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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">ris.2016.74.1.023</article-id>
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				<subject>ART&#x00CD;CULO</subject>
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				<article-title>Pensar la noci&#x00F3;n de ‘tradici&#x00F3;n’ desde una perspectiva wittgensteiniana</article-title>
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					<trans-title>Rethinking the notion of “tradition” from a wittgensteinian perspective</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Pensar la noci&#x00F3;n de ‘tradici&#x00F3;n’ desde una perspectiva wittgensteiniana</alt-title>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>El prop&#x00F3;sito de este art&#x00ED;culo es mostrar la capacidad heur&#x00ED;stica de un enfoque para el an&#x00E1;lisis de la reproducci&#x00F3;n del significado de las pr&#x00E1;cticas –en una palabra, de la “tradici&#x00F3;n”– que se basa en la noci&#x00F3;n wittgensteiniana de “seguir una regla”. Con este fin, se desarrollan las ideas de una cantidad de autores que han destacado la relevancia de determinados aspectos de la noci&#x00F3;n “seguir una regla” para el an&#x00E1;lisis social. De este desarrollo se deriva una manera tal de concebir la reproducci&#x00F3;n del sentido que conduce a “repensar” la forma en que entendemos la tradici&#x00F3;n. La propuesta consiste en abandonar una antigua concepci&#x00F3;n del conocimiento recibido, en tanto que prejuicios o ideolog&#x00ED;as que “constri&#x00F1;en” a las personas, para pasar a considerarla como “gu&#x00ED;a” y “recursos” de la pr&#x00E1;ctica, enfatizando que, aunque no seamos siempre conscientes de los principios que seguimos, depende de nosotros el mantenerlos o cambiarlos –si es que somos capaces– por otros.</p>
			</abstract>
			
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				<title>ABSTRACT</title>
				<p>The aim of this article is to show the potential of a heuristic approach for the analysis of the reproduction of meaning in practices –in short, of “tradition”–, which is based on the Wittgensteinian notion of “to follow a rule”. To this end, the article develops the ideas of a number of authors who have stressed the importance of certain aspects of the notion of “rule-following” for social analysis. This approach to conceiving of the reproduction of meaning leads us to “rethink” the way in which we understand tradition. The article will argue that we should forsake an old concept of inherited knowledge, as prejudices or ideologies that “constrain” people. Instead, we should consider tradition as “guidance” and “resources” for practice. Although we are not always aware of the principles that we follow, it is up to us to keep or to change them –if we can.</p>
			</trans-abstract>

			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Finitismo</kwd>
				<kwd>Seguir una regla</kwd>
				<kwd>Teor&#x00ED;a de las pr&#x00E1;cticas</kwd>
				<kwd>Wittgenstein</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Finitism</kwd>	
				<kwd>Rule-following</kwd>
				<kwd>Theory of Practices</kwd>
				<kwd>Wittgenstein</kwd>
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		<sec id="S1">
			<title>Introducci&#x00F3;n</title>

			<p>El prop&#x00F3;sito de este art&#x00ED;culo es mostrar la capacidad heur&#x00ED;stica de un enfoque para el an&#x00E1;lisis del sentido de las pr&#x00E1;cticas basado en la noci&#x00F3;n wittgensteiniana de “seguir una regla”. Se trata de un modo de pensar las pr&#x00E1;cticas que no est&#x00E1; muy difundido en las ciencias sociales de habla hispana<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>; sin embargo, creo que da lugar, mediante una espec&#x00ED;fica manera de definir la conexi&#x00F3;n entre saberes compartidos y pr&#x00E1;cticas, a una forma de entender la reproducci&#x00F3;n del significado que merece ser m&#x00E1;s conocida.</p>

			<p>A diferencia de los enfoques sociol&#x00F3;gicos llamados “naturalistas”, dedicados a la investigaci&#x00F3;n de las caracter&#x00ED;sticas sociales que se pueden identificar precisa u objetivamente y medir matem&#x00E1;ticamente, los enfoques “interpretativos” se han ocupado de estudiar el sentido de las pr&#x00E1;cticas; es decir, las intenciones de los agentes. Y estudiar las intenciones de los agentes involucra indagar qu&#x00E9; saben y piensan sobre lo que hacen; lo que, a su vez, nos lleva a la relaci&#x00F3;n entre conocimientos sociales y pr&#x00E1;cticas o, m&#x00E1;s bien, a c&#x00F3;mo los primeros orientan y dan su particular forma a las pr&#x00E1;cticas concretas. As&#x00ED;, el abordaje del que trata este art&#x00ED;culo se concentra en el car&#x00E1;cter conceptual o significativo de las pr&#x00E1;cticas; esto es, en los supuestos o principios que, aunque no siempre se hagan expl&#x00ED;citos, gu&#x00ED;an a los participantes en sus actividades y hacen posible el entendimiento mutuo y la realizaci&#x00F3;n coordinada de actividades. Adem&#x00E1;s, este enfoque favorece an&#x00E1;lisis pormenorizados que permiten captar c&#x00F3;mo y qu&#x00E9; cambia o permanece igual en el sentido de las acciones. Y, puesto que se interesa por la reproducci&#x00F3;n del sentido a trav&#x00E9;s del tiempo, se puede decir, en definitiva, que su objeto de estudio es la “tradici&#x00F3;n”. En lo que sigue, busco mostrar cu&#x00E1;nto puede iluminar nuestra comprensi&#x00F3;n de las pr&#x00E1;cticas un enfoque inspirado en la concepci&#x00F3;n del lenguaje del llamado “segundo Wittgenstein”.</p>
		</sec>


		<sec id="S2">
			<title>La noci&#x00F3;n de “tradici&#x00F3;n” desde una perspectiva wittgensteiniana del significado</title>


			<p>Al vincular los conocimientos compartidos con la tradici&#x00F3;n sigo a Barry Barnes, quien concibe a la tradici&#x00F3;n como conocimiento heredado e incorporado, conocimiento que los grupos sociales sostienen a trav&#x00E9;s del tiempo. No obstante, hay que aclarar que decir que el conocimiento es heredado no significa que, en su transmisi&#x00F3;n y mantenimiento, permanezca est&#x00E1;tico o inconmovible. La idea de conocimiento a que hago referencia es de un “saber hacer”, de habilidades que involucran no solamente al intelecto, sino tambi&#x00E9;n al cuerpo, y que los agentes emplean de acuerdo al modo en que eval&#x00FA;an sus objetivos y las situaciones en las que han de actuar. Esto significa que saber algo es, de suyo, saber realizar algo, y saber hacer algo correctamente es “seguir una regla”. En este sentido, participar en una tradici&#x00F3;n consiste en desarrollar determinadas actividades y llevarlas a cabo de determinada manera: de acuerdo al modo en que es considerado apropiado por la comunidad de pertenencia. As&#x00ED; entiende la tradici&#x00F3;n Barnes y esta es la idea de tradici&#x00F3;n cuyas implicaciones voy a examinar a lo largo de este art&#x00ED;culo.</p>

			<p>Como ya est&#x00E1; dicho en el mismo t&#x00ED;tulo de este trabajo, la noci&#x00F3;n de tradici&#x00F3;n (o, en otras palabras, conocimiento compartido por un grupo y sostenido en el tiempo) aqu&#x00ED; desarrollada se inspira en la noci&#x00F3;n que Wittgenstein hiciera famosa de “seguir una regla”. No es que Wittgenstein haya tenido un inter&#x00E9;s expl&#x00ED;cito en las ciencias sociales, pero en la medida que sus reflexiones apuntaron a esclarecer que el significado del lenguaje est&#x00E1; determinado por el modo en que se usan las palabras, asociando as&#x00ED; significados con “reglas”, “juegos de lenguaje” y, en &#x00FA;ltima instancia, “formas de vida”, sus ideas devinieron de crucial inter&#x00E9;s para la teor&#x00ED;a social.</p>

			<p>Siendo este un art&#x00ED;culo sociol&#x00F3;gico, entiendo que no es el lugar para profundizar en la filosof&#x00ED;a del lenguaje wittgensteiniana. Sin embargo, dada la estrecha articulaci&#x00F3;n de la idea de seguir una regla con las nociones de juego de lenguaje y forma de vida, considero necesario aclarar m&#x00ED;nimamente el significado de estos &#x00FA;ltimos t&#x00E9;rminos a fin de poder establecer de qu&#x00E9; manera la noci&#x00F3;n de seguir una regla puede ser heur&#x00ED;sticamente &#x00FA;til para los estudios sociales. Para empezar hay que decir que el llamado “segundo Wittgenstein”, cuyas ideas son las que nos interesan aqu&#x00ED;, desarroll&#x00F3; su filosof&#x00ED;a del lenguaje en oposici&#x00F3;n a su concepci&#x00F3;n previa del lenguaje. Dicha concepci&#x00F3;n previa asociaba el lenguaje &#x00FA;nicamente a su funci&#x00F3;n de representaci&#x00F3;n de la realidad, de descripci&#x00F3;n l&#x00F3;gica y precisa de hechos; con lo cual, lenguaje y realidad quedaban separados; eran independientes uno de otra. La concepci&#x00F3;n del lenguaje del segundo Wittgenstein, en cambio, cuestiona esta visi&#x00F3;n unilateral del lenguaje y plantea que debe pensarse en relaci&#x00F3;n con las muy diversas formas y condiciones en que lo “empleamos”. No habr&#x00ED;a, entonces, “un” lenguaje, sino muchos. as&#x00ED;, en vista de los m&#x00FA;ltiples empleos del lenguaje, pasa a ligar el significado de las palabras al “uso” que se hace de ellas: “Un significado de una palabra es una forma de utilizarla. Porque es lo que aprendemos cuando la palabra se incorpora a nuestro lenguaje por primera vez” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">Wittgenstein 1969</xref>: § 61). Esto implica que el significado de las palabras no se manifiesta exclusivamente mediante definiciones; al contrario, la mayor&#x00ED;a de las veces se expresa en acciones concretas. Entender una palabra es saber usarla; de ah&#x00ED; que, desde esta perspectiva, se identifique el lenguaje con una pr&#x00E1;ctica social.</p>

			<p>Cada uno de esos usos del lenguaje forma parte de distintas actividades, dentro de las cuales las palabras cumplen espec&#x00ED;ficas funciones. Decir que las palabras cumplen distintas funciones es otra manera de se&#x00F1;alar que no tienen un significado fijo y determinado por una estructura l&#x00F3;gica, sino que constituyen herramientas que se emplean para lograr las metas de las actividades en cuesti&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">Wittgenstein 1953</xref>: § 11). Wittgenstein llama “juegos de lenguaje” a estas actividades (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">ibid.</xref>: § 7). En las Investigaciones filos&#x00F3;ficas ofrece una larga lista de ejemplos de juegos de lenguaje: dar y recibir &#x00F3;rdenes; describir algo (describir ser&#x00ED;a uno, entre tantos, juegos de lenguaje); plantear y poner a prueba una hip&#x00F3;tesis; inventar una historia y leerla; actuar en teatro; hacer un chiste; suplicar; agradecer; maldecir; rezar (estos ejemplos fueron tomados de <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">ibid.</xref>: § 23). Las mismas palabras, en cada uno de estos juegos de lenguaje, si bien pueden tener una “familiaridad” en su significado (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">ibid.</xref>: § 66-67 y 77), no se usan siempre de la misma manera ni expresan exactamente lo mismo.</p>

			<p>Son las reglas, compartidas por quienes intervienen en los juegos de lenguaje, las que organizan el uso y, consiguientemente, el significado de las palabras. “Por ello existe una correspondencia entre los conceptos de “significado” y de “regla”” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">Wittgenstein 1969</xref>: § 62; cf. asimismo <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">Wittgenstein 1953</xref>: § 43). “Ense&#x00F1;ar a alguien la palabra “rojo” –afirma Bloor– es, en cierto sentido, ense&#x00F1;arle la regla para que use la palabra” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT05">Bloor 1997</xref>: 10). As&#x00ED; pues, a diferencia de lo que supon&#x00ED;a su visi&#x00F3;n previa del lenguaje, para el segundo Wittgenstein, el lenguaje no es independiente de la realidad en que es usado, sino que est&#x00E1; &#x00ED;ntimamente integrado a ella. El lenguaje constituye una trama de significados anclados en la convivencia con nuestros colegas culturales. Esto quiere decir que el significado &#x00FA;ltimo de nuestras palabras y acciones, en cada juego de lenguaje, viene dado por su papel dentro de particulares “formas de vida”. Kripke, en su influyente libro sobre el concepto regla en Wittgenstein, destaca esta dimensi&#x00F3;n social y pr&#x00E1;ctica de la noci&#x00F3;n de forma de vida: “El conjunto de respuestas en las que nos ponemos de acuerdo y la forma en que se entrelazan con nuestras actividades es nuestra “forma de vida”” [entrecomillado del original] (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">Kripke 1982</xref>: 93).</p>

			<p>En este punto considero necesario advertir que no es sencillo, ni siempre posible, traducir conceptos de la filosof&#x00ED;a a una ciencia emp&#x00ED;rica, aunque sea el trabajo a que se dedican muchos de los autores que cito en este art&#x00ED;culo y, en parte, sea tambi&#x00E9;n la tarea que aqu&#x00ED; me he fijado. La dificultad se revela especialmente con la noci&#x00F3;n de forma de vida y, entiendo, tiene que ver con la manera en que Wittgenstein utiliza el t&#x00E9;rmino. Hasta donde s&#x00E9;, no defini&#x00F3; expl&#x00ED;citamente dicha noci&#x00F3;n, sino que se refiri&#x00F3; a ella para explicar el funcionamiento del lenguaje. En efecto, n&#x00F3;tese que as&#x00ED; como una forma de vida, seg&#x00FA;n Wittgenstein, es ‘lo dado para los hablantes de una lengua’ (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">Wittgenstein 1953</xref>: parte II, 517), la “noci&#x00F3;n” de forma de vida es lo dado en su descripci&#x00F3;n del lenguaje; esto es, el t&#x00E9;rmino “menos explicado” de su concepci&#x00F3;n del lenguaje. Que no haya definido expl&#x00ED;citamente este concepto no es incoherente en su perspectiva, toda vez que, para &#x00E9;l, todas las explicaciones tienen en alg&#x00FA;n punto un final (final que, justamente, radica en una forma de vida); es decir, no podemos dar una explicaci&#x00F3;n de todo lo que decimos (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">ibid.</xref>: § 1 y 217 y <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">Wittgenstein 1969</xref>: § 110). As&#x00ED;, la posibilidad de comprender qu&#x00E9; papel le cabe, seg&#x00FA;n la filosof&#x00ED;a wittgensteiniana, a las formas de vida en el funcionamiento del lenguaje depende de entender inmediatamente (ya que no hay m&#x00E1;s explicaciones disponibles) qu&#x00E9; quiere significar la “expresi&#x00F3;n” forma de vida (lo cual implica, a su vez, participar de la misma forma de vida que el autor de la expresi&#x00F3;n). En suma, la noci&#x00F3;n de forma de vida pareciera aludir a un “trasfondo de experiencias vitales”, compartidas por una comunidad, donde cobran sentido las palabras y las acciones. Puede decirse, entonces, que un juego de lenguaje (sus palabras y acciones) se justifica por su f&#x00E1;cil y natural integraci&#x00F3;n en una forma de vida. El trasfondo que implica la forma de vida, en cambio, no tiene otra justificaci&#x00F3;n que su propia existencia.</p>

			<p>La cuesti&#x00F3;n es que, dadas las caracter&#x00ED;sticas de este concepto, es importante ser muy cuidadoso al emplearlo sociol&#x00F3;gicamente (si es que tiene sentido hacerlo). Las ciencias emp&#x00ED;ricas requieren que sus t&#x00E9;rminos te&#x00F3;ricos puedan, a trav&#x00E9;s de diferentes operaciones, contrastarse emp&#x00ED;ricamente y considero que existe un riesgo serio de, al buscar referentes emp&#x00ED;ricos para la noci&#x00F3;n forma de vida, provocar una sustancial transformaci&#x00F3;n sem&#x00E1;ntica de la misma. ¿La manera en que vive la gente de un barrio, de una ciudad o de un pa&#x00ED;s puede ser el referente emp&#x00ED;rico de la noci&#x00F3;n de forma de vida? ¿Esto significa que las personas que habitan un barrio, para dar el ejemplo m&#x00E1;s sencillo y probable, est&#x00E1;n de acuerdo siempre en el modo en que usan las palabras y en el modo en que las mismas se conectan con sus actividades vitales? Claro que no. Todos sabemos que en un mismo barrio pueden vivir personas de distintos or&#x00ED;genes y culturas. Con esto deseo indicar el cuidado que hay que tener al momento de usar sociol&#x00F3;gicamente un t&#x00E9;rmino como este, aunque se trate de una reflexi&#x00F3;n te&#x00F3;rica. Hay que reconocer, de todos modos, que las anteriores preguntas son tramposas, ya que buscan establecer una delimitaci&#x00F3;n “f&#x00ED;sica” de la noci&#x00F3;n de forma de vida, pero eso no ser&#x00ED;a del todo coherente con el enfoque interpretativo que quiero exponer aqu&#x00ED;. Si estoy en lo cierto acerca de que la noci&#x00F3;n de forma de vida se puede asociar a un trasfondo de experiencias compartidas, hay que fijar sus l&#x00ED;mites en la dimensi&#x00F3;n “cognitiva” de una comunidad. Este punto de vista parece coincidir con la definici&#x00F3;n de esta noci&#x00F3;n que da Kripke, citada previamente. N&#x00F3;tese que, desde su perspectiva, los l&#x00ED;mites de una forma de vida son “el conjunto de respuestas en el que estamos de acuerdo” (no dice “el conjunto de personas que estamos de acuerdo en determinadas respuestas”; delimitaci&#x00F3;n que podr&#x00ED;a confundirse con un n&#x00FA;mero concreto de personas, a menos que en dicha definici&#x00F3;n se aclare que esas personas acuerdan en algunas respuestas, pero no necesariamente en todas). Empero, esas respuestas de las que habla Kripke, a su vez, “se entrelazan en actividades”, con lo cual, esta definici&#x00F3;n asimismo incluye, acertadamente, una dimensi&#x00F3;n “material” (aunque no sea a trav&#x00E9;s de dicha dimensi&#x00F3;n que se establece los l&#x00ED;mites de una forma de vida).</p>

			<p>Era necesario dejar claro que el sentido wittgensteiniano de la noci&#x00F3;n de regla no tiene que ver con una formulaci&#x00F3;n o un reglamento, sino con un contexto pr&#x00E1;ctico de vida social. Justamente, hablar de “seguir una regla”, y no de regla a secas, tiene que ver con enfatizar la dimensi&#x00F3;n pr&#x00E1;ctica de este concepto. Tambi&#x00E9;n era importante hacer referencia a la idea de forma de vida, dada la proximidad de su significado con el de la noci&#x00F3;n de tradici&#x00F3;n aqu&#x00ED; propuesta. En efecto, se puede decir que la manera en que pienso la tradici&#x00F3;n se solapa con la antedicha noci&#x00F3;n de forma de vida, por la siguiente raz&#x00F3;n: en la medida en que es habitada por seres humanos, podemos asumir que una forma de vida –como reci&#x00E9;n glos&#x00E9; acerca de la cita de Kripke– abarca tanto aspectos “materiales”, como “cognitivos” (los saberes de las personas). El solapamiento se da porque concibo la “tradici&#x00F3;n” como los “aspectos cognitivos de una forma de vida”. As&#x00ED;, los conocimientos a que se refiere la idea de tradici&#x00F3;n incluyen saberes bien concretos, sean estos nombres o habilidades pr&#x00E1;cticas, y categor&#x00ED;as b&#x00E1;sicas, que son las que definen qu&#x00E9; es real para los agentes y, por tanto, constituyen el trasfondo “cognitivo” sobre el cual adquieren sentido las pr&#x00E1;cticas. Quiz&#x00E1; no hac&#x00ED;a falta aclarar la posible articulaci&#x00F3;n entre las nociones de tradici&#x00F3;n y forma de vida, pero como ambas ideas suponen ser algo as&#x00ED; como la ra&#x00ED;z de las pr&#x00E1;cticas, consider&#x00E9; oportuno comentar c&#x00F3;mo podr&#x00ED;an estar vinculadas.</p>
		</sec>

			

		<sec id="S3">
			<title>El “seguimiento de reglas” y el significado de las pr&#x00E1;cticas</title>


			<p>A la vez simple e incisiva, la noci&#x00F3;n wittgensteiniana de “seguir una regla” consiste en una muy fruct&#x00ED;fera herramienta para investigar la relaci&#x00F3;n entre conocimiento compartido, intenciones y pr&#x00E1;cticas. Fue Peter Winch uno de los primeros te&#x00F3;ricos en llevar esta noci&#x00F3;n a las ciencias sociales al vincular el significado de la acci&#x00F3;n (el cl&#x00E1;sico objeto de estudio de la sociolog&#x00ED;a comprensiva) con el seguimiento de reglas (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">Winch 1958</xref>; especialmente, pp. 46-51). Sus aportes lograron, seg&#x00FA;n mi parecer, una mayor precisi&#x00F3;n y profundidad en la comprensi&#x00F3;n de la acci&#x00F3;n que la cl&#x00E1;sica conceptualizaci&#x00F3;n weberiana; pues, si, para Weber, comprender una acci&#x00F3;n equivale a una “captaci&#x00F3;n interpretativa” de la conexi&#x00F3;n de sentido mentada por el actor –sin una mayor explicaci&#x00F3;n de qu&#x00E9; quiere decir “captar la conexi&#x00F3;n de sentido” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1921</xref>: 9)–, para Winch, comprender el sentido de una acci&#x00F3;n consiste en detectar qu&#x00E9; significa actuar correctamente para los agentes. Y, en la medida en que Winch no pretende comparar las acciones concretas de los actores con cursos de acci&#x00F3;n ideales esbozados por el soci&#x00F3;logo, podr&#x00ED;a decirse que el sentido que as&#x00ED; se capta surge m&#x00E1;s de distinciones incorporadas en las mismas pr&#x00E1;cticas de los agentes que en el caso del enfoque weberiano, donde parecen pesar m&#x00E1;s los criterios del investigador.</p>

			<p>¿Qu&#x00E9; implica, entonces, hacer un uso sociol&#x00F3;gico de la noci&#x00F3;n de seguir una regla, desde Winch en adelante? Implica considerar que no solo el uso del lenguaje, sino todas las pr&#x00E1;cticas tienen un significado (que est&#x00E1; relacionado con la intenci&#x00F3;n de los agentes) y que tales pr&#x00E1;cticas y sus significados tambi&#x00E9;n son definidos por reglas, al punto que una abrumadora mayor&#x00ED;a de lo que hacemos los seres humanos es guiado por reglas (excepciones podr&#x00ED;an ser lo que Winch llama “h&#x00E1;bitos” –cf. <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">Winch 1958</xref>: 56-61– y los “actos reflejos”). Conviene ahora examinar con alg&#x00FA;n detalle algunas cuestiones claves relacionadas con la noci&#x00F3;n de seguir una regla que ata&#x00F1;en al empleo que podamos hacer de ella para el an&#x00E1;lisis de las pr&#x00E1;cticas.</p>

			<p>Un primer punto a tener en cuenta es que el seguimiento de reglas comporta una dimensi&#x00F3;n “sem&#x00E1;ntica”, vinculada a la inteligibilidad de las pr&#x00E1;cticas, y otra dimensi&#x00F3;n “normativa”, vinculada a la determinaci&#x00F3;n del modo correcto de actuar y a la sanci&#x00F3;n de la trasgresi&#x00F3;n. La dimensi&#x00F3;n normativa de las reglas viene dada, como es obvio, por el hecho de que toda regla es una prescripci&#x00F3;n, pero, desde esta perspectiva wittgensteiniana, ya vimos que no lo es en un sentido formal (“prescripci&#x00F3;n” no alude a ‘instrucciones expl&#x00ED;citamente formuladas’), sino como la manera aceptada de actuar dentro de un grupo; por tanto, hay que entender la noci&#x00F3;n de regla en relaci&#x00F3;n con la actividad social donde su aplicaci&#x00F3;n se desenvuelve naturalmente. Y, dentro de la actividad, son todos los miembros de un grupo (o, dependiendo de la actividad, los miembros relevantes) los que se encargan de que las acciones de cada quien se ajusten a las reglas aceptadas. As&#x00ED;, las reglas que comparte el grupo son las que hacen posible el entendimiento mutuo y la coordinaci&#x00F3;n de actividades. Winch conecta agudamente esta dimensi&#x00F3;n normativa con el aspecto sem&#x00E1;ntico de las reglas. Asevera que “lo central del concepto de regla es que nos capacita para “evaluar” lo que se est&#x00E1; haciendo” [entrecomillado del original] (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">ibid.</xref>: 35). Esta idea es decisiva porque, si podemos darnos cuenta de qu&#x00E9; es lo correcto y qu&#x00E9; ser&#x00ED;a un error para alguien, podemos comprender qu&#x00E9; significa para esa persona y en su comunidad de pertenencia actuar de esa manera. En otras palabras, comprender lo que hacen los agentes en un escenario es captar sus intenciones y captar sus intenciones implica poder identificar en qu&#x00E9; consiste para ellos realizar dicha actividad “correctamente” (las excepciones ser&#x00ED;an las pr&#x00E1;cticas que representan alguna innovaci&#x00F3;n dentro de una tradici&#x00F3;n, que estar&#x00ED;an adoptando nuevos criterios para realizar una actividad y no la regla establecida; m&#x00E1;s adelante comentar&#x00E9; algo m&#x00E1;s al respecto). En el mismo sentido se manifiesta Garfinkel cuando sostiene que identificar las reglas de las pr&#x00E1;cticas hace inteligibles los escenarios –tanto para el agente, como para el soci&#x00F3;logo profesional– no solamente porque permite distinguir las pr&#x00E1;cticas que se ajustan a las pautas consagradas, sino tambi&#x00E9;n porque facilita el reconocimiento de las divergencias que son consideradas errores (cf. <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">Garfinkel 1967</xref>: 44-53; <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">Winch 1958</xref>: 63-64).</p>

			<p>Que muchas veces seguimos reglas “ciegamente”, como si no pens&#x00E1;ramos en lo que hacemos, es otro aspecto importante a considerar (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">Wittgenstein 1953</xref>: § 217 y 219). Sin embargo, este actuar ciego no menoscaba el orden de la actividad. Por otro lado, creer que decir ciego connota aqu&#x00ED; un ‘actuar irresponsable’ implicar&#x00ED;a no entender un punto indispensable del argumento wittgensteiniano. Para Wittgenstein, seguir una regla ciegamente no entra&#x00F1;a ignorar qu&#x00E9; equivale a hacer las cosas correctamente (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">ibid.</xref>: § 201), sino, m&#x00E1;s bien, actuar de manera autom&#x00E1;tica. Respecto de una gran parte de nuestras pr&#x00E1;cticas cotidianas est&#x00E1; tan claro qu&#x00E9; es hacer las cosas bien y qu&#x00E9; es hacerlas mal, que no dudamos al actuar. En tales circunstancias, como dice Wittgenstein, “no elegimos”; seguimos la regla ciegamente (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">ibid.</xref>: § 219).</p>

			<p>El concepto de regla –afirma Wittgenstein– est&#x00E1; ligado a la noci&#x00F3;n de “lo mismo” y de regularidad (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">ibid.</xref>: § 225). Otra cuesti&#x00F3;n clave, entonces, tiene relaci&#x00F3;n con las implicaciones de esta idea. Winch destaca este rasgo cuando plantea que “solo en t&#x00E9;rminos de una “regla” determinada podemos atribuir un sentido espec&#x00ED;fico a las palabras “lo mismo”” [entrecomillado del original] (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">Winch 1958</xref>: 31; cf. <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">Bloor 1997</xref>: 17). Wittgenstein incluso llega a decir que a veces pareciera que, una vez definida la regla, quedaran estipulados todos los casos de su aplicaci&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">Wittgenstein 1953</xref>: § 188), como si el seguimiento de una regla implicara ejecutar mec&#x00E1;nicamente movimientos id&#x00E9;nticos uno tras otro. Ciertamente, el hecho de que mantener una regla est&#x00E9; asociado a la pr&#x00E1;ctica de “lo mismo” puede dejarnos la impresi&#x00F3;n de que las reglas “predeterminan” cada una de sus aplicaciones. Bloor denomina “determinismo del significado” (meaning determinism) a esta concepci&#x00F3;n de la regla y su relaci&#x00F3;n con el significado. “La idea de que los pasos “ya han sido dados”, de que los pasos correctos ya existen en alg&#x00FA;n lugar por adelantado, es el nervio de lo que he llamado “determinismo del significado”” (las comillas son del original; <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">Bloor 1997</xref>: 4). Wittgenstein, sin embargo, se resiste a la idea de que una regla determine todas sus aplicaciones de antemano (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">Wittgenstein 1953</xref>: § 219). Pero si la regla no determina de antemano todos los pasos a seguir, ¿c&#x00F3;mo genera el sentido de continuidad o de “lo mismo”? El sentido de “lo mismo” o de continuidad implicado en el seguimiento de una regla no viene dado por una determinaci&#x00F3;n mec&#x00E1;nica y anticipada de todas sus aplicaciones, sino por el “guiarse” en cada instancia por una misma “pauta” o “paradigma”, por contar con un “modelo” de c&#x00F3;mo deben hacerse las cosas. Continuar una serie matem&#x00E1;tica tiene que ver con saber aplicar, en cada caso, una funci&#x00F3;n y no con recitar una serie de n&#x00FA;meros de memoria (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">ibid.</xref>: § 154, 155 y 195; <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">Winch 1958</xref>: 58; y <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">Sharrock y Button 1999</xref>: 199-200). Puede decirse, por tanto, que seguir una regla entra&#x00F1;a el dominio de una t&#x00E9;cnica. Pero, como avisa la fil&#x00F3;sofa norteamericana Meredith Williams, si decimos que en el fondo de la aplicaci&#x00F3;n de una regla se halla una t&#x00E9;cnica corremos el riesgo de reificar la t&#x00E9;cnica. Debe quedar claro, entonces, que se trata de pr&#x00E1;cticas, de agentes que “dominan” una t&#x00E9;cnica, cuesti&#x00F3;n que nos lleva al proceso de su aprendizaje. En efecto, para Wittgenstein, explicar c&#x00F3;mo una regla gu&#x00ED;a sus aplicaciones tiene que ver con analizar c&#x00F3;mo la regla ha sido “aprendida” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">Wittgenstein 1953</xref>: § 189 y 190; y <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">Williams 1991</xref>: 116).</p>

			<p>C&#x00F3;mo fuimos entrenados y c&#x00F3;mo aprendimos es constitutivo de lo que queremos significar con nuestras pr&#x00E1;cticas. Seg&#x00FA;n Williams, “el modo en que uno aprende provee el paradigma de lo que es aprendido” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT21">ibid.</xref>: 118). Por eso sugiere que, en vez de buscar una regla, se investigue el proceso de entrenamiento por medio del cual el individuo llega a dominar una t&#x00E9;cnica (<xref ref-type="bibr" rid="CIT21">ibid.</xref>: 116). Es participando de la actividad y observando las pr&#x00E1;cticas que nos son ense&#x00F1;adas como la manera correcta de actuar –pr&#x00E1;cticas que finalmente incorporamos como paradigma– como vamos asimilando qu&#x00E9; es hacer las cosas bien (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">Wittgenstein 1953</xref>: § 208). No obstante, esto es as&#x00ED; solamente durante el proceso de aprendizaje de una regla; no quiere decir que cada vez que hacemos algo estemos buscando el acuerdo de otros colegas culturales. Una vez que aprendimos una regla, la incorporamos y actuamos espont&#x00E1;neamente (o “ciegamente”) de acuerdo a ella, como cuando conducimos un autom&#x00F3;vil, que frenamos o aceleramos sin pensar en lo que hacemos.</p>

			<p>Las pr&#x00E1;cticas, entonces, proveen el contexto o –al decir de Williams– la “estructura de fondo” dentro de la cual el individuo puede distinguir las conductas correctas de las incorrectas. El modelo o paradigma no nos constri&#x00F1;e, en s&#x00ED; mismo, a actuar de una manera en especial, sino que provee el elemento p&#x00FA;blico en relaci&#x00F3;n con el cual una acci&#x00F3;n puede ser corregida. En otras palabras, la regularidad en el seguimiento de una regla es compelida por el “acuerdo en la acci&#x00F3;n” donde cada caso funciona como el patr&#x00F3;n p&#x00FA;blico que ejemplifica cu&#x00E1;l es la norma (<xref ref-type="bibr" rid="CIT21">Williams 1991</xref>: 113).</p>

			<p>Lo dicho hasta aqu&#x00ED; espero haya dejado claro que “seguir una regla es una pr&#x00E1;ctica” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">Wittgenstein 1953</xref>: § 202). No tiene sentido decir que una regla existe si no es puesta en pr&#x00E1;ctica; no hay significado fuera de las mismas pr&#x00E1;cticas, como si fueran ideas plat&#x00F3;nicas. El sentido de lo correcto, que es lo que define a las reglas, no surge de una formulaci&#x00F3;n abstracta sino de las mismas pr&#x00E1;cticas. Si antes se&#x00F1;al&#x00E9; que las reglas “gu&#x00ED;an” las pr&#x00E1;cticas; ahora cabe a&#x00F1;adir que las pr&#x00E1;cticas, a su vez, “fijan o dotan de materialidad” a las reglas. O, como enuncia Williams, “lo que es correcto es mostrado en lo que hacemos. Las aplicaciones crean el espacio para la regla, no son derivados de la regla” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT21">Williams 1991</xref>: 120). Esto implica, adem&#x00E1;s, que el significado se halla “situado” y es creado y re-creado en las acciones que lo ponen en uso; lo que, a su vez, supone que el significado es “finito”; es decir, que su extensi&#x00F3;n no est&#x00E1; predeterminada para todos sus usos futuros. Por esta raz&#x00F3;n, esta propiedad de las pr&#x00E1;cticas y sus significados ha sido llamada “finitismo” (cf. <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">Bloor 1983</xref>: 25; el cap&#x00ED;tulo “Meaning finitism”, de <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">Bloor 1997</xref>: 9-26; y <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">Barnes 1995</xref>: 113-114). As&#x00ED;, puesto que el seguimiento de reglas no procede de ning&#x00FA;n principio fijo, cuando una regla debe ser readaptada a circunstancias que han cambiado notablemente, pueden sucederse arduas disputas entre los miembros de la comunidad en torno a qu&#x00E9; equivale a continuar haciendo las cosas correctamente.</p>
		</sec>


		<sec id="S4">
			<title>El cambio y la persistencia de una tradici&#x00F3;n</title>


			<p>Ya anot&#x00E9; que adoptar una concepci&#x00F3;n wittgensteiniana del conocimiento (y de la tradici&#x00F3;n) equivale, para m&#x00ED;, a entenderlo como operando a trav&#x00E9;s de reglas. Las reglas constituyen la tradici&#x00F3;n; los miembros sostienen la tradici&#x00F3;n ense&#x00F1;ando a sus descendientes a seguir cumplidamente las reglas. Empero, mantener una tradici&#x00F3;n no consiste en una repetici&#x00F3;n de pr&#x00E1;cticas id&#x00E9;nticas a s&#x00ED; mismas. Al contrario, continuar una tradici&#x00F3;n entra&#x00F1;a un incesante proceso de persistencia y cambio de reglas a la vez. Seguir una regla comporta extender una analog&#x00ED;a, pero –como advierte Barnes, retomando el argumento finitista– aun cuando cada instancia en la aplicaci&#x00F3;n de una regla puede ser an&#x00E1;loga a cualquier otra, “analog&#x00ED;a no es lo mismo que identidad”. Esto quiere decir que “depende de nosotros decidir cu&#x00E1;ndo se aplican [las reglas], cu&#x00E1;ndo la analog&#x00ED;a es lo suficientemente fuerte y cu&#x00E1;ndo no” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">Barnes 1995</xref>: 55); todo lo cual, a su vez, es una muestra de que el significado del conocimiento no est&#x00E1; determinado de una vez y para siempre (i. e. “infinitamente”) y que su subsistencia depende de la voluntad de los miembros de la comunidad de ponerlo en pr&#x00E1;ctica. Por eso mismo, aunque es inherente a la noci&#x00F3;n de tradici&#x00F3;n expresar la continuidad, este enfoque es particularmente sensible a los cambios, ya que solo reconoce como parte de las tradiciones a los saberes que el colectivo “contin&#x00FA;a” usando.</p>

			<p>Este punto merece atenci&#x00F3;n porque involucra nociones fundamentales asociadas al seguimiento de reglas que han sido muy discutidas entre los lectores de Wittgenstein. La cuesti&#x00F3;n es que, aunque muchas veces no seamos capaces de formular cu&#x00E1;les son las reglas que gu&#x00ED;an nuestras pr&#x00E1;cticas, cuando cambian las condiciones de aplicaci&#x00F3;n de una regla, nos vemos forzados a reflexionar y decidir cu&#x00E1;l es la mejor manera de seguir haciendo lo mismo en las nuevas circunstancias (cf. <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">Winch 1958</xref>: 62-63). Imaginemos que alguien desea realizar una comida en un lugar, distante de su ciudad de origen, donde no se halla un ingrediente muy importante indicado para su preparaci&#x00F3;n y decide entonces suplantarlo por otro que pueda cumplir una funci&#x00F3;n parecida. Es f&#x00E1;cil notar aqu&#x00ED; que no est&#x00E1; inscripto en las reglas de su preparaci&#x00F3;n c&#x00F3;mo se ha de realizar la comida siendo que falta un ingrediente, sino que son los mismos cocineros quienes “deciden” c&#x00F3;mo ser&#x00E1; elaborado el plato en estas nuevas circunstancias. Es decir, son las mismas personas quienes deciden c&#x00F3;mo “continuar haciendo lo mismo de distinta manera”, si cabe el ox&#x00ED;moron. As&#x00ED;, modificar “conscientemente” una regla de una actividad conlleva el ingenio de “concebir alternativas” (lo que de suyo supone reconocer la contingencia de los propios saberes) y la destreza de “ejecutarlas”. Pero, se sabe, no siempre somos capaces de encontrar una respuesta a los nuevos problemas que enfrentamos, ni cualquier innovaci&#x00F3;n que forjemos se convierte inmediatamente en una regla institucionalizada. Es cierto que un proceso de cambio puede iniciarse con la decisi&#x00F3;n de un individuo que, “por su propia cuenta”, decide apartarse de lo que el grupo entiende como la manera correcta de actuar. Sin embargo, que su decisi&#x00F3;n se convierta en una obra original, y no en un error o herej&#x00ED;a, depende parad&#x00F3;jicamente de que la correspondiente comunidad reconozca como v&#x00E1;lidos a los nuevos criterios que dieron forma a tal obra (cf. el cap&#x00ED;tulo “Isolation and innovation” de <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">Bloor 1997</xref>: 91-111). En este sentido, el &#x00E9;xito de una innovaci&#x00F3;n de alguna manera requiere que, al tiempo que se cambian una o algunas de las varias reglas que gu&#x00ED;an una pr&#x00E1;ctica, se conserven otras reglas, que son las que conectan al innovador con la comunidad a la que pertenece y de la que pretende la aceptaci&#x00F3;n de su innovaci&#x00F3;n.</p>

			<p>Tambi&#x00E9;n hay veces en que la comunidad cambia la manera en que hace algo (vale decir, cambia aquello que es una pr&#x00E1;ctica correcta de esas actividades) sin intenci&#x00F3;n de los miembros por producir un cambio, como resultado de pr&#x00E1;cticas que se realizan “ciegamente”. Se trata de circunstancias donde cambia la tradici&#x00F3;n, pero no hay una interpretaci&#x00F3;n sobre el significado de las reglas por parte de los miembros, como, en cambio, s&#x00ED; sucede en el caso de las personas que deben decidir c&#x00F3;mo adaptar la elaboraci&#x00F3;n de una comida en una situaci&#x00F3;n donde carecen de un ingrediente importante. Una manera en que se pueden difundir “ciegamente” cambios en una pr&#x00E1;ctica es cuando autom&#x00E1;ticamente y sin conciencia de estar cometiendo un error se hacen las cosas de una manera distinta a lo que establece la tradici&#x00F3;n “oficial” (por as&#x00ED; decir), nadie en ese grupo identifica la desviaci&#x00F3;n, y se termina difundiendo (en ese grupo y m&#x00E1;s all&#x00E1;) esa pr&#x00E1;ctica como la forma aceptada de realizarla. Doy un ejemplo. Desde hace un tiempo, se ha difundido en Buenos Aires y alrededores, sobre todo entre los j&#x00F3;venes, la expresi&#x00F3;n “me cabe tal cosa” para referirse a algo que les gusta mucho. El problema se present&#x00F3; entre estas personas cuando tuvieron que referirse a algo que experimentaron en el pasado y que les gust&#x00F3; mucho. El “problema” a que hago referencia es que el verbo “caber” es irregular. La tradici&#x00F3;n oficial, que siguen los miembros m&#x00E1;s conservadores de la comunidad porte&#x00F1;a de hablantes del castellano, establece que la tercera persona del pret&#x00E9;rito indicativo (el tiempo usado de manera reflexiva para decir “me gust&#x00F3; eso”) es “cupo” (tendr&#x00ED;a que decirse “me cupo eso”). Sin embargo, parece que el grupo de j&#x00F3;venes porte&#x00F1;os que usa el verbo “caber” para mostrar satisfacci&#x00F3;n con algo desconoce la regla que establece la conjugaci&#x00F3;n irregular de dicho verbo; es decir, no forma parte de su tradici&#x00F3;n. Por eso, cuando quisieron decir “me gust&#x00F3; eso” usando el verbo “caber” enfrentaron “por primera vez” la circunstancia de conjugar la tercera persona del pret&#x00E9;rito indicativo del verbo y lo hicieron aplicando “ciegamente” la regla que seguimos para conjugar los verbos regulares: dijeron “me “cabi&#x00F3;” eso”.</p>

			<p>Puede suponerse que los hablantes conservadores del castellano en Buenos Aires tienen un dominio m&#x00E1;s amplio del idioma, puesto que ya enfrentaron la circunstancia de conjugar el verbo “caber” en tercera persona del pret&#x00E9;rito indicativo y saben qu&#x00E9; hacer en tal ocasi&#x00F3;n; mientras que el mentado grupo de j&#x00F3;venes recientemente enfrent&#x00F3; por primera vez dicha circunstancia, saliendo del paso con una nueva conjugaci&#x00F3;n que se empez&#x00F3; a difundir a partir de entonces. As&#x00ED;, afirmar que este grupo estar&#x00ED;a “ampliando” su acervo de saberes compartidos ciegamente (y no “cambiando” la tradici&#x00F3;n) es una manera de poner de manifiesto los supuestos inmanentes de este enfoque. Igualmente, si esta nueva regla para conjugar el verbo “caber” en la tercera persona del pret&#x00E9;rito indicativo con los a&#x00F1;os se extiende m&#x00E1;s all&#x00E1; del grupo de porte&#x00F1;os que actualmente la siguen, podr&#x00ED;a llegar a imponerse en la comunidad m&#x00E1;s amplia (entre la mayor&#x00ED;a de los porte&#x00F1;os) y, en tal caso, s&#x00ED; estar&#x00ED;amos frente a la transformaci&#x00F3;n de una tradici&#x00F3;n (y no meramente frente a la ampliaci&#x00F3;n de una tradici&#x00F3;n dentro de un grupo). Y este cambio en la pr&#x00E1;ctica se habr&#x00ED;a producido “sin una reflexi&#x00F3;n sobre el sentido de la regla” que la conduc&#x00ED;a.</p>
		</sec>


		<sec id="S5">
			<title>Discusiones en torno a la noci&#x00F3;n “seguir una regla”</title>


			<p>David Bloor, conspicuo integrante del “Programa fuerte” en sociolog&#x00ED;a de la ciencia, y Michael Lynch, etnometod&#x00F3;logo, han protagonizado un interesante debate sobre las implicaciones de la noci&#x00F3;n de “seguir una regla”. El argumento de Bloor recupera un concepto central del Programa fuerte –la noci&#x00F3;n de “intereses”– para plantear que, dado que las futuras aplicaciones de una regla no est&#x00E1;n predeterminadas por sus aplicaciones pasadas, bien cabe pensar que las disposiciones e intereses de los agentes afectan el modo en que finalmente se define c&#x00F3;mo seguir la regla (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">Bloor 1992</xref>: 271). Este punto de vista ha sido cuestionado por Lynch, quien propone un empleo anal&#x00ED;tico (y no te&#x00F3;rico, como Bloor) de las ideas de Wittgenstein para el estudio de las pr&#x00E1;cticas. Seg&#x00FA;n el etnometod&#x00F3;logo, la regla se expresa en la pr&#x00E1;ctica, est&#x00E1; internamente relacionada con ella. Bloor, en cambio –de acuerdo a la descripci&#x00F3;n de Lynch– parece suponer que la regla es externa a las acciones que implican su puesta en pr&#x00E1;ctica o, en otras palabras, que la regla y su aplicaci&#x00F3;n son independientes entre s&#x00ED; y que ambas estar&#x00ED;an mediadas por una interpretaci&#x00F3;n en la que intervendr&#x00ED;an elementos extr&#x00ED;nsecos, como los intereses. La postura de Lynch es distinta porque &#x00E9;l considera que las reglas “no se interpretan”, sino que “directamente se aplican”, por lo tanto, al describir actividades no hace falta apelar a intereses u otros elementos externos mediando entre la regla y las pr&#x00E1;cticas (<xref ref-type="bibr" rid="CIT13">Lynch 1992</xref>: 227-228; para un an&#x00E1;lisis general de la controversia, ver <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">Pleasants 1997</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">Tozzi 2003</xref>; y respecto de las discusiones sobre el uso del concepto “intereses” en los estudios de la ciencia, cf. <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">Prego 1992</xref>: 70-76).</p>

			<p>Wes Sharrock y Graham Button, tambi&#x00E9;n allegados a la etnometodolog&#x00ED;a, han hecho pr&#x00E1;cticamente la misma cr&#x00ED;tica que Lynch al enfoque finitista y, adem&#x00E1;s, han objetado las cualidades atribuidas a los agentes en el seguimiento de reglas. Seg&#x00FA;n su parecer, el primer error finitista consiste en distinguir entre “entender la regla” y “entender qu&#x00E9; hacer”, cuando, en realidad, entender la regla es lo mismo que entender qu&#x00E9; hacer. Para ellos, ser&#x00ED;a esta distinci&#x00F3;n la que llevar&#x00ED;a a los que adhieren a la perspectiva finitista a cometer el segundo error de aseverar que los miembros “interpretan” las reglas (lo cual ser&#x00ED;a como atribuirles m&#x00E1;s de lo que realmente hacen), cuando Wittgenstein insist&#x00ED;a en que al seguir una regla no interpretamos, sino que “actuamos” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">Sharrock y Button 1999</xref>). Es m&#x00E1;s, para ellos, el significado de la regla “determina” su aplicaci&#x00F3;n, aunque no de un modo mec&#x00E1;nico o causal, sino porque implica una prescripci&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">ibid.</xref>: 206).</p>

			<p>Contrariamente, tras afirmar que depende de las personas decidir c&#x00F3;mo continuar haciendo lo mismo, Bloor ha negado –como ya fue dicho– que el significado de la regla se halle determinado antes de ponerse en pr&#x00E1;ctica. Esta tesis del finitismo ha causado mucha pol&#x00E9;mica porque asigna un papel decisivo a la interacci&#x00F3;n entre agentes en la definici&#x00F3;n del modo correcto de hacer algo. Es f&#x00E1;cil notar que las reglas de elaboraci&#x00F3;n de un plato no nos dicen qu&#x00E9; hacer cuando falta un ingrediente y que son los mismos agentes qui&#x00E9;nes deciden c&#x00F3;mo prepararlo en las nuevas circunstancias. Pero cuando se trata de ejercicios matem&#x00E1;ticos es dif&#x00ED;cil imaginar qu&#x00E9; podr&#x00ED;a implicar un cambio en las condiciones de aplicaci&#x00F3;n de las reglas. ¿Y tiene sentido decir que son los mismos agentes qui&#x00E9;nes deciden que 4 es el resultado correcto de sumar 2 y 2, negando que el resultado est&#x00E9; definido por la regla? (posici&#x00F3;n, esta &#x00FA;ltima, que coincide con lo que Bloor ha llamado “determinismo del significado”). Para Bloor, parece que s&#x00ED; lo tiene. En su opini&#x00F3;n, los resultados de los ejercicios matem&#x00E1;ticos no est&#x00E1;n definidos por las reglas, sino que derivan de lo que acuerdan la comunidad de practicantes de las matem&#x00E1;ticas, y esto porque, al entender las matem&#x00E1;ticas como puras ideas, las concibe como una instituci&#x00F3;n o convenci&#x00F3;n social, un estricto producto de la actividad humana, carente de relaci&#x00F3;n con el mundo material (<xref ref-type="bibr" rid="CIT05">Bloor 1997</xref>: 20-21 y 36).</p>

			<p>La controversia entre Bloor y Lynch continu&#x00F3; a&#x00F1;os despu&#x00E9;s con la intervenci&#x00F3;n de Martin Kusch (y las respuestas de Bloor y Sharrock, quien respondi&#x00F3; en defensa de la posici&#x00F3;n de Lynch) en la revista <italic>Social Studies of Science</italic>. Los temas discutidos en dicha ocasi&#x00F3;n exceden los puntos de inter&#x00E9;s en este art&#x00ED;culo, pero all&#x00ED; tambi&#x00E9;n apareci&#x00F3; la discrepancia entre el finitismo y la determinaci&#x00F3;n del significado por la regla. Al respecto, Kusch –tomando distancia de la posici&#x00F3;n de Lynch y Sharrock y Button– manifest&#x00F3; estar de acuerdo con la propuesta de Bloor de problematizar la reproducci&#x00F3;n del significado de las pr&#x00E1;cticas (lo que implica reconocer el finitismo de las reglas) e investigar las  causas de sus cambios (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">Kusch 2004a</xref>: 587-588). Sin embargo, tanto &#x00E9;l como Sharrock parecen no estar de acuerdo con Bloor en que el finitismo del significado pueda aplicarse a reglas matem&#x00E1;ticas (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">Sharrock 2004</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">Kusch 2004b</xref>)<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>.</p>

			<p>Encuentro que por estar el punto de vista finitista atento &#x00FA;nicamente a los saberes que se ponen en pr&#x00E1;ctica deja en un segundo plano, sino descartados, los aspectos puramente conceptuales de las reglas. Personalmente no estoy seguro de acordar con Bloor en que el resultado correcto de una suma sea lo que acuerden los miembros de una comunidad, como si la regla no entra&#x00F1;ara significado alguno. Considero que el quid de su argumento deber&#x00ED;a ser que el acuerdo de los practicantes de las matem&#x00E1;ticas “sobre las reglas” (no los resultados) y su voluntad de aplicarlas son necesarios para realizar ejercicios matem&#x00E1;ticos.</p>

			<p>Una clave para aclarar esta cuesti&#x00F3;n est&#x00E1; en la noci&#x00F3;n de seguir una regla “ciegamente”. Creo que Lynch, y Sharrock y Button afirman algo cierto: cuando seguimos una regla no interpretamos, sino que directamente “actuamos”. Y ello es particularmente innegable cuando seguimos una regla ciegamente, ya que ah&#x00ED; “no elegimos”, actuamos autom&#x00E1;ticamente (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">Wittgenstein 1953</xref>: § 217 y 219). Esto comporta negar que los integrantes de una comunidad est&#x00E9;n reflexionando “todo el tiempo” sobre las reglas que siguen y que “en cada acci&#x00F3;n” est&#x00E9;n decidiendo entre seguir haciendo lo que siempre han hecho o buscar nuevas alternativas. Pero que no pensemos en lo que hacemos no quiere decir que no tengamos la “voluntad” de hacer las cosas correctamente (i. e. de seguir la regla). Que los miembros tienen “voluntad” quiere decir tan solo que hacen un “esfuerzo” por seguir haciendo las cosas bien, de acuerdo a los par&#x00E1;metros de su comunidad y tal como all&#x00ED; saben hacerlas (y que depende de la voluntad de los miembros –y no de las reglas– que las mismas se conserven o cambien). En s&#x00ED;ntesis, este controvertido punto del finitismo no deber&#x00ED;a eclipsar cu&#x00E1;n relevantes pueden ser los interrogantes de este enfoque para profundizar nuestra comprensi&#x00F3;n de lo que implica sostener una tradici&#x00F3;n.</p>
		</sec>


		<sec id="S6">
			<title>Cr&#x00ED;tica a la idea de tradici&#x00F3;n “como constre&#x00F1;imiento”</title>


			<p>Al asegurar que es la comunidad la que decide –muchas veces a trav&#x00E9;s de conflictos y negociaciones– en qu&#x00E9; consiste mantener una tradici&#x00F3;n, este enfoque se opone al viejo supuesto de la Ilustraci&#x00F3;n de que hay ideas (i. e. los prejuicios) que limitan el entendimiento y constri&#x00F1;en la libertad de elegir y la capacidad de actuar de los individuos, y se opone tambi&#x00E9;n a las teor&#x00ED;as de la ideolog&#x00ED;a que dec&#x00ED;an que las personas son interpeladas “por” y est&#x00E1;n sujetas “a” la ideolog&#x00ED;a.</p>

			<p>Para tener una idea del modo en que los fil&#x00F3;sofos de la Ilustraci&#x00F3;n conceb&#x00ED;an los conocimientos heredados, en general, y los prejuicios, en particular, podemos considerar, por caso, un texto tenido por uno de los m&#x00E1;s importantes de la Ilustraci&#x00F3;n, <italic>Esquisse d’un tableau historique des progr&#x00E8;s de l’esprit humain</italic>, de Condorcet. A lo largo del ensayo, Condorcet hace repetidas referencias a la manera en que los prejuicios dominan a las personas e impiden el libre desarrollo de la raz&#x00F3;n. Cierto es que en ese texto Condorcet no define expl&#x00ED;citamente los prejuicios como constre&#x00F1;imiento, simplemente les atribuye ese sentido al tratarlos como una fuerza capaz de “corromper” y “esclavizar” (sic) a la especie humana (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1795</xref>: 160 y 190).</p>

			<p>Por otra parte, la  teor&#x00ED;a de la ideolog&#x00ED;a a la que antes hice referencia es la debida a Althusser. En su famoso art&#x00ED;culo “Ideolog&#x00ED;a y aparatos ideol&#x00F3;gicos del Estado”, describe los modos en que la ideolog&#x00ED;a dominante se difunde a trav&#x00E9;s de los rituales materiales de los aparatos ideol&#x00F3;gicos del Estado (familia, escuela, Iglesia, etc.) y c&#x00F3;mo la misma [la ideolog&#x00ED;a] interpela a los individuos como “sujetos” y los sujeta a un “Sujeto absoluto” (sic), que ocupar&#x00ED;a el eje fundamental de la ideolog&#x00ED;a (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">Althusser 1970</xref>: 61). De esta manera, la ideolog&#x00ED;a garantizar&#x00ED;a que la inmensa mayor&#x00ED;a de los sujetos “marchen solos” (sic) seg&#x00FA;n lo requiere el sistema capitalista, sin sentir la amenaza de violencia por parte de los aparatos de represi&#x00F3;n del Estado (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">ibid.</xref>: 61-63).</p>

			<p>Pero, ¿tiene realmente sentido pensar que estamos controlados por la tradici&#x00F3;n o subordinados a ella?, se pregunta Barnes. Responde que no, y agrega que deber&#x00ED;amos considerar a la tradici&#x00F3;n como una constante realizaci&#x00F3;n colectiva que carece de poder propio y que solo existe a trav&#x00E9;s del esfuerzo concertado de las personas (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">Barnes 1995</xref>: 112). Somos las mismas personas las que decidimos cu&#x00E1;ndo y c&#x00F3;mo aplicar una regla, cu&#x00E1;ndo un caso es una excepci&#x00F3;n y tambi&#x00E9;n somos los miembros del grupo quienes, eventualmente, seguimos nuevos criterios para efectuar mejor lo que ven&#x00ED;amos haciendo. Tanto en la concepci&#x00F3;n de Condorcet, como en la de Althusser, la capacidad que atribuyen a las ideas –bajo la forma de prejuicios o ideolog&#x00ED;a– de dominar a las personas pareciera ser un consuelo de ambos fil&#x00F3;sofos para dar una explicaci&#x00F3;n de lo que no pueden explicar: por qu&#x00E9; la gente no se comporta como, seg&#x00FA;n ellos, individuos racionales debieran comportarse.</p>

			<p>Una interpretaci&#x00F3;n alternativa y wittgensteiniana de lo que Condorcet y Althusser llaman prejuicios o ideolog&#x00ED;a no los tratar&#x00ED;a como errores que dominan a las personas, sino como ideas que cumplen una funci&#x00F3;n en determinadas formas de vida. Por cierto, una interpretaci&#x00F3;n de este tipo podr&#x00ED;a ser parte de una actitud pol&#x00ED;ticamente conservadora, de justificaci&#x00F3;n de lo establecido dado su anclaje en formas de vida. Veremos, m&#x00E1;s adelante, c&#x00F3;mo podr&#x00ED;a darse una cr&#x00ED;tica a ideas conservadoras desde una concepci&#x00F3;n wittgensteiniana.</p>

			<p>Como ya dije, que los miembros de una tradici&#x00F3;n sigan reglas “ciegamente” no quiere decir que las mismas los “fuerzan” a actuar de tal o cual manera. Considero m&#x00E1;s exacto decir que las reglas los “gu&#x00ED;an” y no que los constri&#x00F1;en, ya que, aun cuando no sean del todo conscientes de las reglas que siguen, no depende de las reglas, sino de los agentes, que las mismas se conserven igual o se transformen. Retomemos el controvertido caso de las matem&#x00E1;ticas. Si aceptamos que las reglas matem&#x00E1;ticas dan lugar a significados que son independientes de la voluntad de las personas, podr&#x00ED;amos llegar a pensar que, en la realizaci&#x00F3;n de ejercicios matem&#x00E1;ticos, las reglas constri&#x00F1;en a los practicantes. Pero que las reglas nos conduzcan a un resultado y no otro, no quiere decir que nos constri&#x00F1;an, ya que somos nosotros, los usuarios de las matem&#x00E1;ticas, quienes las ponemos en pr&#x00E1;ctica cada vez. Y si estamos confundidos (sobre todo en la etapa de aprendizaje de las matem&#x00E1;ticas), las reglas no nos van a constre&#x00F1;ir hacia el camino correcto, sino que son nuestros maestros los que nos van se&#x00F1;alar los pasos a seguir (o, dicho de otra manera, nos van a apremiar para que pensemos de determinada manera). Alcanzar un resultado matem&#x00E1;tico, en definitiva, siempre depender&#x00E1; de la voluntad humana (y colectiva) de emplear las reglas de la disciplina.</p>

			<p>Quienes conciben a la tradici&#x00F3;n como “constre&#x00F1;imiento” (operando como prejuicios o como reglas matem&#x00E1;ticas o gramaticales) a veces parecen asumir que, sin la coerci&#x00F3;n de la tradici&#x00F3;n, las personas ser&#x00ED;an libres de lograr todas las ideas o de realizar cualquier actividad (esto por mucho tiempo ha sido un supuesto propio de la filosof&#x00ED;a de la Ilustraci&#x00F3;n). Por eso, una manera de no comprender esta versi&#x00F3;n de la tradici&#x00F3;n como “gu&#x00ED;a” es suponer que, al negar el constre&#x00F1;imiento de las reglas, se est&#x00E1; afirmando que cualquier idea o pr&#x00E1;ctica est&#x00E1; al alcance (de la capacidad) de los miembros de cualquier forma de vida y que, por tanto, lo que los agentes no hacen es porque no quieren hacerlo. Obviamente, no se est&#x00E1; planteando esto. Decir que la voluntad de los agentes es necesaria para sostener una tradici&#x00F3;n no significa que cualquiera persona puede inmediatamente participar de forma competente en cualquier tradici&#x00F3;n extranjera con solo tener la voluntad de hacerlo. De hecho, la posibilidad de adoptar un nuevo criterio ante una situaci&#x00F3;n determinada no es una posibilidad que tengamos constantemente y, cuando se da, no siempre entra&#x00F1;a muchas (ni fruct&#x00ED;feras) opciones. En suma, pensar la tradici&#x00F3;n como gu&#x00ED;a no parte del supuesto de que tenemos capacidades ilimitadas que, en la medida en que nos vamos socializando dentro de una tradici&#x00F3;n (un idioma, por ejemplo), nos van siendo “coartadas” porque el nuevo conocimiento nos “forzar&#x00ED;a” a ir solamente en una determinada direcci&#x00F3;n, sino que parte del supuesto de que podemos hacer tan solo lo que nuestros saberes nos permiten efectuar.</p>

			<p>Otro motivo por el cual puede resultar contraintuitiva la idea de que la tradici&#x00F3;n se mantiene gracias al compromiso de los miembros es la imagen, m&#x00E1;s o menos corriente, de que la tradici&#x00F3;n perdura por inercia y, adem&#x00E1;s, la experiencia de necesitar a veces una importante dosis de voluntad para abandonar una tradici&#x00F3;n; sin embargo, en tales casos, la voluntad es necesaria para ir contra la presi&#x00F3;n que ejercen los otros miembros de nuestra cultura, “no las reglas de nuestra cultura” (cf. <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">Barnes 1995</xref>: 117-118).</p>

			<p>Tampoco se est&#x00E1; afirmando que todas las cosas que los agentes no hacen o no pueden hacer (todas las reglas que no siguen) se encuentran fuera de su capacidad intelectual o corporal (como sucede en el caso reci&#x00E9;n mencionado de los conceptos en lenguas extranjeras que somos incapaces de pensar porque desconocemos el idioma y el contexto en que se aplican). Hay situaciones en que los agentes, teniendo la capacidad intelectual y corporal de seguir una regla de su comunidad, no lo hacen por carecer de los recursos materiales para cumplirla apropiadamente. Examinemos una situaci&#x00F3;n hipot&#x00E9;tica, aunque probable. En ciertos sectores de la opini&#x00F3;n p&#x00FA;blica argentina cuando se compara la tradici&#x00F3;n o cultura c&#x00ED;vica nacional con la de los pa&#x00ED;ses occidentales m&#x00E1;s desarrollados, corrientemente aparece el comentario de que los argentinos no respetan las reglas (como, en cambio, s&#x00ED; ocurrir&#x00ED;a entre los habitantes de los pa&#x00ED;ses con los que se realiza la comparaci&#x00F3;n). Las situaciones que muchas veces se discuten son las relacionadas con las reglas que deber&#x00ED;an organizar el tr&#x00E1;nsito de veh&#x00ED;culos. El punto que pretendo destacar es que analizar las pr&#x00E1;cticas de los argentinos respecto al tr&#x00E1;nsito, desde un enfoque que conciba a la tradici&#x00F3;n como “gu&#x00ED;a”, no conduce a la conclusi&#x00F3;n de que los argentinos no respetan las reglas de tr&#x00E1;nsito ““meramente” porque no quieren hacerlo” (el “querer” s&#x00ED; tiene que ver con el seguimiento de reglas, pero no da cuenta de todo lo que implica una pr&#x00E1;ctica o mantener una tradici&#x00F3;n). Un an&#x00E1;lisis riguroso desde este punto de vista debiera tener en cuenta, en primer lugar, que cuando se dice que es la voluntad de los miembros lo que sostiene una tradici&#x00F3;n a trav&#x00E9;s del tiempo no se hace referencia a la voluntad de los individuos contemplados aisladamente, sino a la voluntad de, o bien una mayor&#x00ED;a de la comunidad, o bien los agentes relevantes, de compeler a todos los miembros a cumplir las reglas de la tradici&#x00F3;n. Y, en las modernas sociedades de masas, hace falta de recursos materiales que eficazmente controlen y penen la transgresi&#x00F3;n, ya que el compromiso de los ciudadanos con las reglas estatales no suele tener la misma fuerza que el compromiso con las reglas de la comunidad cuyos miembros se conocen cara a cara (al menos, considero que es as&#x00ED; en Argentina). De manera que, en estas circunstancias, pueden entrar en conflicto lealtades a diferentes comunidades o grupos de referencia. Por ejemplo, una persona de pocos recursos tiene un auto muy viejo y en muy mal estado (sin luces o sin frenos que funcionen adecuadamente, etc.). Las reglas de tr&#x00E1;nsito establecen que no se puede circular con un autom&#x00F3;vil en esas condiciones. Sin embargo, la hermana de esa persona se muda y le pide el favor de que traslade algunas de sus pertenencias a su nuevo hogar (obviamente, en esta situaci&#x00F3;n imaginada, la hermana no tiene muchas alternativas). En una situaci&#x00F3;n como la descrita, es probable que esta persona opte por usar su auto para ayudar a su hermana, quebrando as&#x00ED; las reglas de tr&#x00E1;nsito. Este ser&#x00ED;a un ejemplo muy veros&#x00ED;mil de reglas que no se siguen debido a la prioridad de otras reglas con las que las primeras est&#x00E1;n en conflicto, pero tambi&#x00E9;n debido a restricciones materiales muy severas (ya que quiz&#x00E1; ese veh&#x00ED;culo es la &#x00FA;nica alternativa de la hermana para trasladar sus pertenencias). Pero conducir un autom&#x00F3;vil en muy malas condiciones no representa un rechazo de la regla y una b&#x00FA;squeda de nuevos criterios, ni tampoco representa una ignorancia de la funci&#x00F3;n de las luces para conducir de noche. Insisto, un elemento central para comprender una transgresi&#x00F3;n como esta es la forma de vida en que est&#x00E1; inserta, lo cual abarca, adem&#x00E1;s de las distintas reglas, las condiciones materiales. Con este an&#x00E1;lisis, obviamente, no intento agotar las interpretaciones del incumplimiento de reglas de tr&#x00E1;nsito de una sociedad como la argentina. Tan solo quiero que se entienda que hablar de la necesaria voluntad de los agentes para sostener una tradici&#x00F3;n no significa que incumplir una regla sea &#x00FA;nicamente resultado de falta de voluntad; tambi&#x00E9;n las condiciones materiales afectan a la capacidad de las comunidades para seguir concertadamente determinadas reglas (en el caso mencionado, la falta de recursos es un problema, tanto del miembro de la comunidad, como del Estado, que es el responsable de hacer cumplir las reglas, pero que no tiene medios para controlar estas transgresiones en todos lados). En definitiva, que este enfoque tenga como objeto el an&#x00E1;lisis de la reproducci&#x00F3;n del sentido de las pr&#x00E1;cticas, poniendo la lupa en detalles que permitan ver la continuidad y las modificaciones de esos significados, no quiere decir que est&#x00E9; ciego a la influencia de las condiciones materiales en los comportamientos.</p>

			<p>De entender el seguimiento de reglas como la pr&#x00E1;ctica coordinada y armonizada de los miembros de una comunidad resulta una imagen de la tradici&#x00F3;n como si fuera un proceso “en curso” (va de suyo que esta visi&#x00F3;n de las pr&#x00E1;cticas como una realizaci&#x00F3;n “inmanente” est&#x00E1; impl&#x00ED;cita en la concepci&#x00F3;n “finitista” del significado). Perm&#x00ED;taseme insistir con esto: “seguir una regla” es una pr&#x00E1;ctica y el sentido de lo que es correcto no trasciende la misma realizaci&#x00F3;n de las pr&#x00E1;cticas, y, por tanto, no tiene sentido hacer alusi&#x00F3;n a la existencia de normas o valores que no son puestos en pr&#x00E1;ctica. Que esto es as&#x00ED; lo prueba que los saberes que no se usan y las normas que no se siguen desaparecen (las instrucciones escritas y ya abandonadas son lo que se llama “letra muerta”). Todo lo cual no excluye que, en ocasiones, las personas decidan desempolvar, para su beneficio, viejas normas casi olvidadas.</p>
		</sec>


		<sec id="S7">
			<title>¿En qu&#x00E9; ocasiones la tradici&#x00F3;n puede, eventualmente, ser un obst&#x00E1;culo?</title>


			<p>Que la tradici&#x00F3;n carezca de un poder de constre&#x00F1;imiento que le sea propio no quita que lo que sabemos pueda operar, en ocasiones, como un “obst&#x00E1;culo” (lo que no es exactamente igual a constre&#x00F1;imiento). Esto requiere una mayor aclaraci&#x00F3;n. Se sabe que en la medida en que la tradici&#x00F3;n orienta nuestras acciones, deseamos lo que tiene sentido en la tradici&#x00F3;n a la que pertenecemos (cf. <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">Wittgenstein 1953</xref>: § 337), no cosas desconocidas y ajenas a nuestra forma de vida. Por eso, decir que la tradici&#x00F3;n nos gu&#x00ED;a implica decir que nos provee de metas y de recursos para alcanzarlas. Pero no hay que olvidar un dato crucial, no mencionado hasta aqu&#x00ED;: que la tradici&#x00F3;n en la que participamos no supone un conjunto totalmente coherente de ideas. No es claro, en realidad, si es que la tradici&#x00F3;n en s&#x00ED; misma es incoherente o si es que participamos en diversas tradiciones; lo cierto es que las ideas que sostienen individuos y colectividades no expresan un autocontenido conjunto de conceptos ni pertenecen a una tradici&#x00F3;n que se halla absolutamente aislada de otras. En efecto, la tradici&#x00F3;n se va transformando a consecuencia de la incorporaci&#x00F3;n de conceptos y reglas que hasta un determinado momento fueron ajenos a ese grupo, provocando, a su vez, que algunas reglas ya no funcionen como lo hac&#x00ED;an en el pasado. As&#x00ED;, si las circunstancias en las que se practica una tradici&#x00F3;n cambian mucho, o si la tradici&#x00F3;n, tras sucesivas transformaciones, ha perdido cierta coherencia interna, lo que “nos indique” hacer la tradici&#x00F3;n puede llegar a operar como obst&#x00E1;culo para algunos de nuestros prop&#x00F3;sitos, pero esto no implica que el saber de la tradici&#x00F3;n posea un poder de constre&#x00F1;imiento propio. Volvamos al ejemplo del idioma, pero esta vez pensemos en la circunstancia de querer aprender una nueva lengua (otros casos similares podr&#x00ED;an ser aprender un nuevo deporte o, dentro de las actividades intelectuales, entender y aprender a usar una nueva teor&#x00ED;a). Puede plantearse ciertamente la cuesti&#x00F3;n de si aprendemos un nuevo idioma ““a pesar” de nuestra primera lengua” o ““porque” ya hablamos una lengua” (conocer m&#x00E1;s de un idioma conlleva importantes recursos para el aprendizaje de otra lengua, en tanto en cuanto implica alg&#x00FA;n conocimiento de c&#x00F3;mo operan las metaestructuras gramaticales, al menos entre los idiomas occidentales). Dicho de otra manera, ¿por qu&#x00E9; no considerar la primera lengua como un recurso en vez de un constre&#x00F1;imiento o un obst&#x00E1;culo? Solamente puedo ofrecer una respuesta muy simple y subjetivista, por as&#x00ED; decir, a este interrogante. Dir&#x00ED;a que cuando percibimos que para captar un concepto del nuevo idioma tenemos que abandonar un supuesto perteneciente a nuestra lengua materna, quiere decir que esta &#x00FA;ltima ha estado operando como un obst&#x00E1;culo. Por ejemplo, hablando castellano preguntamos: “¿cu&#x00E1;ntos a&#x00F1;os ten&#x00E9;s?” Con esta estructura gramatical incorporada, cuando intento preguntar, en ingl&#x00E9;s, la edad a una persona cometo el error de decir: “<italic>How many years do you have?</italic>”.</p>

			<p>Otro ejemplo puede aclarar un poco m&#x00E1;s este punto. Siguiendo aparentemente el juicio de Plat&#x00F3;n de que la forma del universo era la de una esfera perfecta y de que todo movimiento en &#x00E9;l deb&#x00ED;a producirse en c&#x00ED;rculos perfectos, los astr&#x00F3;nomos por siglos creyeron que las &#x00F3;rbitas de los planetas eran circulares. As&#x00ED; fue, al menos, hasta que Kepler propuso que los planetas se mueven en &#x00F3;rbitas el&#x00ED;pticas. Pero no era simplemente que el preconcepto de que las &#x00F3;rbitas deb&#x00ED;an ser circulares operara como un obst&#x00E1;culo que les imped&#x00ED;a imaginar que el movimiento de los planetas segu&#x00ED;a otro recorrido. Muchas veces “no quisieron” pensar de otra manera. Con esto quiero destacar algo de diversos modos ya se&#x00F1;alado: mantener los saberes que constituyen una tradici&#x00F3;n frecuentemente implica un compromiso “afectivo” con ellos; es decir, implica la “intenci&#x00F3;n” de emplear “espec&#x00ED;ficamente esos” conocimientos. Las ideas que sostenemos no son tan solo las que podemos tener, sino tambi&#x00E9;n las que “queremos” tener. Y puede ser que estemos comprometidos afectivamente con ciertas ideas porque son las que “sabemos” llevar a la pr&#x00E1;ctica, pero tambi&#x00E9;n puede suceder que mantenemos ciertas ideas y pr&#x00E1;cticas porque las “queremos”. Comprender una idea nueva no ser&#x00ED;a tan solo cuesti&#x00F3;n de tener la inteligencia para captarla, sino tambi&#x00E9;n la de tener la “intenci&#x00F3;n” (la “valent&#x00ED;a” dir&#x00ED;a Nietzsche) de admitirla como posible. No obstante, cabe aclarar que no siempre los agentes hacen importantes esfuerzos por conservar las reglas, ya que muchas veces no est&#x00E1;n positivamente ligados a ellas. En ocasiones, ante la posibilidad de una pr&#x00E1;ctica alternativa que, por alg&#x00FA;n motivo (material u otro), es m&#x00E1;s ventajosa, r&#x00E1;pidamente abandonan el modo en que ven&#x00ED;an realizando la actividad.</p>

			<p>Efectivamente, durante bastante tiempo el prop&#x00F3;sito de la comunidad de astr&#x00F3;nomos fue ajustar la observaci&#x00F3;n de los planetas a la hip&#x00F3;tesis de que su movimiento es circular, m&#x00E1;s que trazar un modelo que se ajuste a las observaciones<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>. De todas maneras, es posible que m&#x00E1;s tarde, cuando se intent&#x00F3; explicar el movimiento de los planetas a partir de c&#x00E1;lculos basados en datos emp&#x00ED;ricos, la idea de que los planetas giran en &#x00F3;rbitas perfectamente circulares haya desorientado (vale decir, “obstaculizado” sus c&#x00E1;lculos y mediciones) a los astr&#x00F3;nomos anteriores a Kepler. Pero esto no quiere decir que sea una caracter&#x00ED;stica de todo saber el impedirnos acceder a determinadas ideas. Significa, m&#x00E1;s bien, que cuando seguimos una regla en un contexto muy distinto a aquel de donde ella surgi&#x00F3; puede suceder que, en vez de guiarnos, nos confunda y nos impida lograr lo que buscamos. Es como querer aplicar una herramienta que en el pasado nos fue &#x00FA;til en contextos muy diferentes y para prop&#x00F3;sitos distintos a los originales. Debe notarse, adem&#x00E1;s, que aqu&#x00ED; la noci&#x00F3;n de conocimiento como obst&#x00E1;culo o restricci&#x00F3;n es indisociable de la idea de un deseo de conseguir algo que se frustra repetidamente.</p>

			<p>Antes mencionamos que el enfoque propuesto aqu&#x00ED; no admit&#x00ED;a atribuir a los agentes el estar sometidos a los saberes recibidos, y esto porque, en la medida en que tales saberes tengan una funci&#x00F3;n en sus formas de vida, y ellos deseen aplicarlos, no tiene sentido decir que los dominan. Esta interpretaci&#x00F3;n, como tambi&#x00E9;n se&#x00F1;al&#x00E9;, puede conllevar una actitud conservadora y de justificaci&#x00F3;n de lo establecido. De todas formas, creo que cabe la posibilidad de criticar ideas conservadoras desde el enfoque aqu&#x00ED; propuesto en la medida en que se las pueda vincular a una incompatibilidad con el deseo de los agentes (pudiendo tal deseo tener relaci&#x00F3;n con otros elementos de la tradici&#x00F3;n heredada o con un aprendizaje reciente). Tal cr&#x00ED;tica deber&#x00ED;a poder mostrar lo m&#x00E1;s claramente posible qui&#x00E9;nes ganan y qui&#x00E9;nes pierden sosteniendo determinados conceptos de una tradici&#x00F3;n y aceptando como dada una forma de vida (una forma de vida es algo dado en una explicaci&#x00F3;n, pero “no pol&#x00ED;ticamente”). Entiendo que la posibilidad de que esta cr&#x00ED;tica sea aceptada depende de que, entre los aspectos de la forma de vida que est&#x00E1;n en conflicto, los agentes valoren m&#x00E1;s los que convocan a un cambio, que aquellos que orientan a conservar lo establecido (y, obvio es decirlo, en las modernas sociedades de masas es dif&#x00ED;cil que todos los miembros tengan las mismas prioridades).</p>

			<p>Esta versi&#x00F3;n de la tradici&#x00F3;n como obst&#x00E1;culo supone que la forma en que aprendimos a realizar ciertas cosas nos dificulta hacer algo nuevo “que deseamos” (un deseo distinto a los principios y saberes que heredamos y venimos practicando, e incompatible con ellos). En definitiva, el supuesto b&#x00E1;sico aqu&#x00ED; es que la tradici&#x00F3;n es un obst&#x00E1;culo solamente si el agente en alg&#x00FA;n momento reconoce que su vieja forma de hacer las cosas le “impide” lograr lo que quiere. En otras palabras, si los saberes de la tradici&#x00F3;n son un problema para “el mismo agente”.</p>

			<p>En cambio, en la concepci&#x00F3;n de la tradici&#x00F3;n como constre&#x00F1;imiento, la tradici&#x00F3;n no es un problema para quien la practica, sino para quienes, desde una actitud ilustrada, la critican. Adem&#x00E1;s, el constre&#x00F1;imiento que los seguidores de la Ilustraci&#x00F3;n atribuyen a la tradici&#x00F3;n no tendr&#x00ED;a que ver con algo que los agentes reconocen que les impide hacer, sino con algo que, seg&#x00FA;n el ilustrado (incluyendo al te&#x00F3;rico de la ideolog&#x00ED;a), los “forzar&#x00ED;a” (a los agentes) a pensar y a realizar. As&#x00ED;, en su mirada, la tradici&#x00F3;n (o la ideolog&#x00ED;a) ser&#x00ED;a algo en cierto sentido ajeno o “externo” a los agentes; algo que los estar&#x00ED;a oprimiendo y de lo cual, consiguientemente, ser&#x00ED;an “v&#x00ED;ctimas”.</p>
		</sec>


		<sec id="S8">
			<title>Comentarios finales</title>


			<p>Quiz&#x00E1; ahora sea m&#x00E1;s claro que la tradici&#x00F3;n, dado que consiste en saberes “que heredamos”, es un recurso que la gente usa, adapta, modifica y, en ocasiones, abandona. Lo que quiero hacer notar es la ventaja de concebir los saberes incorporados como “recursos” que “orientan” nuestras pr&#x00E1;cticas y que “usamos” para construir los medios que habitamos y otros nuevos conocimientos, en vez de concebirlos como mecanismos que nos “compelen” a percibir, pensar y actuar siempre del mismo modo. No ilumina demasiado una noci&#x00F3;n de tradici&#x00F3;n que no pueda mostrar c&#x00F3;mo operan los “sentimientos” y la “voluntad” de las personas en el “mantenimiento” de los saberes compartidos y que describa a las personas como “sujetas” a los conocimientos recibidos. Solamente cuando seguimos una regla en contextos muy distintos a aquel en donde ella funciona puede suceder que, en vez de guiarnos, nos d&#x00E9; pistas que no nos conduzcan a donde queremos llegar. Pero, fuera de esos casos, lo que no podemos hacer, cuando no est&#x00E1; de por medio una privaci&#x00F3;n econ&#x00F3;mica, es simplemente porque carecemos de las espec&#x00ED;ficas habilidades y conocimientos para hacerlo, no porque la tradici&#x00F3;n “nos fuerce” a hacer siempre las mismas cosas. Si concebimos el saber como recursos, tambi&#x00E9;n podemos verlo como herramientas. Pensemos entonces en una herramienta cualquiera, por ejemplo, un tenedor, ¿tiene sentido decir que un tenedor “nos fuerza” o “nos compele” a pinchar y perforar alimentos s&#x00F3;lidos y que “nos impide” tomar l&#x00ED;quidos? ¿O que un martillo “nos constri&#x00F1;e” porque no sirve para destornillar? El tenedor sirve para pinchar alimentos s&#x00F3;lidos, no para tomar sopa. No nos constri&#x00F1;e a perforar, lo hacemos si queremos. Y somos nosotros los que carecemos de una herramienta para ingerir l&#x00ED;quidos, no el tenedor el que nos impide beber o el que nos obliga a hacer siempre lo mismo. Nuestros conocimientos son herramientas para ciertos usos, no para todos.</p>
		</sec>


		<sec id="autor">
			<p>Mariano Bargero es profesor de ‘Introducci&#x00F3;n al conocimiento cient&#x00ED;fico y metodolog&#x00ED;a de la investigaci&#x00F3;n’, en el Instituto de Ciencias Sociales y Administraci&#x00F3;n de la Universidad Nacional Arturo Jauretche, y de ‘Metodolog&#x00ED;a de la investigaci&#x00F3;n’, en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (Argentina). Tambi&#x00E9;n es doctorando en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Sus &#x00E1;reas de inter&#x00E9;s son la epistemolog&#x00ED;a, la teor&#x00ED;a social y los estudios de la ciencia.</p>

		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
			
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE01"><label>1</label>
					<p>Una notable excepci&#x00F3;n es el trabajo de Ignacio Mazzola (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2009</xref>), quien emprende un an&#x00E1;lisis «desde el punto de vista de la acci&#x00F3;n» (en vez de seguir el habitual punto de vista del lenguaje) de la conocida interpretaci&#x00F3;n de Kripke de la concepci&#x00F3;n wittgensteiniana de las reglas y la paradoja esc&#x00E9;ptica.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE02"><label>2</label>
					<p>Ian Hacking tambi&#x00E9;n ha manifestado algunas dudas sobre el finitismo. En su rese&#x00F1;a del primer libro de Bloor sobre Wittgenstein (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">Bloor 1983</xref>), expresa que considera aceptable el finitismo si significa que los sentidos de las palabras y las acciones no est&#x00E1;n fijos, sino que se transforman hist&#x00F3;ricamente. Pero se niega a aceptar la tesis, que califica de «finitismo “radical”», de que cada acci&#x00F3;n y cada empleo de una palabra entra&#x00F1;en la creaci&#x00F3;n de nuevos sentidos (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">Hacking 1984</xref>: 471).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE03"><label>3</label>
					<p>Arthur Koestler, en su conocido libro sobre la historia de la astronom&#x00ED;a y cosmolog&#x00ED;a occidental, cita un breve fragmento del <italic>Almagesto</italic> en el que Tolomeo afirma: «Creemos que el astr&#x00F3;nomo debe esforzarse en conseguir el objetivo siguiente: demostrar que todos los fen&#x00F3;menos en el cielo los producen movimientos uniformes y circulares» (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">Koestler 1959</xref>: 50).</p>
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
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			  <year>[1970] 1988</year>
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			  <lpage>66</lpage>
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