INTRODUCCIÓN
⌅España inició la etapa monárquica actual, tras casi cuatro décadas de dictadura, con la transición a la democracia y la Constitución de 1978, por la que Juan Carlos I se convertía en monarca. Inicialmente, la vuelta de esta institución a nuestro país partió de la voluntad de Franco, lo que implicó que tanto la institución como el monarca hubieran de aunar varias legitimidades hasta que Juan Carlos I llegó a percibirse como el rey de todos los españoles.
Para ello fue clave el denominado “juancarlismo”, entendido como la simpatía o cercanía hacia Juan Carlos I —íntimamente ligada a su estatus de “salvador de la democracia” o “piloto del cambio”— más que a la propia institución monárquica (O’Donnell 2010: 127). La existencia de esta afinidad justificaba las afirmaciones acerca de que España no era monárquica, sino juancarlista (Moreno Luzón 2015Moreno Luzón, Javier. 2015. “La monarquía malherida”. Ayer 100(4): 251-64.; Palacios Bañuelos 2015Palacios Bañuelos, Luis. 2015. “La monarquia española: del ‘juancarlismo’ a Felipe VI”. La Albolafia: Revista de Humanidades y Cultura (5): 191-208.; Barredo 2013Barredo, Daniel. 2013. El tabú real. La imagen de una monarquía en crisis. Córdoba: Editorial Berince.; Mancall 2010Mancall, Mark. 2010. Monarchy & Democracy in the 21st Century. Bhutan: Bhutan Centre for Media and Democracy.; García del Soto 1999García del Soto, Araceli. 1999. “Representaciones sociales y fundamentos básicos de la cultura política: opiniones intergeneracionales sobre la monarquía española actual”. Tesis, Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales, Universidad de Salamanca, España. (https://digital.march.es/fedora/objects/fjm-pub:1106/datastreams/OBJ/content).); y, por tanto, que no existía consolidación de la monarquía como institución.
La crisis experimentada por la Corona a partir del año 2012, que acabó con la abdicación de D. Juan Carlos, las revelaciones acerca del cobro de comisiones y la marcha de España del rey emérito, situaron a la Monarquía en el punto de mira de los medios de comunicación y de la ciudadanía, cuestionando la continuidad de una institución no responsable, que justificaba su pervivencia en el mito fundacional de la Transición y en la personalización de la Corona en su titular.
Desde un punto de vista académico, este contexto remite a las preguntas de si existe un sentimiento monárquico en España, además de cuáles son las características de quienes, tanto hoy en día como en el pasado, muestran simpatía hacia la monarquía. Después de cuatro décadas, ¿hay continuidad en el perfil de las personas simpatizantes a la monarquía? ¿Ha cambiado su número? Por último, y dado que puede decirse que la institución ha sufrido una crisis de legitimidad, parece pertinente preguntarse por los factores que pueden incidir en el sentimiento monárquico en España. Para responder a estos interrogantes, partimos de la hipótesis de que en España existe un sentimiento monárquico que se encuentra estrechamente ligado al mito fundacional de la institución en el período democrático.
CONFIANZA INSTITUCIONAL Y MONARQUÍA
⌅En una monarquía constitucional, la Corona reina, pero no gobierna. Sus poderes políticos están limitados en España de acuerdo con el Título II de la Constitución, estableciéndose que la persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad (art.56.3). En otras palabras, no hay forma legal de que rinda cuentas por las implicaciones de sus decisiones; no es responsable ante nadie, siéndolo en todo caso las personas que lo refrenden1
La monarquía constituye, en consecuencia, una institución no responsable. Este rasgo lo comparten todos aquellos países cuyos regímenes políticos son herederos del constitucionalismo francés de 1791, como Bélgica, España, Noruega o Suecia (Hazell 2020Hazell, Robert. 2020. “Monarchy in the Constitutional Texts”. Pp. 9-19 en The Role of Monarchy in Modern Democracy, editado por RobertHazell y BobMorris. Oxford: Hart Publishing. DOI: 10.5040/9781509931040.ch-002:15). De hecho, la evolución del régimen parlamentario condujo simultáneamente al aumento de los poderes de la asamblea, al tiempo que se limitaban los poderes ejecutivos de los monarcas (Colomer 2009Colomer, Josep M.2009. “Comparative Constitutions”. Pp. 217-38 en The Oxford Handbook of Political Institutions, editado por S. A.Binder, R. A. W.Rhodes y B. A.Rockman. New York: Oxford Univeristy Press. DOI: 10.1093/oxfordhb/9780199548460.003.0012).
Consecuentemente, la evaluación de la actuación de la monarquía quedaría ligada a las actuaciones de su titular. La confianza en la institución dependería de la valoración de los comportamientos y actitudes de su titular, así como del contenido de su actividad. Esta valoración de la monarquía formaría parte de la cultura política, entendida como las valoraciones, concepciones y actitudes que se orientan hacia el ámbito específicamente político (Peschard 1994Peschard, Jacqueline. 1994. La cultura política democrática. México DF: Instituto Federal Electoral.).
En la actualidad, se considera que cada institución debe demostrar su contribución a la sociedad, lo que incluye a las monarquías (Hrunke 2020Hrunke, H.2020. “Modern Forms of Legitimisation of the Monarchy”. pp 264-269 en The role of monarchy in modern democracy: European monarchies compared, editado por R.Hazell y B.Morris. London: Bloomsbury Publishing.; Seaton 2020Seaton, Jean. 2020. “The Monarchy, ‘Popularity’, Legitimacy and the Media”. Pp. 255-264 en The role of monarchy in modern democracy: European monarchies compared, editado por R.Hazell y B.Morris. London: Bloomsbury Publishing.). Si la confianza en la institución se encuentra estrechamente ligada a la evaluación de la actuación de la persona titular, la base de legitimación de la institución depende enormemente de las capacidades individuales del monarca. De ahí que el apoyo a la institución se encuentre relacionado bien con los beneficios que aporta su existencia al país, teniendo en cuenta los gastos que supone (Mortimore 2020Mortimore, Roger. 2020. “Polls and public opinión”. Pp. 221-235 en The role of monarchy in modern democracy: European monarchies compared, editado por RobertHazell y BobMorris. London: Bloomsbury Publishing.), bien con el hecho de que una monarquía respetada puede transmitir legitimidad a otras instituciones del Estado.
Las nuevas formas de legitimación de la monarquía en la actualidad emanarían de su función como guardián de la democracia, pero las familias reales también pueden contribuir a mejorar la calidad de la labor representativa del país, actuar como símbolo de identidad nacional o facilitar acuerdos comerciales con otros países monárquicos. La monarquía podría considerarse una “forma psicológica de gobierno” que, aunque haya perdido competencia, sigue manteniendo influencia (Häusler 1995Häusler, René. 1995. “Der König – ideale Verschmelzung von Mythos und Funktionalität. Der Parlamentarismus als Katalysator für die Transformation der Monarchie zur 'psychologischen' Staatsform”. Zeitschreift für Parlamentsfragen, 26(3), 505–524). Los o las monarcas pueden reinar durante décadas, representando un marco de estabilidad en medio de la incertidumbre política, económica y social global (Hazell 2020Hazell, Robert. 2020. “Monarchy in the Constitutional Texts”. Pp. 9-19 en The Role of Monarchy in Modern Democracy, editado por RobertHazell y BobMorris. Oxford: Hart Publishing. DOI: 10.5040/9781509931040.ch-002).
En definitiva, la confianza y apoyo otorgados a las monarquías parecen quedar ligados, de una parte, a las características de la cultura política y, de otra, a su desempeño (performance). Esto se manifiesta en un apoyo hacia la monarquía que se ha mantenido bastante elevado en la mayoría de los países —a diferencia del conseguido por otras instituciones responsables—, según muestran las diferentes encuestas realizadas en Europa. La fluctuación en los niveles de apoyo podría deberse a la influencia de eventos específicos. En el caso de España, las noticias sobre los diferentes escándalos relacionados con el rey Juan Carlos habrían afectado de manera relevante a la confianza en la institución (Hazell 2020Hazell, Robert. 2020. “Monarchy in the Constitutional Texts”. Pp. 9-19 en The Role of Monarchy in Modern Democracy, editado por RobertHazell y BobMorris. Oxford: Hart Publishing. DOI: 10.5040/9781509931040.ch-002: 265).
Para aunar estos dos aspectos, que parecen determinar el apoyo a las monarquías, proponemos el concepto de ‘sentimiento monárquico’, término que combina dos dimensiones, la de la confianza en la institución y la que da cuenta del papel desempeñado por la monarquía.
En los apartados siguientes, se contextualiza el caso de estudio para, a continuación, abordar el análisis del sentimiento monárquico en España.
EL SENTIMIENTO MONÁRQUICO EN ESPAÑA
⌅La cultura política española está estrechamente vinculada a la transición a la democracia (Morán 1995). Una tesis ampliamente compartida es la de que se caracteriza por su apatía y cinismo2
El primer conjunto de explicaciones enfatiza el legado franquista y su labor de represión, despolitización y criminalización de la política. El segundo defiende que, durante la Transición, las élites construyeron un discurso unificado en torno a la idea del consenso, del interés nacional, de moderación y olvido colectivo del periodo dictatorial4
Esta legitimidad del sistema político debe contextualizarse atendiendo a la percepción social —en términos de confianza y simpatía— de determinados actores e instituciones políticas (Morán y Benedicto 1995Morán, María Luz y JorgeBenedicto. 1995. La cultura política de los españoles: un ensayo de reinterpretación. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas.). Esta percepción social no fue igual para todas las instituciones. El apoyo de la Corona superó con creces el del resto de instituciones. De hecho, la monarquía se aproximó a una confianza de siete puntos durante toda la década de los 90, empezando su declive a partir de 2006. En 2011, su valoración descendió por debajo del aprobado, situándose por debajo de cuatro puntos. Y en 2014 llegarían los peores momentos de la institución. Dichos niveles de aceptación tan solo han sido alcanzados por las fuerzas armadas, que se convirtieron en la institución más valorada, sustituyendo a la monarquía, a partir de 2006. El resto de las instituciones no solo estuvieron peor valoradas, sino que continuaron perdiendo apoyo a un ritmo mucho mayor que la monarquía; especialmente el gobierno, el parlamento y los partidos políticos.
En este sentido, existe un acuerdo generalizado sobre la pérdida de confianza en las instituciones en todas la democracias, tanto en las más recientes como en las establecidas (Zmerli y Van der Meer 2017Zmerli, Sonja y Tomvan der Meer. 2017. Handbook on Political Trust. Cheltenham, UK: Edward Elgar Publishing. DOI: 10.4337/9781782545118; Torcal y Bargsted 2015Torcal, Mariano y MatíasBargsted. 2015. “Confianza política en Europa y América Latina”. Pp. 163-200 en Desafección política y gobernabilidad, editado por L.Paramio. Madrid: Marcial Pons. DOI: 10.2307/j.ctv10qr0fv.11; Zmerli y Hooghe 2013Zmerli, Sonja y MarcHooghe. 2013. Political Trust: Why Context Matters. Colchester: ECPR Press.; Catterberg y Moreno 2006Catterberg, Gabriela y AlejandroMoreno. 2006. “The Individual Bases of Political Trust: Trends in New and Established Democracies”. International Journal of Public Opinion Research 18(1): 31-48. DOI: 10.1093/ijpor/edh081; Newton y Norris 2000Newton, Kenneth y PippaNorris. 2000. “Confidence in Public Institutions: Faith, Culture or Performance?”. Pp. 52-73 en Disaffected Democracies: What’s troubling the trilateral countries?, editado por Susan J.Pharr y Robert D.Putnam. Princeton: Princeton University Press. DOI: 10.1515/9780691186849-007), habiéndose llegado a afirmar que la democracia ya no es cuestión de confianza, sino de gestión de la desconfianza (Krastev 2013Krastev, Ivan2013. In Mistrust We Trust: Can Democracy Survive When We Don’t Trust Our Leaders?New York: TED Books.) y extendiéndose una suerte de cultura de la desconfianza frente al poder y una preocupación por las prácticas de quienes gobiernan (Inglehart 2005Inglehart, Ronald. 2005. “Modernización y cambio cultural: la persistencia de los valores tradicionales”. Quaderns de La Mediterrània (5): 21-32.). Esta tendencia se explicaría, bien por el pésimo desempeño de las instituciones y sus titulares, bien como consecuencia de procesos de socialización que no fomentan el capital social ni crean confianza social y personal, provocando bajos niveles de confianza institucional proyectada (Megías 2018Megías, Adrián. 2018. “Desafección política ¿estructura o coyuntura? un estudio profundo en el contexto actual de crisis”. Universidad de Murcia.; Putnam, 2011Putnam, Robert. D.2011. Para que la democracia funcione: las tradiciones cívicas en la Italia moderna. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas.; Montero, Zmerli y Newton 2008Montero, Ramón, SonjaZmerli y KenNewton. 2008. “Social Trust, Political Confidence, and Satisfaction with Democracy”. Revista Espanola de Investigaciones Sociologicas (122): 11-54. DOI: 10.2307/40184879; Mishler y Rose 2001Mishler, William y RicharRose. 2001. “What Are the Origins of Political Trust? Testing Institutional and Cultural Theories in Post-Communist Societies”. Comparative Political Studies 34(1): 30-62. DOI: 10.1177/0010414001034001002; Newton y Norris, 2000Newton, Kenneth y PippaNorris. 2000. “Confidence in Public Institutions: Faith, Culture or Performance?”. Pp. 52-73 en Disaffected Democracies: What’s troubling the trilateral countries?, editado por Susan J.Pharr y Robert D.Putnam. Princeton: Princeton University Press. DOI: 10.1515/9780691186849-007).
Aunque estos estudios explican satisfactoriamente los niveles de confianza para el conjunto de instituciones, no ocurre lo mismo para la monarquía, cuestión de la que parte nuestra propuesta de análisis.
Cuando la monarquía se instaura en España, con la Constitución de 1978, no existía una percepción social previa de la institución5
Fuente: Pina y Aranguren (1976López Pina, Antonio y Eduardo L.Aranguren. 1976. La cultura política de la España de Franco. Madrid: Taurus.: 77)
Restaurada la dinastía histórica,6
Como “rey de todos los españoles”, Juan Carlos I conquistaba el capital de confianza, legitimidad y simpatía por las decisiones tomadas en contra del régimen dictatorial y a favor de uno democrático. Se trata de la fase de institucionalización monárquica. Una etapa dorada en la que, junto a lo anterior, destaca la participación de los medios de comunicación que alentaron una imagen positiva de la familia real (Escudero 2009Escudero, Carolina. 2009. “Televisión y representación pública de la monarquía en España: en torno a la fabricación mediática de los Príncipes de Asturias”. Iberoamérica Global 2(2): 63-78.; Velasco 2018Velasco, Ana María. 2018. “Monarquía y medios de comunicación: de la Transición a Corinna Zu Sayn-Wittgenstein”. Observatorio (OBS*) Journal 2018: 122-37.), consecuencia del acuerdo tácito en torno a la monarquía como punto de encuentro para la convivencia (Barredo 2013Barredo, Daniel. 2013. El tabú real. La imagen de una monarquía en crisis. Córdoba: Editorial Berince.) y consenso de la Transición.
A esta primera fase le seguiría la de acomodación, en que, como consecuencia de la rutinización, era previsible un notable descenso de la confianza en la monarquía (Garrido et al. 2020Garrido, Antonio, M. AntoniaMartínez y AlbertoMora. 2020. “Monarquía y opinión pública en España durante la crisis: el desempeño de una institución no responsable bajo estrés”. RECP 52: 121-45. DOI: 10.21308/recp.52.05), una explicación en términos evolutivos en la que la confianza en la Corona se transformaría a medida que se consolida el sistema democrático (Billig 1988Billig, Michael. 1988. “Rhetorical and Historical Aspects of Attitudes: The Case of the British Monarchy”. Philosophical Psychology 1(1): 83-103. DOI: 10.1080/09515088808572927). Aquí planteamos una explicación alternativa. En primer lugar, proponemos el concepto de ‘sentimiento monárquico’, que aúna diferentes dimensiones, combinando la de confianza en la institución monárquica y la que da cuenta del papel institucional desempeñado por la monarquía. En segundo lugar, y como ocurre con otras actitudes políticas, creemos que este sentimiento se ve influido por el contexto, en lugar de tratarse únicamente de un rasgo estable, de carácter estructural, ligado a la cultura política del país (Megías y Moreno 2022Megías, Adrián y CristinaMoreno. 2022. “Political Disaffection in Spain’s European Neighbours: A Stable Attitude?”. Revista Espanola de Investigaciones Sociologicas 179: 103-24. DOI. 10.5477/cis/reis.179.103; Megías 2018a; 2020Megías, Adrián. 2020. “Changes in the Nature of a Decade-Long Crisis of Disaffection”. Revista Espanola de Investigaciones Sociologicas 169: 103-22. DOI: 10.5477/cis/reis.169.103)9
En definitiva, si dos parecen ser los motivos que han explicado hasta ahora la simpatía que generaba la Corona, a saber: su convivencia con la democracia (Uriarte 2001Uriarte, Edurne. 2001. “La crisis de la imagen de la política y de los políticos y la responsabilidad de los medios de comunicación”. Revista de Estudios Políticos 111: 45-64.: 58) y su carácter de símbolo nacional (en tanto que “salvador de la democracia”), es decir, razones ligadas al desempeño del titular, en términos de su comportamiento en determinados momentos clave de la Transición, pero también por sus características personales; va a ser esa misma vinculación entre monarquía y juancarlismo la que dará cuenta del descenso de confianza hacia la institución. Como el juancarlismo era el atributo fundamental sobre el que descansaba la legitimidad de la institución, al tambalearse la percepción de este, lo hizo la percepción social de la Corona.
Los escándalos de 2012, 2014 y 2020 pusieron de manifiesto que la autoridad carismática de Juan Carlos I, su función modélica y el aura de ejemplaridad que lo ungían, al perderse, pueden generar un déficit de legitimidad para la institución. Y es que, una vez consolidada la democracia, bastaría que la mayoría de la ciudadanía dejara de sentirse juancarlista para que pasara de la aceptación tácita de la monarquía a la desafección o desapego (Juliá 2014Juliá, Santos. 2014. “La erosión de la monarquía”. El País, 2 de febrero. https://elpais.com/elpais/2014/01/29/opinion/1390995769_223759.html [Consultado el 12/08/2024]). Este es el peligro principal a que se enfrenta una institución que sobrevive gracias a la proyección de la personalidad de sus titulares (Billig 1992Billig, Michael. 1992. Talking of the Royal Family. London: Routledge (Francis & Taylor Group).); en nuestro caso, por la estrecha vinculación que la institución ha tenido en España con el rey Juan Carlos I durante la transición y consolidación democrática. De ahí que la pérdida de confianza en este pueda significar la deslegitimación de aquella.
En este sentido, la crisis que ha vivido la institución desde 2012 es de interés no solo en términos históricos, sociales, institucionales, constitucionales o de construcción simbólica, sino que también es relevante el análisis desde la perspectiva individual. Son pocos los estudios sobre la monarquía española desde la ciencia política o la sociología (Stepan, Linz, y Minoves 2014Stepan, Alfred, Juan J.Linz y Juli F.Minoves. 2014. “Democratic Parliamentary Monarchies”. Journal of Democracy 25(2): 35-51. DOI: 10.1353/jod.2014.0032) y, salvo excepciones (Garrido, Martínez y Mora 2020Garrido, Antonio, M. AntoniaMartínez y AlbertoMora. 2020. “Monarquía y opinión pública en España durante la crisis: el desempeño de una institución no responsable bajo estrés”. RECP 52: 121-45. DOI: 10.21308/recp.52.05), el estudio de la evolución de su percepción social solo se ha abordado superficialmente (García del Soto 1999García del Soto, Araceli. 1999. “Representaciones sociales y fundamentos básicos de la cultura política: opiniones intergeneracionales sobre la monarquía española actual”. Tesis, Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales, Universidad de Salamanca, España. (https://digital.march.es/fedora/objects/fjm-pub:1106/datastreams/OBJ/content).). Dicha crisis ha podido afectar a aquellas personas que muestran simpatía hacia la monarquía, pudiendo tener implicaciones para el propio sistema político, ya que la monarquía parlamentaria española, que fundamenta su legitimación en la transición a la democracia —su mito fundacional— y en la persona de Juan Carlos I, podría verse ya no solo cuestionada, sino en peligro. Despersonalizar la Corona resulta complicado, pues, tal y como afirma Billig (1992Billig, Michael. 1992. Talking of the Royal Family. London: Routledge (Francis & Taylor Group).), se trata de “una institución que sobrevive mediante la proyección de la personalidad de los individuos”.
Para analizar estas cuestiones, partimos de la hipótesis de que en España existe un sentimiento monárquico que se encuentra estrechamente ligado al mito fundacional de la institución en el período democrático. Esta hipótesis se contrasta en el apartado de análisis, además de trazarse los diferentes perfiles individuales en términos de simpatía a la monarquía. Por último, se analizan los factores que pueden resultar determinantes para la simpatía hacia esta institución.
METODOLOGÍA
⌅Para abordar el estudio del sentimiento monárquico en España, y en concreto de las características de los y las simpatizantes monárquicos, que va a permitir diferenciarles de quienes rechazan o se muestran indiferentes hacia la monarquía en nuestro país, hemos optado por las llamadas ‘técnicas de clasificación’. En concreto, empleamos el análisis discriminante (en adelante, AD) junto con un modelo logístico multinomial para lograr modelos de predicción más robustos. Esta técnica, desarrollada por Fisher en 1936, permite valorar el grado en que las variables independientes contribuyen a la diferenciación de los grupos, en adelante simpatizantes (monárquicos), contrarios (monárquicos) e indiferentes.
A diferencia de una regresión lineal, el AD predice la pertenencia, bien a la categoría de simpatizantes, bien al grupo de contrarios. En otras palabras, se trata de mostrar el perfil del sentimiento monárquico en España tras los distintos avatares sufridos por la institución. Para ello, se considera el periodo de que abarca desde la “crisis de Botsuana” y la abdicación de Juan Carlos I hasta el reinado de Felipe VI y la marcha del rey emérito del país tras las sospechas de corrupción y presunto cobro de comisiones derivado de su papel como intermediario en contratos celebrados en el extranjero por empresas españolas. Se busca así comprobar, de manera simultánea, la influencia que estas crisis hayan podido jugar sobre la simpatía hacia una institución no responsable, cuya confianza no ha dejado de caer desde inicios del siglo XXI.
Las fuentes de datos para la estimación de los modelos discriminante y logístico van a ser los barómetros —2309 y 2778— del CIS y la encuesta EMONARQ realizada por la demoscópica 40dB (Hernández, Torre y De Moragas 2021Hernández, Enrique, MargaritaTorre y Antoni-ItaloDe Moragas. 2021. Survey About the Spanish Monarchy. Dataset. DOI: 10.1080/2474736X.2021.1938149.). Estas comprenden los años 1998, 2008 y 2021, respectivamente; es decir, el lapso temporal en el que se produjeron los distintos sucesos referidos.
Variables dependientes e independientes
⌅La realización y aplicación conjunta de los análisis discriminante y logístico multinomial implican la asunción de determinados supuestos, entre los que se incluyen condicionantes de la variable dependiente. Para este estudio, partimos del Índice de Simpatía hacia la Monarquía (Monarchy Sympathy Index, en adelante, MOSI), operacionalizado combinando la confianza en la institución y el papel desempeñado por la monarquía para la estabilidad de la democracia11
El MOSI oscila entre 0 —ausencia de sentimiento monárquico—, y 1 —máximo sentimiento monárquico— y, para aplicar las técnicas de análisis, el resultado se reconvierte posteriormente en categorías que suponen la agrupación de las personas encuestadas en tres grupos: simpatizantes (de 0.66 a 1), indiferentes (de 0.33 a 0.65) y contrarios (de 0 a 0.32). En todos los análisis, la categoría de referencia es la de indiferentes.
El MOSI se ha sometido a un análisis factorial confirmatorio —AFC— para comprobar la medición efectiva de las actitudes objeto de estudio —validez de constructo del indicador—. Sus coeficientes, mostrados en la tabla 2, presentan óptimos niveles de ajuste.
Respecto a las variables independientes, al tratar de comparar el perfil de quienes profesan un sentimiento de simpatía hacia la monarquía en tres momentos diferentes, todos los modelos incluyen: satisfacción con el funcionamiento de la democracia; confianza en otras instituciones (Parlamento y Poder Judicial); preferencia por un gobierno autoritario; la consideración de que, sin la actuación del rey, la transición a la democracia no hubiera sido posible, e ideología. Asimismo, los modelos incluyen: género, edad, nivel de estudios, ocupación y estatus socioeconómico como variables de control. Todas las variables han sido recodificadas a escalares por los requisitos del análisis discriminante y de regresión, convirtiéndose en variables ficticias12
ANÁLISIS
⌅El análisis univariado de las diferencias grupales proporciona información acerca de la evolución del perfil de las personas simpatizantes, así como de la caracterización y diferenciación de los grupos. La tabla 3 muestra las medias grupales de cada variable independiente, junto a sus desviaciones típicas para el conjunto de la muestra analizada, en cada uno de los grupos que conforman la variable dependiente —simpatizantes vs. contrarios e indiferentes—. Aunque para el análisis posterior serían más relevantes las desviaciones típicas pequeñas —indican homogeneidad grupal—, aquí lo interesante es la visión descriptiva previa de la evolución de los perfiles. Estos datos se muestran en las tabla y figura 3. Para interpretar la tabla, debe tenerse en cuenta que tanto las medias como las desviaciones típicas están expresadas en las unidades de medición de las variables, ya que estas no han sido estandarizadas. Además, en variables ficticias (como el sexo o la preferencia por un régimen autoritario), la media representa la proporción de casos con el valor codificado “1” o “5” en el caso de los estudios o la clase social13
Fuente: elaboración propia a partir de datos del CIS y de EMONARQ
En la figura 3, se observa una caída del grupo de indiferentes, así como una menos acusada del de simpatizantes, al tiempo que se produce un incremento del número de personas contrarias a la monarquía. Adicionalmente, se aprecia un cambio en los perfiles. A partir de la interpretación de las medias, se observa que los contrarios son en mayor medida jóvenes, situados más a la izquierda, con una concepción descentralizada del Estado y trabajadores. Las personas simpatizantes son de mayor edad, con posiciones más hacia la derecha y que otorgan al rey un papel fundamental para la llegada de la democracia. En cualquier caso, estos datos tienen como objetivo proporcionar una primera aproximación descriptiva a las características de los distintos colectivos.
Los análisis logístico y discriminante14
Los resultados de la tabla 4 indican que las variables de mayor poder discriminante son: la creencia de que sin el papel desempeñado por el rey la transición democrática no hubiera sido posible, el grado de satisfacción con el funcionamiento de la democracia, la confianza parlamentaria y la confianza en la Justicia (coeficientes estructurales de >0,4 para todas ellas), seguidas por la ideología (0,317). Dichos resultados ponen de manifiesto que el perfil de la persona simpatizante monárquica es el de una persona que, en términos generales, confía en las instituciones políticas (relación positiva de las variables), situada en mayor medida en el centro-derecha del espectro ideológico, con una satisfacción elevada con el funcionamiento de la democracia, con un nivel de estudios menor que aquellas personas que se muestran poco proclives a la monarquía (contrarios) y, sobre todo, que creen profundamente que sin el papel desempeñado por el rey en la llegada y consolidación de la democracia, esta no hubiera sido posible.
Fuente: elaboración propia a partir de datos del CIS y de EMONARQ
Los resultados del modelo logístico pueden ser interpretados en términos de probabilidad observando el efecto marginal calculado para cuando Y=1 (probabilidad de ser contrario o simpatizante monárquico). La probabilidad de ser simpatizante aumenta un 59 % por cada punto que se sube en la escala de acuerdo con que la transición no hubiera sido posible sin el rey. Del mismo modo, cuando se asciende en la escala de satisfacción con la democracia, se incrementa en un 18 % la probabilidad de mostrar simpatía hacia la monarquía y un 18 y 24 %, respectivamente, cuanto mayor es la confianza en otras instituciones, como la Justicia y el Parlamento. También puede destacarse, dada su significatividad estadística, la importancia de la ideología en la simpatía hacia la monarquía: por cada punto que se asciende en la escala ideológica, se incrementa un 3 % la probabilidad de ser simpatizante.
Estos resultados son coherentes con la cultura política de los últimos años del siglo XX, caracterizada no solo por la naturaleza apática o cínica de la ciudadanía hacia la política, sino, sobre todo, por la existencia de un vínculo democracia-éxito de la Transición-Juan Carlos I.
Se trata de uno de los mitos fundacionales de la democracia en España, que explicaría los altos niveles de legitimidad del sistema (importancia de la satisfacción con el funcionamiento de la democracia en las funciones discriminantes), pero también la satisfacción acerca del modo en que se produjo la transición política, que se ha revelado como un elemento clave para explicar muchos de los rasgos de la cultura política española (Megías 2018Megías, Adrián. 2018. “Desafección política ¿estructura o coyuntura? un estudio profundo en el contexto actual de crisis”. Universidad de Murcia.). De ahí que muchos autores y autoras hayan venido refiriéndose a España no como monárquica, sino como juancarlista (Pérez 2014Pérez, Julio. 2014. “Estrategias de la izquierda radical en el segundo franquismo y la Transición (1956-1982)”. Pp. 95-125 en La Transición española, editado por M. C.Chaput Y J.Pérez. Madrid: Biblioteca Nueva.; Moreno Luzón 2015Moreno Luzón, Javier. 2015. “La monarquía malherida”. Ayer 100(4): 251-64.; Palacios Bañuelos 2015Palacios Bañuelos, Luis. 2015. “La monarquia española: del ‘juancarlismo’ a Felipe VI”. La Albolafia: Revista de Humanidades y Cultura (5): 191-208.; García del Soto 1999García del Soto, Araceli. 1999. “Representaciones sociales y fundamentos básicos de la cultura política: opiniones intergeneracionales sobre la monarquía española actual”. Tesis, Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales, Universidad de Salamanca, España. (https://digital.march.es/fedora/objects/fjm-pub:1106/datastreams/OBJ/content).). No obstante, a la vista de las noticias relacionadas con el Rey emérito desde 2014 —caso Nóos, cacería en Botsuana, la revelación de sus relaciones con la oligarquía saudí y Corinna zu Sayn-Wittgenstein, o, más recientemente (a partir de 2020), con el presunto cobro de comisiones—, cabe preguntarse por la vigencia de dicha afirmación.
Para responder esta cuestión, se analizan los perfiles monárquicos de la ciudadanía española en las dos décadas siguientes: 2008 y 2021, diez y trece años más tarde.
Fuente: elaboración propia a partir de datos del CIS y de EMONARQ
¿Qué ocurre con las personas monárquicas una década después? Observando las figuras 1 y 3, podría esperarse que las características de la persona simpatizante presentasen cambios de forma paralela. Sin embargo, que la confianza en la institución empeore no implicaría que quienes defienden la institución presenten características distintas.
Atendiendo a los resultados tanto del modelo discriminante como del logístico, observamos que las variables de mayor homogeneidad entre el grupo de simpatizantes (AD) son nuevamente la creencia en que la transición no hubiera sido posible sin el monarca, la confianza en otras instituciones —como el TC, otra institución no responsable (Newton, Stolle y Zmerli 2018Newton, Kenneth, DietlindStolle y SonjaZmerli. 2018. “Social and Political Trust”. Pp. 37-56 en The Oxford Handbook of Social and Political Trust, editado por Eric M.Uslaner. Oxford University Press. DOI: 10.1093/oxfordhb/9780190274801.013.20) —, la ideología y la satisfacción con el funcionamiento del sistema democrático, así como el nivel educativo. El perfil del simpatizante es el de alguien que confía en mayor medida en otras instituciones políticas, tanto responsables como no responsables, con mayor satisfacción sobre cómo funciona la democracia, situada más a la derecha en la escala ideológica y con menor nivel formativo (ser monárquico se relaciona negativamente con el nivel de estudios, coef. estructura = -0,158).
La edad también aparece como característica de la simpatía hacia la monarquía (regresión), de modo que, por cada año adicional, se incrementa la probabilidad de simpatizar con la institución en un 0,2 %. Por ejemplo, un individuo de 25 años tiene un 6 % más de probabilidad de ser contrario a la monarquía que una persona de 55 años. Ello remite a la pregunta de si es la edad o la generación la que determina el apego a esta institución; lo que corroboraría la impronta de la socialización y la cultura política durante la Transición. Si se comparan estos resultados con los de la tabla 4 (1998) y con los de 2021 (tabla 6), todo parece apuntar a efectos generacionales, dado el incremento en los perfiles por edad.
Respecto a los resultados del análisis para el año 2021 (tabla 6), fue un año especialmente agitado en lo que respecta a la monarquía y a la casa Borbón en España. Si anteriores escándalos relacionados con Juan Carlos I ya parecieron afectar a la institución (con cobertura recurrente en la prensa), los escándalos de 2021, relacionados con los negocios, el supuesto cobro de comisiones ilegales y otras actividades presuntamente realizadas por el rey emérito en el extranjero, destapadas en 2020, no solo recibieron mayor atención mediática, sino que incluso dieron lugar a que tanto la Hacienda Pública como la Fiscalía iniciaran investigaciones al respecto. Además, el Gobierno español también acabaría posicionándose con declaraciones que rompieron el tradicional “velo de silencio” en torno a la Corona.
Estas noticias negativas, sumadas a las anteriores, sobre conductas y comportamientos reprobables de Juan Carlos I, podrían haber afectado a la confianza en la Corona y cristalizado en cambios en los perfiles de las personas que se muestran contrarias a la monarquía.
Fuente: elaboración propia a partir de datos del CIS y de EMONARQ
Los resultados mantienen rasgos de los perfiles anteriores. Hay una nueva variable discriminante —la preferencia por un gobierno autoritario—, el resto permanecen como factores significativos sobre las actitudes hacia la monarquía de los españoles. La percepción de que sin el rey la transición no hubiera sido posible, la confianza en instituciones no responsables, ser ideológicamente conservador, no tener estudios superiores y una mayor preferencia o aceptación por gobiernos autoritarios, configuran los rasgos del simpatizante monárquico. Asimismo, los resultados muestran que se difumina el grupo de intermedios (lo que gráficamente se apreciaba en la figura 3), cuyos rasgos apenas presentan diferencias en términos marginales. De hecho, como puede observarse en anexo —tabla A3—, es más significativo un análisis que solo contemple a contrarios frente a simpatizantes hacia la monarquía, en que el 80 % de los casos (frente al 75 %) se clasifican correctamente. Además, se observa la pérdida de importancia de la satisfacción con la democracia a la hora de predecir la simpatía hacia la monarquía, lo que se relacionaría con la desvinculación entre monarquía y democracia en términos de apoyo específico al titular de la Corona. En otros términos, el capital de legitimidad de Felipe VI ya no estaría construido sobre la base de una dinámica análoga al fenómeno del juancarlismo.
En definitiva, los datos apuntan hacia la estabilidad de los rasgos que caracterizan los perfiles de las personas simpatizantes y contrarias monárquicos, esto es, de aquellas personas con un sentimiento monárquico más fuerte, frente a quienes muestran uno débil o inexistente. Igualmente, parece que las características asociadas a la legitimación inicial de la institución y los atributos asociados a su utilidad social persisten en gran medida a la hora de fundamentar el sentimiento monárquico en España, lo que confirmaría la hipótesis de la que partíamos acerca de la existencia de un sentimiento monárquico basado en las actuaciones de la Corona, sobre las que se constituyó el mito fundacional de la institución en España. Sin embargo, el análisis también ha mostrado la influencia del contexto, lo que se hace patente por la influencia de la variable ‘edad’, en el sentido de que las personas que no se socializaron en los años del mito fundacional de la monarquía en España y han vivido los escándalos asociados con el titular de la Corona son menos proclives a simpatizar con la institución.
CONCLUSIONES
⌅La percepción social de la monarquía en España experimentó una transformación notable desde que Franco designara a Don Juan Carlos como sucesor hasta que protagonizara determinados hechos de la transición a la democracia, especialmente con su intervención en televisión en la madrugada del 23 al 24 de febrero de 1981, tras la intentona golpista del 23F. Este cambio en la percepción social del monarca fue tan significativo que algunos se han preguntado si la ciudadanía española era en realidad monárquica, pese a que durante años se trató de la institución mejor valorada.
Este estudio partía de esa misma cuestión: ¿existe un sentimiento monárquico en España? Y, de ser así, ¿cómo son las personas monárquicas en España? ¿Cuáles son sus características distintivas? ¿Qué factores pueden incidir en dicho sentimiento? Nuestra hipótesis de partida plantea la existencia un sentimiento monárquico en España íntimamente ligado a las actuaciones del titular de la institución, las cuales constituyeron el mito fundacional de la Corona en la España democrática.
Para responder estas preguntas de investigación y contrastar nuestra hipótesis, proponemos el concepto de ‘sentimiento monárquico’. Las investigaciones sobre instituciones no responsables indican que la percepción social de las mismas depende, de una parte, del apoyo o confianza (trust) que genera la institución —relacionada con la cultura política del contexto de que se trate—, y de otra, de la evaluación del desempeño (performance) de la persona titular —dada su naturaleza de institución no responsable—. Así, en esta investigación se propone el concepto de sentimiento monárquico, que aúna la dimensión de la confianza en la institución y la del papel institucional desempeñado por la monarquía. Este concepto se operacionaliza a través de la elaboración del Monarchy Sympathy Index (MOSI). Además, dada la cantidad de escándalos a que la institución ha debido hacer frente en España, hemos realizado un análisis para determinar si el contexto influye sobre este sentimiento o si representa un rasgo más estable y arraigado en la cultura política del país.
Los resultados del análisis indican que el sentimiento monárquico en España parece estar vinculado a características específicas relacionadas con la configuración y rasgos de la cultura política del país. El mito fundacional respecto del papel desempeñado por Juan Carlos I durante la transición a la democracia y la asociación de dicho rol con el fomento de la estabilidad, el consenso y la paz parece continuar vigente. Ejemplo de ello lo encontramos en expresiones públicas como la que se produjo en agosto de 2020, cuando 75 exministros y altos cargos del PP y PSOE, cerca de una quincena de embajadores y una larga lista de intelectuales y figuras destacadas en campos diversos, suscribían un manifiesto de apoyo al rey emérito, defendiendo su presunción de inocencia y recordando su legado durante los años de democracia en España: la “etapa histórica más fructífera que ha conocido España en la época contemporánea”. Este manifiesto se hacía público después de que la Casa Real informase de que el rey emérito se había trasladado a Emiratos Árabes Unidos (EUA), es decir, en un momento en que la percepción social del monarca podía verse muy afectada18
Independientemente de la identidad del titular de la Jefatura del Estado, la Corona en España se asocia estrechamente con el mantenimiento de la democracia. Inicialmente, la institución se personalizó para captar el capital de simpatía hacia Juan Carlos I (juancarlismo). Ahora, dada la influencia del contexto, también corroborada por el análisis, la tendencia sería la opuesta, despersonalizar la institución manteniendo los mismos presupuestos de base como fuente de legitimidad; tratando de minimizar los daños de los escándalos asociados al anterior titular, pero vinculando la legitimidad de la institución con el sostenimiento de la democracia. Por tanto, el sentimiento monárquico en España puede caracterizarse como difuso, ligado a las características propias de la cultura política del país. Este carácter difuso se evidencia, por ejemplo, en la transición del juancarlismo hacia una percepción más institucionalizada de la monarquía, que busca mantenerse vigente con un nuevo monarca.
En este sentido, los resultados de los análisis confirman que las características del perfil de aquellas personas que tienen un sentimiento monárquico fuerte, en términos generales, no han variado significativamente. Los datos no apuntan a que en España se esté dando un cambio de cultura política en lo referente al mito de la transición a la democracia. En términos de percepción, la monarquía parece seguir ligada a la existencia de la democracia en España, con todas las implicaciones que este hallazgo puede tener respecto del sostenimiento y calidad de la democracia en el país, así como del papel de la institución en el sistema político español.