x00ED;a de la evoluci&#x00F3;n tampoco puede proporcionar un modelo interpretativo del futuro, ya que no presupone una teleolog&#x00ED;a hist&#x00F3;rica (sea positiva, sea negativa) ni encierra un modelo de regulaci&#x00F3;n que pudiera auxiliarnos a responder a la cuesti&#x00F3;n de si debe dej&#x00E1;rsela operar libremente o debe ser corregida. Ella solo responde a una &#x00FA;nica cuesti&#x00F3;n: c&#x00F3;mo es posible que puedan emerger sistemas cada vez m&#x00E1;s complejos y, eventualmente, por qu&#x00E9; fracasan.</p>
		</sec>

		
		<sec id="S3">
			<title>INCLUSI&#x00D3;N Y EXCLUSI&#x00D3;N DESDE UN PUNTO DE VISTA FUNCIONAL-ESTRUCTURAL</title>

			<p>La sociedad necesita de la vida consciente para existir, pero a la vez ella produce las condiciones que permiten la reproducci&#x00F3;n de esta. Y es a esta conexi&#x00F3;n mutuamente constitutiva, vista desde el lado de la sociedad, a lo que nos referimos cuando hablamos de inclusi&#x00F3;n. La inclusi&#x00F3;n alude, pues, a que la sociedad ha de aprovechar la complejidad de la vida consciente para producir interacci&#x00F3;n social. Sin embargo, la complejidad de esta conexi&#x00F3;n tambi&#x00E9;n produce exclusi&#x00F3;n, pues para que la inclusi&#x00F3;n sea posible los seres humanos deben ser distinguidos por sus respectivas aportaciones a la interacci&#x00F3;n social. Es decir, participar en la interacci&#x00F3;n social requiere que los individuos hagamos nuestras propias contribuciones –corporales y ps&#x00ED;quicas–, y as&#x00ED; debamos distinguirnos unos de otros, comport&#x00E1;ndonos de forma mutuamente exclusiva, pues solo as&#x00ED; es posible realizar nuestra propia aportaci&#x00F3;n a la reproducci&#x00F3;n de la sociedad. Justo porque hemos de cooperar, en contra de cualquier analog&#x00ED;a natural, ha de estar claro qui&#x00E9;n realiza cada contribuci&#x00F3;n. </p>

			<p>Este es el fondo a partir del cual, en conexi&#x00F3;n con la teor&#x00ED;a de la divisi&#x00F3;n social del trabajo y la distinci&#x00F3;n entre solidaridad mec&#x00E1;nica y org&#x00E1;nica, Durkheim sostuvo que las sociedades modernas, al estar provistas de un mayor grado de divisi&#x00F3;n del trabajo y una forma org&#x00E1;nica de solidaridad, producen a la vez m&#x00E1;s inclusi&#x00F3;n y m&#x00E1;s exclusi&#x00F3;n (rec&#x00ED;proca), dando origen a su conocida tesis de que las sociedades industriales impulsan una creciente “individualizaci&#x00F3;n” de las personas, con su secuela de una creciente anomia.</p>

			<p>Siguiendo la estela de Durkheim, e incorporando la teor&#x00ED;a del desarrollo de la ciudadan&#x00ED;a de Thomas H. Marshall, Talcott Parsons (<xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1973</xref>: 306) defini&#x00F3; la “inclusi&#x00F3;n” como un conjunto de patrones de acci&#x00F3;n que individuos y/o grupos deben seguir para ser aceptados como miembros efectivos de un sistema de solidaridad social. Lo que a Parsons le interesaba era, sobre todo, el proceso de inclusi&#x00F3;n en las unidades sociales m&#x00E1;s grandes y complejas que produce el proceso evolutivo de las sociedades, y que representar&#x00ED;a un requisito para la creciente diferenciaci&#x00F3;n que caracteriza a las m&#x00E1;s evolucionadas (<xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1971</xref>: 92 y ss.). Con el progreso de la diferenciaci&#x00F3;n social, las condiciones de la inclusi&#x00F3;n cambiar&#x00ED;an; de manera que en las m&#x00E1;s diferenciadas y complejas sociedades modernas dichas condiciones ya no pueden ser tan compactas ni ordenarse tan jer&#x00E1;rquicamente como en las sociedades premodernas, por lo que han de hacerse mucho m&#x00E1;s individualizadas. Las sociedades modernas se caracterizar&#x00ED;an, as&#x00ED;, por ofrecer posibilidades de inclusi&#x00F3;n a todos los individuos, y el problema se reducir&#x00ED;a a c&#x00F3;mo condicionar estas posibilidades y hacerlas efectivas –es decir, a c&#x00F3;mo articular igualdad y desigualdad seg&#x00FA;n el &#x00E9;xito y el reconocimiento social (<xref ref-type="bibr" rid="CIT28">1977</xref>)–. </p>

			<p>Resulta evidente que esta concepci&#x00F3;n de la inclusi&#x00F3;n es excesivamente simplista, al faltarle una reflexi&#x00F3;n acerca del caso negativo de estas categor&#x00ED;as, que solo puede subsanarse introduciendo la distinci&#x00F3;n entre inclusi&#x00F3;n y exclusi&#x00F3;n. Si la inclusi&#x00F3;n representa la chance de un individuo de ser reconocido o relevante a efectos de interacci&#x00F3;n social, o dicho de un modo m&#x00E1;s convencional, de ser tratado como “persona” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">Luhmann 1995</xref>: 241), entonces no es m&#x00E1;s que la cara interna de una diferencia, pues si existe inclusi&#x00F3;n es porque la exclusi&#x00F3;n –el no reconocimiento como “direcci&#x00F3;n” interactiva, como “persona”– tambi&#x00E9;n es posible. M&#x00E1;s a&#x00FA;n, la cohesi&#x00F3;n social puede ser observada y sus condiciones especificadas solo gracias a la existencia de individuos y grupos que no participan de ella (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">Geremek 1976</xref>: 11). Es decir, si las condiciones de la cohesi&#x00F3;n y la inclusi&#x00F3;n sociales pueden ser especificadas como la forma del orden social es porque la exclusi&#x00F3;n representa la contraestructura del sentido y fundamento de dicho orden.</p>

			<p>En contra de lo sostenido dentro del funcional-estructuralismo por Stichweh (<xref ref-type="bibr" rid="CIT37">2005</xref>) y fuera de &#x00E9;l por algunos de sus cr&#x00ED;ticos (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">Herzog 2011</xref>: 615 y ss.), la diferencia inclusi&#x00F3;n/exclusi&#x00F3;n no puede entenderse como una oposici&#x00F3;n jer&#x00E1;rquica, en el sentido de Dumont (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1970</xref>); es decir, como una diferencia en la que el valor negativo no es m&#x00E1;s que una forma subordinada al valor positivo, que por eso engloba a ambos. Esta proposici&#x00F3;n es adecuada para entender la l&#x00F3;gica de la diferenciaci&#x00F3;n estratificatoria, en la que el valor negativo (plebeyo, impuro) designa una forma de inclusi&#x00F3;n subordinada al t&#x00E9;rmino positivo (noble, puro), el cual puede entonces actuar a la vez como parte y como representante del todo (de la diferencia misma). El problema, como veremos de inmediato, es que la exclusi&#x00F3;n en las sociedades estratificadas hace referencia, justo, a aquellos que quedan fuera del r&#x00E9;gimen de clasificaci&#x00F3;n jer&#x00E1;rquico, por caracer de familia u hogar o por ser “intocables”<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>. Pero es que, adem&#x00E1;s, cuando la heter&#x00E1;rquica sociedad moderna instituye –dentro de su sistema pol&#x00ED;tico– planes, programas y servicios relativos a la diferencia inclusi&#x00F3;n/exclusi&#x00F3;n, el t&#x00E9;rmino operativo es justamente el valor negativo, pues solo a partir de la exclusi&#x00F3;n puede producir y conectar sus operaciones inclusivas, mientras que el positivo queda convertido en un valor que solo orienta la reflexi&#x00F3;n acerca de la contingencia de los resultados de dichas operaciones. </p>

			<p>A esta forma de entender inclusi&#x00F3;n y exclusi&#x00F3;n se le ha reprochado, en el contexto de su aplicaci&#x00F3;n a las sociedades modernas, que “su radicalidad te&#x00F3;rica la hace inviable”, porque “pr&#x00E1;cticamente no se encuentran casos de una exclusi&#x00F3;n (total) de sistemas” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">Herzog 2011</xref>: 617). Sin embargo, esta cr&#x00ED;tica est&#x00E1; fundamentada en una lectura poco atenta del planteamiento de Luhmann, pues ignora que, para este, si bien la distinci&#x00F3;n inclusi&#x00F3;n/exclusi&#x00F3;n tiene un sentido propio, y como tal es definida y analizada en el marco de su teor&#x00ED;a general de la sociedad, su materializaci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica est&#x00E1; estrechamente relacionada con la forma dominante de diferenciaci&#x00F3;n de la sociedad. Por eso, en la sociedad moderna, al ser inclusi&#x00F3;n y exclusi&#x00F3;n producidas por los diferentes subsistemas funcionales, y no por el sistema global de la sociedad, “la diferencia inclusi&#x00F3;n/exclusi&#x00F3;n nunca se da emp&#x00ED;ricamente con tanta claridad como para que todas las personas puedan ser inequ&#x00ED;vocamente clasificadas en uno de sus lados” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">Luhmann 1995</xref>: p. 263). </p>
		</sec>
	
	
		<sec id="S4">

			<title>INCLUSI&#x00D3;N, EXCLUSI&#x00D3;N Y DIFERENCIACI&#x00D3;N SOCIAL</title>

			<p>Para el funcional-estructuralismo, a diferencia de los enfoques m&#x00E1;s habituales de la exclusi&#x00F3;n social, esta no es un fen&#x00F3;meno subordinado ni privativo de las sociedades postindustriales –en tanto que nueva forma de pobreza o nueva cuesti&#x00F3;n social–. En cuanto reverso de la inclusi&#x00F3;n, la exclusi&#x00F3;n est&#x00E1; presente en todo orden social, y por ello var&#x00ED;a con la evoluci&#x00F3;n sociocultural, dependiendo, sobre todo, de las distintas formas de diferenciaci&#x00F3;n social que van apareciendo en su curso.</p>

			<p>En las sociedades arcaicas, diferenciadas conforme a l&#x00ED;neas de segmentaci&#x00F3;n seg&#x00FA;n el parentesco, la inclusi&#x00F3;n resulta directamente de la pertenencia a un grupo de parentesco (<xref ref-type="bibr" rid="CIT05">Evans-Pritchard 1997</xref>: cap. 3). Esta forma de inclusi&#x00F3;n hace muy dif&#x00ED;cil la exclusi&#x00F3;n, pues la p&#x00E9;rdida de la pertenencia a un segmento puede ser atenuada por la inclusi&#x00F3;n en otro, como ocurre en el caso de la mudanza y traslado a otra tribu. La exclusi&#x00F3;n pura y dura era un fen&#x00F3;meno marginal, por lo com&#x00FA;n asociado al destierro, que castigaba la infracci&#x00F3;n de una norma fundamental de convivencia y se materializaba generalmente de una forma impetuosa, debido a la falta de un sistema jur&#x00ED;dico diferenciado (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">Lienhardt 1958</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">Posner 1980</xref>).</p>

			<p>En las m&#x00E1;s evolucionadas sociedades estratificadas, la inclusi&#x00F3;n est&#x00E1; determinada por el correspondiente sistema de estratos y rangos sociales. Cada ser humano tiene aqu&#x00ED; una posici&#x00F3;n social diferenciada y su correspondiente dignidad personal en funci&#x00F3;n del estrato al que pertenece. Pero la regulaci&#x00F3;n de inclusi&#x00F3;n y exclusi&#x00F3;n se contin&#x00FA;a produciendo en el plano segmentario, al componerse los estratos sociales de unidades familiares. Cada individuo obtiene su estatus social en virtud de la familia en la que ha nacido o, en el caso de los servidores, por el hogar en el que prestan sus servicios. Excluidos, por tanto, son aquellos que carecen de una familia o de un hogar reconocidos; en el caso de la sociedad medieval y de la temprana modernidad europea, por ejemplo, los mendigos, el personal de conventos y monasterios (seg&#x00FA;n la posici&#x00F3;n social), quienes ejercen profesiones deshonestas, as&#x00ED; como gran parte de la tropa de los ej&#x00E9;rcitos y del personal de la marina (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">Geremek 1976</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1998</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">Piergiovanni 1993</xref>). </p>

			<p>Este espacio de exclusi&#x00F3;n, que se ampl&#x00ED;a seg&#x00FA;n avanza el proceso de decadencia del orden agrario medieval, es especialmente reconocible porque en relaci&#x00F3;n con &#x00E9;l quiebran las normas tradicionales de reciprocidad, de forma que alg&#x00FA;n tipo de solidaridad solo pod&#x00ED;a mantenerse en virtud de ideas religiosas acerca del deber de compasi&#x00F3;n y la salvaci&#x00F3;n de la propia alma, lo que mov&#x00ED;a a los excluidos al empleo de todo tipo de trucos y enga&#x00F1;os para obtener compasi&#x00F3;n.</p>

			<p>La diferencia inclusi&#x00F3;n/exclusi&#x00F3;n se reconstruye ahora dependiendo de la sedentariedad, que permite mantener relaciones sociales regulares y, a partir de ellas, formarse expectativas fiables acerca de los otros. Pero esto precisamente requiere de la existencia de exclusiones, que la sociedad no puede ignorar, aunque solo sea manteniendo ciertos tipos de conexiones secundarias. Es as&#x00ED; como en el &#x00E1;mbito marginal se produce el reclutamiento de tropas para los ej&#x00E9;rcitos y de personal para servir en la marina, y los artesanos itinerantes, aunque no eran excluidos en sentido estricto, desempe&#x00F1;aban un importante papel en ciertos mercados de trabajo. En la temprana modernidad, las ciudades y los emergentes Estados reaccionaron a esta situaci&#x00F3;n con la organizaci&#x00F3;n del trabajo y la organizaci&#x00F3;n eclesi&#x00E1;stica, principal responsable del sistema de auxilio social (<xref ref-type="bibr" rid="CIT33">Pound 1988</xref>). </p>

			<p>Con el cambio estructural que la modernidad representa hacia una forma de diferenciaci&#x00F3;n funcional, inclusi&#x00F3;n y exclusi&#x00F3;n experimentan una transformaci&#x00F3;n radical. Dado que la diferenciaci&#x00F3;n funcional no distribuye a los individuos como tales entre los subsistemas, la inclusi&#x00F3;n no puede producirse ya en virtud de la pertenencia exclusiva a “un” subsistema que otorgue “una” posici&#x00F3;n social, sino que todos los individuos tienen que poder participar en todos los subsistemas sociales, y con ello ocupar m&#x00FA;ltiples y diversas posiciones para incluirse (“inclusi&#x00F3;n universalista”). Adem&#x00E1;s, la inclusi&#x00F3;n tiene que hacerse seg&#x00FA;n la funci&#x00F3;n y los c&#x00F3;digos comunicativos de los que en cada caso se trate, por lo que los individuos han de cambiar continuamente su registro de conducta, adapt&#x00E1;ndose a las exigencias diversas de cada contexto funcional.</p>

			<p>Con este cambio estructural, la sociedad deja de ofrecer a los individuos un estatus social que los identifique personalmente, seg&#x00FA;n su origen y condici&#x00F3;n. Si en la sociedad estratificada la orientaci&#x00F3;n primordial del individuo era hacia otros roles propios –y a la dignidad personal resultante de la totalidad de los mismos–, en la moderna debe hacerlo primordialmente hacia los roles complementarios que otros desempe&#x00F1;an en un determinado &#x00E1;mbito funcional. Por eso, la inclusi&#x00F3;n depende ahora de oportunidades sociales muy diferenciadas, cuyas conexiones ya no son seguras ni susceptibles de coordinarse establemente. Se supone que todos los individuos deben poder acceder a todos los subsistemas (producir y consumir, tener y ejercer derechos subjetivos, ser ciudadanos, acceder a la educaci&#x00F3;n, disponer de atenci&#x00F3;n m&#x00E9;dica, formar libremente su propia familia, etc). Y cuando alguien no hace efectiva su inclusi&#x00F3;n, la sociedad tiende a imputarle el no conseguirlo, as&#x00ED; como las consecuencias resultantes. De esta manera la sociedad se evita el considerar que la exclusi&#x00F3;n es un fen&#x00F3;meno que obedece a factores radicados en su estructura.</p>

			<p>Si la inclusi&#x00F3;n se concibe de este modo, sin exclusi&#x00F3;n, en cuanto pertenencia del ser humano como un todo en la sociedad, el resultado es una l&#x00F3;gica totalizadora que viene a ocupar el lugar de las viejas l&#x00F3;gicas clasificatorias seg&#x00FA;n la segmentaci&#x00F3;n o la estratificaci&#x00F3;n. La nueva l&#x00F3;gica social exige la eliminaci&#x00F3;n de su contrario, o sea, requiere unidad: todos los individuos han de ser hechos seres humanos plenos, y como tales ser provistos de derechos y oportunidades efectivas de ejercerlos. </p>

			<p>Pero como no puede ignorarse la evidente desigualdad de condiciones de vida, esta l&#x00F3;gica totalizadora acaba conduciendo a otra temporal. As&#x00ED;, se conf&#x00ED;a en el crecimiento econ&#x00F3;mico, con la esperanza de que una mayor abundancia permita en el futuro una mejor distribuci&#x00F3;n de las oportunidades –y si se considera vana tal esperanza, se apela a las revoluciones–. O se aumentan las partidas presupuestarias dedicadas a los servicios sociales y a la cooperaci&#x00F3;n al desarrollo, para que los retrasados de aqu&#x00ED; y de all&#x00E1; puedan recuperar el terreno perdido. En el marco de esta l&#x00F3;gica totalizadora, las exclusiones han sido contempladas, pues, como problemas de “restos” que no la cuestionan.</p>

			<p>Adem&#x00E1;s, si en las sociedades estamentales la inclusi&#x00F3;n se determinaba mediante la posici&#x00F3;n social ocupada en el orden de los rangos, de forma que nadie deb&#x00ED;a enfrentarse a situaciones en las que debiera dar cuenta de qui&#x00E9;n era –entre las &#x00E9;lites bastaba con decir el nombre; en los estratos inferiores, con ser conocido en los lugares en donde se viv&#x00ED;a–, en la densamente urbanizada e impersonal sociedad moderna lo t&#x00ED;pico es justo lo contrario: hay que contar con situaciones en las que es preciso aclarar qui&#x00E9;n se es; situaciones en las que hemos de enviar se&#x00F1;ales de sondeo y observar si los otros est&#x00E1;n en condiciones de apreciar correctamente con qui&#x00E9;n se est&#x00E1;n relacionando. Por eso la identidad se convierte en un problema de autodefinici&#x00F3;n y autorrealizaci&#x00F3;n. Y por eso mismo se ha de distinguir entre existencia psicof&#x00ED;sica e identidad social, lo que significa que nadie puede realmente saber con certeza qui&#x00E9;n es, teniendo que descubrir si sus propias proyecciones de identidad son reconocidas por los otros. </p>

			<p>A partir del siglo XVIII, esta nueva situaci&#x00F3;n de la inclusi&#x00F3;n es codificada con la sem&#x00E1;ntica de los derechos humanos. Esta tiene dos puntos de referencia fundamentales: el negativo, en las viejas diferencias y distinciones estamentales, y el positivo, en la pretensi&#x00F3;n de sintetizar las condiciones de inclusi&#x00F3;n en el conjunto de los diversos sistemas funcionales de la sociedad mediante un principio “humano” que es neutral ante las diferencias. De esta forma, la nueva sem&#x00E1;ntica inclusiva idealiza como postulados valorativos la libertad y la igualdad. </p>

			<p>La funci&#x00F3;n manifiesta de estos derechos es reconocer y ratificar ciertos hechos “naturales”. Pero su funci&#x00F3;n social m&#x00E1;s importante es latente: abrir por principio el futuro contra cualquier predeterminaci&#x00F3;n distributiva o clasificatoria de los seres humanos, seg&#x00FA;n criterios de una mayor o menor dignidad/humanidad. Proclamar la libertad e igualdad de todos los seres humanos significa, pues, extender una especie de cheque en blanco para el futuro (<xref ref-type="bibr" rid="CIT21">Luhmann 1997</xref>: 1076), dado que como tales es evidente que no han conseguido realizarse.</p>

			<p>Tambi&#x00E9;n en el campo sem&#x00E1;ntico de los derechos humanos la exclusi&#x00F3;n se mueve por una v&#x00ED;a secundaria y oscura, que transcurre en paralelo a la luminosa v&#x00ED;a principal de la inclusi&#x00F3;n. El problema es que la sem&#x00E1;ntica de los derechos humanos solo parece poder observar que todav&#x00ED;a no se han realizado ni, sobre todo, se han difundido suficientemente. Al mismo tiempo, desacopla las causas de la exclusi&#x00F3;n de las sem&#x00E1;nticas normativas. Delitos, faltas y desviaciones de las normas en general no conducen ahora a una exclusi&#x00F3;n de la sociedad, que entonces ha de cargar con el problema correspondiente, y disponerse a tratarlo mediante t&#x00E9;cnicas terap&#x00E9;uticas y dispositivos de control de las consecuencias; lo que, con buen criterio, e inspir&#x00E1;ndose en Michael Foucault, ha denominado Cornelia Bohn (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2001</xref>) “exclusi&#x00F3;n incluyente”<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>.</p>

			<p>El problema de la exclusi&#x00F3;n queda as&#x00ED; oculto por el postulado de una inclusi&#x00F3;n plena de todos los seres humanos en la sociedad. Bajo el supuesto del acceso igual y libre a los sistemas funcionales, la participaci&#x00F3;n de los individuos puede producir la ilusi&#x00F3;n de que se ha alcanzado un nivel desconocido de inclusi&#x00F3;n. Pero el problema no se reduce a la inevitable discrepancia entre lo normativamente postulado y lo conseguido o a una cuesti&#x00F3;n de m&#x00E1;s o menos participaci&#x00F3;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>, dado que radica en el hecho de que la forma funcional de diferenciaci&#x00F3;n est&#x00E1; marcada por una “diab&#x00F3;lica” indeterminaci&#x00F3;n congenita en lo relativo a la inclusi&#x00F3;n/exclusi&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">Fuchs 2000</xref>: 161), de modo que, si bien la inclusi&#x00F3;n universal es una exigencia inexcusable para ella, lleva a la vez inscrita en s&#x00ED; misma la inevitable producci&#x00F3;n de da&#x00F1;os excluyentes, aunque no cumplan cometido funcional alguno.</p>

			<p>La diferenciaci&#x00F3;n estructural de la sociedad en sistemas funcionales implica que los seres humanos ya no pueden situarse socialmente a partir de su adscripci&#x00F3;n a “un” subsistema social, lo que invalida el uso de met&#x00E1;foras espaciales (lugar, sitio social) para entender c&#x00F3;mo funcionan inclusi&#x00F3;n y exclusi&#x00F3;n en nuestra sociedad. Como individuos existimos fuera de dichos subsistemas, aunque como tales hemos de tener acceso a todos ellos para vivir de forma normalizada, es decir, para estar incluidos. Por su parte, estos subsistemas est&#x00E1;n en principio abiertos a todos los individuos, pero solo a trav&#x00E9;s de aquellos aspectos que son relevantes para la funci&#x00F3;n social en torno a la que gira en ellos la interacci&#x00F3;n social.</p>

			<p>Esta autonom&#x00ED;a funcional de los subsistemas, sin embargo, no significa que sean indiferentes o estancos los unos con respecto a los otros. En todos los sistemas funcionales operan mecanismos (confianza, reputaci&#x00F3;n, cr&#x00E9;dito, formaci&#x00F3;n, motivaci&#x00F3;n, vocaci&#x00F3;n, etc.) que tratan, en los t&#x00E9;rminos y condiciones que determina la correspondiente l&#x00F3;gica funcional, las consecuencias de si, y c&#x00F3;mo, se participa en otros &#x00E1;mbitos funcionales, lo que redunda en una amplificaci&#x00F3;n –positiva o negativa– de las desviaciones registradas m&#x00E1;s all&#x00E1; de su dimensi&#x00F3;n originaria, generando trayectorias y situaciones de exclusi&#x00F3;n diversas, dependiendo de d&#x00F3;nde se originan y de c&#x00F3;mo y hasta d&#x00F3;nde llega la amplificaci&#x00F3;n.</p>

			<p>Estos “efectos <italic>spill-over</italic>” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">Fuchs y Schneider 1995</xref>) determinan que la exclusi&#x00F3;n de hecho de un sistema funcional limite con frecuencia lo que se puede conseguir efectivamente en otros, y constri&#x00F1;e a una parte de la poblaci&#x00F3;n, que puede acabar diferenci&#x00E1;ndose en espacios propios (de exclusi&#x00F3;n, marginales). Estos espacios diferenciados contribuyen al desarrollo de formas de vida e interacci&#x00F3;n social en las que los presupuestos estructurales y culturales que organizan las conductas sociales “normales” ven menoscabada su decisiva relevancia, quedando liberadas de cualquier horizonte temporal de referencia en beneficio de la inmediatez de la situaci&#x00F3;n presente. De este modo, las habitualmente dilatadas expectativas de reciprocidad que ayudan a articular las relaciones sociales en el &#x00E1;mbito de la inclusi&#x00F3;n decaen, al punto de descomponer muchas veces los mismos v&#x00ED;nculos sociales primarios.</p>

			<p>Sin embargo, al llevar inscrita la inclusi&#x00F3;n universal en su forma de diferenciaci&#x00F3;n, la sociedad moderna ha tenido que desarrollar instituciones destinadas a reparar y prevenir los da&#x00F1;os excluyentes que esta misma forma de diferenciaci&#x00F3;n funcional produce constantemente: las pol&#x00ED;ticas y servicios sociales. El problema es que la propia diferenciaci&#x00F3;n funcional restringe severamente el alcance de cualquier mecanismo de coordinaci&#x00F3;n positiva entre los sistemas funcionales (<xref ref-type="bibr" rid="CIT37">Stichweh 2005</xref>: 196); es decir, de instituciones que intenten regular o controlar la transformaci&#x00F3;n de las ventajas o desventajas resultantes de lo que sucede en un sistema funcional en facilidades o en obst&#x00E1;culos para la participaci&#x00F3;n en otros. Pese a la continua exigencia realizada en este sentido al sistema pol&#x00ED;tico, este es solo un sistema funcional entre otros, no un complejo institucional superior o central del orden social moderno. A pesar de lo que prometen las ideas de ciudadan&#x00ED;a social y derechos sociales, pol&#x00ED;ticas y servicios sociales chocan con la decisiva limitaci&#x00F3;n de no poder acceder directamente a los mecanismos de inclusi&#x00F3;n/exclusi&#x00F3;n de los sistemas funcionales ni poder forzar eficazmente su funcionamiento m&#x00E1;s inclusivo o sustituirlos, por lo que no pueden hacer efectiva, en representaci&#x00F3;n de la sociedad, no ya la inclusi&#x00F3;n universal, sino tan siquiera su oportunidad. Como ha se&#x00F1;alado Peter Fuchs (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2000</xref>), pol&#x00ED;ticas y servicios sociales solo pueden aspirar a generar/regenerar las condiciones contextuales que hagan posible dicha oportunidad. La exclusi&#x00F3;n social moderna, en definitiva, est&#x00E1; decisivamente condicionada por la diferenciaci&#x00F3;n funcional de la sociedad, de forma que esta, como sistema total, no puede regular la inclusi&#x00F3;n ni excluir a las personas.</p>

			<p>A este planteamiento se le reprocha que, al pensar la exclusi&#x00F3;n en t&#x00E9;rminos funcionales, pierde de vista que existe la exclusi&#x00F3;n total de las personas f&#x00ED;sicas de una sociedad, considerando que tal es el caso de los inmigrantes no legales que son deportados o repatriados (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">Herzog 2011</xref>: 617). A este respecto, debe se&#x00F1;alarse que, como apunta pero rechaza Herzog, el funcional-estructuralismo entiende la sociedad moderna como una sociedad constitutivamente mundial, desestimando el convencional concepto de sociedad como unidad estatalmente organizada, y por ello materializada en m&#x00FA;ltiples ejemplares, seg&#x00FA;n las l&#x00ED;neas de segmentaci&#x00F3;n (estatal) del sistema pol&#x00ED;tico mundial. En este sentido, toda deportaci&#x00F3;n, repatriaci&#x00F3;n o expulsi&#x00F3;n no significa exclusi&#x00F3;n “’de la sociedad’ como sistema”, sino la imposici&#x00F3;n de un “traslado a otro segmento del sistema pol&#x00ED;tico de la sociedad mundial” –en el que, desde luego, suelen darse peores condiciones de inclusi&#x00F3;n–, de forma que instituciones y autoridades pol&#x00ED;ticas puedan desentenderse mejor del problema, al hacer a los deportados, repatriados o expulsados m&#x00E1;s invisibles a&#x00FA;n que la poblaci&#x00F3;n local sometida a una situaci&#x00F3;n de guetizaci&#x00F3;n o marginalizaci&#x00F3;n residencial. </p>

		</sec>

		
		<sec id="S5">
			<title>CONSECUENCIAS METODOL&#x00D3;GICAS: EL FUNCIONALISMO DE LAS EQUIVALENCIAS</title>

			<p>Como cualquier otro fen&#x00F3;meno social, la exclusi&#x00F3;n es susceptible de explorarse emp&#x00ED;ricamente mediante t&#x00E9;cnicas cuantitativas y cualitativas. En el caso de las primeras, el empleo de encuestas generales, por su propia naturaleza, tiene dificultades para acceder a los colectivos sociales m&#x00E1;s excluidos, dadas sus particulares condiciones y estilos de vida, de manera que la informaci&#x00F3;n as&#x00ED; obtenida permite dibujar un retrato del espacio de la vulnerabilidad m&#x00E1;s que de la exclusi&#x00F3;n social en sentido estricto (<xref ref-type="bibr" rid="CIT38">Subirats 2004</xref>: 87 y ss.). Algunas investigaciones intentan superar esta limitaci&#x00F3;n mediante un dise&#x00F1;o muestral espec&#x00ED;ficamente dirigido a conseguir un mejor acceso a los sectores m&#x00E1;s desfavorecidos de la poblaci&#x00F3;n, asign&#x00E1;ndoles una sobrerrepresentaci&#x00F3;n muestral (Laparra y P&#x00E9;rez <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2008</xref>: 213 y ss.). </p>

			<p>Atenuado as&#x00ED; este problema, el uso de encuestas generales puede proporcionar informaci&#x00F3;n relevante sobre la incidencia, distribuci&#x00F3;n e intensidad de la exclusi&#x00F3;n en una poblaci&#x00F3;n y momento dados. Pero no resuelve el otro gran problema de esta aproximaci&#x00F3;n emp&#x00ED;rica: c&#x00F3;mo abordar el decisivo aspecto din&#x00E1;mico de la exclusi&#x00F3;n social; es decir, el conocimiento de los procesos que la van configurando como un espec&#x00ED;fico fen&#x00F3;meno social. Ciertamente, este problema puede ser paliado mediante una investigaci&#x00F3;n de panel, pero su elevado coste y la gran dificultad de mantener una muestra lo suficientemente homog&#x00E9;nea en las distintas oleadas, dadas las mencionadas caracter&#x00ED;sticas de la poblaci&#x00F3;n excluida, suelen disuadir de usar este dise&#x00F1;o destinado a producir informaci&#x00F3;n longitudinal (<italic>ib&#x00ED;d</italic>.: 189 y ss.).</p>

			<p>La alternativa m&#x00E1;s asequible y rigurosa para resolver este segundo problema es el empleo de t&#x00E9;cnicas cualitativas como las historias de vida personal y/o familiar, muy utilizadas, sobre todo, para acercarse a colectivos excluidos concretos, pero en muchos casos desconectada de –cuando no directamente hostil a– las investigaciones cuantitativas, perdiendo as&#x00ED; la posibilidad de obtener de ellas un rendimiento mayor: el que producir&#x00ED;an si, sobre la base de los resultados obtenidos mediante t&#x00E9;cnicas cuantitativas, se seleccionaran individuos y hogares representativos de situaciones caracter&#x00ED;sticas dentro del heterog&#x00E9;neo espacio de la exclusi&#x00F3;n social, para utilizar a continuaci&#x00F3;n con ellos t&#x00E9;cnicas biogr&#x00E1;ficas, a fin de obtener informaci&#x00F3;n en profundidad sobre las diferentes trayectorias vitales que est&#x00E1;n detr&#x00E1;s de las situaciones de exclusi&#x00F3;n social.</p>

			<p>As&#x00ED; pues, la combinaci&#x00F3;n ordenada y te&#x00F3;ricamente fundamentada de t&#x00E9;cnicas cuantitativas y cualitativas, no solo es recomendable sino necesaria para atender al decisivo car&#x00E1;cter procesal, din&#x00E1;mico, de la exclusi&#x00F3;n social. Y a tal efecto, entre los diversos estudios que han ensayado esta v&#x00ED;a de investigaci&#x00F3;n, tomo como punto de referencia el dise&#x00F1;o empleado hace ya tiempo en un estudio de la pobreza en la regi&#x00F3;n italiana del Veneto (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">Mauri y Micheli 1992</xref>), dado que la definici&#x00F3;n que se hace en &#x00E9;l del concepto de pobreza es muy pr&#x00F3;xima a la que se ha realizado aqu&#x00ED; del concepto de exclusi&#x00F3;n, y que sus reflexiones metodol&#x00F3;gicas nos llevan directamente al n&#x00FA;cleo de la concepci&#x00F3;n metodol&#x00F3;gica del funcional-estructuralismo. </p>

			<p>Los investigadores italianos estructuraron su estudio en dos l&#x00ED;neas b&#x00E1;sicas y tres niveles de investigaci&#x00F3;n. La primera l&#x00ED;nea era una encuesta general realizada mediante un cuestionario estructurado a una muestra biet&#x00E1;pica de familias. El objetivo era reconstruir las estrategias utilizadas para afrontar los problemas que suelen surgir a lo largo del ciclo vital de una familia normal. La encuesta permiti&#x00F3; identificar y comparar las familias “problem&#x00E1;ticas” y las “no problem&#x00E1;ticas”.</p>

			<p>La segunda l&#x00ED;nea de investigaci&#x00F3;n estaba dirigida a una muestra no probabil&#x00ED;stica de familias “problem&#x00E1;ticas” y usuarias de alg&#x00FA;n servicio o beneficiarias de alguna prestaci&#x00F3;n social. Estas familias se clasificaron en cuatro grandes conglomerados, asociados con otros tantos factores de empobrecimiento que hab&#x00ED;an sido identificados en la encuesta general. Dentro de estos grandes conglomerados se realizaron entrevistas con un cuestionario estructurado, pero tambi&#x00E9;n se llevaron a cabo entrevistas no estructuradas, en las que se abordaron los concretos problemas econ&#x00F3;micos de las familias, los de organizaci&#x00F3;n familiar y las situaciones de crisis por las que hab&#x00ED;an atravesado las familias. Las personas de referencia pudieron dar cuenta as&#x00ED; de c&#x00F3;mo se hab&#x00ED;an producido dichas situaciones en sus familias, c&#x00F3;mo hab&#x00ED;an respondido a ellas y cu&#x00E1;les eran sus expectativas de futuro. </p>

			<p>La organizaci&#x00F3;n del estudio en estas dos l&#x00ED;neas y tres niveles de investigaci&#x00F3;n permiti&#x00F3; a los investigadores italianos comparar diferentes segmentos de poblaci&#x00F3;n en relaci&#x00F3;n con las formas de experimentar y afrontar tensiones estructurales y existenciales. A partir de ello, la atenci&#x00F3;n se focaliz&#x00F3; en los aspectos din&#x00E1;micos del empobrecimiento y en un detallado an&#x00E1;lisis de los factores diferenciales, para sacar a la luz una hipot&#x00E9;tica deriva hacia una serie de problemas caracter&#x00ED;sticos y las nuevas formas de superviviencia originadas por el empobrecimiento.</p>

			<p>La investigaci&#x00F3;n puso de manifiesto diferentes aspectos que, a primera vista, parecen perfectamente extrapolables al fen&#x00F3;meno de la exclusi&#x00F3;n social, como que el amalgamamiento de los factores de empobrecimiento con otros sucesos, condiciones y conductas puede crear combinaciones que con frecuencia son dif&#x00ED;ciles de desentra&#x00F1;ar causalmente; o que el factor temporal puede ser decisivo en el tr&#x00E1;nsito de la normalidad a la pobreza, en la medida en que los acontecimientos se encadenan en un proceso que reduce de forma progresiva los grados de libertad de las familias, debido al agotamiento de sus recursos materiales y sociales.</p>

			<p>Pero m&#x00E1;s all&#x00E1; de esta bien articulada combinaci&#x00F3;n de escenarios cuantitativos generales con biograf&#x00ED;as cualitativas particulares, para poder construir un dispositivo de investigaci&#x00F3;n acorde con el car&#x00E1;cter din&#x00E1;mico de la pobreza, los investigadores italianos llevaron a cabo una interesante y oportuna reflexi&#x00F3;n metodol&#x00F3;gica acerca de la causalidad en la investigaci&#x00F3;n social, que es tambi&#x00E9;n relevante para el caso de la exclusi&#x00F3;n social.</p>

			<p>Como ha se&#x00F1;alado una de las investigadoras (<xref ref-type="bibr" rid="CIT39">Zajczyk 1995</xref>), cuando se considera que investigar en clave de proceso un fen&#x00F3;meno social es decisivo para explicarlo, por entender que su car&#x00E1;cter es esencialmente din&#x00E1;mico, resulta casi autom&#x00E1;tico pensar en una cadena de relaciones causa-efecto. Sin embargo, Zajczyk considera que no es posible hablar de una etiolog&#x00ED;a de la pobreza en sentido estricto, porque el empobrecimiento no puede ser descrito como el resultado de una sola y bien determinada cadena causal. Y esto se debe a dos razones relacionadas entre s&#x00ED;. Por un lado, diferentes formas de pobreza pueden ser el resultado de condiciones de partida similares (principalmente, en el caso de familias que viven cerca del umbral de la pobreza). Por otro lado, una situaci&#x00F3;n final similar (como la pobreza severa) puede ser producto de diferentes cadenas causales, cada una de las cuales es condici&#x00F3;n suficiente pero en ning&#x00FA;n caso necesaria de dicho destino.</p>

			<p>Esta es la raz&#x00F3;n que lleva a Zajczyk a afirmar que el objetivo de la investigaci&#x00F3;n de la pobreza no puede consistir en determinar las causas de la pobreza. En vez de ello, y apoy&#x00E1;ndose en concepci&#x00F3;n neo-humeana de la causalidad propuesta por J. L. Mackie (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1965</xref>), Zajczyk propone un sentido alternativo de dicha investigaci&#x00F3;n: la b&#x00FA;squeda de <italic>inus-causas</italic>; es decir, la identificaci&#x00F3;n de partes necesarias pero en s&#x00ED; mismas insuficientes de una condici&#x00F3;n que no es necesaria pero s&#x00ED; suficiente en un particular proceso de empobrecimiento. Puesto en t&#x00E9;rminos de exclusi&#x00F3;n, esto significa, por ejemplo, que una ruptura familiar puede desencadenar un proceso excluyente. Pero, para que este avance, tienen que sumarse otros factores, como un padre o una madre con trabajos de baja cualificaci&#x00F3;n y bajo salario, una madre sin empleo o sin experiencia laboral y la existencia de hijos. Una combinaci&#x00F3;n de factores tales desencadena con frecuencia un proceso excluyente. En este hipot&#x00E9;tico caso, una ruptura familiar es una parte insuficiente (por s&#x00ED; misma no origina siempre exclusi&#x00F3;n) pero necesaria (sin ella, los otros factores podr&#x00ED;an no acarrear exclusi&#x00F3;n, aunque sean factores de vulnerabilidad) de una combinaci&#x00F3;n de factores que es condici&#x00F3;n suficiente pero no necesaria de exclusi&#x00F3;n, pues otras combinaciones de factores puede conducir a situaciones similares de exclusi&#x00F3;n social. </p>

			<p>Esta interesante reflexi&#x00F3;n metodol&#x00F3;gica planteada por Zajczyk creo que puede ser abordada mejor con un planteamiento metodol&#x00F3;gico neofuncionalista, cuyo punto de partida sea, nuevamente, una inversi&#x00F3;n de t&#x00E9;rminos: en este caso, de la relaci&#x00F3;n entre causa y funci&#x00F3;n, de forma que deje de concebirse el an&#x00E1;lisis funcional como un caso especial del an&#x00E1;lisis causal, para pasar a entender este &#x00FA;ltimo como un uso del orden funcional (Luhmann <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1974a</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1974b</xref>). </p>

			<p>Esta inversi&#x00F3;n de la relaci&#x00F3;n entre causalidad y funcionalidad obedece a algo evidente para cualquier investigador social: toda determinaci&#x00F3;n causal lleva consigo una referencia al infinito en diferentes direcciones, porque todo efecto tiene m&#x00FA;ltiples causas y toda causa tiene m&#x00FA;ltiples efectos. Adem&#x00E1;s, toda causa puede ser combinada con –o ser sustituida por– otras, de forma que resultan m&#x00FA;ltiples diferencias en sus efectos. De igual forma, los procesos causales pueden ser descompuestos en un infinito n&#x00FA;mero de partes, por lo que su an&#x00E1;lisis puede ser continuado hasta el infinito.</p>

			<p>As&#x00ED; pues, la b&#x00FA;squeda de una relaci&#x00F3;n constante entre causa y efecto, caracter&#x00ED;stica de la concepci&#x00F3;n cl&#x00E1;sica de la causalidad, no es aconsejable. Tanto por razones pr&#x00E1;cticas como te&#x00F3;ricas es mejor limitar la invarianza a una causa o a un efecto y fijar una u otro como punto de partida de la b&#x00FA;squeda de relaciones causales equivalentes. Y esto significa que el objetivo de la investigaci&#x00F3;n no deber&#x00ED;a consistir en la determinaci&#x00F3;n con certeza plena de la relaci&#x00F3;n entre espec&#x00ED;ficas causas y espec&#x00ED;ficos efectos, sino en buscar relaciones alternativas. Es decir, se tratar&#x00ED;a de establecer un “problema” como punto de referencia (en el lado de los efectos o en el de las causas), para, a partir de &#x00E9;l y gracias a las posibilidades de comparaci&#x00F3;n que debe proporcionar la teor&#x00ED;a, construir un repertorio limitado de resultados alternativos posibles (en el lado de las causas o en el de los efectos).</p>

			<p>Aplicado a la investigaci&#x00F3;n de la exclusi&#x00F3;n social, este “funcionalismo de las equivalencias” implica, por ejemplo, que podemos utilizar una situaci&#x00F3;n de exclusi&#x00F3;n particularmente frecuente como referencia y, a partir de ella, realizar una b&#x00FA;squeda de relaciones causales equivalentes. Es decir, una vez que se ha establecido una determinada situaci&#x00F3;n como problema de referencia es posible construir un c&#x00ED;rculo causal relativo a ella, de manera que puedan identificarse diferentes combinaciones causales capaces de producirla y, por eso, susceptibles de considerarse funcionalmente equivalentes, aunque distinguibles por sus efectos secundarios. Desde esta perspectiva, los efectos problem&#x00E1;ticos son simples referencias que permiten explorar y ordenar las relaciones entre diferentes causas. Tambi&#x00E9;n pueden ser empleadas como punto de referencia ciertas causas –por ejemplo, los llamados “factores de vulnerabilidad”– y convertir la explicaci&#x00F3;n de sus efectos en el problema a investigar, de forma que diferentes efectos pueden ser seleccionados, entre sus m&#x00E1;s frecuentes resultados, como posibles explicaciones de su significado excluyente.</p>

		</sec>
			
		<sec id="S6">
			<title>A MODO DE CONCLUSIONES</title>

			<p>El objetivo primero y fundamental de este art&#x00ED;culo ha sido argumentar lo m&#x00E1;s s&#x00F3;lidamente posible y en una clave te&#x00F3;rica funcional-estructural, que la inclusi&#x00F3;n no se da ni puede darse sin exclusi&#x00F3;n, pues esta es el inseparable reverso de aquella. A ello se ha a&#x00F1;adido la idea de que inclusi&#x00F3;n y exclusi&#x00F3;n var&#x00ED;an en sus formas de materilizarse en funci&#x00F3;n de las formas de diferenciaci&#x00F3;n que ha ido adoptando la sociedad en el curso de su evoluci&#x00F3;n. </p>

			<p>As&#x00ED;, se ha sostenido que en la sociedad moderna, funcionalmente diferenciada, no solo la inclusi&#x00F3;n, sino tambi&#x00E9;n la exclusi&#x00F3;n y las relaciones entre ellas son transferidas de la sociedad a sus subsistemas. Estos, aut&#x00F3;nomos y poseedores de din&#x00E1;micas propias de funcionamiento, carecen de una regulaci&#x00F3;n global por parte de la sociedad, a pesar de que los sistemas pol&#x00ED;ticos modernos sean vistos y se vean a s&#x00ED; mismos como depositarios de esta funci&#x00F3;n. </p>

			<p>Con ello, ha cambiado radicalmente la estructura de los problemas de exclusi&#x00F3;n, que ya no pueden ser representados mediante met&#x00E1;foras espaciales del tipo “falta de lugares o sitios sociales”, solo adecuados para las sociedades premodernas (segmentadas o estratificadas), en las que la inclusi&#x00F3;n resulta de la adscripci&#x00F3;n directa y exclusiva de los seres humanos a uno de los subsistemas sociales. En la sociedad moderna, inclusi&#x00F3;n y exclusi&#x00F3;n, pasan a depender de la distribuci&#x00F3;n de oportunidades en cada subsistema, de las tendencias a la acentuaci&#x00F3;n funcional de las disparidades y a la retroalimentaci&#x00F3;n positiva, as&#x00ED; como de la muy problem&#x00E1;tica dependencia m&#x00FA;ltiple de los sistemas funcionales. Esta &#x00FA;ltima origina que los efectos excluyentes acaecidos en los m&#x00E1;rgenes de los sistemas produzcan un efecto de integraci&#x00F3;n negativa de las exclusiones –que contrasta con la falta de integraci&#x00F3;n positiva (regulaci&#x00F3;n y solidaridad) de la sociedad–, ya que la exclusi&#x00F3;n de hecho de un sistema funcional limita lo que puede conseguirse en otros, al punto de que una parte m&#x00E1;s o menos grande de la poblaci&#x00F3;n resulte incluso separada residencialmente, y de este modo se convierte en invisible para el resto. </p>

			<p>Pero las consecuencias del enfoque te&#x00F3;rico utilizado no se limitan al estricto &#x00E1;mbito de la teor&#x00ED;a, sino que se extienden tambi&#x00E9;n al metodol&#x00F3;gico. Si todo el edificio te&#x00F3;rico del funcional-estructuralismo se sustenta sobre la inversi&#x00F3;n de la relaci&#x00F3;n entre estructuras y funciones sociales, su correlato metodol&#x00F3;gico tambi&#x00E9;n se asienta sobre otra inversi&#x00F3;n l&#x00F3;gica, en este caso entre los conceptos de “causa” y “funci&#x00F3;n”. A partir de ella, el objetivo de una investigaci&#x00F3;n emp&#x00ED;rica de la exclusi&#x00F3;n es producir ecuaciones l&#x00F3;gicas entre la formulaci&#x00F3;n de un punto de referencia problem&#x00E1;tico y el tipo de las diferentes posibilidades equivalentes identificadas, bien en el lado de las causas, bien en el de los efectos. Y esta ecuaci&#x00F3;n representa solo un principio anal&#x00ED;tico y heur&#x00ED;stico, pues qu&#x00E9; elementos pertenecen a una clase funcional de causas o de efectos de la exclusi&#x00F3;n es una cuesti&#x00F3;n emp&#x00ED;rica, que no puede ser deducida de la formulaci&#x00F3;n de un problema de referencia. Adem&#x00E1;s, como el problema de referencia no explica la existencia f&#x00E1;ctica ni la emergencia de concretos resultados, su valor es justamente el contrario: aludir a diferentes posibilidades que deben ser ordenadas en una relaci&#x00F3;n de comparaci&#x00F3;n y sustituci&#x00F3;n, como demanda la com&#x00FA;nmente aceptada heterogeneidad del espacio de la exclusi&#x00F3;n social y la diversidad de procesos que conducen a &#x00E9;l.</p>
			
		</sec>

		
		<sec id="autores">
			<p><bold>JOSE MAR&#x00CD;A GARC&#x00CD;A BLANCO</bold>. Catedr&#x00E1;tico de Sociolog&#x00ED;a y coordinador del M&#x00E1;ster Universitario en Pol&#x00ED;ticas Sociales y Bienestar de la Universidad de Oviedo. Especializado en teor&#x00ED;a sociol&#x00F3;gica, en los &#x00FA;ltimos años ha participado en diversos proyectos de investigaci&#x00F3;n nacionales e internacionales, y publicado diversos libros, cap&#x00ED;tulos y art&#x00ED;culos en editoriales como el Centro de Investigaciones Sociol&#x00F3;gicas, y en revistas cient&#x00ED;ficas, como <italic>Panorama Social</italic>, <italic>Papers</italic>, <italic>Pol&#x00ED;tica y Sociedad</italic> y <italic>REIS</italic>. Su &#x00FA;ltima publicaci&#x00F3;n fue el art&#x00ED;culo “Burbujas especulativas y crisis financieras” (<italic>REIS</italic> 150, 2015: 71-88).</p>
		</sec>
		
	</body>
	
	
	
	<back>
	
		<ack>
			<title>AGRADECIMIENTOS</title>

			<p>Este art&#x00ED;culo es parte de los resultados del proyecto de investigaci&#x00F3;n “Capitalismo de bienestar en el sur de Europa: un an&#x00E1;lisis comparado”, financiado por la ayuda del Ministerio de Econom&#x00ED;a y Competitividad MINECO-13-CSO2012-33976 (2013-2015).</p>
		</ack>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE01"><label>1</label>
					<p>“Los ‘intocables’ no son una casta especial […], ni un infraestrato disponible para ser explotado. M&#x00E1;s bien son un correlato simb&#x00F3;lico para la construcci&#x00F3;n del orden inclusivo mediante preceptos y rituales purificadores […], que aseguran que los excluidos est&#x00E1;n omnipresentes y demuestran la necesidad de seguir los mandamientos de pureza” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT21">Luhmann 1997</xref>: 621).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE02"><label>2</label>
					<p>El enfoque funcional-estructural no ignora, pues, la “condena normativa” que en la sem&#x00E1;ntica moderna distingue al <italic>t&#x00E9;rmino</italic> de exclusi&#x00F3;n, en beneficio de “simples diferencias sociales”, como postula Herzog (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2011</xref>: 617); por el contrario, da una clara explicaci&#x00F3;n morfogen&#x00E9;tica de ella, pero para ello es imprescindible que el <italic>concepto</italic> sociol&#x00F3;gico no asuma como propia esa carga o fuerza normativa.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE03"><label>3</label>
					<p>La alternativa contemplada por Herzog (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2011</xref>: 617), para que el funcional-estructuralismo supere la supuesta inaplicabilidad de su concepto “radical” de exclusi&#x00F3;n: limitarlo a concretos contextos dentro de sistemas (por ejemplo, a determinados mercados o segmentos de mercado del sistema econ&#x00F3;mico), es inaceptable para el funcional-estructuralismo, pues, como Herzog se&#x00F1;ala, acarrear&#x00ED;a una graduaci&#x00F3;n multiplicadora y trivializadora de las formas de exclusi&#x00F3;n.</p>
				</fn>

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			<title>REFERENCIAS BIBLIOGR&#x00C1;FICAS</title>

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