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				<journal-title>Revista Internacional de Sociolog&#x00ED;a</journal-title>
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			<issn pub-type="ppub">0034-9712</issn>
			<issn pub-type="epub">1988-429X</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">ris.2020.78.2.19.006</article-id>
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				<subject>ART&#x00CD;CULO / ARTICLE</subject>
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				<article-title xml:lang="es">Hacia una visi&#x00F3;n cosmopolita de las fronteras. Desigualdades y migraciones desde la perspectiva de la justicia global</article-title>
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					<trans-title>Towards a cosmopolitan understanding of borders. Inequalities and migrations from the perspective of global justice</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Hacia una visi&#x00F3;n cosmopolita de las fronteras. Desigualdades y migraciones desde la perspectiva de la justicia global</alt-title>
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					 <surname>Velasco</surname>
					 <given-names>Juan Carlos</given-names>
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			<aff id="U1"><institution>Instituto de Filosof&#x00ED;a – CSIC</institution></aff>
			
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				<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="jc.velasco@csic.es">jc.velasco@csic.es</email></corresp>
				
				<p content-type="orcid" id="orcid1"><ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://orcid.org/0000-0002-5346-4429">https://orcid.org/0000-0002-5346-4429</ext-link></p>
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				<copyright-statement>&#x00A9; 2020 CSIC</copyright-statement>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#x00F3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<p>El control que los Estados ejercen sobre sus fronteras para evitar la entrada de inmigrantes representa un importante desaf&#x00ED;o normativo para una comprensi&#x00F3;n de la justicia de alcance global. Contraviniendo la tendencia dominante que ha conducido a la fortificaci&#x00F3;n de las fronteras mediante muros y vallas, en este art&#x00ED;culo se propone una forma alternativa de concebirlas que permita el movimiento fluido de las personas y evite la reproducci&#x00F3;n de las desigualdades globales. Con el objetivo de poner fin o, al menos, amortiguar los sufrimientos generados por esta forma persistente de injusticia estructural, se presenta aqu&#x00ED; un escenario en el que los Estados pongan en com&#x00FA;n su autoridad y sus recursos para reconfigurar el sistema econ&#x00F3;mico mundial y compensar a las v&#x00ED;ctimas de la loter&#x00ED;a por haber nacido en el lado equivocado de la frontera.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<p>The control exercised by States over their borders to prevent the entry of immigrants represents an important normative challenge for an understanding of global justice. Contrary to the dominant trend that has led to the fortification of borders through walls and fences, this article proposes an alternative way of conceiving borders, a way that allows the fluid movement of people and prevents the reproduction of global inequalities. With the aim of ending or at least cushioning the sufferings generated by such persistent forms of structural injustice, we present here a scenario in which the States pool their authority and resources to reconfigure the world economic system and compensate the victims of the lottery for having been born on the wrong side of a border.</p>
			</trans-abstract>

			
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				<kwd>Desigualdad</kwd>
				<kwd>Filosof&#x00ED;a pol&#x00ED;tica</kwd>
				<kwd>Fronteras</kwd>
				<kwd>Justicia global</kwd>
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				<kwd>Borders</kwd>	
				<kwd>Global justice</kwd>
				<kwd>Inequality</kwd>
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				<kwd>Political philosophy</kwd>
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					<funding-source>Plan Estatal de I+D+i del Gobierno de Espa&#x00F1;a</funding-source>
					<award-id>PGC2018-093656-B-I00</award-id>
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				<funding-statement>Este art&#x00ED;culo se ha elaborado en el marco del proyecto de investigaci&#x00F3;n “Fronteras, democracia y justicia global. Argumentos filos&#x00F3;ficos en torno a la emergencia de un espacio cosmopolita” (PGC2018-093656-B-I00), financiado por el Plan Estatal de I+D+i del Gobierno de Espa&#x00F1;a, y del que el autor es Investigador Principal.</funding-statement>
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		<sec id="S1">
			<title/>
					<p>Las fronteras que parcelan pol&#x00ED;ticamente la superficie del planeta son algo m&#x00E1;s que trazos de tinta sobre un mapa: pueden ser descritas tambi&#x00E9;n como el rastro que la historia va dejando en la geograf&#x00ED;a o, introduciendo un matiz aflictivo, como las «cicatrices» que la historia ha ido grabando sobre la piel de la Tierra. Esta conocida met&#x00E1;fora, dotada de una potente capacidad heur&#x00ED;stica, invita a concebir las fronteras como un signo duradero que mantiene la memoria de una herida. Una vez ya formadas, las cicatrices pueden seguir causando dolor severo, hasta el punto incluso de precisar la administraci&#x00F3;n de analg&#x00E9;sicos. Algunas fronteras son recientes y supuran a&#x00FA;n como si fueran heridas abiertas, otras son m&#x00E1;s antiguas y se muestran como cicatrices que siguen generando un malestar m&#x00E1;s o menos agudo. En todo caso, en la g&#x00E9;nesis e imposici&#x00F3;n de no pocos trazados fronterizos hay agravios, sufrimientos e incluso cad&#x00E1;veres, resultado de cruentas guerras o de acuerdos desiguales promovidos por voluntades nacionalistas o por poderes imperiales que buscaron acaparar el espacio y la riqueza depositadas en un territorio y dominar la poblaci&#x00F3;n all&#x00ED; asentada (Tertrais y Papin <xref ref-type="bibr" rid="CIT59">2018</xref>).</p>

					<p>Las fronteras —aunque no sean m&#x00E1;s que <italic>l&#x00ED;neas en la arena</italic>, como sucede a menudo en &#x00C1;frica— se consolidan con el transcurso del tiempo y suelen acabar siendo reconocidas formalmente e incluso interiorizadas por todas las partes afectadas, pero no por ello ocultan su condici&#x00F3;n de cicatrices provocadas. Las fronteras son, de eso no hay duda, productos humanos y no inventos de la naturaleza (Foucher <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2012</xref>). Sin embargo, ese car&#x00E1;cter artificial a veces queda camuflado, como tantos objetos de la construcci&#x00F3;n social de la realidad, por un intenso proceso de naturalizaci&#x00F3;n (Boudou <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2018</xref>: 51-68). La entidad de las fronteras, como la de los mismos Estados, se impone a la conciencia de los individuos y aparecen ante sus ojos como realidades dadas e inamovibles (Cairo <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2001</xref>). Es m&#x00E1;s, las fronteras son presentadas con frecuencia como un fen&#x00F3;meno al margen de la acci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica, sobre el que —igual que sucede, por ejemplo, ante un se&#x00ED;smo— no cabe plantear cuestiones pol&#x00ED;ticas ni, por tanto, pensar alternativas.</p>

					<p>Que las fronteras sean productos de la acci&#x00F3;n humana no significa que todos los individuos, ni siquiera todos los Estados, sean actores que participen en su gestaci&#x00F3;n. Pocos son los Estados que han podido establecer sus propias fronteras, a muchos se les impone como herencia de un pasado y se ven forzados a padecerlas. Fruto de relaciones de poder acentuadamente asim&#x00E9;tricas, numerosos trazados fronterizos son objeto de interminables litigios. Dado que lo excepcional es que hayan sido establecidas en condiciones de relativa igualdad y como resultado de un libre acuerdo entre las partes, su existencia es experimentada como arbitraria, cuando no azarosa, al menos desde la perspectiva de quienes soportan sus efectos por el mero hecho de haber nacido a un lado o a otro (Velasco <xref ref-type="bibr" rid="CIT63">2016</xref>). Si bien es cierto que nadie elige d&#x00F3;nde nacer, ni a qu&#x00E9; lado de una frontera, s&#x00ED; que le deber&#x00ED;a caber a cada cual la posibilidad de elegir d&#x00F3;nde vivir. Si, desde el punto de vista del sujeto afectado, lo primero es producto de la necesidad, lo segundo es —o deber&#x00ED;a ser— resultado del ejercicio de la libertad.</p>

					<p>Las fronteras no son estrictamente necesarias, pero eso no significa que no resulten extremadamente funcionales. Obedecen a intereses pr&#x00E1;cticos y constituyen potentes mecanismos para la organizaci&#x00F3;n y autoconservaci&#x00F3;n de las sociedades, para la asignaci&#x00F3;n de recursos y servicios, as&#x00ED; como para el mantenimiento del poder pol&#x00ED;tico. Su papel es, asimismo, fundamental para preservar una desigual distribuci&#x00F3;n de la riqueza dentro del sistema socioecon&#x00F3;mico mundial, un sistema que es fuente de penalidades para much&#x00ED;simas personas. Las fronteras no solo fragmentan la humanidad en comunidades pol&#x00ED;ticas separadas, sino que determinan tambi&#x00E9;n, entre otros asuntos, los distintos niveles salariales o el desigual acceso al bienestar material. Desempe&#x00F1;an, pues, funciones estructurales para la reproducci&#x00F3;n de los graves desequilibrios sociales que el vigente sistema econ&#x00F3;mico comporta.</p>

					<p>A la vista del trasfondo hist&#x00F3;rico-social que someramente acaba de presentarse, y que a continuaci&#x00F3;n ser&#x00E1; pormenorizado, en este art&#x00ED;culo se argumentar&#x00E1; no solo que las mencionadas funciones atribuidas a las fronteras son incompatibles con el alcance global de la justicia, sino que es preciso buscar alg&#x00FA;n remedio para poner fin al dolor provocado por esas cicatrices de la historia. Se tratar&#x00E1;, pues, de contrastar dos tesis: la primera, que la divisi&#x00F3;n del planeta mediante fronteras estatales contribuye a la reproducci&#x00F3;n de injusticias de alcance global; la segunda, que cabe concebir y gestionar las fronteras de modo que tales injusticias se mitiguen.</p>
		</sec>

		<sec id="S2">
			<label>1.</label>
			<title>MARCO DE REFERENCIA: UNA GLOBALIZACI&#x00D3;N FRONTERIZADA</title>

					<p>Es una opini&#x00F3;n ampliamente extendida que la intensificaci&#x00F3;n en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os de las migraciones internacionales responde, en gran medida, a los desequilibrios sociales, econ&#x00F3;micos y demogr&#x00E1;ficos entre las distintas partes del planeta, unas asimetr&#x00ED;as que se habr&#x00ED;an agravado con el avance de la globalizaci&#x00F3;n. Esta percepci&#x00F3;n encuentra una expresi&#x00F3;n contundente en la <italic>Declaraci&#x00F3;n de Granada sobre la Globalizaci&#x00F3;n</italic>, suscrita, entre otros, por J&#x00FC;rgen Habermas, Will Kymlicka, David Held y Boaventura de Sousa Santos:</p>

							<disp-quote><p>La sociedad globalizada es una sociedad mal estructurada y con efectos perversos sobre centenares de millones de seres humanos. Puede, por ello, hablarse tambi&#x00E9;n, siguiendo la terminolog&#x00ED;a acu&#x00F1;ada, de «injusticias globales». Nadie puede dudar que son esas injusticias y desajustes sociales los que dan lugar a flujos incesantes de inmigrantes que, empujados por la extrema necesidad, tratan de ingresar una y otra vez y contra toda esperanza en pa&#x00ED;ses extra&#x00F1;os y hostiles que, sin embargo, les ofrecen una posibilidad remota de sobrevivir con dignidad (VV. AA. <xref ref-type="bibr" rid="CIT64">2005</xref>).</p></disp-quote>

					<p>En su fase m&#x00E1;s reciente, la globalizaci&#x00F3;n ha significado la emergencia de un <italic>marco compartido de movilidad</italic> (Pinyol-Jim&#x00E9;nez <xref ref-type="bibr" rid="CIT44">2017</xref>: 18) que modifica al menos en un triple sentido las condiciones materiales en las que los individuos abordan la aventura migratoria: en primer lugar, y dado el acusado sesgo neoliberal emprendido, el proceso globalizador ha generado un considerable ensanchamiento de la brecha de rentas y salarios entre los diferentes pa&#x00ED;ses (Latour <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2019</xref>: 11); en segundo lugar, en un mundo convertido en aldea global, la gente compara sus vidas con la de los habitantes de los pa&#x00ED;ses m&#x00E1;s ricos del planeta, de modo que las desigualdades se hacen a&#x00FA;n m&#x00E1;s perceptibles (Krastev <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">2017</xref>: 165-166); y, por &#x00FA;ltimo, la mejora y el abaratamiento de los medios de transporte facilitan sensiblemente la movilidad. No es dif&#x00ED;cil deducir que cuanto m&#x00E1;s reducido se vuelva el mundo en el aspecto comunicativo y mayor sea el contraste entre el nivel de bienestar y el de supervivencia, m&#x00E1;s probable ser&#x00E1; que los habitantes de los pa&#x00ED;ses m&#x00E1;s desfavorecidos valoren la opci&#x00F3;n de migrar como posibilidad real a tener en cuenta.</p>

					<p>En t&#x00E9;rminos relativos, las migraciones de finales del siglo XIX y principios del XX fueron mucho m&#x00E1;s copiosas que las actuales (Livi Bacci <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2012</xref>). Pese a la intensidad de los procesos de globalizaci&#x00F3;n experimentados en las &#x00FA;ltimas tres d&#x00E9;cadas y de la creciente integraci&#x00F3;n de pa&#x00ED;ses y econom&#x00ED;as, las migraciones internacionales se mantienen en unas magnitudes relativamente moderadas: un 3’5 % de la poblaci&#x00F3;n mundial vive en un pa&#x00ED;s diferente de aquel en que naci&#x00F3;, unos 272 millones de personas (United Nations Department of Economic and Social Affairs <xref ref-type="bibr" rid="CIT62">2019</xref>). No obstante, es cierto que los flujos migratorios —incluyendo los protagonizados por los refugiados que huyen de zonas de conflicto— hacia los pa&#x00ED;ses desarrollados han experimentado un r&#x00E1;pido crecimiento desde el inicio del nuevo milenio (un incremento de un 50 %, unos 99 millones en t&#x00E9;rminos absolutos).</p>

					<p>La globalizaci&#x00F3;n supone, en la pr&#x00E1;ctica, la puesta en marcha de “procesos que erosionan la importancia social, pol&#x00ED;tica y econ&#x00F3;mica de las fronteras nacionales” (Risse <xref ref-type="bibr" rid="CIT50">2012</xref>: 3). La pujanza de una econom&#x00ED;a globalizada desdibuja las fronteras, sin llegar, no obstante, a eliminarlas. Las fronteras se abren para dejar paso a diversos tipos de tr&#x00E1;fico, pero con una significativa excepci&#x00F3;n: el &#x00E1;mbito de la movilidad humana, en el que, con frecuencia, se invierte la tendencia. Ante los movimientos de mano de obra, las fronteras recobran todo su vigor y aumentan las medidas para controlar y dificultar su tr&#x00E1;nsito (Sassen <xref ref-type="bibr" rid="CIT53">2001</xref>). La eliminaci&#x00F3;n de barreras y la liberalizaci&#x00F3;n de flujos, que son consustanciales a los procesos globalizadores, no se han extendido a los movimientos protagonizados por personas, que son tratadas de manera selectiva, cuando no discriminatoria (Mezzadra y Neilson <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">2017</xref>).</p>

					<p>Son cada vez m&#x00E1;s los Estados que en su per&#x00ED;metro fronterizo erigen muros o elevadas vallas, reforzados con artefactos tecnol&#x00F3;gicos de &#x00FA;ltima generaci&#x00F3;n, de modo que acaban adquiriendo la misma inquietante apariencia tan caracter&#x00ED;stica de las c&#x00E1;rceles de alta seguridad (Andersson <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2014</xref>). En un intento ilusorio de blindar las fronteras, los muros se construyen o se consolidan justo cuando las principales amenazas a la seguridad nacional se presentan de forma vaporosa, clandestina, dispersa o en red (Brown <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2015</xref>). Aunque su valor ic&#x00F3;nico sea mayor hacia dentro (como acto de reafirmaci&#x00F3;n ante los propios ciudadanos) que hacia fuera, apenas pueden ocultar su funci&#x00F3;n de barreras disuasorias frente a quienes huyen de la miseria, las guerras, las tiran&#x00ED;as o las cat&#x00E1;strofes naturales.</p>

					<p>La creciente integraci&#x00F3;n mundial de las distintas econom&#x00ED;as nacionales no ha venido acompa&#x00F1;ada de una integraci&#x00F3;n de los habitantes del planeta. El resultado es una situaci&#x00F3;n parad&#x00F3;jica: <italic>globalizaci&#x00F3;n fronterizada</italic>. Esta flagrante contradicci&#x00F3;n suscita una serie de interrogantes que afectan a los actuales flujos migratorios y que tienen su reflejo en las condiciones onerosas que, con frecuencia, padecen los migrantes en nuestros d&#x00ED;as. Aunque solamente fuera por ello, el estudio de las migraciones se torna sumamente relevante para rehacer, en el escenario contempor&#x00E1;neo de la globalizaci&#x00F3;n, una teor&#x00ED;a comprensiva de la justicia social que d&#x00E9; cuenta de las diversas formas de discriminaci&#x00F3;n y estratificaci&#x00F3;n a escala global. Toma as&#x00ED; fundamento la sospecha de que, en el contexto de las migraciones internacionales, las fronteras se erigen como dispositivos de reproducci&#x00F3;n de las desigualdades globales que limitan las oportunidades vitales de los individuos.</p>
		</sec>

		<sec id="S3">
			<label>2.</label>
			<title>DESIGUALDADES GLOBALES COMO INJUSTICIA ESTRUCTURAL</title>

					<p>Son muchos los habitantes del planeta que, por haber nacido en el lado equivocado de las fronteras, no tienen la m&#x00E1;s m&#x00ED;nima oportunidad de llegar a ser alg&#x00FA;n d&#x00ED;a tan adinerados como la gente m&#x00E1;s pobre de Canad&#x00E1;, Jap&#x00F3;n, Nueva Zelanda o de Europa Occidental. El grado de disparidad existente lo ilustra con nitidez la siguiente comparaci&#x00F3;n: el 1 % m&#x00E1;s pobre de la poblaci&#x00F3;n danesa tiene unos ingresos superiores a los del 95 % de los habitantes de Hait&#x00ED;, Chad o Zimbabue. Nacer hoy, por ejemplo, dan&#x00E9;s o suizo es como tocarle a uno la loter&#x00ED;a para toda la vida, pues tendr&#x00E1; su futuro resuelto en gran medida (Shachar <xref ref-type="bibr" rid="CIT55">2009</xref>). Una loter&#x00ED;a global en la que, como en tantos juegos de azar, muchos nunca resultan agraciados (Velasco <xref ref-type="bibr" rid="CIT63">2016</xref>).</p>

					<p>Las desigualdades socioecon&#x00F3;micas tienen, en general, consecuencias aut&#x00E9;nticamente letales y m&#x00E1;s a&#x00FA;n si se analizan desde una perspectiva global. No es ninguna hip&#x00E9;rbole: la esperanza de vida de una persona nacida en un pa&#x00ED;s rico y desarrollado y la de otra nacida en un pa&#x00ED;s pobre pueden llegar a diferir en m&#x00E1;s de veinticinco a&#x00F1;os a favor de la primera (Therborn <xref ref-type="bibr" rid="CIT60">2015</xref>: 17-28). Por lo dem&#x00E1;s, las diferencias de renta <italic>dentro</italic> de cada pa&#x00ED;s, siendo en muchos casos sumamente significativas, palidecen ante la desmesura de las diferencias de renta <italic>entre</italic> los diversos pa&#x00ED;ses, de tal modo que “hoy en d&#x00ED;a posee mucha mayor importancia, globalmente hablando, haber tenido buena suerte de nacer en un pa&#x00ED;s rico que el hecho de pertenecer a la clase alta, media o baja de ese pa&#x00ED;s rico” (Milanovic <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">2012</xref>: 132).</p>

					<p>La desigualdad afecta no solo a individuos, sino a pa&#x00ED;ses enteros. Los estragos provocados por las enormes desigualdades socioecon&#x00F3;micas existentes entre las distintas partes del planeta, que, lejos de aminorarse, en muchos casos incluso se agudizan, constituyen una de las caras m&#x00E1;s patentes con la que la injusticia se presenta en nuestros d&#x00ED;as. Y aqu&#x00ED; resulta completamente apropiado hablar de <italic>injusticia</italic> y no de <italic>calamidad</italic> o de <italic>infortunio</italic> (o cualquier otro sin&#x00F3;nimo) porque, en contraste con las <italic>diferencias</italic>, que vienen dadas o se eligen, las <italic>desigualdades</italic> se construyen socialmente (Shklar <xref ref-type="bibr" rid="CIT56">2010</xref>). De ah&#x00ED; que, aunque las desigualdades entre los pa&#x00ED;ses puedan ser examinadas desde distintos &#x00E1;ngulos, el normativo sea insoslayable (Therborn <xref ref-type="bibr" rid="CIT60">2015</xref>: 43). Las desigualdades que impiden a millones de personas alcanzar un desarrollo humano satisfactorio han de ser tipificadas como flagrantes violaciones de los derechos humanos y, en particular, de los art&#x00ED;culos 25 y 28 de la Declaraci&#x00F3;n Universal de Derechos Humanos (Pogge <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">2005</xref>).</p>

					<p>Pese al impulso moral que se les pueda reconocer, no todas las consideraciones normativas sobre la materia son igual de pertinentes. As&#x00ED;, pretender aliviar la injusticia estructural que representan las desigualdades globales en el acceso a los recursos b&#x00E1;sicos para la vida mediante el recurso a la ayuda humanitaria implica reducir un deber de justicia a un acto de mera benevolencia (inspirada, quiz&#x00E1;s, por la caridad o la compasi&#x00F3;n). Y este es el paso que, de alg&#x00FA;n modo, da John Rawls (<xref ref-type="bibr" rid="CIT49">2001</xref>), al instalarse en la l&#x00F3;gica del «deber de ayuda». Seg&#x00FA;n &#x00E9;l, la carencia de un m&#x00ED;nimo de bienestar del que adolecen ciertas naciones no obedece a la falta de condiciones equitativas de intercambio y de dominaci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica en la esfera internacional, sino a la escasez de recursos naturales y, sobre todo, a determinados h&#x00E1;bitos pol&#x00ED;ticos idiosincr&#x00E1;sicos de algunos pueblos (gobiernos opresivos, malas pol&#x00ED;ticas o &#x00E9;lites corruptas, entre otros), as&#x00ED; como a la insuficiente laboriosidad, probidad y capacidad de sus miembros (Rawls <xref ref-type="bibr" rid="CIT49">2001</xref>: 125-139). Las causas determinantes de la pobreza de un pa&#x00ED;s ser&#x00ED;an, por tanto, b&#x00E1;sicamente end&#x00F3;genas.</p>

					<p>La explicaci&#x00F3;n rawlsiana de las desigualdades globales representa, en realidad, una posici&#x00F3;n bastante extendida que recuerda, por lo dem&#x00E1;s, al falaz argumento del liberalismo conservador con el que pretende justificar la desigualdad social en el interior de los Estados: se presupone que todos los individuos comienzan la vida en condiciones iguales y que, por lo tanto, el que algunos tengan menos es algo que se les debe imputar a ellos mismos. Lo habitual es, sin embargo, que los recursos m&#x00E1;s valiosos se encuentren desde el principio en manos de algunos pocos y que ese acaparamiento repercuta a lo largo del tiempo en las oportunidades efectivas de desarrollo de cada persona y, desde una perspectiva m&#x00E1;s amplia, tambi&#x00E9;n de cada pa&#x00ED;s (Milanovic <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">2012</xref>: 115-128). Los resultados obtenidos por una generaci&#x00F3;n limitan las oportunidades de la siguiente, de modo que los hijos de quienes carecen de patrimonio familiar nacen con un enorme h&#x00E1;ndicap a la hora de progresar vital, social y econ&#x00F3;micamente (Piketty <xref ref-type="bibr" rid="CIT47">2014</xref>).</p>

					<p>Aparte del evidente influjo que la geograf&#x00ED;a, el clima y, en general, los recursos naturales ejercen sobre la generaci&#x00F3;n de riqueza, es empero m&#x00E1;s que dudoso, al menos desde una perspectiva hist&#x00F3;rica, que los pa&#x00ED;ses pobres sean en realidad los responsables &#x00FA;ltimos de su m&#x00ED;sera situaci&#x00F3;n: en una considerable medida, su postraci&#x00F3;n se deriva m&#x00E1;s bien de factores institucionales que, mediante una compleja red de incentivos y regulaciones dise&#x00F1;ados por los pa&#x00ED;ses m&#x00E1;s pr&#x00F3;speros, configuran un orden mundial con enormes desigualdades y estructuralmente injusto (Young <xref ref-type="bibr" rid="CIT67">2011</xref>). Las desigualdades globales son, en gran parte, resultado de <italic>una situaci&#x00F3;n estructural de injusticia</italic>: un mundo desequilibrado e injusto, marcado adem&#x00E1;s por relaciones de subordinaci&#x00F3;n de unos pa&#x00ED;ses con respecto a otros (algo notorio en las relaciones de dominaci&#x00F3;n Norte-Sur que prolongan, en muchos casos, los efectos de un pasado colonial). Si esto es as&#x00ED;, calificar este desigual mundo de injusto es describir en t&#x00E9;rminos morales no un conjunto de acciones particulares imputables a personas concretas, sino la estructura institucional que conforma este mundo.</p>
		</sec>

		<sec id="S4">
			<label>3.</label>
			<title>FRONTERAS, NACIONALIDAD Y DESIGUALDAD PERSISTENTE</title>

					<p>Que no vivimos en un mundo justo es una afirmaci&#x00F3;n dif&#x00ED;cilmente rebatible. Y tambi&#x00E9;n lo es que las grandes desigualdades econ&#x00F3;micas entre los distintos pa&#x00ED;ses se encuentran entre las mayores injusticias: “El mundo es desigual de una manera muy particular: la mayor parte de la desigualdad, cuando la descomponemos en desigualdad dentro de los pa&#x00ED;ses y desigualdad entre los pa&#x00ED;ses, se debe a esta &#x00FA;ltima” (Milanovic <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">2017</xref>: 154). Las respuestas no est&#x00E1;n, sin embargo, a la altura de la gravedad del problema. As&#x00ED;, entre los diversos modos de abordarlo, uno bastante extendido ser&#x00ED;a el siguiente: “La diferencia de nivel de vida entre las democracias industrializadas y los pa&#x00ED;ses subdesarrollados es casi incre&#x00ED;ble a pesar de lo familiar que resulta; quienes nacen en una econom&#x00ED;a de subsistencia o en otra peor son v&#x00ED;ctimas de una incre&#x00ED;ble mala suerte” (Nagel <xref ref-type="bibr" rid="CIT40">1996</xref>: 172). ¿Pero es razonable esta actitud fatalista? Y aunque fuera as&#x00ED;, ¿no es una obligaci&#x00F3;n moral ayudar a los que salieron perdiendo en la loter&#x00ED;a del lugar de nacimiento? (Shachar <xref ref-type="bibr" rid="CIT55">2009</xref>).</p>

					<p>Dif&#x00ED;cilmente se les puede exigir a las v&#x00ED;ctimas de las profundas asimetr&#x00ED;as que asolan este mundo que salgan por sus propios medios de su lamentable situaci&#x00F3;n. “La pobreza”, y eso es algo en lo que no hay mucha duda, “es una trampa de la que es dif&#x00ED;cil salir una vez dentro” (Therborn <xref ref-type="bibr" rid="CIT60">2015</xref>: 51). Para hacerlo se precisa, generalmente, una intervenci&#x00F3;n decidida y concertada que supera en mucho la capacidad de los agentes individuales. Para ello, tan imperativo o m&#x00E1;s que el deber de acatar un orden institucional justo es el deber de acabar con un orden global injusto que reproduce las desigualdades (Pogge <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">2005</xref>: 174-175). No se trata de aliviar la pobreza mediante ayuda humanitaria, sino de cambiar el actual orden del mundo de modo que no se siga lesionando la dignidad humana. Se trata de un deber de alcance universal cuyo vigor no depende de la proximidad o lejan&#x00ED;a que se mantenga con sus acreedores (Pogge <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">2005</xref>: 172).</p>

					<p>Condici&#x00F3;n previa para superar la perspectiva moral de mera benevolencia, que anima la l&#x00F3;gica de la «ayuda humanitaria», es admitir que la justicia es un valor cuyo alcance no se circunscribe al interior de los Estados y que su radio de acci&#x00F3;n no conoce fronteras: es coextensivo con el &#x00E1;mbito efectivo de interconexi&#x00F3;n e interdependencia entre las distintas partes del planeta. A este argumento se a&#x00F1;ade, adem&#x00E1;s, el hecho de que determinadas formas de desigualdad est&#x00E1;n profundamente asentadas en estructuras sociales y constelaciones de poder de alcance global. Su superaci&#x00F3;n, por tanto, requerir&#x00E1; de actuaciones espec&#x00ED;ficas en ese nivel. Abordar en su ra&#x00ED;z la injusticia en un contexto globalizado implica atender a los medios institucionales necesarios para cambiar a fondo esa situaci&#x00F3;n, esto es, un cambio estructural y duradero en las instituciones de producci&#x00F3;n, distribuci&#x00F3;n y toma de decisiones pol&#x00ED;ticas (Forst <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2007</xref>: 366-375).</p>

					<p>Detr&#x00E1;s de los procesos y dispositivos que reproducen las desigualdades sociales se encuentra toda una serie de mecanismos causales recurrentes. Las formas m&#x00E1;s tenaces de desigualdad no dependen tanto de diferencias entre los individuos, sino de la institucionalizaci&#x00F3;n de ciertos marcadores sociol&#x00F3;gicos formalizados como pares categoriales, por ejemplo: blanco/negro o var&#x00F3;n/mujer (Tilly <xref ref-type="bibr" rid="CIT61">2000</xref>). Las desigualdades persistentes son, en gran parte, producto de un determinado orden sociocultural. Y lo mismo cabe decir de las interestatales, en las que las fronteras y la instituci&#x00F3;n formal de la nacionalidad (mediante la que se legitima la distinci&#x00F3;n ciudadano/extranjero) ser&#x00ED;an los dos instrumentos m&#x00E1;s decisivos. Ambos han mutado de funci&#x00F3;n y, en muchos sentidos, han dejado de ser instituciones de igualdad (como eran, al menos, de puertas adentro), hasta el punto que, a nivel global, la divisi&#x00F3;n pol&#x00ED;tica del planeta en naciones soberanas se encuentra entre los principales mecanismos causales recurrentes que est&#x00E1;n detr&#x00E1;s de la desigualdad m&#x00E1;s persistente: “Las naciones y las fronteras nacionales siguen manteniendo su importancia bajo la globalizaci&#x00F3;n actual, pero ahora se han convertido, en su mayor parte, en instituciones de desigualdad” (Therborn <xref ref-type="bibr" rid="CIT60">2015</xref>: 181).</p>

					<p>No es casual que el significado de las fronteras estatales se intensifique cuando coinciden con el trazado de los grandes bloques o demarcaciones geopol&#x00ED;ticas de &#x00ED;ndole socioecon&#x00F3;mica. La frontera entre M&#x00E9;xico y Estados Unidos o la que se extiende entre Marruecos y Espa&#x00F1;a son, en este sentido, buenos ejemplos. En ellas se materializa la profunda brecha entre el centro y la periferia del sistema econ&#x00F3;mico mundial, entre el Norte y el Sur. En estas l&#x00ED;neas entre bloques los controles se extreman, de tal modo que resulta mucho m&#x00E1;s dif&#x00ED;cil traspasarlas. En la medida en que los controles de fronteras impiden que las personas de las sociedades menos favorecidas tengan acceso a las oportunidades disponibles en las m&#x00E1;s favorecidas, las fronteras contribuyen a concentrar oportunidades en algunas sociedades y limitarlas en otras: marcan “oportunidades espacialmente diferenciadas” (Ypi <xref ref-type="bibr" rid="CIT68">2008</xref>: 395). La divisi&#x00F3;n pol&#x00ED;tica del planeta mediante fronteras sirve de decisivo dispositivo funcional capaz de garantizar la perpetuaci&#x00F3;n de las ventajas comparativas que disfrutan los ciudadanos de los pa&#x00ED;ses con mayores recursos, al tiempo que convierten en end&#x00E9;micos los perjuicios que padecen los menos afortunados (Cavallero <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2006</xref>).</p>

					<p>La nacionalidad, por su parte, condiciona el conjunto de derechos y oportunidades que cada cual puede disfrutar en la vida. La pertenencia formal a un determinado Estado se adquiere habitualmente al nacer, ya sea por hacerlo dentro de sus fronteras o por nacer de padres que ya son miembros formales del mismo. Sobre alguno de estos dos <italic>accidentes</italic> se construye el v&#x00ED;nculo legal que une a cada individuo con un Estado de manera permanente. Los derechos que puedan o no disfrutar las personas —y las situaciones de autonom&#x00ED;a y emancipaci&#x00F3;n o, por el contrario, de servidumbre y sometimiento en las que puedan encontrarse— vienen determinados, en la pr&#x00E1;ctica, por el nacimiento a un lado u otro de una l&#x00ED;nea cartogr&#x00E1;fica. En funci&#x00F3;n de su nacionalidad, las personas disfrutan tambi&#x00E9;n de unas posibilidades muy diferentes para moverse a lo largo del planeta. Quienes, por ejemplo, poseen un pasaporte italiano, espa&#x00F1;ol o surcoreano pueden viajar a 178 pa&#x00ED;ses sin tener que solicitar un visado, mientras que, sin visado previo, un colombiano tan solo puede desplazarse a 112 y un afgano a 24 (Henley y Partners <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2018</xref>). Estas diferencias en las oportunidades de movilidad van de la mano de grandes diferencias en las perspectivas econ&#x00F3;micas, de modo que son muchos los individuos que ven bloqueada la posibilidad de que su situaci&#x00F3;n econ&#x00F3;mica mejore al trasladar su residencia a un pa&#x00ED;s m&#x00E1;s pr&#x00F3;spero o seguro.</p>

					<p>La nacionalidad del pa&#x00ED;s en que uno se encuentre representa <italic>de facto</italic> un prerrequisito para el pleno disfrute de los derechos humanos. La posesi&#x00F3;n de una nacionalidad u otra tiene graves efectos en t&#x00E9;rminos de igualdad: si para algunos es un privilegio que les asegura un futuro prometedor, a otros muchos les determina un escenario vital sumamente limitado (Carens <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2013</xref>: 226-228). Se confirma as&#x00ED; la sentencia de Therborn (<xref ref-type="bibr" rid="CIT60">2015</xref>: 55): “el paquete de probables oportunidades que te corresponden a la hora de nacer es el m&#x00E1;s importante y duradero”. La suerte del nacimiento restringe en no poca medida, pues, la movilidad social intergeneracional. La nacionalidad, no obstante, es una cualidad conferida por la ley en virtud, en la mayor&#x00ED;a de los casos, de un hecho biol&#x00F3;gico. Como sucede igualmente con el g&#x00E9;nero o la etnia, no es un atributo que corresponda a un criterio de logro moral y que quepa ser esgrimido como argumento para discriminar a nadie ni para determinar lo que merece cada cual, pues las personas solo son responsables de aquello sobre lo que tienen alg&#x00FA;n tipo de control y est&#x00E1; en sus manos cambiar (Dworkin <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2003</xref>). Nadie, pues, deber&#x00ED;a ser premiado ni penalizado por nacer en un pa&#x00ED;s o en otro.</p>

					<p>El actual estado de cosas resulta favorable, sin duda, para quienes forman parte de los pa&#x00ED;ses ricos y disfrutan de los privilegios y ventajas asociados a su estatus nacional. Lejos de ser natural, es un orden modelado y controlado por sus beneficiarios. De cara a quienes habitan en los pa&#x00ED;ses pobres, ¿c&#x00F3;mo justificar tales prebendas? Es dif&#x00ED;cil arg&#x00FC;ir que esta sea una manera justa de organizar el mundo. Es claramente perjudicial para mucha gente. La resistencia a cambiar el <italic>statu quo</italic> revela una decidida voluntad de mantener las altas cotas de bienestar de los pa&#x00ED;ses m&#x00E1;s desarrollados y, a la postre, de preservar sin cambios un mundo estructuralmente injusto.</p>
		</sec>

		<sec id="S5">
			<label>4.</label>
			<title>RESPONSABILIDADES M&#x00C1;S ALL&#x00C1; DE LAS FRONTERAS</title>

					<p>Una de las primeras implicaciones de la idea de justicia es la exigencia de poner punto final a las situaciones de <italic>injusticia activa</italic>, as&#x00ED; como la de resarcir a los perjudicados por el mal que se les haya causado (deberes de reparaci&#x00F3;n), una exigencia que no se circunscribe a aquellas situaciones causadas por particulares. Objeto de compensaci&#x00F3;n son todas aquellas injusticias y desigualdades propiciadas no solo por apuestas deliberadas o por comportamientos culpables de los agentes individuales, sino tambi&#x00E9;n por circunstancias <italic>azarosas</italic> sobre las que no poseen control alguno, en la medida en que el componente sist&#x00E9;mico o estructural es decisivo.</p>

					<p>Dado que la justicia implica dar a cada cual lo que se merece y que “una distribuci&#x00F3;n desigual de los bienes considerados relevantes solo es leg&#x00ED;tima si puede ser retrotra&#x00ED;da a la agencia de los individuos” (Loewe <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">2018</xref>: 246), parece razonable y justo que se implemente alg&#x00FA;n tipo de reparaci&#x00F3;n compensatoria a favor de quienes son v&#x00ED;ctimas de una mala suerte bruta que no han provocado ni elegido, tal como argumentan los partidarios del <italic>luck egalitarianism</italic> (Dworkin <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2003</xref>; Arneson, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2004</xref>). Y si esta idea responde a una m&#x00E1;s que respetable intuici&#x00F3;n moral, resulta entonces bastante arbitrario que solo opere en el interior de las fronteras nacionales. Lo coherente —tal como sostiene el llamado <italic>global luck egalitarianism</italic> (Tan <xref ref-type="bibr" rid="CIT58">2012</xref>)— ser&#x00ED;a tener en cuenta sus implicaciones cosmopolitas y extenderlas a las desigualdades de alcance global.</p>

					<p>Esta ineludible ampliaci&#x00F3;n espacial de la justicia social contiene, ciertamente, consecuencias de enorme calado pr&#x00E1;ctico: dado que detr&#x00E1;s de las desigualdades globales se encuentran situaciones de <italic>injusticia sist&#x00E9;mica o estructural</italic>, no imputables al papel activo de los individuos, que contribuyen a agravar a&#x00FA;n m&#x00E1;s la suerte de los m&#x00E1;s desfavorecidos del planeta, habr&#x00ED;a que buscar la forma de erradicar dicha injusticia o, al menos, de compensarla.<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref> La responsabilidad ante las desigualdades no solo recae sobre sus directos beneficiarios, sino tambi&#x00E9;n sobre quienes contribuyen a la creaci&#x00F3;n y funcionamiento del conjunto de normas, instituciones y pr&#x00E1;cticas que conforman el orden jur&#x00ED;dico-econ&#x00F3;mico global que las ampara y reproduce. Al respecto, es indiferente que tales injusticias sean resultado de una expl&#x00ED;cita voluntad de da&#x00F1;ar o de la desidia o del desinter&#x00E9;s que mantiene inc&#x00F3;lumes ciertos procesos y estructuras, lo relevante es si, finalmente, provocan que “las opciones de algunos sean injustamente obstaculizadas y sufran la amenaza de privaciones, mientras que otros obtienen beneficios significativos” (Young <xref ref-type="bibr" rid="CIT67">2011</xref>: 69). En uno u otro caso, los injustamente beneficiados han de atender a dos deberes b&#x00E1;sicos: en primer lugar, resarcir a los injustamente perjudicados y, en segundo lugar y no menos importante, redise&#x00F1;ar el orden jur&#x00ED;dico-econ&#x00F3;mico internacional para que no sigan gener&#x00E1;ndose tales da&#x00F1;os. El primer deber responde a la cuesti&#x00F3;n de c&#x00F3;mo enfrentarse de manera eficaz con las consecuencias negativas de la desigual distribuci&#x00F3;n de la riqueza global. El segundo, al no menos peliagudo problema de c&#x00F3;mo asignar los costes de mitigaci&#x00F3;n de tales efectos entre los distintos actores internacionales.</p>

					<p>En un mundo con flagrantes desigualdades, en el que millones de personas est&#x00E1;n excluidas de las ventajas de orden econ&#x00F3;mico, la pregunta es si los pa&#x00ED;ses m&#x00E1;s pr&#x00F3;speros que se benefician de ese estado de cosas est&#x00E1;n obligados o no a contribuir a la redistribuci&#x00F3;n de la riqueza en el mundo y, en caso de respuesta positiva, c&#x00F3;mo ha de procederse. A lo primero hay que se&#x00F1;alar que no se trata de una mera responsabilidad moral, que tambi&#x00E9;n,<xref ref-type="fn" rid="NOTE2">2</xref> sino de una responsabilidad legal internacional derivada de la asunci&#x00F3;n integral de los convenios ratificados sobre derechos humanos. Lo suyo ser&#x00ED;a, entonces, estudiar los posibles modos de satisfacer dicha responsabilidad.</p>

					<p>Dado que la desigualdad socioecon&#x00F3;mica no es una situaci&#x00F3;n inevitable ni es un producto de fuerzas fuera del control humano, sucumbir a la resignaci&#x00F3;n no es una opci&#x00F3;n justificada. Pero para combatir dicha desigualdad sin incurrir en un activismo ciego es imprescindible, adem&#x00E1;s de aportar un an&#x00E1;lisis, disponer de un plan de acci&#x00F3;n. En esta direcci&#x00F3;n, y tras la &#x00FA;ltima gran crisis sist&#x00E9;mica, los mecanismos de transmisi&#x00F3;n intergeneracional de la riqueza, concebidos como factores discriminadores de oportunidades futuras, han vuelto a ser objeto de particular examen. As&#x00ED;, y aunque ello suponga situarse fuera del trillado ideario neoliberal y de su mixtificadora ret&#x00F3;rica de la responsabilidad personal, de nuevo se plantea c&#x00F3;mo disminuir el peso acumulativo de los factores heredados. En esa l&#x00ED;nea se encontrar&#x00ED;a, por ejemplo, la idea de Piketty (<xref ref-type="bibr" rid="CIT47">2014</xref>) de someter a imposici&#x00F3;n tributaria este tipo de transmisi&#x00F3;n, una propuesta congruente con su planteamiento, mucho m&#x00E1;s gen&#x00E9;rico, encaminado a eliminar cualquier diferencia en el punto de partida mediante la imposici&#x00F3;n progresiva de la riqueza en todos sus tramos. En contra de esta idea y de otras similares (Atkinson <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2016</xref>: 251-284; Pogge <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">2005</xref>: 249-271), podr&#x00ED;a arg&#x00FC;irse que afrontar la pobreza y las desigualdades globales mediante un fondo nutrido con las contribuciones impositivas de los pa&#x00ED;ses m&#x00E1;s pr&#x00F3;speros representa un enfoque de la cuesti&#x00F3;n corto de miras (Est&#x00E9;vez <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2014</xref>: 158-169). Una visi&#x00F3;n integral —como ser&#x00ED;a aquella basada en un derecho al desarrollo— reclamar&#x00ED;a, m&#x00E1;s bien, cambios estructurales, de manera que impida la reproducci&#x00F3;n sist&#x00E9;mica de la injusticia global.</p>

					<p>En todo caso, para que la reclamaci&#x00F3;n de medidas interestatales de compensaci&#x00F3;n redistributiva est&#x00E9; justificada tienen que satisfacerse algunas condiciones m&#x00ED;nimas. Entre ellas, siguiendo el modelo rawlsiano, dos ser&#x00ED;an las m&#x00E1;s se&#x00F1;aladas: que la situaci&#x00F3;n de los m&#x00E1;s desfavorecidos provenga de circunstancias que escapan a su propio control y que exista un esquema de cooperaci&#x00F3;n social (Beitz <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1999</xref>: 136-153). Dos requisitos que se cumplen sobradamente en nuestro mundo. Que la primera condici&#x00F3;n se satisface resulta evidente tan pronto como se repara en que la situaci&#x00F3;n en la que se encuentran los menos aventajados del planeta es, en una medida nada despreciable, producto de la loter&#x00ED;a de haber nacido en determinados pa&#x00ED;ses. En cuanto al segundo requisito, se insiste en que la ampliaci&#x00F3;n del marco de las relaciones de justicia m&#x00E1;s all&#x00E1; de las fronteras nacionales precisa un entramado institucional que vincule a todas las partes implicadas (Nagel <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">2008</xref>). Si esta condici&#x00F3;n no se entiende como una mera coartada para resistirse te&#x00F3;ricamente a la necesaria ampliaci&#x00F3;n del c&#x00ED;rculo de la justicia, la participaci&#x00F3;n real de las distintas partes del planeta, no tanto en estructuras pol&#x00ED;ticas comunes como en estructuras de interdependencia de car&#x00E1;cter fundamentalmente econ&#x00F3;mico, deber&#x00ED;a ser suficiente para dar por satisfecho este requisito. No obstante, el h&#x00E1;ndicap con el que nos encontramos es que, mientras que los procesos de producci&#x00F3;n y distribuci&#x00F3;n en los diferentes pa&#x00ED;ses est&#x00E1;n, en realidad, estrechamente interconectados y act&#x00FA;an conjuntamente bajo la cobertura de la globalizaci&#x00F3;n, no existen a escala global estructuras institucionales que sirvan de marco permanente a la concertaci&#x00F3;n interestatal y garanticen la operatividad de las medidas redistributivas que se pudieran adoptar.</p>

					<p>Con independencia de que se den las condiciones expresadas para extender globalmente los principios de justicia, la resistencia te&#x00F3;rica y pr&#x00E1;ctica sigue siendo tenaz. Ya sea de manera expresa o t&#x00E1;cita, se sigue entendiendo com&#x00FA;nmente que el &#x00E1;mbito de aplicaci&#x00F3;n de los principios pol&#x00ED;ticos fundamentales —y, en concreto, de los principios de la justicia— se circunscribe a unos l&#x00ED;mites espaciales muy precisos: las fronteras estatales. En su interior se hace concreto el primado de la l&#x00F3;gica estatal, una l&#x00F3;gica incompatible con las exigencias universalistas de la justicia. Ah&#x00ED; adquieren plena primac&#x00ED;a los particulares intereses nacionales y apenas hay miramiento alguno para cualquier otra consideraci&#x00F3;n, incluso aunque aquello que coyunturalmente pueda favorecer al propio pa&#x00ED;s vaya en detrimento del resto de la humanidad. Pese a lo arraigado de estas presunciones, no es aceptable, sin embargo, que un asunto tan azaroso como el trazado de las fronteras se tome como una circunstancia moralmente relevante a la hora de definir y aplicar principios de justicia. Para modificar este inadecuado escenario de dise&#x00F1;o estadoc&#x00E9;ntrico se requieren no solo marcos conceptuales distintos, sino tambi&#x00E9;n nuevas estructuras pol&#x00ED;tico-institucionales con las que desarrollar un modelo de convivencia en el que “los accidentes de nacimiento y origen nacional no viciaran desde el principio y en todos los sentidos las opciones vitales de las personas” (Nussbaum <xref ref-type="bibr" rid="CIT42">2007</xref>: 22).</p>
		</sec>

		<sec id="S6">
			<label>5.</label>
			<title>HACIA UNA GESTI&#x00D3;N INCLUSIVA DE LAS FRONTERAS</title>

					<p>Tras la p&#x00E9;rdida de poder real generada por el avance de los procesos globalizadores, gran parte de los Estados contempor&#x00E1;neos han reaccionado esforz&#x00E1;ndose por extraer “el m&#x00E1;ximo partido a lo que queda de la pol&#x00ED;tica cuasilocal y de la prerrogativa estatal monopolista anta&#x00F1;o celosamente protegida e inalienable de establecer una separaci&#x00F3;n entre el «nosotros» y el «ellos»” (Bauman <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2017</xref>: 67). En la pr&#x00E1;ctica, los Estados —incluso los m&#x00E1;s democr&#x00E1;ticos— tienen de su territorio de soberan&#x00ED;a una concepci&#x00F3;n patrimonialista y excluyente que se traduce en la pretensi&#x00F3;n de ejercer un control total del tr&#x00E1;nsito fronterizo. Seg&#x00FA;n el orden internacional vigente, ning&#x00FA;n individuo tiene, en principio, derecho a entrar sin m&#x00E1;s en un pa&#x00ED;s del que es extranjero. Mientras que para salir los obst&#x00E1;culos suelen ser inexistentes, excepto en los reg&#x00ED;menes autoritarios, poder entrar constituye una <italic>gracia</italic> —y el uso de este t&#x00E9;rmino de origen teol&#x00F3;gico en absoluto es caprichoso— que se otorga al extranjero y que, igual que se concede, puede ser denegada de manera arbitraria por parte de las autoridades estatales.</p>

					<p>Esta faceta excluyente y defensiva de las fronteras se ve reforzada, en algunos casos, con el levantamiento de vallas y muros, una pr&#x00E1;ctica com&#x00FA;n en los &#x00FA;ltimos tiempos no tanto para proteger el territorio ante un posible enemigo como para impedir pac&#x00ED;ficos movimientos migratorios. Son cada vez m&#x00E1;s los gobiernos que encaran la cuesti&#x00F3;n migratoria como un problema de seguridad o de riesgo para la soberan&#x00ED;a nacional. En esta misma l&#x00ED;nea se sit&#x00FA;a no solo el sellamiento preventivo de las fronteras o el patrullaje de las aguas territoriales, sino tambi&#x00E9;n la pol&#x00ED;tica de expulsi&#x00F3;n de los migrantes y refugiados que han ingresado en el territorio estatal sin la documentaci&#x00F3;n exigida. Poco parece importar que estas acciones resulten finalmente ineficaces en relaci&#x00F3;n con su objetivo expreso y que solo sirvan para nutrir la migraci&#x00F3;n irregular. En todo caso, lo que subyace es una determinada manera de entender las fronteras, seg&#x00FA;n la cual su misi&#x00F3;n b&#x00E1;sica ser&#x00ED;a separar poblaciones y parcelar el espacio planetario. No entra nunca en consideraci&#x00F3;n el hecho de que ese espacio constituye <italic>el domicilio compartido de toda la humanidad</italic>. La afirmaci&#x00F3;n de esa concepci&#x00F3;n de las fronteras supone, sin duda, la negaci&#x00F3;n frontal de esta otra convicci&#x00F3;n b&#x00E1;sica del cosmopolitismo.</p>

					<p>El repudio del cosmopolitismo y el de la inmigraci&#x00F3;n van de la mano, tanto en los antiguos nacionalismos excluyentes como en los nuevos populismos emergentes que instrumentalizan para sus propios intereses un fen&#x00F3;meno consustancial a la historia de la especie humana. En nombre de una <italic>parcialidad patri&#x00F3;tica</italic>, la desaprobaci&#x00F3;n no se verbaliza en t&#x00E9;rminos de lucha de clases, sino culturales y axiol&#x00F3;gicos, como repliegue identitario y nacionalista ante cualquier atisbo de apertura cosmopolita hacia la migraci&#x00F3;n (Tan <xref ref-type="bibr" rid="CIT57">2005</xref>; Miller <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">2013</xref>). Detr&#x00E1;s de esa parcialidad por los aut&#x00F3;ctonos hay obviamente m&#x00F3;viles de car&#x00E1;cter econ&#x00F3;mico, pues no es sino expresi&#x00F3;n fehaciente de un arraigado <italic>chovinismo del bienestar</italic> (Habermas <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1998</xref>: 636-643).</p>

					<p>Pese a lo dicho, la comprensi&#x00F3;n de las fronteras como un dispositivo esencialmente obstructivo —tal como se compendia en la imagen de los muros— representa tan solo una percepci&#x00F3;n simplificadora. El complejo fen&#x00F3;meno de las fronteras admite lecturas m&#x00E1;s integradoras que no quedan atrapadas por la generalizaci&#x00F3;n de determinadas pr&#x00E1;cticas de exclusi&#x00F3;n, por muy extendidas que estas se encuentren. En apoyo de una visi&#x00F3;n de las fronteras distinta a la dominante, resulta instructivo remitirse al tipo de reflexiones formuladas por autores tan heterog&#x00E9;neos como R&#x00E9;gis Debray (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2016</xref>), Rainer Baub&#x00F6;ck (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2015</xref>) o Sandro Mezzadra y Brett Neilson (<xref ref-type="bibr" rid="CIT34">2017</xref>).</p>

					<p>Para el primero de estos autores, la funci&#x00F3;n com&#x00FA;nmente atribuida a la frontera est&#x00E1; te&#x00F1;ida de ambig&#x00FC;edad, pues a la vez que “inhibe la violencia, puede justificarla. Sella la paz y desencadena la guerra. Humilla y libera. Disocia y re&#x00FA;ne” (Debray <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2016</xref>: 32). Esa versatilidad no es accidental, sino constitutiva: las fronteras no son solo coordenadas de separaci&#x00F3;n, sino tambi&#x00E9;n dispositivos interactivos que posibilitan los flujos de comunicaci&#x00F3;n: separan y unen.<xref ref-type="fn" rid="NOTE3">3</xref> De ah&#x00ED; que quienes est&#x00E1;n a uno u otro lado de un trazado fronterizo tienen esa equ&#x00ED;voca percepci&#x00F3;n de estar a la vez lejos y cerca. De manera similar a como la piel que recubre un organismo vivo, las fronteras han desempe&#x00F1;ado a lo largo de la historia tambi&#x00E9;n la misi&#x00F3;n de conectar: “la piel est&#x00E1; lejos del tel&#x00F3;n herm&#x00E9;tico como la frontera digna de ese nombre lo est&#x00E1; del muro. […] Decir de una frontera que es un colador es hacerle justicia: la frontera est&#x00E1; ah&#x00ED; para filtrar” (Debray <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2016</xref>: 43). Las fronteras, en realidad, no son impenetrables, sino porosas, de modo que a sus m&#x00E1;rgenes se generan con frecuencia sociedades y culturas transfronterizas profundamente interactivas. Con acentos propios, esta idea tambi&#x00E9;n es defendida por Baub&#x00F6;ck (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2015</xref>: 172): “las fronteras estatales no tienen que construirse ni como barricadas m&#x00F3;viles ni como muros r&#x00ED;gidos. Una tercera posibilidad es pensarlas como membranas, esto es, como estables, pero al mismo tiempo permeables”.</p>

					<p>De hecho, en el marco de la actual divisi&#x00F3;n internacional de la mano de obra, la funci&#x00F3;n primordial de las fronteras, a diferencia de los muros, no es impedir los intercambios, sino la de posibilitarlos mediante una peculiar regulaci&#x00F3;n del tr&#x00E1;nsito: “las fronteras, lejos de servir simplemente para bloquear u obstruir los flujos globales, han devenido dispositivos esenciales para su articulaci&#x00F3;n” (Mezzadra y Neilson <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">2017</xref>: 21). Seg&#x00FA;n estos dos autores, esta ambig&#x00FC;edad funcional estar&#x00ED;a, en realidad, inducida por la l&#x00F3;gica del capital transnacional: los sistemas de control fronterizo constituyen instrumentos esenciales para el filtrado y la selecci&#x00F3;n de la fuerza laboral que proporcionan los movimientos migratorios.<xref ref-type="fn" rid="NOTE4">4</xref> Las fronteras ser&#x00ED;an, pues, dispositivos orientados por objetivos de explotaci&#x00F3;n, desposesi&#x00F3;n y dominaci&#x00F3;n. Un uso muy extendido, pero sobre el que cabr&#x00ED;a convenir en que no ser&#x00ED;a precisamente el m&#x00E1;s recomendable, al menos desde una visi&#x00F3;n anclada en los derechos humanos.</p>

					<p>Sin duda, para poder enderezar esta frecuente deriva se requiere un radical cambio de enfoque que propicie una actitud abiertamente cooperativa. Ese necesario cambio no puede imponerse sin m&#x00E1;s. Solo ser&#x00E1; posible mediante un acuerdo entre todas las partes que atienda a los diferentes intereses: una regulaci&#x00F3;n que se atenga a criterios de justicia y equidad. A partir de una regulaci&#x00F3;n que no solo deber&#x00E1; ser &#x00E9;tica, sino tambi&#x00E9;n jur&#x00ED;dica, ser&#x00ED;a factible afrontar de otra manera los flujos migratorios y pensar en la posibilidad no tanto de eliminar las fronteras como de mantenerlas habitualmente abiertas. De este modo, las fronteras, en lugar de separar, impulsar&#x00ED;an m&#x00E1;s bien la comunicaci&#x00F3;n y la interacci&#x00F3;n entre las distintas partes de la humanidad.</p>

					<p>Entre las condiciones previas para avanzar en esa direcci&#x00F3;n y adoptar una concepci&#x00F3;n global de la justicia distributiva se encuentra la ampliaci&#x00F3;n de la escala de an&#x00E1;lisis y el abandono del «nacionalismo metodol&#x00F3;gico» y su injustificada presuposici&#x00F3;n del Estado nacional como la forma natural de organizaci&#x00F3;n social. En realidad, ning&#x00FA;n fen&#x00F3;meno social puede ser descrito o explicado &#x00FA;nicamente a partir del Estado si sus causas no radican exclusivamente en el interior de su territorio y sus implicaciones sobrepasan sus l&#x00ED;mites. Y, pese a que los procesos migratorios internacionales caen claramente fuera de este terreno, lo cierto es que ese restrictivo enfoque metodol&#x00F3;gico —y su miope sobredimensionamiento del «inter&#x00E9;s nacional»— es precisamente el que se encuentra detr&#x00E1;s de la mayor&#x00ED;a de las pol&#x00ED;ticas migratorias actualmente desplegadas (Sager <xref ref-type="bibr" rid="CIT52">2016</xref>). Y los efectos no se quedan ah&#x00ED;, pues, mediante las anteojeras proporcionadas por esta forma «nacionalista» de ver el mundo, se torna leg&#x00ED;timo, e incluso loable, preocuparse de manera preferente por preservar o ampliar la riqueza y el desarrollo del propio pa&#x00ED;s y de sus conciudadanos e ignorar la suerte de los dem&#x00E1;s (Bauman <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2017</xref>: 66).</p>

					<p>Frente a ello, la adopci&#x00F3;n de un «cosmopolitismo metodol&#x00F3;gico» —que eval&#x00FA;e los procesos sociales en relaci&#x00F3;n con los derechos, recursos y oportunidades imputables a los individuos con independencia de cu&#x00E1;l sea su origen o adscripci&#x00F3;n nacional— aparece como una perspectiva cognitiva, a la vez que estrat&#x00E9;gica, m&#x00E1;s ajustada a las necesidades de an&#x00E1;lisis de una nueva realidad hist&#x00F3;rica y social; apta, pues, para un mundo que es cada vez m&#x00E1;s el nuestro, en el que los individuos comparten y son conscientes de compartir, directa o indirectamente, un mismo entorno natural finito (Arnsperger y Van Parijs <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2002</xref>: 105). En un marco global, en el que se hacen presentes cada vez con m&#x00E1;s fuerza problemas sist&#x00E9;micos y medioambientales de alcance planetario,<xref ref-type="fn" rid="NOTE5">5</xref> se requiere que todos los Estados pongan en com&#x00FA;n recursos, tecnolog&#x00ED;a, servicios de informaci&#x00F3;n y tambi&#x00E9;n su autoridad, esto es, se precisa una respuesta necesariamente multilateral y coordinada que haga posible “reestructurar radicalmente el sistema econ&#x00F3;mico mundial” de acuerdo con criterios de justicia (Beitz <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1999</xref>: 127) y, como consecuencia de ello, modificar tambi&#x00E9;n las condiciones de la movilidad humana.</p>
		</sec>

		<sec id="S7">
			<!-- <label>6.</label> -->
			<title>6. FRONTERAS ABIERTAS Y JUSTICIA GLOBAL</title>

					<p>Contemplados los actuales procesos migratorios desde una perspectiva global, el escenario &#x00F3;ptimo ser&#x00ED;a aquel en el que todas las personas pudieran satisfacer sus necesidades b&#x00E1;sicas en su lugar habitual de residencia y no se vieran impelidas a tener que emigrar (Risse <xref ref-type="bibr" rid="CIT50">2012</xref>: 153). Al fin y al cabo, tan b&#x00E1;sico como el derecho a poder emigrar es el derecho a no tener que emigrar y poder permanecer en el propio pa&#x00ED;s (Oberman <xref ref-type="bibr" rid="CIT43">2011</xref>). Pero la realidad de nuestro mundo se parece poco a ese escenario ideal. Son muchas, demasiadas, las personas que no pueden atender las necesidades m&#x00E1;s primarias en su propio pa&#x00ED;s y, menos a&#x00FA;n, seguir dignamente sus planes de vida. Para muchos parias de la Tierra, la utop&#x00ED;a m&#x00E1;s atractiva ya no es cambiar de r&#x00E9;gimen pol&#x00ED;tico, sino cruzar las fronteras y cambiar de pa&#x00ED;s (Krastev <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">2017</xref>: 166). La migraci&#x00F3;n ser&#x00ED;a, entonces, la v&#x00ED;a r&#x00E1;pida que se les presenta a los desheredados para acceder a los prometidos beneficios de la globalizaci&#x00F3;n. De hecho, algunos de ellos, unos cuantos millones todos los a&#x00F1;os, intentan desplazarse a otro pa&#x00ED;s en b&#x00FA;squeda de un nivel de vida decente para ellos y sus familias. En no pocos casos, afrontan cualquier peligro y sacrifican lo poco que tienen con tal de poder acceder como sea al territorio de sus sue&#x00F1;os. Lo que suelen encontrar son puertas cerradas, adem&#x00E1;s de incomprensi&#x00F3;n y rechazo. Ante ese panorama, cabe preguntarse si los Estados m&#x00E1;s pr&#x00F3;speros y seguros est&#x00E1;n legitimados a restringir la libertad migratoria que le asiste a cualquier ser humano. Al menos desde un ideario democr&#x00E1;tico consecuente, no es evidente que exista un leg&#x00ED;timo derecho a controlar de manera unilateral las fronteras estatales (Abizadeh <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2008</xref>).</p>

					<p>La desigualdad entre los diversos pueblos del planeta forma parte sustancial del substrato del que se nutren las intensas migraciones internacionales de nuestros d&#x00ED;as. Y si el desigual reparto de la riqueza encuentra en las migraciones internacionales una v&#x00ED;a de escape, aunque sea parcial, no se pueden mantener cerrados los ojos y negar que, al menos en los pa&#x00ED;ses comparativamente m&#x00E1;s opulentos, la cuesti&#x00F3;n del acceso a su territorio y de las condiciones de permanencia en &#x00E9;l ha de ser abordada desde la perspectiva de la justicia global (Milanovic <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">2017</xref>: 170-178).</p>

					<p>Una influyente corriente estatista en la teor&#x00ED;a de la justicia sostiene, sin embargo, que el Estado soberano territorial es el mejor instrumento para llevar a cabo las exigencias de la justicia distributiva (Nagel <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">2008</xref>). Si esto es as&#x00ED;, el control sobre las fronteras ser&#x00ED;a indispensable para poder disponer de los bienes y servicios p&#x00FA;blicos necesarios para cumplir las obligaciones de justicia con los conciudadanos (Miller <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">2016</xref>). Es m&#x00E1;s, en nombre del derecho de autodeterminaci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica, las sociedades estar&#x00ED;an autorizadas igualmente a excluir a los no miembros (Miller <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">2013</xref>; Wellman <xref ref-type="bibr" rid="CIT66">2019</xref>; Walzer <xref ref-type="bibr" rid="CIT65">1993</xref>: 44-74). Desde el igualitarismo cosmopolita, por el contrario, se argumenta que las estrategias de exclusi&#x00F3;n relacionadas con el estricto control territorial generan deberes frente a los que est&#x00E1;n al otro lado de las fronteras (responsabilidades <italic>extra republicam</italic>), por lo que resultar&#x00ED;a imprescindible mantener canales legales de entrada. Con todo, incluso los cosmopolitas admiten que el derecho a inmigrar puede restringirse en ciertas circunstancias bien tasadas, pero insisten en que las restricciones de inmigraci&#x00F3;n son injustas en los dem&#x00E1;s casos.</p>

					<p>Aunque migrar constituya uno de los pocos recursos disponibles que los m&#x00E1;s desfavorecidos tienen en sus propias manos para la mejora de sus condiciones de vida (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo <xref ref-type="bibr" rid="CIT48">2009</xref>), es una cuesti&#x00F3;n ciertamente disputada si la apertura de las fronteras de los pa&#x00ED;ses m&#x00E1;s ricos, que permita la entrada de migrantes procedentes de los pa&#x00ED;ses pobres, es o no un mecanismo id&#x00F3;neo para la consecuci&#x00F3;n de la justicia distributiva global (Cassee <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2016</xref>: 187-198). Por un lado, habr&#x00ED;a que subrayar que, pese a los extendidos prejuicios, no hay constataci&#x00F3;n emp&#x00ED;rica alguna de que la afluencia de inmigrantes erosione los sistemas de protecci&#x00F3;n social en los pa&#x00ED;ses receptores (Rodrik <xref ref-type="bibr" rid="CIT51">2011</xref>: 289-290). Por otro lado, aunque cabe pensar que la eliminaci&#x00F3;n de las barreras a la inmigraci&#x00F3;n conduce a la equiparaci&#x00F3;n del bienestar entre los pa&#x00ED;ses, no hay evidencia de que una emigraci&#x00F3;n libre hacia los pa&#x00ED;ses m&#x00E1;s ricos sirva para mejorar <italic>estructuralmente</italic> la situaci&#x00F3;n econ&#x00F3;mica de los pa&#x00ED;ses de origen.<xref ref-type="fn" rid="NOTE6">6</xref> Apoy&#x00E1;ndose en esto &#x00FA;ltimo, incluso Pogge (<xref ref-type="bibr" rid="CIT46">2010</xref>), uno de lo m&#x00E1;s acreditados defensores de la justicia global, considera inadecuada la apertura de frontera con el fin de eliminar la pobreza extrema, pues con ello tan solo se salvar&#x00ED;a, seg&#x00FA;n &#x00E9;l, la situaci&#x00F3;n de unos pocos. Es cierto que este autor desestima por completo la relevancia econ&#x00F3;mica de las remesas que los inmigrantes env&#x00ED;an a sus familiares residentes en los pa&#x00ED;ses de origen y su significado como forma directa de redistribuci&#x00F3;n (Cheneval <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2013</xref>), pero es muy probable que tenga raz&#x00F3;n en que lo &#x00FA;nico que, de alguna manera, puede frenar el constante y masivo movimiento de migrantes sea una mejora sustancial de sus condiciones de vida en los pa&#x00ED;ses de origen. Mientras eso no se logre, urge plantear otras opciones que permitan avanzar hacia el objetivo de un mundo en el que todos puedan vivir con dignidad. Con todo, y a diferencia de c&#x00F3;mo es presentada por Pogge, la apertura de fronteras adquiere un sentido mucho m&#x00E1;s pleno si se piensa en conexi&#x00F3;n con otras medidas, tales como la cancelaci&#x00F3;n de la deuda externa de los pa&#x00ED;ses m&#x00E1;s pobres, las ayudas al desarrollo o las reformas del sistema del comercio mundial (Cassee <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2016</xref>: 195).</p>

					<p>En un mundo estructuralmente interdependiente, pero cuyos habitantes disfrutan de manera desigual de los bienes comunes, los ciudadanos de los pa&#x00ED;ses ricos poseen responsabilidades frente a los pa&#x00ED;ses m&#x00E1;s desfavorecidos que han de traducirse en medidas efectivas de compensaci&#x00F3;n redistributiva. Y, aparte de las ya se&#x00F1;aladas, para conseguir ese mismo objetivo pueden considerarse tambi&#x00E9;n otras relacionadas con el control de las fronteras estatales, aunque ello suponga limitar la soberan&#x00ED;a estatal. En un contexto en el que la brecha entre los niveles de riqueza de los diferentes pa&#x00ED;ses es descomunal, los Estados m&#x00E1;s ricos (o relativamente m&#x00E1;s pr&#x00F3;speros) no poseen la legitimidad requerida para impedir el tr&#x00E1;nsito fronterizo de personas atendiendo tan solo a su propio inter&#x00E9;s. El mantenimiento de esa facultad soberana estar&#x00ED;a condicionado a su contribuci&#x00F3;n, en la medida de las posibilidades de cada pa&#x00ED;s, a la reducci&#x00F3;n significativa de las desigualdades globales y al establecimiento de la justicia distributiva entre las distintas partes del planeta (Kymlicka <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2006</xref>: 76-78). Esta contribuci&#x00F3;n se concretar&#x00ED;a, entre otras posibles medidas, en la eliminaci&#x00F3;n de las barreras al comercio para los pa&#x00ED;ses m&#x00E1;s desfavorecidos, en la reforma de las instituciones econ&#x00F3;micas internacionales existentes o en la articulaci&#x00F3;n de alguna suerte de impuesto redistributivo que favorezca una participaci&#x00F3;n m&#x00E1;s justa de todos en los recursos planetarios.</p>

					<p>Dicho de otro modo, una primera opci&#x00F3;n para cumplir con esos deberes de justicia ser&#x00ED;a, pues, desplazar recursos, empezando por el dinero, all&#x00E1; donde est&#x00E1;n las personas m&#x00E1;s necesitadas. Si, como cabe observar, no existe voluntad de poner en marcha esta opci&#x00F3;n, excepto en casos aislados y de limitada efectividad, una segunda opci&#x00F3;n ser&#x00ED;a permitir que las personas puedan desplazarse all&#x00E1; donde est&#x00E1;n los recursos y el dinero (Goodin <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1992</xref>: 8; Cavallero <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2006</xref>: 98). Si se considera que suturar las «cicatrices de la historia» es un objetivo deseable, explorar la posibilidad de eliminar las restricciones a la inmigraci&#x00F3;n no es una opci&#x00F3;n que pueda ser desechada sin m&#x00E1;s explicaciones. Es un hecho que la mayor&#x00ED;a de los pa&#x00ED;ses desarrollados no ponen en marcha medidas del primer tipo ni tampoco abren sus fronteras. Los Estados, sin embargo, tienen que elegir y lo cierto es que, una vez desechada la primera opci&#x00F3;n, la apertura de fronteras —que, advi&#x00E9;rtase, no es lo mismo que su supresi&#x00F3;n, pues las fronteras podr&#x00ED;an seguir persistiendo en cuanto demarcaciones jurisdicionales de entidades estatales independientes— se presenta como un modo efectivo de asumir las responsabilidades ante los m&#x00E1;s desfavorecidos del planeta.</p>

					<p>Un escenario de fronteras abiertas —un mundo en el que, aunque cupieran excepciones tasadas, las fronteras fueran, como norma habitual, un dispositivo irrelevante en t&#x00E9;rminos de movilidad humana— supondr&#x00ED;a una ruptura en la reproducci&#x00F3;n de la injusticia estructural y, de alg&#x00FA;n modo, podr&#x00ED;a contribuir a su reducci&#x00F3;n. Aunque no se lograra alcanzar plenamente la meta deseada, del mismo hecho de introducir este elemento disruptivo en el discurso hegem&#x00F3;nico se extraer&#x00ED;a ya un rendimiento pr&#x00E1;ctico m&#x00E1;s que notable: “El objetivo del argumento de las fronteras abiertas es desafiar la complacencia, hacernos conscientes de c&#x00F3;mo las pr&#x00E1;cticas democr&#x00E1;ticas rutinarias en inmigraci&#x00F3;n niegan la libertad y ayudan a mantener la desigualdad injusta” (Carens <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2013</xref>: 296).</p>
		</sec>

		<sec id="S8">
			<label>7.</label>
			<title>REFLEXIONES FINALES</title>

					<p>Cuando, hace algo m&#x00E1;s de treinta a&#x00F1;os, Joseph Carens public&#x00F3; su archicitado art&#x00ED;culo “Aliens and Citizens. The Case for Open Borders” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1987</xref>), la migraci&#x00F3;n constitu&#x00ED;a un espacio filos&#x00F3;ficamente deshabitado. Si por aquel entonces tres renombradas revistas especializadas en filosof&#x00ED;a pol&#x00ED;tica y teor&#x00ED;a social coincidieron en rechazar su publicaci&#x00F3;n, entretanto el paisaje acad&#x00E9;mico ha mutado sensiblemente: la propuesta de abrir las fronteras se ha convertido en una respetable posici&#x00F3;n plenamente integrada en los debates acad&#x00E9;micos. Incluso aquellos que argumentan en contra, reconocen que el derecho a la exclusi&#x00F3;n no es algo evidente de por s&#x00ED;, sino algo que requiere justificaci&#x00F3;n.</p>

					<p>No obstante, el pensamiento hegem&#x00F3;nico —impregnado de <italic>realpolitik</italic>— sigue troquelado por una presunci&#x00F3;n ideol&#x00F3;gica que entiende como agresi&#x00F3;n todo aquello que desnaturalice lo que nunca debi&#x00F3; naturalizarse. De ah&#x00ED; que siga siendo habitual oponer una recia resistencia ante cualquier cuestionamiento de la divisi&#x00F3;n del planeta por medio de fronteras. Pr&#x00E1;ctica habitual, ciertamente, pero no por ello fundada: como se ha intentado mostrar lo largo del presente art&#x00ED;culo, replantear las funciones atribuidas a las fronteras y el modo en que las personas, con independencia de su nacionalidad, est&#x00E1;n autorizadas a franquearlas representa una f&#x00F3;rmula leg&#x00ED;tima y argumentada de introducir cierta dosis de justicia distributiva en el mundo de las relaciones internacionales, esto es, en un injusto entramado que concede ventajas a algunos a costa de muchos.</p>			
		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
	
		<ack>
			<title>AGRADECIMIENTOS</title>

				<p>Este art&#x00ED;culo se ha elaborado en el marco del proyecto de investigaci&#x00F3;n “Fronteras, democracia y justicia global. Argumentos filos&#x00F3;ficos en torno a la emergencia de un espacio cosmopolita” (PGC2018-093656-B-I00), financiado por el Plan Estatal de I+D+i del Gobierno de Espa&#x00F1;a, y del que el autor es Investigador Principal.</p>
		</ack>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
				<fn-group>
					<fn id="NOTE1"><label>1</label>
					<p>Hablar de <italic>injusticia estructural</italic> es algo m&#x00E1;s que una forma agregada de referirse a una serie de acciones individuales incorrectas (por ejemplo, actos de explotaci&#x00F3;n, tratos discriminatorios, vulneraciones de derechos, etc.); en realidad, es un estado de cosas impensable sin la existencia de mecanismos sist&#x00E9;micos que generan y reproducen formas injustas de desigualdad (Young <xref ref-type="bibr" rid="CIT67">2011</xref>: 135-143).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE2"><label>2</label>
					<p>En abierta contraposici&#x00F3;n al car&#x00E1;cter incondicional de la responsabilidad moral frente a los migrantes y refugiados que se acercan desvalidos a los pa&#x00ED;ses m&#x00E1;s ricos, menudean los agentes pol&#x00ED;ticos que tratan de descargarse de ese peso bien negando a sus potenciales destinatarios la cualidad de seres humanos o bien mancillando su imagen con el fin de verlos como indignos de consideraci&#x00F3;n y respeto (Bauman <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2016</xref>: 65-80).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE3"><label>3</label>
					<p>A esta ambivalencia se le puede dar una explicaci&#x00F3;n bastante convincente, aunque no menos parad&#x00F3;jica: la frontera es “un producto humano que obedece a la necesidad de relacionarse con el otro y, a la vez, al temor de hacerlo abiertamente” (Mor&#x00E9; <xref ref-type="bibr" rid="CIT39">2007</xref>: 9).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE4"><label>4</label>
					<p>La disonancia entre los objetivos proclamados p&#x00FA;blicamente y las consecuencias pr&#x00E1;cticas de las pol&#x00ED;ticas aplicadas es enorme. El efecto verdaderamente verificable del endurecimiento de las pol&#x00ED;ticas de control de las fronteras no es en absoluto el cese de la irregularidad migratoria, sino m&#x00E1;s bien el suministro de mano de obra barata y sumisa al sistema econ&#x00F3;mico (De Genova <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2002</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE5"><label>5</label>
					<p>En un planeta cuya extensi&#x00F3;n se mantiene constante y cuyos territorios habitables disminuyen desde hace tiempo a causa, entre otros motivos, del cambio clim&#x00E1;tico, con la consiguiente «p&#x00E9;rdida masiva de h&#x00E1;bitat» (Sassen <xref ref-type="bibr" rid="CIT54">2017</xref>), el aumento predecible de la poblaci&#x00F3;n mundial en las pr&#x00F3;ximas d&#x00E9;cadas —m&#x00E1;s acentuado en las regiones menos pr&#x00F3;speras— empujar&#x00E1; a muchas personas a abandonar su propio terru&#x00F1;o.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE6"><label>6</label>
					<p>Se trata, en realidad, de un balance socioecon&#x00F3;mico dif&#x00ED;cil de cerrar. Pasando por alto que los migrantes generan riqueza sin ese sesgo paternalista asociado a las ayudas al desarrollo, suele apuntarse entre los hechos negativos asociados a la libertad migratoria que el acceso a la movilidad resulta desigual (los que migran no son los m&#x00E1;s pobres), que muchos migrantes se encuentran con nuevas formas de explotaci&#x00F3;n o que la emigraci&#x00F3;n genera efectos contraproducentes en los pa&#x00ED;ses pobres (Higgins <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2013</xref>: 61-70).</p>
				</fn>
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			  <article-title>Declaraci&#x00F3;n de Granada sobre la globalizaci&#x00F3;n</article-title>
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				<title>SOBRE EL AUTOR</title>
				
					<p><bold>JUAN CARLOS VELASCO</bold> es Profesor de Investigaci&#x00F3;n del Instituto de Filosof&#x00ED;a del CSIC. Research Fellowship de la Alexander von Humboldt-Stiftung (Tubinga / Berl&#x00ED;n). Autor, entre otras monograf&#x00ED;as, de <italic>La teor&#x00ED;a discursiva del derecho</italic> (CEPC, 2000), <italic>Habermas. El uso p&#x00FA;blico de la raz&#x00F3;n</italic> (Alianza, 2013) y <italic>El azar de las fronteras</italic> (FCE, 2016). Co-editor de <italic>Global Challenges to Liberal Democracy</italic> (Springer, 2013) y <italic>Challenging the Borders of Justice in the Age of Migrations</italic> (Springer, 2019). Autor de numerosos art&#x00ED;culos sobre filosof&#x00ED;a pol&#x00ED;tica publicados en revistas nacionales e internacionales, con especial atenci&#x00F3;n a los siguientes temas: migraciones, multiculturalismo, justicia global, democracia deliberativa y ciudadan&#x00ED;a.</p>
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