Introducción
⌅Podemos
identificar dos núcleos sociológicos de la teoría del reconocimiento
tal como ha sido desarrollada a partir de la obra de Axel Honneth (1997)Honneth, Axel. 1997. La lucha por el reconocimiento: por una gramática moral de los conflictos sociales. Barcelona: Editorial Crítica.
:
Primero,
al contrario de lo que puede hacer entender el título de su obra
central, la “lucha por el reconocimiento”, la fuerza impulsora social
del reconocimiento, no está formada por un ideal de reconocimiento. La
teoría crítica de Honneth no presenta una propuesta idealista en que las
ideas conscientemente incitan a la lucha por el reconocimiento o a la
lucha por la emancipación social. Más bien, el sufrimiento por el
no-reconocimiento (el sufrimiento social) es aquella instancia
precientífica que funciona como base de la crítica inmanente y como
motor de la lucha y del cambio social. El sufrimiento es una fuerza real
y material, también en aquellos casos en los que no se expresa de forma
verbal (Herzog 2019Herzog, Benno. 2019. Invisibilization of Suffering. The Moral Grammar of Disrespect. Londres: Palgrave.
).
Conocemos muchas de estas expresiones del sufrimiento, desde la
depresión y el suicidio hasta el ausentismo o la somatización del
malestar. Sería, entonces, tarea sociológica seguir estas expresiones y
sentimientos de des- o menosprecio y de interpretarlas en la lógica de
una falta de reconocimiento.
Como segundo núcleo sociológico,
habría que entender el carácter, no solo relacional, sino dialógico, del
reconocimiento que, en su reciprocidad, incluye elementos de igualdad.
En la definición ya clásica de Ikäheimo (2002)Ikäheimo, Heikki. 2002. “On the genus and species of recognition”. Inquiry 45(4): 447-462. https://10.1080/002017402320947540.
del reconocimiento como "un caso en el que A toma a B como C en la dimensión D, y B toma a A como juez relevante" (p. 450Ikäheimo, Heikki. 2002. “On the genus and species of recognition”. Inquiry 45(4): 447-462. https://10.1080/002017402320947540.
),
se puede apreciar este carácter dialógico del reconocimiento como una
noción de interacción social en un doble sentido: En primer lugar, una
persona no puede ser reconocida solo por sí misma, tiene que haber al
menos una persona más o institución que la reconozca, es decir, que
refleje una imagen particular expresando amor, apreciación moral o
valoración social. En segundo lugar, la persona o institución que
proporciona reconocimiento, a su vez, ha de ser reconocida por el otro
como capaz de proporcionar reconocimiento.
Esto significa que,
aunque todas las teorías del reconocimiento apuntan, en última
instancia, al individuo y su autonomía, siempre presuponen un horizonte
compartido socialmente de comunidad (Heins 2010Heins, Volker. 2010. “Of persons and peoples: Internationalizing the critical theory of recognition”. Contemporary Political Theory 9(2): 149-170.
). Las pugnas por el reconocimiento no son, por tanto, pugnas en la tradición liberal del individuo contra la sociedad, sino luchas por la realización de una comunidad y por la participación de los
individuos dentro de esa comunidad; esto si, por una comunidad que
permite al individuo el desarrollo de su autonomía. Se trata, pues, de
una comunidad que incluye a la persona reconocida (o también, por el
contrario, a la persona despreciada) y también a la persona o la
institución que efectúa el reconocimiento (o el desprecio) porque esta, a
su vez, se encuentra en una relación en la que es también receptora de
reconocimiento (o desprecio).
Al poner el sufrimiento por desprecio como núcleo de la teoría y como motor del desarrollo normativo, la teoría del reconocimiento se convierte en especialmente atractiva para analizar la situación de grupos sociales marginados o subalternos. Pues son ellos los que, en mayor grado, reciben un desprecio directo o viven situaciones que se pueden entender legítimamente como resultado de un orden social que los desprecia. La teoría del reconocimiento puede ayudar a entender la situación social y la construcción social de los subalternos como una relación de desprecio.
Al apuntar a una bidireccionalidad del reconocimiento, se parte necesariamente de un horizonte de superación (Aufhebung) del desprecio de los marginados, pues en esta propuesta teórica se incluyen tanto los grupos hegemónicos como los marginados dentro del mismo horizonte normativo. La sociedad hegemónica -y el investigador social, en la mayoría de los casos, perteneciente a esta sociedad- puede entender el sufrimiento ajeno en la medida en que comparte las exigencias normativas del reconocimiento implícitas en el orden social hegemónico. Solo si las partes implicadas se encuentran en el mismo marco normativo es posible reconocerse y percibir el reconocimiento del otro como una relación deseable.
Ahora bien, si esta comprensión
es correcta, de ahí se sigue que el sufrimiento reconocido tiene que
efectuarse según el marco interpretativo hegemónico. No obstante, con
ello la teoría del reconocimiento corre el riesgo de perder su carácter
crítico, trasformador, pues no puede apuntar más allá de la realización
efectiva de las normas de la sociedad existente (véase sobre este punto
también Romero Cuevas 2016Romero Cuevas, J. M. 2016. El lugar de la crítica: teoría crítica, hermenéutica y el problema de la transcendencia intrahistórica. Madrid: Biblioteca Nueva.
).
Se emplea aquí el término ‘crítico’ en el sentido de “crítica inmanente
de la sociedad”, tal como está presente en el hegelianismo de
izquierdas de la Escuela de Frankfurt y que siempre incluye un momento
inmanente o intramundano y un elemento trascendente (véase Romero y Zamora 2020Romero Cuevas, José M. y José A Zamora (eds.). 2020. Crítica inmanente de la sociedad. Barcelona: Anthropos.
).
En este uso, ‘crítica’ se refiere a una experiencia moral
pre-científica de los propios participantes, apuntando, al mismo tiempo,
a un orden normativo y social fundamentalmente diferente.
Para
entender esta lógica de autolimitación al despliegue de las normas ya
institucionalizadas, resulta importante diferenciar entre marco
normativo general, con sus exigencias de reconocimiento de amor, derecho
y solidaridad, y la institucionalización particular de familia
(burguesa), Estado y sociedad civil, aunque en esta última esfera Axel
Honneth se centra cada vez más en la esfera del trabajo como esfera
central de la valoración social en la sociedad actual (Honneth 2014Honneth, Axel. 2014. El derecho de la libertad. Esbozo de una eticidad democrática. Madrid: Katz.
; 2023aHonneth, Axel. 2023a. Der arbeitende Souverän. Berlín: Suhrkamp.
).
Mi hipótesis es que, si se pretende una ampliación del reconocimiento, en el sentido de una inclusión de grupos marginados en el marco de las institucionalizaciones hegemónicas, se corre a veces el peligro de perder el potencial normativo de las institucionalizaciones alternativas, presentes en muchas de las formas de vida de los grupos marginados.
En la política de inclusión dominante, la inclusión y la emancipación del otro, entendida como inclusión en el marco de las instituciones dadas, nos priva, al mismo tiempo, de la posibilidad de aportar un marco institucional propio, alternativo. La inclusión se compra, por así decirlo, pagando el precio de perder la particularidad, al menos la particularidad en el sentido de ser representante de marcos de integración institucional diferentes.
El objetivo de este artículo es alumbrar el potencial de los otros -de diferentes grupos tradicionalmente marginados- como portadores de propuestas institucionales implícitas diferentes; institucionalizaciones potencialmente más adecuadas para superar el desprecio.
Presentaré especialmente aquellas propuestas que pueden ser interpretadas como institucionalizaciones alternativas y emancipadoras de reconocimiento. Veremos, de esta forma, que la inclusión del otro en las instituciones existentes representa una limitación innecesaria del potencial emancipador de la diversidad. Por el contrario, la sensibilidad hacia las experiencias culturales diferentes puede ser también un enriquecimiento para la sociedad en su totalidad.
Para alcanzar dichos objetivos, se emplea una metodología teórico-hermenéutica poniendo en diálogo la teoría del reconocimiento en la tradición de la Escuela de Frankfurt con teorías y estudios empíricos de la otredad procedentes, en su mayoría, de la tradición post-estructuralista. Se interpreta, por así decirlo, el potencial del otro en los diferentes enfoques teóricos a la luz de estudios teóricos y empíricos sobre el otro. Para ello, se analiza, en un primer paso, el anclaje de la teoría del reconocimiento y de su argumentación metodológica en el terreno de una lectura particular de las sociedades occidentales. En un segundo paso, se cuestiona en qué medida las experiencias de grupos marginados, y aquí especialmente institucionalizaciones diferentes del reconocimiento, desafían la lógica de las institucionalizaciones actuales del reconocimiento. Se utilizan los dos ejemplos de la institucionalización del reconocimiento en la esfera del trabajo, analizando (a) las prácticas de la población gitana y (b) las teorías sobre el antisemitismo. Se muestra el potencial emancipador del marco normativo general de la teoría del reconocimiento, así como la limitación, en última instancia antiemancipadora, de las formas institucionalizadas del reconocimiento. Estas reflexiones pueden aplicarse tanto a cuestiones de reconocimiento global, como también a cuestiones de diversidad interna de las sociedades occidentales.
I - La teoría del reconocimiento y su vínculo con la sociedad hegemónica, dominante, occidental
⌅La
teoría del reconocimiento apunta al horizonte compartido del
reconocimiento como una práctica universal. Todos los seres humanos se
encuentran en relaciones sociales morales que influyen en la posibilidad
de una autorrealización. Es decir, para una autorrelación lograda, el
ser humano depende de los demás. Esta comprensión, desde la filosofía de
Fichte y Hegel, pasando por la psicología social de Mead, también ha
encontrado, ya desde hace mucho, su lugar en la sociología. Solo hay que
pensar en los grandes trabajos de Erving Goffman sobre el estigma (2003)Goffman, Erving. 2003. Estigma. La identidad deteriorada. Buenos Aires: Amorrortu.
o, en general, sobre la presentación de la persona en la vida cotidiana (1993Goffman, Erving. 1993. La presentación de la persona en la vida cotidiana. Buenos Aires: Amorrortu.
):
la identidad de los individuos en la sociología no puede ser pensada en
referencia a una esencia, autenticidad u originalidad, sino solo en
relación con los demás.
Ahora bien, en cada sociedad se
estabilizan las relaciones del reconocimiento en instituciones
relativamente duraderas. De esta forma se garantiza, no solo la
estabilidad de las relaciones sociales, sino también de las identidades
individuales, entendidas ahora como resultado justamente de estas
relaciones. Para que las instituciones no sean percibidas como
opresivas, estas tienen que ser organizadas de tal forma que los
individuos las puedan percibir como condición de su propia autonomía (Honneth 2014Honneth, Axel. 2014. El derecho de la libertad. Esbozo de una eticidad democrática. Madrid: Katz.
).
En este sentido, el reconocimiento según estándares institucionales
ajenos sería justamente lo contrario a la autodeterminación. Sería
forzar estos estándares sobre grupos sociales cuyos criterios de
reconocimiento y autorrealización son otros. En este caso, hablaríamos
de formas de reconocimiento alienantes.
Esta reflexión sobre el
carácter relacional del reconocimiento nos ayuda a entender que el
reconocimiento -aunque se pueda expresar en bienes, servicios y
derechos- es más bien una configuración especifica de relaciones sociales, en que estos bienes y servicios son una expresión de una relación de reconocimiento y no el reconocimiento mismo. En su
debate con Sloterdijk, Honneth insiste en el carácter relacional del
reconocimiento y, con ello, en el hecho de que las mismas
redistribuciones económicas puedan tener núcleos normativos diferentes
(véase también Herzog y Hernàndez 2009Herzog, Benno y Francesc Hernàndez. 2009. “Duelo sobre el futuro del mundo”. Posdata, suplemento cultural del Levante-EMV, 6 de noviembre de 2009.
).
No es lo mismo recibir dinero a través de una obra caritativa que tener
un derecho a recibir dicho dinero, por ejemplo, en forma de prestación
por desempleo. El dinero, cuando es percibido como obra caritativa,
incluso puede ser considerado una forma de desprecio paternalista, un
regalo que reclama docilidad y fija relaciones de desigualdad de poder.
El otro, así, no es reconocido como igual, sino como mero “objeto de
justicia” (Pereira 2014Pereira, Gustavo. 2014. “Condiciones de posibilidad para una justicia global”. Isegoría 30: 107-126.
).
Un
problema que dificulta incluir la diversidad de experiencias culturales
colectivas en el horizonte del reconocimiento es el método del
reconstructivismo normativo en la obra de Honneth, más explícitamente a
partir de su obra tardía (Honneth 2014Honneth, Axel. 2014. El derecho de la libertad. Esbozo de una eticidad democrática. Madrid: Katz.
).
En este proceder, los estándares normativos ya están
institucionalizados -aunque de forma insuficiente- en las sociedades
occidentales. De ahí que se puedan dar básicamente dos posibilidades de
sufrimiento por desprecio:
-
El sufrimiento por estar excluido o marginado de ciertas formas institucionalizadas de reconocimiento. Así, por ejemplo, cuando a parejas del mismo sexo se les excluye de la posibilidad de contraer matrimonio. Este sufrimiento social, o desprecio, apuntaría implícitamente a una ampliación de las instituciones existentes de grupos históricamente excluidos. Sería esto, en el presente ejemplo, la ampliación de la institución “matrimonio” a parejas del mismo sexo.
-
Pero, al mismo tiempo, también se podría negar que la relación entre dos personas requiera del visto bueno del Estado. Las formas de vida alternativas, al margen de la institución del matrimonio, que han vivido en la práctica muchas parejas del mismo sexo, podrían pertenecer a otro orden institucional y no a una institucionalización ampliada. Una emancipación en este sentido podría ser la abolición y no la ampliación del matrimonio sancionado estatalmente.
Cuando Honneth apunta al potencial
de desarrollo emancipador, tiene en mente una liberación, generalización
o materialización solamente dentro del primer modelo de sufrimiento o
desprecio. El sufrimiento solo es tenido en cuenta si es entendido como
sufrimiento por un orden institucional insuficiente. No puede contemplar
ordenes alternativos, aunque este fuese un orden que incluyera las
pretensiones básicas de dedicación emocional, atención cognitiva y
valoración social (véase también Herzog 2020Herzog, Benno. 2020. “Invisibilización del sufrimiento: sobre el (des)aparecer de las fuentes de la crítica”. Pp. 129-148 en Crítica inmanente de la sociedad, editado por J. M Romero Cuevas,. y J. A. Zamora. Barcelona: Anthropos.
y Romero Cuevas 2020Romero
Cuevas, José M. 2020. “El socialismo como crítica inmanente del
capitalismo: Una discusión con Axel Honneth”. Pp. 85-106 en: Crítica inmanente de la sociedad, editado por J. M. Romero Cuevas y J. A. Zamora. Barcelona: Anthropos.
).
No obstante, con esta doble diferenciación entre orden institucional existente e instituciones alternativas dentro del mismo horizonte normativo, tenemos ahora cuatro posibilidades de relacionar la sociedad hegemónica con los otros, según esta relación sea de reconocimiento o de desprecio:
-
1) La sociedad hegemónica puede reconocer al otro, es decir, intentar incluirle en el orden institucional existente, por ejemplo, concediendo a los inmigrantes el derecho al voto. Siguiendo el esquema de Honneth esto sería un reconocimiento del otro con capacidad de responsabilidad moral.
-
2) Igualmente puede despreciar, excluir o marginar al otro del orden institucional existente, por ejemplo, negando a la población inmigrante el derecho al voto.
-
Aquí nos podemos imaginar dos formas básicas de argumentar: una que reconoce la capacidad cognitiva y moral de la población inmigrante, justificando dicha exclusión en razones formales/legales de la organización estatal; y otra forma que argumenta justamente con la falta de horizonte normativo compartido, es decir, que se basa en que el otro es excluido del derecho al voto por su capacidad moral o lealtad inferior o porque no es portador de los mismos valores básicos de la sociedad dominante.
Ahora bien, si tenemos en cuenta la diferenciación entre institucionalizaciones concretas y horizontes normativos, se pueden desarrollar dos posibilidades más. Siguiendo con el ejemplo del reconocimiento/desprecio de la responsabilidad moral, estas posibilidades serían:
-
3) Se pueden reconocer formas alternativas de organización que no siguen el modelo de la organización burocrática estatal. Pastora Filigrana (2020)Filigrana García, Pastora. 2020. El pueblo gitano contra el sistema-mundo. Reflexiones desde una militancia feminista y anticapitalista. Madrid: Akal.
ofrece el ejemplo de sistemas de justicia alternativa de la población gitana. En estos grupos, a menudo son los miembros reconocidos de la comunidad quienes median en conflictos, intentando buscar soluciones que no apunten a sanciones y castigos individuales e individualizantes, sino a la restauración y el mantenimiento de la comunidad. La sociedad dominante podría ahora intentar forzar a la población gitana a integrarse dentro de un sistema de reconocimiento mediante la imposición vigente de la justicia. Este camino apunta a la policialización, al populismo punitivista, a la criminalización, la individualización y la destrucción de comunidades. Pero igualmente podría reconocer estas formas alternativas de justicia como formas válidas de solución de problemas: a) porque comparten el mismo horizonte normativo y b) porque parecen ser relativamente efectivas y aceptadas. -
Reconocer estas prácticas como válidas significaría, por otro lado, que la sociedad dominante se tendría que cuestionar su propio modo de imponer justicia. De hecho, suele ser bastante aceptada la idea de que España tendría que introducir más medidas de justicia restaurativa y, sobre todo, implementar más mediaciones para evitar la escalada de conflictos y para aliviar el sistema judicial sobresaturado. Reconocer las prácticas de justicia alternativa como válidas, conllevaría también un cierto reconocimiento de la población gitana y de su responsabilidad moral para encontrar soluciones en situaciones de conflicto. Sería, en ese caso, la comunidad gitana la portadora de conocimiento y prácticas válidas de las que los demás podrían aprender. 1 Por todo ello, no es de sorprender que ahí donde las minorías étnicas tienen un mayor peso en el desarrollo de las teorías críticas, como en EE. UU., las teorías muy críticas con el sistema judicial y policial, hasta las campañas de abolición o de “desfinanciar” (defund) a la policía, gocen de una cierta popularidad.
-
4) Y, finalmente, la cuarta posibilidad es el rechazo de (estas) formas alternativas de institucionalización del reconocimiento. Es decir, una exclusión, marginalización o un desprecio. La tendencia actual en la sociedad dominante española parece ser no el reconocimiento, sino el ninguneo de la población gitana en el ámbito mencionado. Los elementos aquí descritos se suelen interpretar unilateralmente como prácticas tradicionales, retrógradas y patriarcales. Los miembros reconocidos de la comunidad, a los que la población gitana se refiere con el nombre de ‘tío’ o ‘tía’ suelen ser descritos como ‘patriarcas’ y el sistema de justicia basado en la restauración y la mediación se describe más bien como ‘justicia paralela’. Con otras palabras, de momento en esta sociedad no están reconocidas las formas de justicia restaurativa y comunitaria y los mecanismos de mediación de la población gitana. Reconocer este sistema de resolución de conflictos significaría reconocer a la población gitana como portadora de aportaciones culturales y sociales válidas, y reconocer su capacidad moral.
Se podría decir, incluso, que se trata al mismo tiempo de un no reconocimiento de segundo orden (véase Herzog 2015Herzog,
Benno. 2015. “El reconocimiento de las sociedades multiculturales.
Relaciones intergrupales y reconocimiento de segundo orden”. Revista Internacional De Sociología 73(2). https://doi.org/10.3989/ris.2013.07.21: 1-12.
), es decir, no se reconoce la capacidad de la población gitana para reconocer a miembros destacados como jueces o mediadores.
El mismo problema, a saber, el de reconocer o no reconocer formas de institucionalización del reconocimiento, también lo encontramos en una escala superior, cuando no miramos a la diversidad de las institucionalizaciones dentro de una sociedad sino a la diversidad de formas de vida en un nivel global. En su debate con Nancy Fraser, Honneth parece defender la superioridad moral de las instituciones del capitalismo occidental cuando dice:
“En
la perspectiva general de las relaciones del reconocimiento de las
sociedades capitalistas liberales que he presentado, ya he hecho una
serie de suposiciones implícitas sobre la dirección moral del desarrollo
social, porque solo en el supuesto de que el nuevo orden implique una
forma superior de integración social, pueden considerarse sus principios
internos como un punto de partida legítimo y justificado para esbozar
una ética política. Como todos los teóricos sociales internamente
situados que proceden desde la legitimidad del orden social moderno
-sean Hegel, Marx o Durkheim- yo tenía que presumir primero la
superioridad moral de la modernidad dando por supuesto que su
constitución normativa es el resultado de un anterior desarrollo
dirigido” (Honneth, en: Fraser y Honneth 2006: 144Fraser, Nancy y Axel Honneth. 2006. ¿Redistribución o reconocimiento? Madrid: Morata.
).
De
nuevo se podría criticar esta perspectiva con enfoques que tienen en
cuenta la otredad. Así, por ejemplo, desde perspectivas de- y
postcoloniales podemos cuestionarnos si realmente debemos hablar de
progreso moral de las sociedades cuya base de reproducción material,
social y también de la moralidad históricamente ha sido estrechamente
vinculada a la colonización y el genocidio; de sociedades que, en la
actualidad, dependen en gran medida de la desigualdad global, de la
explotación de los recursos de partes más pobres del mundo y de la
externalización de problemas sociales y ecológicos (Lessenich 2019Lessenich, Stephan. 2019. La Sociedad de la externalización. Barcelona: Herder.
).
Ahora bien, parece que gran parte de la crítica postcolonial, inspirada en el postestructuralismo, es capaz de deconstruir y mostrar la particularidad histórica de la emancipación occidental. En el caso concreto del reconocimiento, esto significaría mostrar las bases particulares, occidentales, burguesas, etc. de la teoría del reconocimiento. Con esta deconstrucción foulcaultiana o postcolonial, se abre un espacio para reconocer otras formas de reproducción social, procedentes de otros mundos de vida 2 Recientemente, Axel Honneth (2023b, 2023c) ha comenzado a reflexionar sobre la necesidad de decolonizar también su propia teoría del reconocimiento (véase también Herzog y Ortega-Esquembre 2024) . Al mismo tiempo, esta apertura nos deja sin orientación sobre qué formas alternativas realmente presentan un progreso moral o un paso hacia la emancipación, y qué formas alternativas habría que rechazar por ser antiemancipatorias.
Una posible solución a este dilema sería
la de entender el progreso en términos de aprender a aprender también de
otros mundos de vida (Jaeggi 2023Jaeggi, Rahel. 2023. Fortschritt und Regression. Berlín: Suhrkamp.
)
y mantener abiertos espacios de aprendizaje, no cerrándose de forma
prematura a experiencias alternativas. Ya desde la primera generación de
la Escuela de Frankfurt, se criticó a la Ilustración (Horkheimer y Adorno 2009aHorkheimer, Max y Theodor W Adorno. 2009a. Dialéctica de la Ilustración. Madrid: Trotta.
), la razón (Horkheimer 2002Horkheimer, Max. 2002. Crítica de la razón instrumental. Madrid: Trotta.
), el lenguaje y el pensamiento (Adorno 1975Adorno, Theodor W. 1975. Dialéctica negativa. Madrid: Taurus.
).
Pero, a diferencia de las escuelas postestructuralistas, el
hegelianismo de izquierdas siempre realizó esta crítica con base en y
desde la Ilustración, la razón, el lenguaje y el pensamiento. Los
autores de la primera generación fueron conscientes de que la
Ilustración y su orden normativo implícito necesitaban ser criticados,
pero también sabían del lugar que ocupaban ellos mismos en la sociedad.
Es decir, sabían que ellos solo podían hacer esta crítica en la
tradición de la Ilustración. Fueron conscientes de que no ocupaban una
posición externa a la sociedad y solo podían hacer una crítica
inmanente, una crítica a la sociedad desde la sociedad misma.
Siguiendo dicha lógica, también con la teoría del reconocimiento se puede mostrar la particularidad de las institucionalizaciones del reconocimiento. Se pueden mostrar los poderes, mecanismos de dominación y finos mecanismos de exclusión que impiden el reconocimiento o el despliegue del “superávit normativo” (Honneth) contenido en las institucionalizaciones del reconocimiento. Y, para este ejercicio de la autocrítica del reconocimiento, las perspectivas del otro nos pueden ayudar considerablemente, pues desde la perspectiva del otro se puede ver el incumplimiento de la promesa universal de las institucionalizaciones del reconocimiento.
Ahora bien, con la diferenciación entre un horizonte de reconocimiento y su institucionalización, al mismo tiempo, se puede dar un criterio de valoración de las institucionalizaciones. Una institucionalización del reconocimiento supone un progreso, si presenta una aplicación más liberada, materializada o generalizada de los principios del reconocimiento. De esta forma, se puede ampliar la institucionalización existente o bien proponer formas alternativas de institucionalización. Supondría criticar el reconocimiento con las herramientas del reconocimiento, informado por las teorías de la otredad, de la producción de los subalternos.
Quizás el ejemplo de la valoración social de las capacidades y cualidades pueda aclarar lo dicho. Por ello, en lo que sigue, desplegaré una crítica a la institucionalización del reconocimiento en el mercado laboral, utilizando teorías de la otredad y la base del reconocimiento de la valoración social, para criticar la institucionalización de este tipo de reconocimiento en el mercado de trabajo.
II - Comprensiones desde los estudios particulares de la otredad
⌅Teorías de la otredad
⌅Para acercarnos al potencial normativo del otro, conviene primero recordar la dialéctica de las teorías de la otredad, de las que las teorías del reconocimiento forman parte.
Existen dos perspectivas críticas básicas hacia el otro que hay que pensar siempre en su conjunto, porque en la práctica son inseparables. Serían estas, por un lado, la perspectiva, ya mencionada, del reconocimiento y, por otro lado, la perspectiva de la discriminación. La perspectiva del reconocimiento apunta a la necesidad del otro para la propia identidad y autonomía. El otro es, así, constitutivo de la propia personalidad e imprescindible para la realización de los propios planes de vida. La perspectiva de la discriminación, por otro lado, analiza las formas de desprecio, por ejemplo, en forma de racismo, sexismo o clasismo. Desde esta perspectiva, hay una larga tradición en las ciencias sociales y las humanidades al reflexionar sobre mecanismos y discursos racistas, sexistas, clasistas, etc., y cómo estos se reproducen, a menudo, a espaldas de los actores sociales.
Son estos, sobre todo, estudios
en la tradición del post-estructuralismo, con su comprensión de los
procedimientos poderosos del “orden del discurso” (Foucault 1999Foucault, Michel. 1999. El Orden del Discurso. Barcelona: Tusquets.
).
Al igual que en la tradición frankfurtiana, estos estudios parten de la
importancia de la comunicación para la construcción social. Pero, a
diferencia de la perspectiva de la emancipación incluida en los enfoques
comunicativos de Fráncfort, insisten en el carácter de dominación y del
poder casi imperceptible en la construcción del otro. Ejemplos de ello
serían la construcción del otro oriental en el estudio clásico de Said (2021)Said, Edward. W. 2021. Orientalismo. Barcelona: Penguin Random House.
, la teoría crítica de la raza (Delgado y Stefancic 2017Delgado, Richard y Jean Stefancic. 2017. Critical Race Theory: an Introduction. New York: University Press.
) y también los enfoques desde los estudios de género (p. ej., Butler 2004Butler, Judith. 2004. Lenguaje, Poder e Identidad. Madrid: Síntesis.
).
Los trabajos en esta tradición suelen mostrar el carácter estructural, y
reforzado por diversas instituciones sociales, de una construcción
discriminatoria del “otro”.
Este último punto, el carácter estructural, no solo es importante para los estudios sobre la discriminación, sino también para la perspectiva del reconocimiento, la identidad o la autorrelación lograda. Desde una perspectiva sociológica, no se habla solamente de reconocimiento o discriminación directa e intencionada, sino también de mecanismos estructurales o institucionalizados que reproducen reconocimiento, garantizando así a los participantes una identidad positiva o, por el contrario, estructuras e instituciones que reproducen discriminación y desprecio.
Ahora bien, hemos comenzado este artículo apuntando al carácter dialógico de las teorías de la identidad. Esto significa que tanto el reconocimiento como la discriminación tienen sus efectos de reflejo para la sociedad dominante o hegemónica, desde la que parten la mayoría de los mecanismos del reconocimiento y de la discriminación. Si el otro es constitutivo de mi propia autonomía, al denigrarlo, no solo le estoy restando a él posibilidades de vida autónoma, sino que también estoy limitando mis propias posibilidades emancipadoras.
Quizás tanto la teoría del
reconocimiento como los trabajos sobre discriminación no han
reflexionado todavía suficientemente sobre este reflejo del no
reconocimiento para la sociedad hegemónica. Este problema viene
vinculado con el problema de la mirada hegemónica. Casi siempre, cuando
hablamos del otro nos referimos al otro no hegemónico; por ejemplo, a
minorías étnicas o sexuales. Como investigadores sociales estamos así,
casi siempre, reproduciendo la mirada del poder de la que ya nos avisó Michel Foucault (1977)Foucault, Michel. 1977. Historia de la sexualidad 1. La voluntad de saber. Madrid: Siglo XXI.
.
Convertimos al otro en objeto de conocimiento y, con ello también, a
menudo, en objeto de dominación. El hecho de que intentemos comprender
al otro en su construcción social dominante, reconociendo procedimientos
de discriminación, no cambia en nada esta observación acerca de la
reproducción estructural de la mirada dominante, también mediante el
trabajo sociológico bienintencionado.
Frente a estos trabajos que
enfocan al otro no hegemónico, ya hay toda una serie de literatura
prometedora que cambia la perspectiva y muestra la construcción social
también de los grupos hegemónicos mismos. Me refiero aquí a enfoques
como los estudios críticos de las masculinidades (p. ej., Rodríguez del Pino y Jabbaz Churba 2022Rodríguez-del-Pino,
Juan A. y Marcela Jabbaz Churba. 2022. “Deconstruyendo machos,
construyendo personas. Relatos de alejamiento de la masculinidad
hegemónica en España”. Revista De Estudios Sociales (79): 108-124. doi: https://doi.org/10.7440/res79.2022.07 .
) o estudios críticos de la blanquitud (p. ej., Lund 2022Lund, Martin. 2022. Whiteness. Cambridge: MIT Press.
).
En lo que sigue, vamos a ver si podemos aplicar estas perspectivas
dialécticas sobre el otro para aprender de los otros sobre deficiencias
de las institucionalizaciones del reconocimiento laboral, tal como se
realiza en la sociedad dominante.
Ejemplo: el trabajo en las comunidades gitanas
⌅En La Lucha por el Reconocimiento, Axel Honneth (1997)Honneth, Axel. 1997. La lucha por el reconocimiento: por una gramática moral de los conflictos sociales. Barcelona: Editorial Crítica.
ubica la tercera forma de reconocimiento de “valoración social” en una
“comunidad de valor” o también en la “sociedad civil”. Pero ya en el Derecho a la libertad (Honneth 2014Honneth, Axel. 2014. El derecho de la libertad. Esbozo de una eticidad democrática. Madrid: Katz.
)
se centra en la institucionalización de este tipo de reconocimiento
específicamente en el mercado de trabajo, tema que explora también
posteriormente en un monográfico sobre el valor de los mercados, editado conjuntamente con Lisa Herzog (2014)Herzog, Lisa y Axel Honneth. 2014. Der Wert des Marktes. Ein ökonomisch-philosophischer Diskurs. vom 18. Jahrhundert bis zur Gegenwart. Berlín: Suhrkamp.
.
Con ello, Honneth insiste en la relevancia del mercado de trabajo de
sociedades capitalistas modernas y su principio de rendimiento para el
reconocimiento, desatendiendo sistemáticamente otras formas de
contribuciones sociales, al menos en esta tercera esfera de valoración
social. Y en su último libro, Der arbeitende Souverän (El soberano trabajador, Honneth 2023aHonneth, Axel. 2023a. Der arbeitende Souverän. Berlín: Suhrkamp.
)
ya directamente parte de la idea de que, en nuestras sociedades, la
inclusión laboral es la precondición del reconocimiento en cuanto
valoración social. Con otras palabras: (en esta sociedad) el trabajo es
central para el reconocimiento intersubjetivo del otro y, así, para su
autorrealización.
Por otro lado, encontramos también la figura del
trabajo como una retórica central en los discursos discriminatorios. Es
decir, no tanto el trabajo mismo, sino la representación social de lo
que significa trabajar, juega un papel fundamental en aquellos enfoques
que analizan fenómenos de discriminación y desprecio, ya sean las
personas Negras, gitanas o inmigrantes, que son percibidos por la
sociedad a veces como demasiado vagas para trabajar, o las asiáticas,
que solo piensan en trabajar; de nuevo los inmigrantes, que nos quitan
los puestos de trabajo (p. ej., Torres 2022Torres, Francisco. 2022. “Desmontando mitos y prejuicios que dificultan la convivencia”. Pp. 32-56 en Migraciones y Discursos. Propuestas para el Debate Público, editado por B. Herzog. Madrid: Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia.
),
o los judíos, que solamente se dedican al negocio, al comercio y la
especulación, actividades entendidas como lo contrario al trabajo
honesto (p. ej., Herzog 2023Herzog, Benno. 2023. “Antisemitismo y Modernidad: Cambios y Constancias de un Prejuicio Milenario”. Pp. 27-45 en La lucha contra el antisemitismo, la islamofobia y el antigitanismo: una tarea inacabada en el marco de la Unión Europea, editado pòr A. Bar Cendon y T. Shuali Trachtenberg. Madrid: Aranzadi.
).
Si
en una sociedad la valoración social se institucionaliza
fundamentalmente mediante el mercado laboral, entonces se puede apostar
por la generalización de esta esfera. Las políticas activas que apunten a
la contratación de grupos marginados, que insistan en la igualdad de
posibilidades o en un salario digno, serían algunas de estas medidas. Es
uno de los grandes méritos de Honneth el haber mostrado la relación
moral detrás de las luchas por la redistribución (véase su debate con Fraser en Fraser y Honneth 2006Fraser, Nancy y Axel Honneth. 2006. ¿Redistribución o reconocimiento? Madrid: Morata.
, pero también su debate con Sloterdijk en Herzog y Hernàndez 2009Herzog, Benno y Francesc Hernàndez. 2009. “Duelo sobre el futuro del mundo”. Posdata, suplemento cultural del Levante-EMV, 6 de noviembre de 2009.
). El salario, al igual que las condiciones materiales del trabajo, son también formas de reconocimiento y fuente de autoestima.
Ahora bien, al mismo tiempo que se lucha por la generalización, ampliación o materialización del reconocimiento en la esfera laboral, se reconoce implícitamente la validez de la institucionalización del reconocimiento mediante el trabajo en el capitalismo. Es decir, se reconoce la institución del mercado laboral y del trabajo asalariado, y se exige de los grupos marginados que las reconozcan y centren sus luchas por el reconocimiento de sus capacidades y contribuciones siguiendo la institucionalización de estas esferas.
Desde las perspectivas subalternas, podemos desarrollar cierta crítica a este modelo, un modelo que no solo carga contra el “otro” que no trabaja como debería ser (porque trabaja poco, demasiado, o solo comercia), sino que, al mismo tiempo, crea un “nosotros” como grupo de referencia y representante de las virtudes del sistema de trabajo. Así, por ejemplo, a la población gitana se le critica a menudo su falta de voluntad de trabajar. Esto solamente es cierto si nos fijamos en las tasas de inserción laboral, en el sentido de un trabajo remunerado por cuenta ajena, por un lado, y si lo interpretamos como resultado de una falta de voluntad, por el otro.
Pero si ampliamos nuestra comprensión del
trabajo a cualquier tarea de reproducción social, por supuesto, la
población gitana está inmersa en todo tipo de trabajos reproductivos. Al
mismo tiempo, podemos observar en la población gitana una cierta
desconfianza en la lógica del trabajo estable por cuenta ajena (véase Filigrana 2020Filigrana García, Pastora. 2020. El pueblo gitano contra el sistema-mundo. Reflexiones desde una militancia feminista y anticapitalista. Madrid: Akal.
)
y a todo el sistema de subordinación diaria que conlleva. En vez de
ello, se valoran trabajos en común, no individualizantes, corporativos. Y
también se valora la libertad de trabajar por cuenta propia. Desde el
trapicheo y el trabajo con la chatarra, pasando por la artesanía y el
arte, existe todo un sector de trabajos que presentan una alternativa a
la inserción laboral -entiéndase siempre también subordinación-
dominante.
En vez de una lógica individualizante de ingresos individuales, en las comunidades gitanas se han desarrollado prácticas emancipadoras mediante la colaboración en solidaridad. Prácticas mucho más cercanas al lema emancipador “cada uno según sus capacidades y a cada uno según sus necesidades” que las desarrolladas en el trabajo por cuenta ajena de la sociedad dominante. Al mismo tiempo, no se debe olvidar que estas prácticas son, muy a menudo, prácticas precarias, fruto también en gran medida de la discriminación padecida durante siglos.
Además, si analizamos este rechazo no solo desde una
posición voluntarista de no querer subordinarse, sino también desde una
lógica estructural de creación de valor desigual entre capital y
trabajo, entonces vemos también el carácter emancipador de este tipo de
organización social, más allá de la voluntad individual. Sabemos que el
trabajo por cuenta ajena no solamente es en esta sociedad una fuente de
integración, reconocimiento social y dinero. Al mismo tiempo, aumenta el
plusvalor que acaba en manos del capital y produce -si no es
contrarrestado por medidas de política social- un aumento de desigualdad
en detrimento de la mayor parte de la clase trabajadora (véase p. ej., Piketty 2014Piketty, Thomas. 2014. El capital en el siglo XXI. México: Fondo de Cultura Económica.
).
En otras palabras, la integración actual mediante el trabajo por cuenta
ajena se compra, por así decirlo, por el precio del aumento de la
brecha salarial. Y, como hemos visto, esta brecha no solo es una brecha
económica, sino también una brecha de reconocimiento social e
integración social. En el actual sistema de trabajo, de la misma forma
que un salario elevado es considerado, por las personas trabajadoras y
por la sociedad, como una forma de reconocimiento, un salario bajo puede
ser identificado como una forma de desprecio relativo. Con otras
palabras, la negación a trabajar por cuenta ajena también es -al menos de facto- una negación a participar en un sistema que aumenta sistemáticamente el desprecio relativo de las personas trabajadoras.
La negación de integración en el mercado laboral clásico puede ser entendida ahora como la negación de reconocer el mercado laboral como institucionalización válida de reconocimiento. Y el desprecio que recibe la población gitana por su supuesta pereza -que, como hemos visto no es otra cosa que la negación de seguir el modelo de la sociedad dominante- podría ser interpretado como la reivindicación de la validez del sistema de distribución del reconocimiento institucionalizado por la sociedad capitalista burguesa, un sistema que beneficia claramente a unos en detrimento de otros; un sistema en el que el éxito económico se interpreta socialmente a menudo como mérito -y no, p. ej., como herencia de capital económico o cultural- y fuente de reconocimiento social y autoestima.
… y en las teorías antisemitas
⌅Con este último paso de la argumentación, se ha mostrado que no solo se puede aprender directamente de prácticas alternativas, sino que la interpretación de las prácticas es parte fundamental en este proceso de aprendizaje. Incluso las propias teorías discriminatorias pueden revelarnos deficiencias en las formas institucionalizadas de reconocimiento y, así, ayudarnos a comprender la práctica discriminatoria misma como lo otro de una práctica de reconocimiento. Sobre todo, si entendemos esta práctica discriminatoria como estructural o sistemáticamente vinculada con nuestro orden social, entonces se nos abre un nuevo horizonte para alumbrar déficits estructurales en nuestra forma de reconocimiento. Por ello, se presenta aquí la figura antisemita del judío que no trabaja en su relación con la organización social y la percepción del capitalismo.
La
figura del trabajo no solo es central en el antigitanismo, sino también
en el antisemitismo. En el imaginario antisemita, el judío tampoco
trabaja. Las tareas de negocio en bancos y bolsas, en la imagen del
comerciante, del especulador y usurero, son consideradas lo contrario al
trabajo que “ennoblece” (Herzog 2023Herzog, Benno. 2023. “Antisemitismo y Modernidad: Cambios y Constancias de un Prejuicio Milenario”. Pp. 27-45 en La lucha contra el antisemitismo, la islamofobia y el antigitanismo: una tarea inacabada en el marco de la Unión Europea, editado pòr A. Bar Cendon y T. Shuali Trachtenberg. Madrid: Aranzadi.
).
Mientras que aquí el trabajo de trasformación material directa se eleva
a una categoría de reconocimiento, el trabajo que no trasforma
directamente la materialidad es considerado fuente de desprecio.
Esta
percepción del desprecio de la esfera financiera y de su
personificación en forma del judío se basa, en última instancia, en una
percepción tergiversada -Marx diría: en una ideología- producida por la
organización económica. En la esfera económica, los salarios, el valor,
el dinero o los precios representan, en última instancia, relaciones
sociales entre productores. No obstante, en el intercambio aparecen como relaciones entre cosas, como relaciones objetivas entre un producto y otro, o entre un producto y el dinero (Marx 2000Marx, Karl. 2000. El capital. Crítica de la economía política. Vol. I Madrid: Akal.
). Es en esta esfera del intercambio, en la circulación, donde a las personas trabajadoras les aparece la injusticia, la violencia y el poder impersonal del capitalismo. Es
ahí donde la persona trabajadora, con su salario supuestamente objetivo,
encuentra los productos de consumo en el mercado con sus precios
aparentemente objetivos. Y es ahí -en la esfera de circulación y no en
la esfera de producción- donde nos damos cuenta de la brecha entre, por
un lado, la exigencia normativa de una buena vida mediante el consumo,
una exigencia justificada por el esfuerzo del trabajo y, por otro lado,
la imposibilidad de realizar esta buena vida mediante el consumo debido
al salario insuficiente.
Una crítica extendida, pero superficial,
es la de los altos precios como si estos fueran solo el resultado de la
esfera de circulación, de unos mercados, comercios y comerciantes, y no
ya lógicamente resultado y condición de la producción de estos bienes
bajo condiciones capitalistas. Con otras palabras, la explotación misma no aparece sino en la esfera de circulación, si por explotación
entendemos en el sentido clásico marxista el plustrabajo no remunerado,
es decir, la diferencia entre lo producido por las personas trabajadoras
y su salario (Marx, 2012: 383 y ssMarx, Karl. 2012. Das Kapital. Kritik der politischen Ökonomie. Vol. 3. Berlin: Dietz.
).
Desde la perspectiva crítica de la Escuela de Frankfurt, se ha
argumentado que esta misma explotación ya se produce en la esfera de
producción, aunque se realiza, es decir, aparece y se monetariza, en la
esfera de circulación, en el intercambio. Según Horkheimer y Adorno (2009b)Horkheimer, Max y Theodor W Adorno. 2009b. “Elementos del antisemitismo. Límites de la Ilustración”. Pp. 213-250 en Dialéctica de la Ilustración (ibid.). Madrid: Trotta.
,
en el sistema capitalista el dominio directo se esconde bajo la
producción. Describen como “apariencia socialmente necesaria”, es decir,
como ideología, la responsabilización de la esfera de circulación por
la explotación.
El resultado de esta ideología, de esta crítica
simplicista del capitalismo, es un desprecio a la esfera de circulación y
a las personas involucradas en ella. Bolsas y bancos, así como
especuladores y banqueros, se contraponen así al trabajo productivo que
crea valor. De ahí que, desde el nacionalsocialismo hasta los
movimientos antiglobalización de la actualidad, se haya diferenciado a
menudo entre el capital productivo o creativo (schaffendes Kapital), y el capital acaparador (raffendes Kapital) o parasitario (Stögner 2017Stögner,
Karin. 2017. “Intersektionalität von Ideologien. Antisemitismus,
Sexismus und das Verhältnis von Gesellschaft und Natur”. Psychologie & Gesellschaftskritik 41(2): 25-45.
).
De esta forma, el capitalista industrial forma parte del buen capital
productivo, nacional, comprometido con la creación de la riqueza
nacional, frente al banquero, especulador de bolsa, personificado
históricamente en el imaginario del judío.
Y esta lógica
estructural queda intacta incluso sin la personificación en forma del
judío. Hablamos aquí del ‘antisemitismo estructural’ en referencia a una
crítica simplicista del capitalismo que aísla y personifica la esfera
de la circulación y la contrapone a la producción capitalista (Maiso y Zamora 2012Maiso, Jordi y José Antonio Zamora. 2012. “Teoría crítica del antisemitismo”. Constelaciones 4: 133-177.
). Ahora bien, nuevamente, desde Marx (2012)Marx, Karl. 2012. Das Kapital. Kritik der politischen Ökonomie. Vol. 3. Berlin: Dietz.
sabemos que el interés solo es una parte, la parte más visible -la
apariencia- de la explotación capitalista. Sabemos que toda empresa
funciona con capital y pretende producir superávit. Esto es
independiente de si el capital viene del dueño de la empresa, que se
lleva el superávit directamente, o si parte del capital son préstamos de
terceros que, de esta forma, aspiran a obtener una parte del superávit
producido mediante el trabajo.
Es decir, el desprecio que recibe
la tarea financiera o comercial y el judío como su personificación es,
al mismo tiempo, una exigencia de reconocimiento de un modo de trabajo
capitalista elevado a la categoría de útil y productivo; frente al
trabajo “parasitario”. El trabajo “judío” parece ser la razón de
que las personas trabajadoras se vean defraudadas en una parte de su
salario, cuando, en realidad, es la lógica impersonal del capitalismo, que tiene que organizarse de tal forma que produce una plusvalía que no acaba en
manos de las personas trabajadoras. Más allá de la esfera del trabajo,
ya lo decían Adorno y Horkheimer, el judío representa “dicha sin poder,
salario sin trabajo, patria sin frontera, religión sin mito” (Horkheimer, Adorno 2009b: 179Horkheimer, Max y Theodor W Adorno. 2009b. “Elementos del antisemitismo. Límites de la Ilustración”. Pp. 213-250 en Dialéctica de la Ilustración (ibid.). Madrid: Trotta.
). El judío es, en este sentido, el “principio rector negativo de la modernidad” (Salzborn 2010Salzborn, Samuel. 2010. Antisemitismus als negatives Leitbild der Moderne. Sozialwissenschaftliche Theorien im Vergleich. Francfort/Meno: Campus.
).
El antisemitismo como estructura del pensamiento general, más allá del
odio concreto hacia las personas judías, refleja, por así decirlo, al
mismo tiempo la exigencia normativa y el fracaso estructural de un
reconocimiento dentro de la sociedad capitalista, burguesa.
La comprensión del antisemitismo nos puede decir mucho sobre los problemas estructurales de la institucionalización del reconocimiento en forma del sistema de trabajo del capitalismo. Las teorías del antisemitismo, es decir, teorías que comprenden la construcción social de la figura del judío como el otro en la creación de valor, nos pueden explicar por qué en el sistema de producción capitalista existe una tendencia a externalizar cognitivamente las fuentes de desprecio a una esfera de circulación. Cuando a ello se junta la incapacidad de comprender relaciones sociales estructurales y se las personifica, se puede correr el riesgo de crear un “nosotros” bueno (por ser productivo) frente a un “ellos” malo.
Como se decía antes, podríamos hacer paralelismos
similares con otras formas racistas de percibir al otro. Por ejemplo, en
forma de la imagen de la persona Negra o inmigrante vaga, un desprecio
que, de forma inversa, reclama un reconocimiento para un “nosotros” como
honestamente productivo y, por ello, virtuoso. Desde El derecho a la pereza de Paul Lafargue (1977)Lafargue, Paul. 1977. El Derecho a la Pereza. Madrid: Fundamentos.
hasta el manifiesto contra el trabajo del grupo Krisis (2002)Krisis. 2002. Manifiesto contra el trabajo. Madrid: Virus.
,
sabemos que hay buenas razones para desconfiar de la bondad del trabajo
en el capitalismo. O podríamos mencionar el racismo específicamente
antiasiático que, a menudo, pinta a las personas asiáticas como demasiado trabajadoras. Estaríamos aquí frente a una imagen que ya apunta a que
la dialéctica capital-trabajo es, en realidad, una lógica de
capital-vida en la que el capital coloniza cada vez más partes de
nuestra vida. En el afán de trabajo asiático se personificaría la futura
explotación también de “nosotros”. Podríamos decir, por ello, que la
figura de la persona asiática trabajadora nos puede decir mucho sobre
las amenazas sistémicas de la colonización del mundo de la vida.
Conclusiones
⌅El objetivo de este artículo no es realizar un análisis exhaustivo sobre cómo las teorías sobre el otro pueden ayudar a criticar y ampliar la lógica institucionalizada del reconocimiento. El enfoque aquí presentado es mucho más limitado. Pretende abrir la mirada, mediante el recurso a las teorías de la otredad, al potencial normativo del otro. Las teorías del otro, la comprensión del racismo, antigitanismo y antisemitismo, etc. nos pueden decir mucho sobre los fallos de las formas de institucionalización del reconocimiento en la sociedad actual.
Sin
ir más allá de las formas básicas del reconocimiento -dedicación
emocional, atención cognitiva y valoración social-, se mostró que la
forma dominante de institucionalización del reconocimiento puede fallar sistemáticamente. Tendríamos aquí una crítica inmanente en sentido clásico (véase también Romero Cuevas y Zamora, 2020Romero Cuevas, José M. y José A Zamora (eds.). 2020. Crítica inmanente de la sociedad. Barcelona: Anthropos.
):
se midieron las instituciones de reconocimiento por su propia exigencia
normativa, mostrando, mediante el ejemplo de la inclusión en el mercado
de trabajo, que las políticas que apuntan a una generalización de la
inclusión en esta forma de trabajo tienen una tendencia inmanente a
incumplir sus promesas de reconocimiento en esta sociedad.
La negación por parte del otro o la imposibilidad de incluirle en el sistema institucionalizado de reconocimiento mediante el trabajo muestran el efecto emancipador que puede tener el otro para nuestras sociedades. Pero no lo tiene sin más. Si no se interpreta su exclusión como una imposibilidad estructural de inclusión en el sistema de reconocimiento, sino de forma racista como fallo del otro, entonces el otro se convierte en objeto de desprecio, racismo, antisemitismo y antigitanismo. Son las teorías del otro las que pueden rescatar el potencial emancipador inmanente.
El otro puede hablar, puede reconocer y renegociar el reconocimiento, pero hay que ser capaz de entender el lenguaje de la pugna por el reconocimiento. Hay que ser capaz de descifrar el sufrimiento por el desprecio como una forma de lucha por un reconocimiento más allá de la institucionalización del reconocimiento existente. Siguiendo el postulado comunicativo de la teoría del reconocimiento, también la posibilidad de emancipación del resto de la sociedad depende de la capacidad de escuchar y entender, interpretando la voz de los otros.
Agradecimientos
⌅Este trabajo ha sido diseñado dentro del proyecto de investigación “Diálogos globales de la teoría crítica actual” (CIGE/2022/164), financiada por la Conselleria Valenciana d’Innovació, Universitats, Ciència i Societat Digital, y se ha desarrollado gracias a una ayuda Fullbright en la Columbia University, New York.
Una versión previa ha sido presentada en el V Simposio Iberoamericano de Teoría Crítica en noviembre de 2023 en Valencia. El autor agradece a todos los participantes sus valiosos comentarios.
También agradece a Sabine Heiss, Arturo Lance, José Lorente Marco, César Ortega y a los tres revisores anónimos sus observaciones sobre el borrador del texto.
Declaración de conflictos de intereses
⌅El autor de este artículo declara no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o personales que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.
Declaración de contribución de autoría
⌅Benno Herzog: Conceptualización, investigación, redacción; borrador original, redacción; revisión y edición.