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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">ris.2018.76.3.17.01</article-id>
            <article-id pub-id-type="doi">10.3989/ris.2018.76.3.17.01</article-id>
			 
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				<subject>ART&#x00CD;CULO / ARTICLE</subject>
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				<article-title>Los cuidados en la pr&#x00E1;ctica. Clase social y estrategias familiares en el cuidado a mayores con dependencias severas</article-title>
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					<trans-title>Care in practice. Social class and family strategies in the care of elderly people with severe dependencies</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Los cuidados en la pr&#x00E1;ctica. Clase social y estrategias familiares en el cuidado a mayores con dependencias severas</alt-title>
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			<aff id="U1">Universitat Pompeu Fabra</aff>
			
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				<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="tomascl010@gmail.com">tomascl010@gmail.com</email>
					ORCID iD: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://orcid.org/0000-0002-1804-164X">https://orcid.org/0000-0002-1804-164X</ext-link>
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				<year>2018</year>
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			<issue>3</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#x00F3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>Esta investigaci&#x00F3;n tiene como objetivo analizar las estrategias familiares de cuidados a mayores con dependencias severas. Para ello nos centramos en las distintas tensiones, condicionantes y justificaciones que se manejan en cada una de las posibles opciones de cuidado, y c&#x00F3;mo &#x00E9;stas var&#x00ED;an seg&#x00FA;n la clase social. Se usa una metodolog&#x00ED;a etnogr&#x00E1;fica, mediante la realizaci&#x00F3;n de entrevistas en profundidad y observaciones en los hogares de cuatro familias, cada una posicionada en una clase social distinta. El trabajo argumenta que el significado asociado a un “buen cuidado” var&#x00ED;a en funci&#x00F3;n de la situaci&#x00F3;n y la clase social. Mientras en la clase alta se justifican las bondades de mercantilizar el cuidado, en las clases m&#x00E1;s bajas el discurso sobre la estrategia de cuidado a elegir es indeterminado y oscilante. Situaciones excepcionales, como la enfermedad del cuidador principal, justificar&#x00ED;an el uso de otras estrategias, como la residencia de mayores.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This research aims to analyze the different family strategies in elderly people with severe dependencies. To do so we focus in the different tensions, determinants and justifications that are managed in each of the care’s possible options, and how these vary across social classes. Ethnography methodology is used, conducting depth interviews and systematic observations in four family’s households, each of them belonging to a particular social class. This work argues that the meaning associated to “good care” varies in relation with the situation and the social class. While upper-class families justify the goodness of the care’s commodification, in lower-class families the discourses about what care’s strategy implement is indeterminate and oscillating. Exceptional situations like the illness of the main caregiver would justify the use of other strategies such as the elderly residency.</p>
			</trans-abstract>

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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>An&#x00E1;lisis del discurso</kwd>
				<kwd>Desigualdad</kwd>
				<kwd>Envejecimiento</kwd>
				<kwd>Etnograf&#x00ED;a</kwd>
				<kwd>Pol&#x00ED;tica social</kwd>
			</kwd-group>

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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Aging</kwd>	
				<kwd>Discourse analysis</kwd>
				<kwd>Ethnography</kwd>
				<kwd>Inequality</kwd>
				<kwd>Social policy</kwd>
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	<body>	
			
		<sec id="S1">
			<title>INTRODUCCI&#x00D3;N</title>

			<p>En las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas varios movimientos socio-demogr&#x00E1;ficos han modificado las estructuras y din&#x00E1;micas familiares. Entre estos movimientos destacan la masiva incorporaci&#x00F3;n de la mujer al mercado de trabajo, los cambios en las din&#x00E1;micas familiares (aumento de las tasas de divorcio, familias monoparentales o nuevas formas de convivencia), as&#x00ED; como el hecho de que cada vez nacen menos ni&#x00F1;os mientras que la esperanza de vida aumenta. Este nuevo escenario ha supuesto varios cambios. Por un lado, aumenta la necesidad e intensidad de cuidados a personas mayores dependientes. Por otro lado, se pasa de un modelo principal de cuidados, en el que el trabajo que &#x00E9;stos suponen es realizado por la familia y especialmente por la mujer, a una amplitud de opciones y estrategias de cuidados. Pero ¿qu&#x00E9; son los cuidados?</p>

			<p>Los cuidados son el trabajo sobre el cual se sostiene la vida (P&#x00E9;rez Orozco <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2014</xref>). Las actividades que se realizan durante el ejercicio de los cuidados pueden dividirse en dos tipos. Por un lado, las <italic>actividades instrumentales, </italic>es decir, necesidades materiales como la ayuda econ&#x00F3;mica o tareas como la ayuda con la cocina o la compra. Por otro lado est&#x00E1;n las <italic>implicaciones emocionales</italic>, que hacen referencia al conjunto de afectos, comunicaciones o sentimientos que son puestos en juego entre las personas dependientes y los cuidadores durante el ejercicio del trabajo de cuidados (Thomas <xref ref-type="bibr" rid="CIT40">2011</xref>). Asimismo, los cuidados pueden ser de tipo formal e informal. Los primeros hacen referencia a cuidados de tipo especializado ofertados por profesionales. Los segundos hacen referencia a aquellos cuidados ofrecidos por la red de relaciones de la persona mayor dependiente. Los cuidados informales son realizados de forma voluntaria y no remunerada (Andersson, Levin y Emtinger <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2002</xref>; Rogero, Prieto y Rosenberg <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">2008</xref>). Los cuidados, asimismo, pueden ser provistos tanto por el Estado —residencias o centros de d&#x00ED;a, por ejemplo—, como por el mercado —servicios con fines de lucro—, como por la familia —cuidados de hijos a padres, de abuelos a nietos, entre c&#x00F3;nyuges, etc. — (Rogero <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">2009</xref>). Por lo tanto, cuando una persona es dependiente puede recibir cuidados de tipo (i) <italic>institucionalizados</italic>, (ii) <italic>mercantilizados</italic> o (iii) <italic>familiares-informales</italic>.</p>

			<p>Por su parte, una persona dependiente es aquella que necesita de cuidados para realizar actividades cotidianas y los recibe. La dependencia puede ser de tipo emocional, econ&#x00F3;mico o f&#x00ED;sico, y puede tener causas de diversa &#x00ED;ndole, como un accidente, una crisis, el ciclo de vida, la salud o diversidades funcionales (Wilkin <xref ref-type="bibr" rid="CIT42">1987</xref>). Asimismo, la dependencia puede variar en intensidad. El Instituto Nacional de Estad&#x00ED;stica, en la Encuesta de Discapacidad, Autonom&#x00ED;a personal y situaciones de Dependencia (EDAD), divide entre insignificante, leve, moderada o severa<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref>. </p>

			<p>Este trabajo se centra en el estudio de los cuidados a personas mayores con dependencia f&#x00ED;sica severa. Con datos de la encuesta EDAD, Abell&#x00E1;n, Esparza y P&#x00E9;rez (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2011</xref>) concluyen que en Espa&#x00F1;a hay casi un mill&#x00F3;n y medio de personas mayores en situaci&#x00F3;n de dependencia, de los cuales la mayor&#x00ED;a est&#x00E1;n en situaci&#x00F3;n de dependencia severa. Asimismo, la tendencia en las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas es hacia el aumento significativo del n&#x00FA;mero de personas mayores dependientes en situaci&#x00F3;n severa (Abell&#x00E1;n, Esparza y P&#x00E9;rez <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2011</xref>). &#x00C9;stos dependientes se encuentran en su mayor parte, debido a la desigualdad de g&#x00E9;nero que atraviesa el trabajo de cuidados, atendidos por mujeres, ya sean &#x00E9;stas la pareja de la persona dependiente o su hija (Dur&#x00E1;n <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2000</xref>). </p>

			<p>No obstante, m&#x00E1;s all&#x00E1; de los datos cuantitativos, esta investigaci&#x00F3;n se centra en el an&#x00E1;lisis de los discursos de las familias con una persona dependiente que ponen en pr&#x00E1;ctica una de las tres opciones de cuidados: institucionalizaci&#x00F3;n, mercantilizaci&#x00F3;n o familiar-informal. El objetivo de esta investigaci&#x00F3;n es doble. Primero, se centra en las constricciones que ejerce la estructura social sobre la elecci&#x00F3;n de una opci&#x00F3;n de cuidados u otra. Espec&#x00ED;ficamente, se analiza c&#x00F3;mo var&#x00ED;a la autolegitimaci&#x00F3;n y la definici&#x00F3;n de “buen cuidado” en las distintas clases sociales, prestando especial atenci&#x00F3;n a las justificaciones sobre las estrategias familiares en torno a los cuidados. Segundo, se observan las desiguales consecuencias asociadas al cuidado de una persona mayor dependiente en relaci&#x00F3;n con la posici&#x00F3;n de clase<xref ref-type="fn" rid="NOTE2">2</xref>. </p>

			<p>Esta investigaci&#x00F3;n aporta nuevo conocimiento a la literatura existente en los cuidados a personas mayores dependientes mediante tres v&#x00ED;as que han sido poco o nada exploradas previamente. En primer lugar, se centra en el an&#x00E1;lisis cualitativo de los cuidados a personas mayores con dependencias severas. En segundo lugar, sit&#x00FA;a las diferencias entre clases sociales en el centro del an&#x00E1;lisis. Finamente, pone en pr&#x00E1;ctica una metodolog&#x00ED;a no utilizada previamente en esta tem&#x00E1;tica como es la etnograf&#x00ED;a en los hogares y las entrevistas cruzadas entre los miembros de una misma “configuraci&#x00F3;n familiar” (El&#x00ED;as <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1987</xref>; Mart&#x00ED;n Criado, G&#x00F3;mez Bueno y Fern&#x00E1;ndez <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2000</xref>). </p>
		</sec>

		<sec id="S2">
			<title>ENFOQUE TE&#x00D3;RICO</title>

			<p>El enfoque te&#x00F3;rico del que parte esta investigaci&#x00F3;n se articula con base en dos conceptos principales: <italic>habitus </italic>(Bourdieu <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2007</xref>) y <italic>don-contra don </italic>(Mauss <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1979</xref>; Godelier <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2000</xref>). En primer lugar, el concepto de <italic>habitus</italic> arroja luz a la hora de analizar las significaciones y pr&#x00E1;cticas en torno a los cuidados en funci&#x00F3;n de la clase social. El <italic>habitus</italic> remite a las condiciones materiales y simb&#x00F3;licas a las que un individuo (o familia) estuvo expuesto durante su socializaci&#x00F3;n y que condicionar&#x00E1;n en buena medida sus gustos, percepciones, h&#x00E1;bitos y decisiones a lo largo del curso de vida. Entendemos en esta investigaci&#x00F3;n que la manera de cuidar el cuerpo enfermo, de atenderlo y mantenerlo, muestra las disposiciones m&#x00E1;s profundas del <italic>habitus</italic>: es, en efecto, a trav&#x00E9;s de la compra de los cuidados en el mercado, como pueden <italic>enclasarse </italic>(es decir, diferenciarse del resto de clases sociales) los grupos sociales dominantes. </p>

			<p>En segundo lugar, el concepto de don (Mauss <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1979</xref>) es definido como el intercambio material o inmaterial y no mercantil que se produce entre individuos de una sociedad. Es la base sobre la que se establece la econom&#x00ED;a solidaria. Por lo tanto, esta investigaci&#x00F3;n parte de la conceptualizaci&#x00F3;n de los cuidados como un conjunto de acciones basadas en el don: el que cuida dona sus recursos —dinero, tiempo, energ&#x00ED;a— al que es cuidado. El que es cuidado, por su parte, se siente en la obligaci&#x00F3;n de devolver. Pero esta devoluci&#x00F3;n puede tener un valor distinto a lo recibido, as&#x00ED; como prolongarse en el tiempo. Por lo tanto, el cuidado, como el don, establece relaciones tanto de solidaridad como de deuda, sobre las que se basa un ciclo de reciprocidad entre el que da y el que recibe. Esto es lo que plantea Tob&#x00ED;o (<xref ref-type="bibr" rid="CIT41">2013</xref>), considerando que esta l&#x00F3;gica va m&#x00E1;s all&#x00E1; de un mero intercambio en el que las dos partes implicadas dan y reciben simult&#x00E1;neamente; al contrario, en la l&#x00F3;gica del cuidado como don, el dar y el recibir son dos acciones que pueden dilatarse en el tiempo y variar en su contenido material o simb&#x00F3;lico. </p>
		</sec>

		<sec id="S3">
			<title>LA INVESTIGACI&#x00D3;N RECIENTE EN CUIDADOS A MAYORES DEPENDIENTES Y CLASE SOCIAL</title>

			<p>La investigaci&#x00F3;n reciente sobre cuidados a mayores dependientes, en el caso espa&#x00F1;ol, experiment&#x00F3; un gran incremento a ra&#x00ED;z de la puesta en marcha de la Ley de Dependencia en 2007. Desde entonces se ha generado un interesante debate tanto te&#x00F3;rico (Carrasco <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2013</xref>; Prieto y Serrano <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2013</xref>) como emp&#x00ED;rico (Serrano, Artiaga y D&#x00E1;vila <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">2013</xref>). Esta &#x00FA;ltima investigaci&#x00F3;n concluye que la Ley de Dependencia, m&#x00E1;s que subvertir la desigualdad de g&#x00E9;nero asociada al trabajo de cuidados, ha contribuido a lo contrario: reproducir una idea de la feminidad asociada a lo informal, lo emocional y lo dom&#x00E9;stico. A este respecto, es importante tener en cuenta dos factores. Uno, que esta Ley se pone en funcionamiento en un periodo de recesi&#x00F3;n econ&#x00F3;mica, lo cual genera un acercamiento al modelo de la austeridad, as&#x00ED; como el alejamiento de la convergencia con el modelo social europeo en materia de igualdad (Lombardo y Le&#x00F3;n <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2014</xref>). Dos: el marcado car&#x00E1;cter <italic>familista</italic> del Estado del Bienestar espa&#x00F1;ol (Esping-Andersen <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1990</xref>). Estos dos factores condicionan tanto el dise&#x00F1;o como la aplicaci&#x00F3;n de la ley, tendente a la reproducci&#x00F3;n de din&#x00E1;micas previas: aquellas basadas en un modelo dominante de cuidados en el que las personas en situaci&#x00F3;n de dependencia suponen un riesgo de tipo familiar que recae, en mayor medida, sobre las mujeres (Rodr&#x00ED;guez-Cabrero <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2011</xref>). </p>

			<p>Sin embargo, para el caso espa&#x00F1;ol, son pocos los estudios que se centran en las din&#x00E1;micas de cuidados a mayores en relaci&#x00F3;n con la clase social. No obstante, existen valiosas excepciones. El estudio de Castell&#x00F3; (<xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2011</xref>) desarrolla el concepto de <italic>habitus de cura</italic> con objeto de explicar los condicionantes que est&#x00E1;n detr&#x00E1;s de la divisi&#x00F3;n sexual del trabajo de cuidados o —lo que es m&#x00E1;s importante— qu&#x00E9; lleva a optar por una opci&#x00F3;n de cuidados u otra; es decir, a elegir entre el Estado, el mercado o la familia. Esta investigaci&#x00F3;n concluye que las mujeres de clase trabajadora desarrollan estrategias de cuidados informales en el hogar, haciendo uso de otras opciones, como la institucionalizaci&#x00F3;n o la mercantilizaci&#x00F3;n, cuando los recursos familiares no est&#x00E1;n disponibles. Mientras, las mujeres de clase media desarrollan modelos mixtos bas&#x00E1;ndose en la familia, la institucionalizaci&#x00F3;n y, en menor medida, la mercantilizaci&#x00F3;n. Finalmente, las mujeres de clase alta optan por la mercantilizaci&#x00F3;n, ejerciendo cierta resistencia a la institucionalizaci&#x00F3;n. Los resultados de investigaciones de tipo cuantitativo parecen corroborar estos resultados. Estos trabajos concluyen que el nivel educativo, uno de los indicadores de clase social m&#x00E1;s utilizados en la literatura, se relaciona con el modelo de cuidados: a mayor nivel educativo, mayor probabilidad de recibir m&#x00E1;s cuidado formal y menos cuidado informal (Rogero <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">2009</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">2010</xref>; Otero et al. <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">2003</xref>). Martin y Vilaplana (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2012</xref>) sugieren que esto puede deberse al coste de oportunidad: conforme m&#x00E1;s alta es la posici&#x00F3;n social de la familia, mayor es el coste de renunciar a un empleo para realizar cuidados informales en el hogar. Asimismo, Rogero (<xref ref-type="bibr" rid="CIT33">2009</xref>) concluye que la opci&#x00F3;n de recibir cuidados de tipo formal como &#x00FA;nica fuente de apoyo es una opci&#x00F3;n condicionada a la disponibilidad de recursos socioecon&#x00F3;micos.</p>

			<p>Por su parte, Martinez-Buj&#x00E1;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2008</xref>), en su investigaci&#x00F3;n centrada en la mercantilizaci&#x00F3;n del cuidado, considera que esta opci&#x00F3;n depende m&#x00E1;s de la implicaci&#x00F3;n de la mujer en el mercado laboral que de la clase social de familia. Es decir, no se trata tanto de una cuesti&#x00F3;n de clase sino de disponibilidad temporal. Asimismo, esta investigaci&#x00F3;n considera que la preferencia familiar sobre la contrataci&#x00F3;n de mujeres, preferiblemente suramericanas, para realizar el trabajo de cuidados, se basa en el estereotipo de que son ellas las que tienen mayor capacidad de “paciencia” y de “cari&#x00F1;o”. Por lo tanto, cuando se elige esta opci&#x00F3;n se obvian los requisitos profesionales de las cuidadoras, exaltando dichas capacidades. Esta autora encuentra que en ellas se delega tanto el cuidado m&#x00E1;s instrumental como el emocional. El estudio de Mor&#x00E9; (<xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2015</xref>) tambi&#x00E9;n se centra en la mercantilizaci&#x00F3;n del cuidado, desde la perspectiva de las mujeres que son contratadas y a las cuales se les delega el cuidado de mayores. Esta investigaci&#x00F3;n considera que las mujeres contratadas para cuidar otorgan sentido a sus labores a trav&#x00E9;s de las emociones, terminando por considerar a los mayores cuidados como <italic>su propia gente</italic>. Sin embargo, Mart&#x00ED;nez-Buj&#x00E1;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2008</xref>) apunta que este “cari&#x00F1;o” ser&#x00ED;a <italic>ficticio</italic>, puesto que est&#x00E1; basado en una relaci&#x00F3;n salarial, y solo el paso del tiempo posibilitar&#x00ED;a una relaci&#x00F3;n &#x00ED;ntima entre cuidadora contratada y persona dependiente. </p>
		</sec>

		<sec id="S4">
			<title>METODOLOG&#x00CD;A</title>

		<sec id="S4.1">
			<title>T&#x00E9;cnicas de recogida de informaci&#x00F3;n y trabajo de campo</title>

			<p>La pr&#x00E1;ctica m&#x00E1;s habitual en la investigaci&#x00F3;n sociol&#x00F3;gica cualitativa mediante entrevista consiste en ir al terreno y entrevistar a una serie de personas, a trav&#x00E9;s de cuyo discurso consideramos te&#x00F3;ricamente que llegaremos a la realidad de su vida cotidiana. Esta investigaci&#x00F3;n, sin embargo, representa un trabajo etnogr&#x00E1;fico: acudimos a los hogares investigados, convivimos con ellos y entrevistamos a los miembros de las familias que mayor responsabilidad en el cuidado; manteniendo tambi&#x00E9;n distintas conversaciones con allegados de las familias. Esto nos ha dado la posibilidad de ir m&#x00E1;s all&#x00E1; de los discursos, recogidos en las entrevistas, confront&#x00E1;ndolos con las pr&#x00E1;cticas recogidas a trav&#x00E9;s de la observaci&#x00F3;n. </p>

			<p>Haciendo varias <italic>entrevistas cruzadas</italic> en cada una de las familias seleccionadas fue posible observar y analizar el conjunto de tensiones, conflictos y cooperaciones surgidas en el seno familiar en torno al empleo y el trabajo de cuidados, as&#x00ED; como los juegos internos de poder y dominaci&#x00F3;n. La realizaci&#x00F3;n de entrevistas cruzadas en un mismo seno familiar es una cuesti&#x00F3;n fundamental: los individuos saben mucho acerca del entorno en el que viven y trabajan. No hay nadie que sepa m&#x00E1;s sobre la pr&#x00E1;ctica cotidiana del cuidado que el propio cuidador y las personas con las que convive. As&#x00ED; que una vez nos adentremos en el hogar y conversemos con cada uno de sus miembros, obtendremos informaci&#x00F3;n valiosamente contrastada. Ya que, como explica Becker (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2009</xref>: 133): “Yo no s&#x00E9; nada que alguien de ese grupo no sepa, pero, dado que s&#x00E9; lo que todos saben, s&#x00E9; m&#x00E1;s que cualquiera de ellos”.</p>

			<p>El trabajo de campo se realiz&#x00F3; durante 2011 y 2012 en las localidades de Linares y &#x00DA;beda (Ja&#x00E9;n, Espa&#x00F1;a). Andaluc&#x00ED;a es una comunidad aut&#x00F3;noma especialmente interesante para el estudio de los cuidados, debido a que combina un elevado <italic>familismo</italic> con un elevado nivel de subvenci&#x00F3;n: el 30% de los mayores cuentan con una prestaci&#x00F3;n econ&#x00F3;mica para la dependencia y el 77% son cuidados por alg&#x00FA;n familiar (Mart&#x00ED;nez-Buj&#x00E1;n <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2014</xref>). Esta misma autora denomina el caso andaluz como “modelo familista subvencionado” (Mart&#x00ED;nez-Buj&#x00E1;n <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2014</xref>: 115). El trabajo de campo tuvo una duraci&#x00F3;n total de nueve meses, durante los que se realizaron notas, fotograf&#x00ED;as y grabaciones de entrevistas en el seno de los hogares. El material emp&#x00ED;rico fue transcrito y analizado mediante el m&#x00E9;todo de an&#x00E1;lisis soci&#x00F3;logo del discurso (Mart&#x00ED;n Criado <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1998</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2014</xref>; Conde <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2009</xref>).</p>
		</sec>

		<sec id="S4.2">
			<title>Selecci&#x00F3;n de la muestra</title>

			<p>Se seleccionaron cuatro casos. Cada uno equival&#x00ED;a a una familia de diferente clase social. As&#x00ED;, se realiz&#x00F3; un <italic>muestreo estructural</italic>, donde cada caso buscaba representar —no estad&#x00ED;sticamente— un universo discursivo vinculado a una posici&#x00F3;n de clase (Ib&#x00E1;&#x00F1;ez <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1979</xref>). </p>

			<p>La variable <italic>clase social</italic> se operacionaliz&#x00F3; de la siguiente manera: a) clase alta, familias donde las personas entrevistadas tuvieran estudios universitarios, elevado nivel patrimonial y posiciones de direcci&#x00F3;n en el mercado de trabajo; b) clase media alta, con estudios universitarios y mandos medios en el mercado de trabajo; c) clase media baja, con estudios de FP o bachillerato, trabajadores de cuello blanco; d) clase baja, con estudios b&#x00E1;sicos, desempleados temporales con incursiones intermitentes al mercado de trabajo. </p>

			<p>Investigaciones previas (Rogero <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">2009</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">2010</xref>) establecen una asociaci&#x00F3;n positiva entre clase social y opci&#x00F3;n de cuidados: a mayor nivel socio-econ&#x00F3;mico, mayor probabilidad de recibir cuidado formal; y viceversa, a menor clase social mayor probabilidad de recibir cuidado informal. La selecci&#x00F3;n de casos de esta investigaci&#x00F3;n busc&#x00F3; ajustarse a la asociaci&#x00F3;n positiva entre los continuos de clase social y formalidad-informalidad encontrada en investigaciones previas. As&#x00ED;, en el caso de clase alta el cuidado es mercantilizado veinticuatro horas (totalmente formal), siendo este grado de formalidad decreciente seg&#x00FA;n se desciende de clase social. </p>

			<p>Asimismo, se cuid&#x00F3; la homogeneizaci&#x00F3;n de casos en su selecci&#x00F3;n, en funci&#x00F3;n de una serie de factores que, seg&#x00FA;n han demostrado estudios previos, afectan las preferencias y estrategias de cuidado m&#x00E1;s all&#x00E1; de la clase social. Primero, la selecci&#x00F3;n se restringi&#x00F3; a casos de dependencia severa por enfermedad no sobrevenida. Esto es relevante, ya que una de las principales variables que condicionan las preferencias y estrategias de cuidado es el nivel de gravedad de la dependencia (Fern&#x00E1;ndez-Carro <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2016</xref>). Segundo, dado que existen diferencias significativas en los modelos de provisi&#x00F3;n de ayudas sociales a los cuidados, no solo entre pa&#x00ED;ses, sino tambi&#x00E9;n entre comunidades aut&#x00F3;nomas (Mart&#x00ED;nez-Buj&#x00E1;n <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2014</xref>), todos los casos se encontraban en la misma comunidad aut&#x00F3;noma. Tercero, todas las familias pertenec&#x00ED;an a un medio semiurbano y conviv&#x00ED;an en localidades menores de 100.000 habitantes pero mayores de 30.000. Cuarto, todas eran familias “intactas”, es decir, no hubo divorcios, separaciones o relaciones familiares especialmente conflictivas, ya que un elevado conflicto familiar puede llevar a reducir el deseo de mantener el cuidado informalmente en el hogar (Fern&#x00E1;ndez-Carro <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2016</xref>). Quinto, en ninguna de las configuraciones familiares hab&#x00ED;a un segundo familiar con dependencia severa, lo cual se relaciona con una mayor probabilidad de externalizaci&#x00F3;n de los cuidados, ya que supone una elevada carga de trabajo informal para los familiares (Spijker y Zueras <xref ref-type="bibr" rid="CIT39">2016</xref>). Sexto, ninguna de las familias ha sido gravemente afectada por la recesi&#x00F3;n econ&#x00F3;mica de 2007. Finalmente, se trata de familias donde no ha habido movilidad geogr&#x00E1;fica entre generaciones. Esto tambi&#x00E9;n es relevante porque una familia dispersa geogr&#x00E1;ficamente puede generar una mayor preferencia hacia la institucionalizaci&#x00F3;n o mercantilizaci&#x00F3;n del cuidado, como observ&#x00F3; Martinez-Buj&#x00E1;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2008</xref>), ya que en estas familias tambi&#x00E9;n aumenta el coste de oportunidad de cuidar al tener que desplazarse geogr&#x00E1;ficamente. </p>
		</sec>

		<sec id="S4.3">
			<title>Descripci&#x00F3;n de los casos</title>

			<p>El primer caso representa la configuraci&#x00F3;n familiar de clase alta. La persona dependiente es Juana, de 81 a&#x00F1;os, padece demencia senil y es viuda. Tiene dos hijos varones, Mateo y Lu&#x00ED;s, de 58 y 56 a&#x00F1;os respectivamente, y con los cuales me entrevisto (ver <xref ref-type="table" rid="T1">Tabla 1</xref>). Ambos est&#x00E1;n casados y tienen hijos. La persona dependiente vive en su propio hogar junto con dos mujeres extranjeras que se turnan para atenderla las 24 horas del d&#x00ED;a. Por lo tanto, ponen en pr&#x00E1;ctica la estrategia de <italic>mercantilizaci&#x00F3;n de los cuidados en el hogar</italic>. Las cuidadoras formales son suramericanas, madre e hija, tienen un salario de 1.000 € netos cada una y libran un d&#x00ED;a a la semana, el domingo. Cada domingo, Mateo y Luis se turnan para acudir al hogar de su madre mientras las empleadas descansan. Tanto la mujer de Mateo como la de Luis colaboran activamente en el trabajo <italic>instrumental</italic> de cuidados: hacen compras en el supermercado, preparan comidas, etc. Juana es beneficiaria de la ayuda econ&#x00F3;mica de la Ley de Dependencia, la cual usan para cubrir parte del salario de las mujeres contratadas. </p>

			<p>El segundo caso representa la configuraci&#x00F3;n familiar de clase media-alta. La persona dependiente es Pedro, de 82 a&#x00F1;os y padece de alzh&#x00E9;imer. Vive con su mujer Carmen, de 79 a&#x00F1;os, y con unas condiciones de salud favorables, por lo que es independiente para realizar actividades b&#x00E1;sicas de la vida diaria. Pedro y Carmen tienen dos hijos casados y uno viudo viviendo en la misma localidad, y un cuarto emigrado al extranjero. Me entrevisto con Carmen y con uno de los hijos y tengo conversaciones con las cuatro nietas y los dos nietos. Este es el caso m&#x00E1;s din&#x00E1;mico de los estudiados en cuanto a estrategias de cuidados. Justo antes del comienzo del trabajo de campo, Pedro estaba en su hogar, con Carmen como cuidadora principal y una mujer que acud&#x00ED;a dos horas al d&#x00ED;a para ayudar a Carmen en las tareas de cuidado f&#x00ED;sicamente m&#x00E1;s demandantes, como levantar o acostar a Pedro. Al comienzo del trabajo de campo la familia decide internar a Pedro por las ma&#x00F1;anas en un centro de d&#x00ED;a. El resto del d&#x00ED;a lo pasa en su hogar con su mujer. Sin embargo, dos meses despu&#x00E9;s pasa a estar veinticuatro horas internado en una residencia p&#x00FA;blica de mayores. Por lo tanto, se mueven desde la <italic>mercantilizaci&#x00F3;n</italic> combinada con <italic>cuidado familiar-informal</italic> hacia la <italic>institucionalizaci&#x00F3;n del cuidado</italic>. Carmen y sus cuatro hijos son los principales encargados del cuidado, en el que tambi&#x00E9;n colaboran dos de las mujeres y las cuatro nietas. Estas tienen edades comprendidas entre los dieciocho y los veintiocho a&#x00F1;os y son enfermera, profesora, carnicera y estudiante de enfermer&#x00ED;a respectivamente. </p>

			<p>El tercer caso representa la configuraci&#x00F3;n familiar de clase media-baja. La persona dependiente es Mar&#x00ED;a, de 60 a&#x00F1;os. Padece de una enfermedad degenerativa severa en estado avanzado desde hace seis a&#x00F1;os. Su marido, Manuel, tiene 64 a&#x00F1;os. Est&#x00E1;n casados y tienen dos hijos: Violeta, de 31 a&#x00F1;os, y Luis, de 35. Mar&#x00ED;a est&#x00E1; veinticuatro horas en su hogar donde vive con su marido Manuel y es cuidada por &#x00E9;l. En el hogar tambi&#x00E9;n viven su hija Violeta y, algunos meses del a&#x00F1;o, Marga, de 57 a&#x00F1;os y hermana de Mar&#x00ED;a. Me entrevisto con Manuel, Marga<xref ref-type="fn" rid="NOTE3">3</xref> y Violeta. Manuel y Mar&#x00ED;a viven de sus pensiones, a lo que suman la prestaci&#x00F3;n econ&#x00F3;mica de la Ley de Dependencia. Esta prestaci&#x00F3;n se destina a contratar a una mujer que ayuda con cuidados de tipo instrumental, como colaborar en la limpieza del hogar y en las compras de comida. Esta familia realiza cuidado informal en el hogar y externalizan —mercantilizan— una peque&#x00F1;a porci&#x00F3;n de cuidados de tipo instrumental. </p>

			<p>Finalmente, en el &#x00FA;ltimo caso, de clase baja, se realizan la totalidad de los cuidados en el hogar. La persona dependiente es I&#x00F1;aki, de 82 a&#x00F1;os, viudo y enfermo de alzh&#x00E9;imer. I&#x00F1;aki tuvo que mudarse hace dos a&#x00F1;os al hogar de su hija To&#x00F1;i, de 54 a&#x00F1;os, donde tambi&#x00E9;n viven el marido de To&#x00F1;i, Paco, de 61 a&#x00F1;os y prejubilado; Mar&#x00ED;a, hermana de To&#x00F1;i e hija de &#x00CD;&#x00F1;aki, y el hijo que tienen en com&#x00FA;n To&#x00F1;i y Paco, Antonio, de treinta a&#x00F1;os, que vive intermitentemente en el piso mientras busca empleo. En este caso se realizan cuidados informales en el hogar. To&#x00F1;i, sin ingresos y “cuidadora veinticuatro horas”, vive gracias a las pensiones de su padre, de su marido y a la ayuda de la Ley de Dependencia. </p>

			<p>Las estrategias familiares que se ponen en pr&#x00E1;ctica en los distintos casos son de car&#x00E1;cter din&#x00E1;mico, es decir: las familias van utilizando y ajustando sus recursos disponibles para atender a la persona dependiente en funci&#x00F3;n de la situaci&#x00F3;n. En los resultados que a continuaci&#x00F3;n se presentan se expone cada una de las estrategias por separado. Esto no quiere decir que en algunos casos no se haga uso de otras estrategias simult&#x00E1;nea o secuencialmente, como se explica en las descripciones de los casos. </p>
			
			
						<fig id="T1">
						<label>Tabla 1</label>
						<caption>
							<title>Informaci&#x00F3;n detallada de las personas entrevistadas en cada uno de los casos analizados</title>
							<p>*Nota: Todos los nombres son seud&#x00F3;nimos.</p>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T1.jpg"/>
					</fig>
						
						
		</sec>
		</sec>

		<sec id="S5">
			<title>CLASE SOCIAL Y ESTRATEGIAS FAMILIARES EN EL CUIDADO A MAYORES DEPENDIENTES</title>
	
		<sec id="S5.1">
			<title>La Institucionalizaci&#x00F3;n del cuidado</title>

			<p>La residencia de ancianos es un “desierto de soledad”<italic>, </italic>dec&#x00ED;a Norbert Elias en <italic>La soledad de los moribundos </italic>(1987)<italic>. </italic>As&#x00ED; es percibido por los familiares de los dependientes, sin distinci&#x00F3;n de clase. Desde las clases m&#x00E1;s altas a las m&#x00E1;s bajas, internar a un familiar enfermo en una residencia de mayores (<italic>institucionalizaci&#x00F3;n del cuidado</italic>) ser&#x00ED;a una pr&#x00E1;ctica connotada negativamente y acompa&#x00F1;ada, en la mayor&#x00ED;a de los casos, de cierta resistencia por parte del propio dependiente:</p>

						<disp-quote><p>Mateo: <italic>“Alguna tentaci&#x00F3;n tuve yo </italic>[de internarlo en una residencia]<italic>, pero llegamos al acuerdo de que era mejor que estuvieran en su casa. Adem&#x00E1;s mi padre, que siempre ha tenido m&#x00E1;s conciencia, as&#x00ED; lo quer&#x00ED;a.” </italic>(Caso 1, clase alta).</p></disp-quote>

			<p>En el segundo caso, de clase media-alta, el &#x00FA;nico que recurre a la institucionalizaci&#x00F3;n durante las veinticuatro horas, una vez el alzh&#x00E9;imer entra en un estado avanzado. En las entrevistas y observaciones realizadas en este caso se justifica la decisi&#x00F3;n de internar a la persona dependiente porque, seg&#x00FA;n consideran, se encuentran “en una situaci&#x00F3;n l&#x00ED;mite” por distintos motivos (Juan, clase media-alta). En primer lugar, Carmen siente que est&#x00E1; demasiado mayor tanto para cuidar de su marido en estado avanzado de alzh&#x00E9;imer, como para asumir la convivencia continuada en su propio hogar con cuidadoras contratadas ajenas a la familia. En segundo lugar, los hijos, todos varones y trabajando a jornada completa, se enfrentan a una decisi&#x00F3;n racional con base en un elevado coste de oportunidad. En tercer lugar, solo dos de las mujeres de &#x00E9;stos se encuentran en la misma localidad: una ya cuida de su propia madre dependiente; la otra trabaja a tiempo completo. Finalmente, en esta “situaci&#x00F3;n l&#x00ED;mite”, entre las nietas se plantea<xref ref-type="fn" rid="NOTE4">4</xref> la posibilidad de renunciar al empleo para cuidar a su abuelo. En ese momento salen a flote tensiones de g&#x00E9;nero que pivotan sobre la posible legitimidad de esta decisi&#x00F3;n, gener&#x00E1;ndose dos polos discursivos. Uno mayoritario de orientaci&#x00F3;n al empleo que, no sin tensiones, subordina las funciones reproductivas a las productivas, as&#x00ED; como lo comunitario a lo individual: el proyecto laboral ser&#x00ED;a lo primero. Otro minoritario donde se contin&#x00FA;a percibiendo el cuidado como el espacio “natural” de la mujer. Finalmente, la agudizaci&#x00F3;n de la enfermedad, combinada con la negaci&#x00F3;n de Carmen sobre la posibilidad de convivir con cuidadoras contratadas, sumado a un discurso leg&#x00ED;timo con base en el desarrollo personal y laboral, as&#x00ED; como la disposici&#x00F3;n de recursos suficientes para costear una residencia, terminan decantando la balanza a favor de la <italic>institucionalizaci&#x00F3;n del cuidado.</italic> </p>

			<p>Es interesante destacar en este punto la desigualdad de g&#x00E9;nero. Mientras que entre las nietas se generan tensiones y discusiones sobre qu&#x00E9; ser&#x00ED;a lo m&#x00E1;s leg&#x00ED;timo, en el caso de los hijos varones esa posible duda ni se plantea: para ellos solo hay un rol leg&#x00ED;timo, el de “ganadores del pan”. Finalmente, los nietos, durante las tensiones y discusiones sobre qu&#x00E9; estrategia de cuidados tomar, ellos desaparecen, tanto de los discursos como de las pr&#x00E1;cticas de cuidados.</p>

			<p>Una vez se ha tomado la decisi&#x00F3;n, aparecen las justificaciones sobre la institucionalizaci&#x00F3;n del cuidado. En estos discursos se disocia entre las <italic>cualidades t&#x00E9;cnicas </italic>y las <italic>cualidades afectivas </italic>de las residencias. En los momentos en los que la decisi&#x00F3;n familiar pasa por internar al dependiente en una instituci&#x00F3;n —p&#x00FA;blica o privada—, las justificaciones discursivas dejan aflorar los argumentos que ensalzan las cualidades t&#x00E9;cnicas de las residencias y sus recursos humanos: “Ah&#x00ED; hay enfermeras y trabajadores muy bien cualificados” (Carmen, clase media alta); y se eluden —en la medida de lo posible— las carencias afectivas que se asocian con las residencias. Supone, en cierto modo, un mecanismo de evasi&#x00F3;n de la culpa, dado que el uso de la residencia, una estrategia con cierta connotaci&#x00F3;n negativa, puede producir remordimiento en las familias. As&#x00ED;, la norma social se muestra interiorizada en forma de culpa. </p>

			<p>Significados diferentes, aunque no radicalmente opuestos, se atribuir&#x00ED;an, en los casos de clase media-baja y baja, a la institucionalizaci&#x00F3;n del dependiente en un centro. Aqu&#x00ED; la indeterminaci&#x00F3;n sobre esta estrategia de cuidados es constante. El discurso vuelve a oscilar entre la posible legitimidad y la posible sanci&#x00F3;n social asociada al hecho de internar a un mayor en una residencia. Por tanto, la pregunta ir&#x00ED;a en esa direcci&#x00F3;n: ¿Cu&#x00E1;ndo ser&#x00ED;a leg&#x00ED;timo, en posiciones sociales desaventajadas, ingresar en una residencia a un familiar mayor enfermo? Las disputas sobre la legitimidad de valerse de los servicios de una residencia son constantes y los l&#x00ED;mites fluct&#x00FA;an incesantemente: se culpa a otros familiares de lo que uno mismo reconoce hacer en otro momento, se afirma y se niega en diferentes momentos la virtud de la residencia:</p>

						<disp-quote><p>To&#x00F1;i: “<italic>Yo decid&#x00ED; cuidar a mis padres cuando estaban enfermos porque no era capaz de meterlos en una residencia. Si hubiera sido capaz, a mi padre y a mi madre era como abandonarlos. Cuando mi madre empez&#x00F3; con el alzh&#x00E9;imer, yo psicol&#x00F3;gicamente no era capaz de meterla en una residencia.</italic>”<italic> </italic>(Caso 4, clase baja).</p></disp-quote>

			<p>Pero lo dicho, m&#x00E1;s tarde, se contradice con lo hecho: </p>

						<disp-quote><p>To&#x00F1;i: “<italic>Met&#x00ED; a mi padre despu&#x00E9;s en una residencia. Lo decid&#x00ED; m&#x00E1;s que nada por mi salud. Necesitaba ese tiempo para m&#x00ED; y en esas circunstancias es que no pod&#x00ED;a atender ni a mi marido ni a mi padre. Ese fue el motivo por el que lo ingres&#x00E9; en la residencia.</italic>” (Caso 4, clase baja).</p></disp-quote>

			<p>Los marcos mentales a los cuales se asocia la residencia son t&#x00E9;rminos como “abandono<italic>” </italic>del dependiente o<italic> “</italic>desidia<italic>” </italic>familiar. Por tanto,<italic> </italic>si se optara por dicha estrategia, como en el caso anterior, la justificaci&#x00F3;n de la pr&#x00E1;ctica concreta ser&#x00ED;a inminente y reiterativa. En los casos de clases m&#x00E1;s bajas analizados, solo una cosa podr&#x00ED;a justificar esta acci&#x00F3;n: la enfermedad. Ya sea esta sufrida en la piel del cuidador, que legitimar&#x00ED;a el internamiento del dependiente a su cargo as&#x00ED; como el cuidado de s&#x00ED; mismo; ya sea sufrida en la piel del dependiente, que de nuevo justificar&#x00ED;a su internamiento. Si el motivo que justifica el internamiento fuese el agravamiento del estado de salud de la persona mayor dependiente, en este caso se exaltar&#x00ED;an los discursos asociados con las incapacidades t&#x00E9;cnicas del hogar para prestar cuidados a enfermedades graves, ocultando o desplazando a un segundo nivel las virtudes afectivas del cuidado en el hogar. </p>

			<p>Para cerrar este ep&#x00ED;grafe observemos el caso de una mujer de clase desaventajada y sus esquemas de legitimidad frente a la residencia. Es el caso de Mar&#x00ED;a. En su narrativa adopta una posici&#x00F3;n discursiva de <italic>buena hija,</italic> que jam&#x00E1;s abandonar&#x00ED;a a una madre (o padre) para internarlos en una residencia. Atiende al espacio sem&#x00E1;ntico del amor y el afecto de una madre a una hija, que debe ser devuelto en forma de un <italic>contra don</italic>; “t&#x00FA; me cuidaste cuando yo era peque&#x00F1;a y dependiente; ahora que t&#x00FA; eres mayor y dependiente, yo te cuidar&#x00E9;”. Como dir&#x00ED;a Mauss (<xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1979</xref>), lo que obliga a cuidar es el hecho de que el cuidado obliga: si se fue cuidado en la infancia, se siente la obligaci&#x00F3;n de devolver esa donaci&#x00F3;n en la vejez. Este es un esquema cognitivo incorporado en las mujeres adultas de clases medias y bajas analizadas, es un <italic>esquema leg&#x00ED;timo del cuidado basado en el don-contra don</italic>. </p>
		</sec>


		<sec id="S5.2">
			<title>La mercantilizaci&#x00F3;n del cuidado en el hogar</title>

			<p> A continuaci&#x00F3;n se analiza la estrategia denominada <italic>mercantilizaci&#x00F3;n del cuidado en el hogar</italic>. Sennet y Cobb (<xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1973</xref>) consideraban que las personas que se ubican en posiciones dominantes de la estructura social exhiben sus credenciales simb&#x00F3;licas (nivel educacional, por ejemplo) o materiales (patrimonio, por ejemplo) como respuesta y correlaci&#x00F3;n de pr&#x00E1;cticas sociales como, en este caso, la elecci&#x00F3;n de una estrategia de cuidado u otra. Luis (clase alta), enlazaba as&#x00ED; sus recursos materiales con la estrategia de cuidados elegida: “Por suerte tengo patrimonio suficiente para contratar a dos mujeres”. As&#x00ED;, la autoasignaci&#x00F3;n de mayor val&#x00ED;a social les hace merecedores de un reconocimiento que justifique la desvinculaci&#x00F3;n del trabajo dom&#x00E9;stico o de cuidados; trabajo delegado en otros y, sobre todo, en otras. </p>

						<disp-quote><p>Luis: “<italic>Hemos tenido mucha suerte en las mujeres que atienden a mis padres traspasando lo puramente laboral y pasando a un nivel familiar </italic>(…).<italic> Mi experiencia con ellas ha sido excelente. Son suramericanas, suelo hablar con ellas –voy todos los d&#x00ED;as– y tienen las cosas muy claras. Para m&#x00ED; es la mejor opci&#x00F3;n… se lo suelo decir a todo el mundo.</italic>” (Caso 1, clase alta).</p></disp-quote>

			<p>A pesar de la dominaci&#x00F3;n propia de la relaci&#x00F3;n empleador-empleada, el tiempo y la buena relaci&#x00F3;n entre ambos motiva esa combinaci&#x00F3;n de t&#x00E9;rminos laborales y personales. El control continuado ser&#x00ED;a la vigilancia sobre la buena <italic>praxis </italic>ejercida por la cuidadora contratada sobre la persona mayor dependiente, tambi&#x00E9;n como mecanismo para evitar posibles conflictos con la cuidadora. Si una situaci&#x00F3;n de conflicto sucediera, supondr&#x00ED;a una carga de trabajo extra para los responsables del cuidado de la persona mayor; carga que habr&#x00ED;a que intentar soslayar en todo momento. </p>

			<p>Por lo tanto, este caso concreto, representativo de una tipolog&#x00ED;a de cuidados muy extendida —sobre todo previamente a la crisis econ&#x00F3;mica— entre familias con elevados niveles educativos (Rogero <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">2009</xref>), se sustenta sobre la interrelaci&#x00F3;n constante de tres actores en juego: la persona mayor dependiente, su familia y la o las cuidadoras contratadas. Las afecciones asociadas a las enfermedades severas reconfiguran la capacidad de la persona mayor de interactuar en el entramado de relaciones entre los tres agentes. La relaci&#x00F3;n entre empleador y empleada se encuentra sustentada sobre la base de la dominaci&#x00F3;n de empleador a empleada y la l&#x00F3;gica de la interdependencia entre ambos. </p>

			<p>En dicha dominaci&#x00F3;n de empleador a empleada no es balad&#x00ED; que las personas contratadas para realizar el cuidado sean mujeres y extranjeras. Cabe resaltar que el trabajo de cuidados representa una de las actividades sociales donde la desigualdad de g&#x00E9;nero es mayor (Folbre <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2007</xref>; Dur&#x00E1;n <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2000</xref>; Mart&#x00ED;n-Palomo <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2013</xref>). Asimismo, Rollins (<xref ref-type="bibr" rid="CIT36">1985</xref>), para el caso de Estados Unidos, observ&#x00F3; que las clases altas, a la hora de externalizar el cuidado, tienen preferencia por las mujeres extranjeras ya que &#x00E9;stas son percibidas como m&#x00E1;s d&#x00F3;ciles, por tener interiorizado el ejercicio de la sumisi&#x00F3;n. Mart&#x00ED;nez Buj&#x00E1;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2008</xref>) encontr&#x00F3; similares din&#x00E1;micas para el caso espa&#x00F1;ol. </p>

			<p>El caso de clase alta analizado es el &#x00FA;nico que pone en pr&#x00E1;ctica esta opci&#x00F3;n de cuidados. En los discursos analizados en esta configuraci&#x00F3;n familiar los mecanismos de atribuci&#x00F3;n de valor social var&#x00ED;an respecto a casos de posiciones sociales m&#x00E1;s bajas. Aqu&#x00ED; no se atribuye el valor social al <italic>buen</italic> <italic>hijo</italic> en t&#x00E9;rminos de duros trabajos f&#x00ED;sicos de sometimiento a las labores de cuidados, sino en t&#x00E9;rminos intelectuales, de conocimiento y preocupaci&#x00F3;n sobre el proceso de atenci&#x00F3;n. En el caso de la clase alta no se deslegitimar&#x00ED;a al que elude el cuidado por razones laborales u otras, sino al que no visita, al que no conoce de primera mano y puntualmente la situaci&#x00F3;n y afecci&#x00F3;n de la persona dependiente: </p>

						<disp-quote><p>Mateo: “<italic>S&#x00E9; de uno </italic>[habla de un amigo] <italic>que, si le preguntaba por su madre, que la tuvo en la residencia, &#x00E9;l no sab&#x00ED;a c&#x00F3;mo se encontraba, si estaba mejor o si estaba peor </italic>(…)” (Caso 1, clase alta). </p></disp-quote>

			<p>Como vemos en el <italic>verb&#x00E1;tim</italic> previo, como en todos los grupos sociales, las pr&#x00E1;cticas de cuidado son juzgadas por el grupo de pares. Aqu&#x00ED; el discurso proyecta una imagen de s&#x00ED; mismo vinculada a la de “buen hijo”<italic>, </italic>a trav&#x00E9;s de la oposici&#x00F3;n a lo que se considerar&#x00ED;a un “mal hijo”: aquel que no solo no cuida, sino que tampoco visita a la persona dependiente, ni controla a los detentadores del cuidado (enfermeras y auxiliares de la residencia, mujeres contratadas, etc.), ni conoce ni se informa de las cuestiones te&#x00F3;ricas y pr&#x00E1;cticas asociadas a la enfermedad. Para Mateo, miembro de la configuraci&#x00F3;n familiar m&#x00E1;s aventajada socioecon&#x00F3;micamente, el “buen hijo” es riguroso e informado. Por lo tanto, &#x00E9;l se autodisciplina para realizar visitas cotidianas y saber cada d&#x00ED;a y de primera mano la situaci&#x00F3;n de su madre enferma, as&#x00ED; como para controlar a las mujeres que tiene contratadas y sobre las que recae la carga del trabajo: “Me lo propuse como una actividad en mi calendario y tengo que cumplirlo”<italic>, </italic>me dec&#x00ED;a.</p>

			<p>Esta opci&#x00F3;n de cuidados, la mercantilizaci&#x00F3;n en el hogar, debido a su elevado coste, es una opci&#x00F3;n dif&#x00ED;cilmente viable para el caso de clase baja. Como se observ&#x00F3; en la descripci&#x00F3;n de los casos, en este hogar los recursos econ&#x00F3;micos son demasiado bajos para afrontar esta posibilidad. A las constricciones econ&#x00F3;micas hay que sumar las constricciones simb&#x00F3;licas: </p>

						<disp-quote><p>To&#x00F1;i: “<italic>A m&#x00ED; no me gusta. Tienes que tener mucha suerte para que tengas a una persona y trabaje como yo considero que tiene que trabajar. De diez, ocho no est&#x00E1;n contentas. Son &#x00E1;rabes, suramericanas… y yo no s&#x00E9; si ellas saben lo que es el alzh&#x00E9;imer. No es para m&#x00ED; una opci&#x00F3;n v&#x00E1;lida. Est&#x00E1;s metiendo a alguien extra&#x00F1;o en tu casa. Me da miedo (…). Imag&#x00ED;nate en la casa… que cuando estas delante, bien, pero ¿y cuando no estas delante? Adem&#x00E1;s, todos perdemos los nervios. Es a ti y te agotan la paciencia, imag&#x00ED;nate a alguien que no les duele. Yo respeto a quien lo decida, pero para m&#x00ED; no es una opci&#x00F3;n.</italic>” (Caso 4, clase baja).</p></disp-quote>

			<p>To&#x00F1;i justifica la no elecci&#x00F3;n de esta opci&#x00F3;n a trav&#x00E9;s de la deslegitimaci&#x00F3;n de las cuidadoras externas. Las mismas mujeres que en el caso de clase alta son alabadas por su buen hacer, aqu&#x00ED; siembran el miedo y la desconfianza.</p>

			<p>Mientras que las dos posiciones m&#x00E1;s extremas —caso de clase alta y caso de clase baja— legitiman el uso o no uso de la misma opci&#x00F3;n de cuidados de forma enfrentada, en los casos de clases medias no se encuentra tal disputa por la legitimidad de su uso y se elige esta opci&#x00F3;n tan solo como <italic>refuerzo de cuidados</italic>. Este refuerzo puede venir en varias formas: como ayuda extra a los cuidados realizados en el hogar —para apoyar con las tareas dom&#x00E9;sticas, la compra, cocinar, etc.—, en combinaci&#x00F3;n con otras opciones de cuidado —centros de d&#x00ED;a, por ejemplo— o en momentos que se requieren cuidados de tipo puntual que exceden o cargan f&#x00ED;sicamente de manera excesiva a cuidadores principales —levantar al dependiente de la cama, acostarlo, etc.—.</p>
		</sec>

		<sec id="S5.3">
			<title>El cuidado informal en la familia</title>

			<p>¿Por qu&#x00E9; en unos casos se mantiene el cuidado en el hogar mientras en otros se mercantiliza o institucionaliza? A continuaci&#x00F3;n podemos observar los motivos que evitaron mantener el cuidado informalmente en el hogar en el caso de clase alta analizada: </p>

						<disp-quote><p>Luis: “<italic>No hemos querido </italic>[cuidar informalmente a su madre]<italic>. Y no hemos querido t&#x00E1;citamente. Mi hermano y yo (…) no nos hemos querido comprometer con el rigor de todos los d&#x00ED;as del a&#x00F1;o a la misma hora… para acostarla, para todo… Digo t&#x00E1;citamente porque esto no lo hemos hablado. (…) Pues si no hubi&#x00E9;ramos tenido un buen patrimonio, pues no hubiera sido as&#x00ED;, pues no lo s&#x00E9;, no s&#x00E9; c&#x00F3;mo hubiera sido… ¿Dos mujeres? </italic>[refiri&#x00E9;ndose a las dos mujeres que tienen contratadas]<italic> Pues probablemente no. Que nosotros no tengamos esas responsabilidades, todos los d&#x00ED;as, a la misma hora estar para levantarla y para acostarla y cuidarla… Pues a lo mejor nos hubi&#x00E9;ramos visto obligados a hacerlo, claro est&#x00E1;.</italic>”<italic> </italic>(Caso 1, clase alta). </p></disp-quote>

			<p>La intersecci&#x00F3;n de la clase social con el g&#x00E9;nero —en el caso 1, como en el caso 2, los hijos son varones y de posici&#x00F3;n social media-alta—, sumado a la preferencia de la persona dependiente de quedarse en su hogar, terminan condicionando la decantaci&#x00F3;n hacia la mercantilizaci&#x00F3;n de los cuidados. Los hombres de clase alta juegan con una ventaja comparativa a la hora de tomar decisiones sobre qu&#x00E9; opciones tomar. Se tienen recursos suficientes para contratar a dos mujeres externas a la familia a jornada completa; ni tan siquiera se plantea la posible opci&#x00F3;n por parte de los hijos de renunciar a sus empleos para dedicarse al cuidado: el coste de oportunidad es demasiado alto. Asimismo, la construcci&#x00F3;n social del g&#x00E9;nero sustenta dicha elecci&#x00F3;n y reduce posibles remordimientos y culpas que, en cualquier caso, apenas existen pues sus “padres as&#x00ED; lo quer&#x00ED;an” (Mateo, clase alta). </p>

			<p>Por contra, en los casos de clases bajas los motivos que llevan a privarse de una vida en la esfera p&#x00FA;blica, aut&#x00F3;noma social y econ&#x00F3;micamente, o a prescindir del sentido del disfrute, de las relaciones sociales o del trabajo remunerado en el mercado, viene impuesto por una escasez de recursos que lleva a las mujeres de clases populares analizadas a una vida entregada al cuidado. El escaso volumen de capitales y la posici&#x00F3;n desfavorecida que ocupan en la estructura social, incorporan en los <italic>habitus</italic> de clase una forma de percibir otras opciones que no sean el cuidado informal en el hogar, no solo como algo materialmente inalcanzable, sino como una pr&#x00E1;ctica que desvaloriza, que se opone a lo leg&#x00ED;tima y socialmente aceptado por los grupos sociales en parecidas o similares posiciones sociales: “Las pr&#x00E1;cticas de todos los agentes de una misma clase, deben la afinidad de estilo” (Bourdieu <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2012</xref>: 203). </p>

			<p>En los dos casos estudiados que representan posiciones sociales m&#x00E1;s desfavorecidas el cuidado se mantiene informalmente en el hogar. En estos casos, una de las cuestiones m&#x00E1;s repetidas en torno a la significaci&#x00F3;n de los cuidados es la dureza y la intensidad que suponen este tipo de trabajos. La atenci&#x00F3;n de un dependiente severo en el hogar implica una servidumbre constante, es decir, pesa sobre el cuidador principal sin descanso, d&#x00ED;a y noche, sin interrupci&#x00F3;n ni tregua; no existe una definici&#x00F3;n del tiempo, la vida pasa a ser una jornada laboral continua, perpetua e inevitable:</p>

						<disp-quote><p>Manuel: “<italic>Soy el que est&#x00E1; diariamente con ella los 365 d&#x00ED;as del a&#x00F1;o. No me separo de ella nunca</italic>” (Caso 3, clase media-baja). </p>

						<p>Marga: “<italic>Me iba a entrar depresi&#x00F3;n ¿sabes? Y es muy duro, es muy duro. Esto… no hay dinero para pagarlo</italic>” (Caso 3, clase media-baja).</p>

						<p>Antonio: <italic>“Esto es todo el d&#x00ED;a, todo el d&#x00ED;a, las veinticuatro horas</italic>” (Caso 4, clase baja).</p>

						<p>To&#x00F1;i: “<italic>El cuidado del enfermo de alzh&#x00E9;imer es de veinticuatro horas al d&#x00ED;a y no tienes ni tiempo para peinarte muchos d&#x00ED;as</italic>” (Caso 4, clase baja).</p></disp-quote>

			<p>En estos casos, el cuidador dejar&#x00ED;a todo, incluso a s&#x00ED; mismo, para dedicarse “en cuerpo y alma” a la persona dependiente. Debido al hecho de que el tiempo es un juego de suma cero —si se dedica mucho tiempo al cuidado se debe eliminar tiempo de otras esferas de la vida, como el empleo o el ocio— y el cuidado a la dependencia severa requiere de atenci&#x00F3;n continuada y permanente, ninguno de los cuidadores principales, en los casos de clase baja y media-baja analizados, tienen un empleo remunerado. Compaginar los cuidados de larga duraci&#x00F3;n y el empleo ser&#x00ED;a temporalmente inviable. El cuidado a este tipo de dependencia implica actividades f&#x00ED;sica y emocionalmente demandantes, e inflexibles, que explican la dificultad de compaginar con un empleo. Esta situaci&#x00F3;n conlleva diversas consecuencias adversas para estas configuraciones familiares. </p>

			<p>La primera de las consecuencias es la disminuci&#x00F3;n —o la imposibilidad de aumento— de capital econ&#x00F3;mico, debido a las dificultades de acceso al mercado de trabajo remunerado. Sus condiciones materiales de existencia quedan delegadas y a expensas de un Estado benefactor. El agravamiento progresivo de la enfermedad y la consecuente discapacidad va acompa&#x00F1;&#x00E1;ndose de una disminuci&#x00F3;n, igualmente progresiva, de las relaciones sociales extrafamiliares de los cuidadores, esto es, de su capital social. Los cuidadores de los casos de clase media-baja y baja pr&#x00E1;cticamente han perdido su red social y, por lo tanto, el capital que esta les puede proporcionar. Tan solo mantienen unas cuantas amistades con otras personas que se encuentran en la misma situaci&#x00F3;n, es decir, que son cuidadores:</p>

						<disp-quote><p>Manuel: “<italic>Aqu&#x00ED; los amigos ven&#x00ED;an cuando hab&#x00ED;a </italic>lirili<italic>… ahora que no hay </italic>lirili<italic> no vienen ni de visita…</italic>” (Caso 3, clase media-baja).</p></disp-quote>

			<p>La adaptaci&#x00F3;n a la vida de cuidador principal de una persona mayor dependiente constituye un mecanismo de asimilaci&#x00F3;n subjetiva a unas condiciones objetivas de vida que imponen <italic>el sufrimiento</italic> como la l&#x00F3;gica que estructura su comportamiento. A veces, readaptarse o encontrar el sentido a esta especie de “vida carcelaria”<xref ref-type="fn" rid="NOTE5">5</xref> puede acarrear una b&#x00FA;squeda que dure toda una vida —la del dependiente—. La esperanza de la vuelta a la esfera p&#x00FA;bica o al trabajo remunerado pasa por dos opciones amargas: el internamiento en un centro del dependiente —que es econ&#x00F3;micamente inviable— o el fallecimiento del mismo —cuesti&#x00F3;n que, con solo pensarla, abre la puerta a todo un mundo de nuevos significados, incertidumbres, pesadumbres y sinsentidos—: </p>

						<disp-quote><p>Manuel: “<italic>Pues al final tuve que pensar y resetearme y decir, bueno, aqu&#x00ED; esto es un problema que lo tengo que asumir yo que soy su marido y la ayuda que nos pueda dar el resto de la familia, la mucha o la poca. Y tuve que decir, bueno, si yo me vengo abajo, ¿qui&#x00E9;n va a cuidar de mi mujer? Que hay una cosa que yo siempre tengo encima de m&#x00ED; que es que yo no me ponga enfermo, es que, si yo me pongo enfermo, mi casa se hunde</italic>” (Caso 3, clase media-baja). </p></disp-quote>
		</sec>

		<sec id="S5.4">
			<title>Variaciones en consecuencias y reconocimientos simb&#x00F3;licos seg&#x00FA;n clase y g&#x00E9;nero</title>

			<p>En la intensidad y dureza del trabajo que supone cuidar nos encontramos con una de las situaciones —y sus consecuencias— en que la clase social opera de manera m&#x00E1;s intensa. Mientras las personas pertenecientes a clases bajas soportan un hacinamiento continuo, con los efectos que dicha situaci&#x00F3;n conlleva, el caso contrario lo ocupan las familias m&#x00E1;s acomodadas. En estas configuraciones familiares de clase alta los t&#x00E9;rminos <italic>dureza, intensidad o servidumbre </italic>son sustituidos por <italic>control, supervisi&#x00F3;n, visitas o autodisciplina </italic>—“atractores centrales”, usando la terminolog&#x00ED;a metodol&#x00F3;gica de Conde (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2009</xref>)—. Las cargas de trabajo que supone el cuidado de dependencias severas —que ser&#x00ED;a el <italic>hilo discursivo</italic>— es comprado en el mercado, ya sea mediante el internamiento de la persona mayor en residencias —normalmente privadas— o contratando a cuidadores —normalmente cuidadoras y extranjeras—. </p>

			<p>La dependencia severa de un mayor tiene consecuencias dispares sobre la riqueza y capitales de las configuraciones familiares analizadas. Una vez que uno de los miembros de la familia cae enfermo, la posici&#x00F3;n social de partida es determinante para atenuar o multiplicar las consecuencias socioecon&#x00F3;micas sobre la configuraci&#x00F3;n familiar. En los casos de clase media-alta y alta, al ser la mayor parte del cuidado delegado a otros miembros externos a la familia, el tiempo disponible y, en efecto, los capitales, se ven afectados en menor grado. Lo contrario ocurre en los casos de clase media-baja y baja. En estos &#x00FA;ltimos, al tener menos recursos de partida y enfrentar dificultades materiales y constricciones culturales para delegar el cuidado, el efecto sobre su riqueza es, sin embargo, mayor. Es decir, se produce una “acumulaci&#x00F3;n de (des)ventaja” (DiPrete y Eirich <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2006</xref>) o un “efecto Mateo” (Merton <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1968</xref>). Aunque en los casos de posiciones m&#x00E1;s aventajadas se destinan entre 1.000 y 2.500 € mensuales al cuidado, la riqueza familiar contin&#x00FA;a manteni&#x00E9;ndose o aumentando, dado que ninguno de los miembros de estas configuraciones familiares sale del mercado de trabajo. Sin embargo, en los casos de posiciones desaventajadas se interrumpe la carrera laboral, y el capital social y el escaso patrimonio de partida comienzan a reducirse. </p>

			<p>Finalmente, las consecuencias de cuidar tambi&#x00E9;n var&#x00ED;an en funci&#x00F3;n del g&#x00E9;nero. Los hombres de posiciones socioecon&#x00F3;micas elevadas realizan principalmente tareas de cuidado de tipo instrumental (gesti&#x00F3;n, organizaci&#x00F3;n…). As&#x00ED;, como acabamos de ver, el tener una posici&#x00F3;n de partida de cierto privilegio les lleva a atenuar consecuencias socioecon&#x00F3;micas de mayor grado. En los dos casos de estudio en posiciones sociales desventajadas, que realizan principalmente cuidados informales en el hogar, un cuidador principal es hombre y otra mujer. Sin embargo, mientras que en el caso de Manuel su entorno le atribuye cierto <italic>capital simb&#x00F3;lico</italic> por el hecho de cuidar —estar&#x00ED;a <italic>sacrificando</italic> la venta de su fuerza de trabajo al mercado laboral por realizar el cuidado en el hogar—, To&#x00F1;i no adquiere esa recompensa simb&#x00F3;lica por realizar la misma acci&#x00F3;n: ella “no estar&#x00ED;a sacrificando nada”, sino que estar&#x00ED;a ocupando “su” lugar en el espacio social, un lugar subordinado. </p>

			<p>Esta situaci&#x00F3;n lleva a las mujeres de clases populares analizadas —doblemente desaventajadas— a alejarse de otros grupos sociales que no las “entender&#x00ED;an”, repleg&#x00E1;ndose sobre s&#x00ED; mismas, su hogar y sus iguales —esto es, mujeres de clases populares y cuidadoras de mayores dependientes—. El objetivo de este repliegue sobre s&#x00ED; mismas ser&#x00ED;a la b&#x00FA;squeda de espacios donde a su labor cotidiana se le atribuya valor y reconocimiento, la b&#x00FA;squeda de pares que se identifiquen en su situaci&#x00F3;n y, por ende, est&#x00E9;n dotadas de los esquemas cognitivos necesarios para poder reconocer lo “duro que es el cuidado de un familiar enfermo” y que no “le sigan la raz&#x00F3;n como a los locos” (To&#x00F1;i, Caso 4, clase baja), como har&#x00ED;an los que nunca han tenido que cuidar directamente y por mucho tiempo de un familiar dependiente severo.</p>
		</sec>
		</sec>

		<sec id="S6">
			<title>DISCUSI&#x00D3;N</title>

			<p>El impulso que lleva a cuidar, como consideraron investigaciones previas para el caso de Espa&#x00F1;a (Tob&#x00ED;o <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">2013</xref>; Legarreta <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2008</xref>), se basa en una reciprocidad sobre la que se articulan los cuidados: una devoluci&#x00F3;n basada en una l&#x00F3;gica de <italic>don-contra don</italic>. Sin embargo, este trabajo concluye que, aunque en todos los casos analizados los cuidadores recibieron cuidados —instrumentales y emocionales— en el pasado por parte de los que hoy son dependientes, la forma de devoluci&#x00F3;n de dichos cuidados var&#x00ED;a seg&#x00FA;n la posici&#x00F3;n social. Mientras que en las clases bajas el <italic>contra don</italic> se mueve sobre el eje de la entrega, el sacrificio o el tiempo, en las altas se mueve sobre el eje de la gesti&#x00F3;n, el control o el dinero. Asimismo, posiciones sociales intermedias constituyen formas de devoluci&#x00F3;n mixtas, estrategias h&#x00ED;bridas y <italic>contra dones</italic> que utilizan recursos tanto temporales como econ&#x00F3;micos, dependiendo de c&#x00F3;mo se combinen la gravedad de la enfermedad del dependiente, los recursos disponibles y las preferencias de cuidados. </p>

			<p>En la misma l&#x00ED;nea, este trabajo encuentra similares resultados que Castell&#x00F3; (<xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2011</xref>) en el sentido de que las clases m&#x00E1;s altas ejercen resistencia a la devoluci&#x00F3;n del cuidado en forma de institucionalizaci&#x00F3;n. No obstante, a diferencia de dicha autora, en esta investigaci&#x00F3;n encontramos que la resistencia a la institucionalizaci&#x00F3;n atraviesa por igual a las distintas clases sociales. Asimismo, hallamos que las clases altas no solo ejercen resistencia a la institucionalizaci&#x00F3;n, sino tambi&#x00E9;n al cuidado en el hogar. Es relevante observar, en este juego de resistencias, c&#x00F3;mo la parte emocional del cuidado es la que encuentra mayores dificultades en su delegaci&#x00F3;n —a una instituci&#x00F3;n o a una cuidadora formal—, como concluy&#x00F3; Martinez-Buj&#x00E1;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2008</xref>). Sin embargo, en el eje de clase encontramos un gradiente: mientras que en el caso de clase alta se delega a personas ajenas a la familia tanto el cuidado m&#x00E1;s instrumental como el m&#x00E1;s emocional, conforme se desciende en las posiciones la resistencia a delegar el trabajo emocional coge m&#x00E1;s fuerza. En el otro extremo, el caso de clase m&#x00E1;s baja, la delegaci&#x00F3;n del cuidado a personas ajenas a la familia, tanto en su nivel emocional como instrumental, es rechazada, bajo la justificaci&#x00F3;n de la desconfianza a personas ajenas a la familia. La delegaci&#x00F3;n emocional del cuidado est&#x00E1;, por tanto, estratificada socialmente. </p>

			<p>Por su parte, Mor&#x00E9; (<xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2015</xref>) considera que las mujeres contratadas para realizar el cuidado terminan considerando a las personas dependientes que cuidan como “su propia gente”. En esta investigaci&#x00F3;n encontramos resultados parecidos, pero desde la perspectiva de los que contratan. En el caso de clase alta, &#x00E9;stos terminan considerando a las personas contratadas como “su gente”. Asimismo, Mor&#x00E9; (<xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2015</xref>), desde el an&#x00E1;lisis de las personas que contratan, considera que &#x00E9;stas exaltan la parte emocional de los cuidados sobre la instrumental. En esta investigaci&#x00F3;n se observa c&#x00F3;mo las mujeres contratadas son valoradas por las personas que contratan tanto por su capacidad emocional como t&#x00E9;cnica, si bien se exalta con mayor intensidad la segunda. En este sentido, obtenemos resultados similares a los de Mart&#x00ED;nez-Buj&#x00E1;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2008</xref>), pero desde el lado de la demanda. As&#x00ED;, la relaci&#x00F3;n emocional entre cuidadora contratada y familiar contratante ser&#x00ED;a una relaci&#x00F3;n de cari&#x00F1;o “ficticia” por estar basada en una relaci&#x00F3;n salarial. Sin embargo, con el paso del tiempo comienzan a establecerse v&#x00ED;nculos de tipo emocional, sobrepasando lo laboral. No obstante, esta relaci&#x00F3;n estar&#x00ED;a basada en una interdependencia mutua, con intereses coordinados sobre el mantenimiento de dicha relaci&#x00F3;n. </p>

			<p>Respecto a la Ley de Dependencia, como se observ&#x00F3; en la descripci&#x00F3;n de los casos, los recursos estatales son utilizados por las familias m&#x00E1;s como un <italic>a&#x00F1;adido </italic>a las estrategias previas que como una modificaci&#x00F3;n de las mismas. Estos recursos otorgan mayor flexibilidad y complejidad a las estrategias familiares en el cuidado a mayores, como tambi&#x00E9;n consider&#x00F3; Tob&#x00ED;o (<xref ref-type="bibr" rid="CIT41">2013</xref>). No obstante, se observa c&#x00F3;mo las familias aqu&#x00ED; analizadas, ante las posibles opciones que da la ley, optan todas por la <italic>prestaci&#x00F3;n econ&#x00F3;mica</italic>. En todos los casos, el dinero de la prestaci&#x00F3;n termina siendo un ingreso extra de las mujeres que ya realizaban el cuidado antes de la implantaci&#x00F3;n de la ley en 2007, ya sean &#x00E9;stas contratadas o familiares. As&#x00ED;, como ya advirtieron investigaciones previas (Serrano, Artiaga y D&#x00E1;vila <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">2013</xref>; Rodr&#x00ED;guez-Cabrero <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2011</xref>), la Ley de Dependencia reproduce el marcado car&#x00E1;cter <italic>familista</italic> del Estado del Bienestar espa&#x00F1;ol, as&#x00ED; como la desigualdad de g&#x00E9;nero.</p>
		</sec>

		<sec id="S7">
			<title>CONCLUSI&#x00D3;N</title>

			<p>Este trabajo se centra en el an&#x00E1;lisis de los condicionantes que llevan a elegir una estrategia u otra, las tensiones y juegos de legitimidades que se manejan en cada una de las clases sociales y estrategias familiares y sus consecuencias para los cuidadores principales y familiares. Para ello se ha llevado a cabo una investigaci&#x00F3;n etnogr&#x00E1;fica en hogares, realizando entrevistas cruzadas y observaciones. </p>

			<p>De los an&#x00E1;lisis realizados se concluye que las elecciones que toman las familias en torno a la adopci&#x00F3;n de una estrategia u otra de cuidado es el resultado tanto de los recursos materiales y temporales de los que disponen las familias, como de la dimensi&#x00F3;n valorativa que se le atribuye a cada estrategia concreta en cada grupo social (por ejemplo, mientras que los individuos de clases altas entienden como razonable mercantilizar el cuidado, esta misma opci&#x00F3;n se observa con resistencia en las posiciones sociales desaventajadas). Asimismo, tambi&#x00E9;n son resultado de las condiciones de producci&#x00F3;n de los <italic>habitus </italic>de clase (Bourdieu <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2007</xref>; Castell&#x00F3; <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2011</xref>) y de las negociaciones en torno a la estrategia de cuidado ejercidas por los diferentes miembros de las configuraciones familiares.</p>

			<p>Los t&#x00E9;rminos sobre los que se categorizan los cuidados, as&#x00ED; como las dimensiones de atribuci&#x00F3;n de valor social, var&#x00ED;an entre clases y entre g&#x00E9;neros. La sumisi&#x00F3;n a la necesidad, las condiciones materiales y los juicios producidos por sus iguales inclina a las mujeres de clases populares hacia el rechazo de la compra de cuidados en el mercado, asumiendo un duro trabajo. Esta pr&#x00E1;ctica no es una elecci&#x00F3;n tomada sobre la base de la libertad de acci&#x00F3;n, sino que est&#x00E1; constre&#x00F1;ida por la estructura social; en efecto, es una elecci&#x00F3;n mediada. En posiciones desaventajadas, los limites sobre la capacidad de acci&#x00F3;n que imponen las condiciones materiales de existencia terminan provocando el rechazo, bajo una percepci&#x00F3;n negativa, de otras estrategias de cuidado que no sean la de cuidar informalmente en el hogar, terminando por considerar esta &#x00FA;ltima como el “buen cuidado”. Asimismo, para las clases altas, el<italic> trabajo</italic> cotidiano de cuidados es relevado por la <italic>gesti&#x00F3;n</italic> del cuidado: estar al corriente de lo que ocurre, controlar a las personas contratadas o informarse sobre la enfermedad y su proceso. En estas posiciones sociales el “buen cuidado” se relaciona con la mercantilizaci&#x00F3;n del mismo, manteni&#x00E9;ndolo en el hogar, pero bajo la contrataci&#x00F3;n de cuidadoras remuneradas. Las oportunidades y constricciones materiales y las simb&#x00F3;licas terminan retroaliment&#x00E1;ndose entre s&#x00ED; y, en &#x00FA;ltima instancia, colocan la dependencia como otro mecanismo clave en la acumulaci&#x00F3;n de (des)ventaja social, econ&#x00F3;mica y simb&#x00F3;lica. </p>

			<p>El impulso que lleva a cuidar a la persona dependiente se justifica con base en una devoluci&#x00F3;n de un don recibido por parte de los cuidadores previamente. Sin embargo, las formas de devoluci&#x00F3;n se caracterizan por ser principalmente materiales (dinero) en las posiciones sociales m&#x00E1;s elevadas y mayormente inmateriales (tiempo) en las posiciones m&#x00E1;s desaventajadas. Finalmente, las recompensas simb&#x00F3;licas por el hecho de realizar el trabajo de cuidados tambi&#x00E9;n llegan de forma desigual seg&#x00FA;n el g&#x00E9;nero. Mientras los hombres que son cuidadores principales son alabados por el hecho de serlo, esto no ocurre as&#x00ED; con las mujeres. </p>

			<p>Antes de terminar deben se&#x00F1;alarse algunas limitaciones de este estudio. En primer lugar, es un estudio de car&#x00E1;cter etnogr&#x00E1;fico, por lo que no se establecen asociaciones ni de correlaci&#x00F3;n ni de causalidad entre las dimensiones analizadas, como son la clase social, las pr&#x00E1;cticas y estrategias familiares, la construcci&#x00F3;n del significado en torno al “buen cuidado” o las consecuencias que sobre los recursos familiares tiene el cuidado de personas dependientes. En segundo lugar, al ser su material emp&#x00ED;rico entrevistas y observaciones, se atiende en mayor medida a las pr&#x00E1;cticas y, aunque se analizan discursos, se dejan de lado sus aspectos m&#x00E1;s generales, codificados y estereotipados, a los que se puede atender con mayor precisi&#x00F3;n usando t&#x00E9;cnicas como los grupos de discusi&#x00F3;n. Por &#x00FA;ltimo, el trabajo de campo se realiz&#x00F3; en un entorno semiurbano —poblaciones de menos de 100.000 habitantes— y en una sola comunidad aut&#x00F3;noma. Esto puede dejar de lado din&#x00E1;micas propias de grandes urbes o diferencias regionales, ya que Andaluc&#x00ED;a se caracteriza por ser un <italic>modelo familista subvencionado</italic> (Mart&#x00ED;nez-Buj&#x00E1;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2014</xref>). Futuras investigaciones deber&#x00ED;an ahondar en las limitaciones aqu&#x00ED; se&#x00F1;aladas.</p>

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			<title>AGRADECIMIENTOS</title>

				<p>Agradezco el apoyo y la cobertura que me ofrecieron los proyectos FEM2010-18827, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovaci&#x00F3;n; y 4164391 - 8/10, financiado por el Instituto de la Mujer; ambos dirigidos por Amparo Serrano Pascual. Asimismo, agradezco los valiosos comentarios que me hicieron llegar Enrique Mart&#x00ED;n Criado, Marc Barbeta, Gloria Dom&#x00ED;nguez Alegr&#x00ED;a, Francisco Parada y, especialmente, Araceli Serrano. Esta investigaci&#x00F3;n ha contado con la ayuda BES-2013-066777 de Formaci&#x00F3;n de Personal Investigador financiada por el Ministerio de Econom&#x00ED;a y Competitividad. Una versi&#x00F3;n anterior de este trabajo fue galardonada con el primer premio en el IV Concurso de J&#x00F3;venes Soci&#x00F3;logos promovido por la Asociaci&#x00F3;n Madrile&#x00F1;a de Sociolog&#x00ED;a y la UNED. La responsabilidad por los posibles errores que haya en el texto es exclusivamente atribuible al autor.</p>
		</ack>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
				<fn-group>
					<fn id="NOTE1"><label>1</label>
					<p>Las categor&#x00ED;as originales son cinco: insignificante, leve, moderada, grave o total. Para la facilidad lectora hemos fusionado, a lo largo del art&#x00ED;culo, las dos &#x00FA;ltimas categor&#x00ED;as (grave y total) dentro de la categor&#x00ED;a m&#x00E1;s amplia severa.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE2"><label>2</label>
					<p>Existe consenso en la literatura en considerar al an&#x00E1;lisis de los cuidados el g&#x00E9;nero como una cuesti&#x00F3;n central. No obstante, por razones de espacio aqu&#x00ED; se presenta el an&#x00E1;lisis centrado en la clase social. Los an&#x00E1;lisis centrados en el g&#x00E9;nero est&#x00E1;n disponibles bajo consulta al autor.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE3"><label>3</label>
					<p>Marga vive seis meses al a&#x00F1;o con ellos y seis meses en su hogar, en una localidad cercana, donde vive sola, pues no est&#x00E1; casada ni tiene hijos.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE4"><label>4</label>
					<p>Extra&#x00ED;do del cuaderno de campo. Observaci&#x00F3;n caso 2. Discusi&#x00F3;n entre las nietas. 29 de Noviembre de 2011.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE5"><label>5</label>
					<p>Extra&#x00ED;do del cuaderno de campo. Observaci&#x00F3;n caso 3. Conversaci&#x00F3;n con Manuel. 12 de Septiembre de 2011.</p>
				</fn>
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			<title>REFERENCIAS BIBLIOGR&#x00C1;FICAS</title>
				
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				<title>SOBRE EL AUTOR</title>
				
					<p><bold>TOMÁS CANO</bold> es Licenciado en Sociología (Universidad de Granada) y Máster en Metodología de la Investigación en Ciencias Sociales (Universidad Complutense de Madrid). Actualmente es Doctorando en la Universitat Pompeu Fabra y <italic>Research Fellow</italic> del <italic>ARC Centre of Excellence for Children and Families over the Life Course</italic>. Su tesis doctoral estudia bajo qué condiciones los hombres se implican en los cuidados, y qué efectos tiene dicha implicación sobre el desarrollo cognitivo y emocional de los niños. Para ello usa datos de uso del tiempo longitudinales y transversales de Australia y España. Ha realizado estancias de investigación en el <italic>German Institute for Economic Research</italic> (DIW-Berlin), <italic>University College of London</italic> (UK) y en la <italic>University of Queensland</italic> (Australia). www.tomascano.eu</p>
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