Revista Internacional de Sociología RIS 82 (3)
ISSN-L: 0034-9712, eISSN: 1988-429X
https://doi.org/10.3989/ris.2024.82.3.23.1250

¿Qué es el capital político? Analogías económicas, formas sociales y modos de apropiación e inversión en campos y mercados políticos

What is Political Capital? Economic Analogies, Social Forms and Modes of Appropriation and Investment in Fields and Political Markets

 

INTRODUCCIÓN

 

La locución ‘capital político’ es una expresión de uso frecuente en el lenguaje político cotidiano, pero es también solicitada por las ciencias sociales sin que quede claro su estatus: ¿es una mera expresión o un concepto? Es en Pierre Bourdieu en quien encontramos la sociología más sistemática del capital. A partir de la teoría general de los campos, se le debe reconocer el mérito de haber estudiado empíricamente distintos tipos de campos y haber discernido el rol que juegan distintas especies de capital en el funcionamiento de estos espacios especializados. En este artículo, propongo someter a escrutinio y crítica esta noción de ‘capital político’ en su relación con el campo político, relevando el problemático estatus conceptual de una categoría que fue utilizada por Bourdieu de modo laxo, ya que nunca sintió la necesidad de definirlo. Mi objetivo no es razonar sobre un concepto en el que Bourdieu pudo haber pensado, sino aportar respuestas a la pregunta siguiente: ¿qué tenemos que entender por capital político?

Dicha pregunta puede sorprender, dado que la literatura que utiliza el concepto de ‘capital político’ abunda. Es así como Neveu (2013Neveu, Erik. 2013. “Les sciences sociales doivent-elles accumuler les capitaux?”. Revue française de science politique 2, vol. 63: 337-358. DOI : 10.3917/rfsp.632.0337 y 2018Neveu, Erik. 2018. “Bourdieu’s Capital(s): Sociologizing an Economic Concept”. Pp. 347-373 en The Oxford Handbook of Pierre Bourdieu, editado por ThomasMedvetz y Jeffrey J.Sallaz. New York: Oxford University Press.) se interrogó sobre los riesgos asociados al problemático éxito social del concepto1Basta tan solo mencionar, como prueba de éxito de la locución ‘capital político’, varios trabajos anglosajones que, sin tomar totalmente en serio el concepto, capturan fragmentos de un recurso que es muy elusivo: Fielding (2011); French (2010); Nee y Opper (2010).: ¿para qué definir una locución que suena paradójicamente bien, sin que sepamos realmente de lo que estamos hablando? Para responder a esta pregunta, me centraré, en un primer momento, en los usos ordinarios o no científicos a los que da lugar, con el fin de mostrar qué es lo que se entiende espontánea y popularmente por ‘capital político’, para, en seguida, detenerme en las ventajas y los límites de las analogías económicas para comprender los efectos de la inversión de esta especie de capital en el funcionamiento del campo político. En un segundo momento, mi foco estará puesto en las formas sociales y en los modos de apropiación del capital político, interrogando las lógicas individuales de adquisición y los modos colectivos de acumulación. En un tercer momento, me interesaré en las lógicas de entroncamiento, distinguiendo entre lo que es propio de un campo político y lo que es inherente a una configuración de mercado político. Esta distinción me permitirá reflexionar sobre lo que “invertir” capital político quiere decir, dependiendo de si estamos en presencia de un “campo” o de un “mercado” político, para luego precisar el sentido del concepto de ‘capital político’. Concluiré con una reflexión sobre las transformaciones del campo a partir de la heterogeneidad creciente de los capitales y recursos que son invertidos en él.

USOS ORDINARIOS DEL CAPITAL POLÍTICO Y ANALOGÍAS ECONÓMICAS

 

Detengámonos en dos ejemplos de uso ordinario de la locución. El primer ejemplo se enmarca en el contexto de la cumbre climática de Nueva York de 2019, en donde el presidente chileno Sebastián Piñera jugó un rol importante, haciéndose acreedor de un award internacional por sus políticas de lucha contra el calentamiento global. Para lograrlo, el presidente Piñera invirtió su capital político ante sus pares internacionales respecto de futuras políticas domésticas, con lo cual el galardón recibido no era otra cosa que la certificación de un compromiso sobre el futuro. De allí la pregunta formulada por un periódico electrónico sobre los usos y efectos del capital que ha sido acumulado por el presidente chileno: “la pregunta es si este capital político que [Piñera] acumula en el exterior le servirá para implementar políticas públicas en el ámbito doméstico” (El Libero, 28 de septiembre de 2019). No conocemos la respuesta, en la medida en que no sabemos mucho acerca de la naturaleza del capital político que ha sido acumulado por el presidente chileno, y aún menos sobre las formas de su acumulación. El segundo ejemplo proviene de Italia. Con ocasión de la investidura de Giuseppe Conte como presidente del Consejo en 2020, las dudas sobre las razones de esta consagración coparon la crónica periodística: "un perfecto desconocido sin experiencia política ni vínculo partidario hizo gala de una capacidad de maniobra insospechada. Se dotó a lo largo del tiempo de un auténtico capital político que superaba las fronteras estrictas de la actual mayoría constituida por la alianza del Partido Demócrata (centro-izquierda), de los partidarios de Matteo Renzi y del M5S” (Le Monde, 24 de julio de 2020). Estas dos referencias periodísticas constituyen dos ejemplos (entre muchos) de uso ordinario de la palabra ‘capital’, desde la afirmación de su “acumulación” (¿bajo qué formas?) en un foro internacional hasta el curioso juicio referido a su autenticidad, dejan abiertas una serie de incógnitas: ¿bajo qué formas se acumula el capital político? ¿Qué es, exactamente, lo que se está acumulando e invirtiendo? ¿En qué sentido lo que se encuentra involucrado es un “capital”, y qué función cumple el adjetivo ‘político’?

El problema de la noción de ‘capital’ reside ciertamente en su polisemia, pero también en su articulación con funciones económicas que no son mecánicamente transferibles a la política. En este sentido, cabe preguntarse: ¿podemos pensar el capital político mediante analogías económicas? La respuesta es afirmativa, a condición de no perder de vista los límites de la analogía. A veces asimilado al dinero o a activos financieros reconvertibles en dinero (por ejemplo, acciones), dotando a quienes lo poseen de un cierto poder de compra, el capital suele ser asociado a la idea de inversión orientada a crear valor y riqueza. Si esta es la lógica funcional y casi mecánica del capital, el problema intelectual comienza al momento de comprender la lógica de acumulación del capital político y su inversión según una disposición “universal” hacia el cálculo para alcanzar ciertas metas2Ante la espinuda pregunta del universalismo del cálculo, Bourdieu respondía: “creo que se puede aceptar que la disposición hacia el cálculo existe universalmente”, y que “el cálculo económico existe al estado de propensión” (Bourdieu 2017: 50). Dicho de otro modo, todos los actores, en diversos universos sociales, están equipados de la capacidad de calcular o, si se quiere, de medir cognitivamente los costos y beneficios de tal o cual acción. Ciertamente, esta disposición universal no significa que se calcule del mismo modo en el campo político y en el campo económico, como tampoco quiere decir que los actores estén calculando todo el tiempo: es aquí donde vemos los riesgos asociados a una actividad congnitiva que hace espontáneamente sentido en el campo económico (dada la existencia de sistemas de precios en los que se ancla el acto de cálculo), pero que no encuentra una equivalencia exacta en el campo político (sostener que los candidatos o partidos podrían tener un “precio” es lógicamente absurdo). Esto quiere entonces decir que calcular, políticamente hablando, para quienes poseen capital en el campo político supone la capacidad de imaginar y anticipar los efectos que una decisión de inversión (por ejemplo, ser candidato a un puesto electivo) puede acarrear, esto es, la probabilidad de alcanzar el éxito.. Entonces, ¿en qué consiste lo que es políticamente acumulado? ¿Qué es el capital político? ¿Tiene algún tipo de textura o materialidad? ¿En dónde y de qué modo es acumulado? ¿Cómo es preservado el valor del capital que es atesorado?

Es evidente que diversos tipos de recursos son acumulados al interior de los partidos políticos por sus afiliados (y por la propia organización), lo que permite invertirlos en proyectos de promoción de una carrera política (Claessen 2023Claessen, Clint. 2023. “Accruing Career Capital: How Party Leaders with More Political Experience Survive Longer”. Party Politics, DOI: 10.1177/135406882311703.) que suponen el ingreso en el campo político. Pues bien, en política el cálculo vinculado a la inversión es mucho menos sofisticado que en el mundo económico, lo que se traduce en decisiones y elecciones marcadas por una mayor subjetividad y, a menudo, por una fuerte incertidumbre sobre los resultados3Un buen ejemplo de la incertidumbre sobre los resultados que rige un acto de inversión de capital político lo entrega David Cameron cuando se lanza, contra todos los pronósticos, a la conquista del liderazgo del Partido Conservador en el Reino Unido, a partir de una lenta acumulación de “capital mediático” que sirve como proxy para capturar y dimensionar su capital político (Davis y Seymour 2010). que se pueden obtener. Ahora bien, la política y la acumulación de capitales se desarrollan también fuera de los partidos. Así, los actores que se encuentran fuera del campo político, que no han tenido contacto regular con las luchas políticas y que —por las razones que fueren— están interesados en ingresar al campo político, también deberán invertir sus propios recursos que han previamente acumulado en otros campos (o en movimientos sociales, acciones colectivas o en causas que lograron adquirir visibilidad), si lo que quieren es franquear las barreras de entrada del campo político. A modo de ejemplo, detengámonos en el capital de “celebridad” que es acumulado en el campo deportivo o cinematográfico, una especie de capital que puede ser reconvertida e invertida en el campo político, como lo evidencian abundantes casos4Sobre esto, los ejemplos de George Weah —ex futbolista e insigne goleador del Milan AC hoy transformado en presidente de Liberia (2018-2024)— y de Ronald Reagan —un ex actor de cine que fue elegido como presidente de los Estados Unidos en 1981—, son suficientemente elocuentes para ilustrar la posibilidad de reconversiones de capital desde campos distintos al político.. Lo mismo se puede decir de la inmersión en movimientos sociales, como lo prueban los casos de adquisición de capital e inversión en el campo político por parte de dirigentes estudiantiles que, por ejemplo, han adquirido una notoriedad (capital simbólico) y mostrado una capacidad discursiva (capital cultural) en el transcurso de las luchas y negociaciones con los demás actores, que permiten que logren franquear las barreras de entrada del campo transformándose en diputados5Al respecto, Chile es un muy buen ejemplo: a continuación del auge del movimiento estudiantil en 2011 y 2012, varios de sus dirigentes se transformaron en diputados en las elecciones de 2013..

Si la locución ‘capital político’ puede ser entendida como concepto, es a condición de ponerla en relación con un campo6Lo que plantea la pregunta de si pueden existir capitales sin conexión con un campo determinado, esto es, un recurso que se puede originar por fuera de un campo; este tema ha sido discutido a partir de la noción de ‘capital erótico’ de Hakim tanto por Neveu (2013) como por Moreno y Bruquetas (2016).. Queremos decir con ello que un campo, cualquiera sea este, no puede funcionar sin la inversión de capitales que hagan sentido en él, realzando el valor de sus agentes inversores y posibilitando el desarrollo de carreras en su interior; en tal sentido, los campos son en primer lugar espacios de inversión, y en segundo lugar, espacios de actuación para los actores que tuvieron éxito con sus inversiones de capital. Es así como al campo literario le corresponderá un capital específico, el capital literario, eventualmente declinado en subespecies, como, por ejemplo, el capital poético o novelístico, del mismo modo que en los campos científico, económico o político le corresponderá a cada uno de ellos formas específicas de capital y, eventualmente, una o varias subespecies de capital, como, por ejemplo, el capital militante en el caso del campo político (Matonti y Poupeau 2004Matonti, Frédérique y FranckPoupeau. 2004. “Le capital militant: essai de définition”. Actes de la recherche en sciences sociales 155: 4-11.).

Entonces, ahora que sabemos que el capital político se relaciona con un campo, ¿qué se puede decir del capital político y de su composición? En primer lugar, el capital político es una forma de capital simbólico, esto es, un recurso que le entrega valor —ante los ojos de otros actores— a quien lo posee e invierte bajo la forma de un crédito de aceptación y, eventualmente, de admiración para quien lo detenta. En los términos del sociólogo Bernard Pudal, el capital específico del actor político es de naturaleza “reputacional”, lo que lo lleva a “acumular crédito y a evitar cualquier descrédito, refugiándose en la prudencia y la eufemización” (Pudal 2020Pudal, Bernard. 2020. “Capital politique”. Pp. 110-112 en Dictionnaire international Bourdieu, editado por G.Sapiro. París: CNRS Éditions.: 111). Por tanto, el capital político se transforma en un concepto a partir del momento en que se le considera como un recurso —o conjunto de recursos— que logró adquirir valor en un campo propiamente político, entendiendo como tal un espacio diferenciado y objetivado en puestos, cargos, reglas, agentes especializados y en una lógica de funcionamiento que le es propia7Sobre el campo político y algunas de sus propiedades: Bourdieu (1981 y 2000) y Gaxie (1993).. La composición —su “materialidad”, si se quiere— y el valor del capital político se revelan cuando uno se detiene en las características de unos actores específicos como son el origen social, la socialización primaria o la condición profesional. Estas aportan información sobre la naturaleza del capital —capacidad oratoria, inteligencia estratégica, etc.— y, por tanto, del actor que lo detenta en el campo. Puede entonces entenderse que los actores que ingresaron al campo posean necesariamente algún tipo de capital —aunque no necesariamente de origen político, como ya hemos señalado y se verá más adelante—, en la senda de trayectorias individuales reconocidas, y no solo de atributos excepcionales. Pero el capital político de un actor puede también ser el resultado de una forma de delegación por organizaciones (especialmente, partidos que atesoran un capital colectivo, lo que Bourdieu llamaba ‘capital objetivado’). Es más, puede ocurrir que un mismo actor acumule al mismo tiempo ambas formas de capital. Hablaremos de capital interiorizado para referirnos a la dotación de un actor al cabo de trayectorias individuales en partidos políticos, en movimientos sociales o en otros campos, y de capital objetivado, el que le es delegado por quienes controlan el capital colectivo de un partido o de una fracción partidaria. Hasta aquí, la digresión conceptual apegada a lo que Bourdieu entendía por capital en general, y por capital político, en particular.

¿Qué nos puede aportar la analogía del razonamiento económico para pensar la operacionalización del capital político? En lo que se refiere a sus formas de adquisición, pocas cosas, dado que una de estas formas, el capital objetivado, se ha impuesto ampliamente en las economías modernas: las objetivaciones del capital económico en forma de instrumentos —fundamentalmente financieros— que son cada vez más sofisticados han ganado tal importancia —con o sin el aval del Estado— que es difícil encontrar equivalencias en el mundo político. En tal sentido, más allá de que los partidos, el Estado, las organizaciones empresariales y sindicales puedan generar capital objetivado y delegarlo en actores individuales, no se percibe nada ni remotamente parecido en política a esas otras objetivaciones del capital económico —acciones, bonos, valores de renta variable, etc.—.

Por este conjunto de razones, es difícil encontrar equivalencias de estrategias de inversión de capital político por parte de grandes inversores con acciones parecidas en el campo económico, y aún menos fórmulas de rescate por parte del Estado cuando el inversor es demasiado grande para que su quiebra no produzca consecuencias en toda la economía (too big to fail)8Lo que más se asemeja a un rescate estatal de un gran inversor de capital político fue la promulgación de una ley express en Chile en 2001 para permitirle a la Democracia Cristiana subsanar la inscripción errónea de sus candidatos a parlamentarios, lo que hubiese significado la desaparición del partido en las elecciones de dicho año y consecuencias insospechadas para el sistema de partidos: https://www.elmundo.es/elmundo/2001/07/20/internacional/995655809.html.. Sin embargo, sí se pueden encontrar analogías a nivel de actores individuales que invierten capital, especialmente cuando la reputación, como elemento esencial de capital político, se encuentra involucrada (Davis 2010Davis, Aeron. 2010. “Forms of Capital and Mobility in the Political Field: Applying Bourdieu’s Conceptual Framework to UK Party Politics”. British Politics vol. 5, 2: 202-223.). Si uno observa la composición del campo político en un momento dado del tiempo, es imposible no constatar que allí se encuentran actores con altas inversiones de capital individual y otros actores muy dependientes de formas de delegación de capital objetivado. Dependiendo de la importancia de la forma interiorizada u objetivada del capital político (Offerlé 1987Offerlé, Michel. 1987. Les partis politiques. París: Presses universitaires de France.), los agentes se diferenciarán unos de otros en las maneras, modos, prácticas, proyectos de movilidad y en las inversiones de capital. Así lo evidencia el contraste en el capital de origen entre diputados comunistas, que son totalmente dependientes de la delegación del capital objetivado por el partido, y en esas otras inversiones de capital individual por candidatos y diputados de otras familias políticas, que no dependen tanto del capital del partido. Ahora bien, en ausencia de métricas no es fácil distinguir entre actores y tipos de capitales políticos, en la medida en que el campo político carece de un sistema de precios, esto es, en una falta de métricas públicas que sean comparables a precios para establecer el valor de los actores políticos —no es un azar si en política se habla, de modo aproximativo, del “peso” de los actores—. En cambio, en economía existe un consenso social referido a los precios de las cosas, que no se explica solamente por la magia espontánea del mercado que atribuye valor a lo que es intercambiado entre agentes y consumidores, ya que interviene el Estado en última instancia no para fijar los precios, sino para avalarlos —o, en el caso de triquiñuelas o estafas, para corregir el sistema de precios de los bienes económicos a causa de “fallas de mercado”—. Es cierto que las encuestas y las objetivaciones de la popularidad se asemejan, en cierta medida, a dispositivos de fijación del valor de los actores del campo político. Pero, al mismo tiempo, hay que evitar confundir estos dispositivos de medición del valor de los actores con sistemas económicos de fijación de precios. Esto quiere entonces decir que lo que entendemos de modo descriptivo por ‘capital político’ es un conjunto de recursos que son puestos en juego, cuyo valor es relativo; recursos que se especifican en “especies” o tipos de capital que permiten a los actores que los detentan ser reconocidos, aceptados por quienes ya se encuentran inmersos dentro el campo político, y ser consagrados por agentes y ciudadanos profanos que se ubican al exterior del campo9Una función de consagración externa al campo que se explica por el hecho que ciertos agentes ejercen desde allí un poder performativo sobre la vida del campo: grandes empresarios, periodistas reconocidos por sus pares y escuchados por los actores políticos, políticos que se retiraron del campo, eventualmente intelectuales mediáticos.. Si el capital político y su composición interna es algo que tiene un valor relativo y no constante, puede entonces entenderse que el valor del capital del cual disponen los actores en el campo sea muy inestable en perspectiva histórica, en el sentido de que el valor que se le atribuye a tal o cual de sus componentes se encuentra constantemente sometido a formas —eventualmente aceleradas— de crítica, variación y, ciertamente, de depreciación10Es interesante comparar el sentido más bien vago de la idea de “depreciación” del capital en el campo político con lo que hay que entender por depreciación del capital en economía, que es una medición relativamente precisa de “la cantidad de capital que fue consumida en un año”, lo que les permite a Samuelson y Nordhaus hablar de “muertes del capital” (Samuelson y Nordhaus 2006: 29). Este es un buen ejemplo de la dificultad para conceptualizar el ‘capital político’, y utilizar el concepto en mediciones empíricas.. Las fuentes de variación no residen en el capital político mismo, sino en la relación que mantienen sus componentes con el funcionamiento del campo. Es así como, por ejemplo, las especies y tipos tecnocráticos que componen el capital político de los actores dominantes en un cierto momento (Emmanuel Macron en Francia, Mario Draghi en Italia) no poseen un valor constante, como tampoco las especies partidarias del capital o las trayectorias políticas largas (Antonio Costa en Portugal) explican necesariamente el éxito o la longevidad al interior del campo.

Este conjunto de formas y mutaciones del capital fue presentido por Bourdieu, en los pocos textos en que se refería al capital político, si bien no se detuvo en sus modos de acumulación “por fuera del campo” ni en las estrategias de inversión ensayadas por actores que, interesados en franquear las barreras de entrada del campo político, calculan y deciden arriesgar los recursos que ellos poseen. ¿En qué sentido el capital político y su inversión son objeto de cálculo? Se puede tener éxito o fracasar en las estrategias de inversión del capital para ingresar al campo político no por fallas de racionalidad, sino por disposiciones y un sentido práctico mal adaptados a la realidad presente del campo11En un interesante artículo, Boyer evoca las posibilidades de “cambio en las tasas de equivalencia entre diversas formas de capital (…), lo que desestabiliza la capacidad de reacción de los habitus formados en un contexto muy distinto” (Boyer 2003: 72). Sin duda, pero, al mismo tiempo, lo que cabe explicar es en qué consiste la “tasa de equivalencia” o, según otros autores, la “tasa de intercambio” (Desrumaux y Nollet 2021: 15), en la medida en que la noción misma de ‘tasa’ supone una métrica que, en la realidad, no existe. Ello hace del valor de las personas y de las cosas en el campo político un asunto sumamente subjetivo. Jelinek lo decía maravillosamente bien en una de sus novelas: “cuando alguien se encuentra tan devaluado, los otros se ven inmediatamente un poco reevaluados” (2004: 141)., lo que puede traducirse en fracasos estrepitosos o en éxitos inicialmente notables —ocupando rápidamente posiciones dominantes en el campo político, por ejemplo, ganando la confianza del príncipe a continuación de actos de lealtad que instituyen una relación personal que puede disolverse y derivar en formas de abandono, y hasta de expulsión del campo12En el comunismo latinoamericano, se hablaba de “caer en desgracia” para describir situaciones de ostracismo político. Varios casos se pueden encontrar en el comunismo cubano noventero, como, por ejemplo, el del ex canciller Roberto Robaina entre 1993 y 1999 —reconvertido en pintor—, el de su sucesor Felipe Pérez Roque —1999-2009, hoy ingeniero en una empresa pública— y el de Carlos Lage, ex vice-presidente del Consejo de Estado de Cuba entre 1993 y 2009, hoy funcionario administrativo en un hospital de la periferia de La Habana. En la actualidad, la caída en desgracia trasciende al mundo comunista, ya que el mismo fenómeno se observa en partidos de derecha.—.

LOS MODOS DE APROPIACIÓN DEL CAPITAL POLÍTICO

 

De lo anterior se sigue que el capital que da la posibilidad de acceder al campo político puede ser acumulado en otros campos, en partidos que participan de las luchas del campo político a través de sus diputados, senadores, alcaldes y tantos otros agentes que ocupan posiciones (formales, pero también informales: asesores, consejeros del príncipe, etc.), facciones de partidos, movimientos sociales y, de modo menos frecuente, en organizaciones de la sociedad civil. El rol de los partidos es evidente, si se les considera como agencia socializadora y como plataforma de despegue para emprender eventuales carreras políticas. Sin embargo, militar en partidos no quiere decir que se esté adquiriendo capital político: he allí la diferencia entre el capital “político” acumulado en el campo —lo que supone, lógicamente, haber ingresado a él ocupando posiciones— y el capital “militante”, el que está hecho de recursos valorados por el partido (Matonti y Poupeau 2004Matonti, Frédérique y FranckPoupeau. 2004. “Le capital militant: essai de définition”. Actes de la recherche en sciences sociales 155: 4-11.) pero que, a mi entender, no es un capital propiamente político —se puede militar en partidos sin ocupar posiciones en el campo político—. Esto revela una paradoja: desde militantes a dirigentes nacionales, no porque ellos participen en partidos se podrá decir que han atesorado capital político de campo. Esta es una afirmación paradójica, ya que plantea la pregunta de si las posiciones partidarias per se —el mercado interno de cargos de los partidos— forman parte del universo general de las posiciones del campo político13En la entrada “capital político” que publiqué en un libro en homenaje a Michel Offerlé, establecí el doble origen de este recurso, externo e interno al campo, asentando la idea de una categoría que es profundamente ambigua y elusiva: es así como “una misma palabra puede entonces significar al mismo tiempo dos cosas distintas, al remitir a momentos diferentes de acumulación de capital político” (Joignant 2018: 54). (opino que no), y si el liderazgo que se puede generar en organizaciones o movimientos sociales14Gabriel Boric, presidente de Chile desde marzo de 2022, fue un activo dirigente del movimiento estudiantil en los años 2011-2012, lo que le permitió transformarse en diputado en 2013: esto significa que el capital activista adquirido en movimientos sociales puede ser reconvertido en capital político o, si se quiere, es un recurso habilitante para franquear con posibilidades de éxito las barreras de entrada al campo político. que se encuentran al exterior del campo político puede ser productor de capital (Amenta et al. 2010Amenta, Edwin, NealCaren, ElizabethChiarello y YangSu. 2010. “The Political Consequences of Social Movements”. Annual Review of Sociology vol. 36: 287-307. DOI: 10.1146/annurev-soc-070308-120029). Esto quiere entonces decir tres cosas:

  • 1)
    el capital que permite acceder al campo político puede ser adquirido al cabo de trayectorias al interior de los partidos —capital partidario, en que el “capital militante” es tan solo una de las formas posibles—;
  • 2)
    otras especies de capital que son acumuladas al exterior del campo político pueden ser reconvertidas y encontrarse en el origen de estrategias de inversión: participación y roles de liderazgo en movimientos sociales, formas de notoriedad en otros campos que son electoralmente valoradas, grandes empresarios que apelan a una reputación de hombres de negocios exitosos (Berlusconi en Italia, Trump en Estados Unidos15El caso de Trump es interesante, ya que él comienza a acumular capital empresarial, en un sentido reputacional, en 1983, año en el cual el periódico New York Times le dedica un artículo que lo consagra bajo el título “The Empire and Ego of Donald Trump”, describiéndolo como “un símbolo internacionalmente de Nueva York en tanto Meca para los super ricos del mundo” (Shiller 2019a y 2019b: XII), para en seguida completarlo con capital de celebridad jugando un rol teatral en el programa de tele-realidad The Apprentice.);
  • 3)
    una vez franqueadas las barreras de entrada del campo político, los agentes que allí ocupan posiciones pueden acumular capital propiamente político, un capital de campo, e invertirlo con el fin de mantener la posición o progresar en este espacio tomando riesgos16La sociología política a veces se enfrenta a situaciones sorprendentes que son dignas de estudiar. Es así como cabría analizar a los agentes que, habiendo acumulado capital político en el campo político, deciden voluntariamente abandonarlo, invirtiendo lo atesorado en otros campos: contactos, redes, know-how y conocimiento práctico de los tira y afloja del campo, es decir, un conjunto de aspectos que remiten a la composición interna del capital político, el que es valorado —y valorizado en dinero contante y sonante— en otros campos al cabo de estrategias de reconversión (Cingano y Pinotti 2013; Mattozzi y Merlo 2008; Theriault 1998)..

Es evidente que el capital “político” que es definido en función de su origen (externo/interno) al campo sirve para franquear las barreras de entrada en este (Tullock 1965Tullock, Gordon. 1965. “Entry Barriers in Politics”. The American Economic Review 1-2: 458-466.). Cuando esto ocurre, es otra historia que comienza, estrechamente ligada a la carrera política y a la profesionalización de sus actores (Alcántara 2012Alcántara, Manuel. 2012. El oficio de político. Madrid: Tecnos.) que tienen que mantener la posición, progresar, evitar el descenso en las jerarquías del campo y, eventualmente, la exclusión.

Todas las especies concebibles de capital político, desde aquellas que son adquiridas al exterior del campo hasta aquellas otras que son acumuladas en el campo, adoptan entonces los mismos modos de apropiación que Bourdieu (1986Bourdieu, Pierre. 1986. “The Forms of Capital”. Pp. 241-258 en Handbook of Theory and Research for the Sociology of Education, editado por J.Richardson. New York: Greenwood.) había establecido cuando reflexionaba sobre las tres formas sociales del capital:

  • una forma objetivada, cuando el capital es controlado por una organización —un partido, un sindicato, un Political Action Committee del tipo la National Rifle Association en los Estados Unidos, cuyo sello posee valor electoral, el que puede ser delegado—;
  • una forma interiorizada, lo que aplica bien para los actores que adquirieron un sentido del juego y un interés vital por la política, la illusio: esa adhesión dóxica al juego político que descarta radicalmente la obligación de suministrar respuestas a preguntas a propósito de los fundamentos del juego al momento de jugarlo, un poco a la manera de los jugadores de fútbol, quienes no se interrogan sobre las reglas del juego al momento de jugar;
  • una forma institucionalizada que interviene en dos momentos: al inicio del ciclo vital del capital cuando este es invertido —en el momento en que la autoridad estatal reguladora verifica, acepta y oficializa las candidaturas a puestos y posiciones en el campo político (Federal Election Commission de los Estados Unidos, Instituto Nacional Electoral mexicano), y al final, al momento de ratificar a quienes fueron electos— (tribunales calificadores de elecciones).

Un capital objetivado

 

En su forma objetivada, el capital político es el fruto de la historia colectiva de una institución —pensemos en un partido político—, esto es, un conjunto de objetos y de cosas que son contenidas por ella y cuyo valor se sedimenta mediante prácticas, acciones, modos de actuar y creencias colectivas: símbolos partidarios, himnos, cantos, tradiciones, padres fundadores y hasta mártires que son reconocidos y cuyo recuerdo es reproducido con el concurso de todos —participando en conmemoraciones mediante las cuales es rememorada la historia del partido—, creando de este modo las condiciones para su delegación a favor de militantes ejemplares. Es lo que permite a Bourdieu decir que “es solo cuando la herencia se apropió del heredero que el heredero puede apropiarse de la herencia” (Bourdieu 1997Bourdieu, Pierre. 1997. Méditations pascaliennes. París: Seuil.: 219). Sin embargo, a menudo olvidamos que, dependiendo de los partidos, son facciones, tendencias o corrientes que también pueden acumular capital objetivado, particularizando distintas historias y forjando sus propios símbolos identitarios; pensemos en la rivalidad entre trotskystas y leninistas bajo la revolución rusa, al punto de originar dos “tradiciones” distintas de comunismo, o en la competencia entre los SS de Himmler y los SA de Röhm al interior del Partido Nazi, dos facciones que rivalizaban tanto en estética como en fidelidad a Hitler17Si en 1932 Hitler se encontraba a la cabeza de un movimiento de masas que reivindicaba “800.000 afiliados y cerca de 500.000 SA de los cuales muchos no estaban inscritos en el partido” (Kershaw 1995: 105), ello no impidió la sangrienta decapitación de la facción de Röhm durante “la noche de los cuchillos largos” en 1934, concluyendo de este modo una lucha entre facciones rivales de la que sale victorioso “el complejo SS-Gestapo-SD” (Kershaw 1997: 180), y la completa obsolescencia del capital de origen SA..

Si el capital político objetivado puede tener valor, esto no se explica solo por su composición interna —su poder de atracción no remite solamente a la historia larga y sentimental de su atesoramiento en una institución—, sino sobre todo por los estados históricos del campo. En la actualidad, es el estado del campo, y no las características intrínsecas del capital, lo que explica que las formas objetivadas de este recurso se diversifiquen en su origen —ya no solo en partidos, sino también en organizaciones patronales, profesionales o en movimientos sociales—, lo que a su vez remite a las transformaciones demográficas del electorado y a los cambios generacionales involucrados.

Prueba de lo anterior es la creciente importancia de los “independientes” que son elegidos como diputados, senadores o alcaldes en diversos países europeos y latinoamericanos. Es aquí donde nos volvemos a encontrar con la tensión y, eventualmente, la complementariedad entre el origen —externo— al propio campo político del capital político y sus raíces internas a este espacio. A riesgo de repetirnos, es perfectamente concebible que el capital sea acumulado por organizaciones externas al campo —sindicatos, organizaciones estudiantiles, etc.— y hasta por grupos restringidos poderosos (sociedades secretas18Como, por ejemplo, este misterioso grupo evangélico, “la familia”, cuyo poderío es mostrado en el documental The Fellowship que es difundido por Netflix, el que ejerce una enorme influencia en la política estadounidense desde hace décadas: ver también el libro de Sharlet (2008)., coaliciones de hombres de negocios19Como los hermanos Koch, que financian think tanks y grupos de interés libertarianos y conservadores cercanos al Partido Republicano (especialmente, Americans for Prosperity) cuya influencia se observa en el documental de Robert Greenwald, Koch Brothers Exposed (2012): “David Koch, Billionaire who Fueled Right-Wing Movement, Dies at 79”, The New York Times, 23 de agosto de 2019 (https://www.nytimes.com/2019/08/23/us/david-koch-dead.html); “Kochland Review: How the Kochs Bought America -and Trashed It”, The Guardian, 7 de diciembre de 2019 (https://www.theguardian.com/us-news/2019/dec/07/kochland-review-koch-brothers-pollution-congress-republicans), así como las investigaciones periodísticas de Mayer (2017); Leonard (2019) y la biografía de Schulman (2014).), y que sea delegado a candidatos mediante el patrocinio explícito de una organización —su valor de marca—, lo que, a su vez, puede traducirse en dinero contante y sonante, que considero que no es un capital, sino un tipo de activo que puede provocar efectos políticos de modo prácticamente instantáneo20La diferencia que establezco entre capital político, dinero y activos económicos es importante (ver Joignant 2022, capítulo 2), a lo que cabe agregar el valor social y electoral de la belleza de los candidatos —por muy extraño que pueda parecer— y que concibo más como activos que como capital (Bergreen, Jordhal y Poutvaara 2010; Stockemer y Praino 2015).. Sobre el proceso de delegación de un capital objetivado de origen empresarial, es imposible no mencionar el rol de justificación que es desempeñado por think tanks, por ejemplo, en Argentina, en beneficio de Mauricio Macri, quien se convierte en presidente de la República en 2015, desde la Fundación Pensar hasta Generación 25, tanques de ideas que son la “traducción de energías morales de estos actores en energías políticas” (Vommaro 2017Vommaro, Gabriel. 2017. La larga marcha de Cambiemos. La construcción silenciosa de un proyecto de poder. Buenos Aires: Siglo Veintiuno.: 30-31).

Un capital interiorizado

 

En su forma interiorizada, el capital político adopta la fisionomía práctica de un conjunto de disposiciones que permiten habitar el campo y actuar allí de modo pertinente. Esta evidencia sobre la función cognitiva que presupone poseer capital político de modo interiorizado en forma de habitus, no es siempre cierta. Hay un determinado número y tipo de actores que ganan el derecho de ocupar una posición en el campo político sin que ellos dispongan necesariamente de este capital incorporado en la forma de disposiciones de campo, de habitus político. En efecto, los habitus de los actores (Martínez García 2017Martínez García, José Saturnino. 2017. “El habitus. Una revisión analítica”. Revista internacional de sociología 75 (3). DOI: http:// dx.doi.org/10.3989/ris.2017.75.3.15.115.) que franquearon las fronteras del campo pueden formarse en universos muy distintos al de la política, al punto de jamás asimilar completamente la lógica del campo político por las razones que fueren: efecto duradero de la clase social de origen, el oficio, las condiciones originarias de existencia, en síntesis el habitus primario, pero también a causa de las desventajas que se originan en la etnia o en el género, y más profundamente debido a una trayectoria que no estaba orientada a aterrizar en el campo político. Tal es el caso, paradójico, de Beppe Grillo, líder fundador del Movimiento 5 Estrellas en Italia y que accede al Senado en 2013 para, en seguida, retirarse y transferir el liderazgo de esta nueva fuerza inclasificable a Luigi Di Maio en 2017. Efectivamente, este es un caso paradójico, ya que el movimiento-partido que Beppe Grillo fundó provocó un verdadero sismo en la política italiana. Terminó primero en las elecciones legislativas de 2013, para en seguida transformarse en una suerte de partido pivote con el que era necesario aliarse para alcanzar una mayoría de escaños para formar gobierno, lo que revela una importancia de este partido sin parangón con la trayectoria errática de su líder cuando este era senador. En este sentido, la trayectoria en el campo de Beppe Grillo no es muy distinta a la de Illona Staler (Cicciolina, una estrella del cine porno) cuando ella fue elegida como diputada por un solo mandato en la lista del Partido Radical, 25 años antes. Si bien estos dos actores promovieron causas populares, su forma de habitar y ocupar el campo revela disposiciones mal ajustadas al juego político, lo que se tradujo en su tácita exclusión. De esto se sigue que actores outsiders, a menudo caracterizados por trayectorias “meteóricas”, no están necesariamente orientados a adquirir el habitus político.

Un capital institucionalizado

 

En cuanto al capital institucionalizado, ¿cuál es su composición? El capital político declinado en esta forma opera como consagración estatal, generalmente en el lenguaje jurídico de lo universal con el fin de lograr que el juego político sea jugable por todos, de acuerdo a reglas conocidas de antemano y por todos los jugadores, quienes, precisamente porque fueron reconocidos como jugadores, permiten que el juego tenga una salida previsible y aceptable, es decir, más allá de los resultados que indican ganadores y perdedores, una salida que garantice la continuidad tanto del juego como del campo en el que se juega.

CAMPO POLÍTICO, CONFIGURACIONES DE MERCADO Y CAPITAL POLÍTICO

 

Los diversos universos sociales que estructuran a sociedades diferenciadas, especialmente en la forma de campos, no podrían existir sin capitales ni recursos que son invertidos por actores, quienes juegan un rol motor y de puesta en movimiento de estos espacios. En este sentido, un capital de campo político es un recurso (generalmente adquirido) y, a veces, heredado a continuación de una transferencia de conexiones y de una reputación ante un electorado dominado por un político que está a punto de retirarse del oficio a favor de un “delfín”, o bien de padre a hijo: es todo un capital que se encuentra en juego cuando existen dinastías familiares (Joignant 2014Joignant, Alfredo. 2014. “El capital político familiar: ventajas de parentela y concentraciones de mercado en las elecciones generales chilenas de 2013”. Política. Revista de ciencia política, 52 (2): 13-48. DOI: 10.5354/0719-5338.2014.36134; Crowley y Reece 2013Crowley, George.R. y William. S.Reece. 2013. “Dynastic Political Privilege and Electoral Accountability: the Case of U.S. Governors, 1950-2005”. Economic Inquiry vol. 51, 1: 735-746. DOI: 10.1111/j.1465-7295.2012.00476.x; Feinstein 2010Feinstein, Brian. D.2010. “The Dynasty Advantage: Family Ties in Congressional Elections”. Legislative Studies Quarterly XXXV 4: 571-598.;Dal Bó, Dal Bó y Snyder 2009Dal Bó, Ernesto, PedroDal Bó y JasonSnyder. 2009. “Political Dynasties”. The Review of Economic Studies vol. 76, 1: 115-142. DOI: 10.1111/j.1467-937X.2008.00519.x).

Es cierto que los campos, tal como los conocemos, así como los capitales que los ponen en movimiento al ser invertidos, no siempre han existido. No cabe duda de que sabemos pocas cosas sobre la génesis del campo político —salvo en lo que concierne a su puesta en forma en los regímenes parlamentarios en el siglo XIX— y, a decir verdad, prácticamente nada sobre los modos primitivos de acumulación de capital en espacios políticos en formación. Exagerando algo el argumento, ¿podemos decir que en la polis de la antigua Atenas, una sociedad desprovista de universos diferenciados21Lo que no fue impedimento para la formación de “arenas” —el Consejo de los 500— mediante sorteo (Finley 1986: 96) y, de manera más general, de hábitos de participación en espacios acotados de competencia que no eran campos (Ober 2005)., los actores que participaban de la vida política, sin que existiese un campo en forma de por medio, estaban completamente desprovistos de capitales? El desvío por la antigua Atenas no carece de fundamentos: del mismo modo en que sirve para demostrar la posibilidad temprana de gobernanza no autoritaria en una forma de democracia estable (Carugati 2020Carugati, Federica. 2020. “Democratic Stability: A Long View”. Annual Review of Political Science 59-75. DOI: 10.1146/annurev-polisci-052918-012050), también permite ver cómo pudo funcionar la democracia sin un campo político y sin capitales, en ausencia de una lógica de elección (choice). Por contraste, sabemos muchas más cosas sobre periodos históricamente más cercanos durante los cuales se formaron los campos políticos a partir de temporalidades relativamente simultáneas dependiendo de los Estados nacionales en la geografía europea y, tras ellos, de las primeras formas de capital que terminaron siendo pertinentes en los primeros regímenes republicanos, especialmente, en Francia, moldeando los tipos de actores que gobernarían este espacio: tribunos, nobles, burgueses y notables (Garrigou 2002Garrigou, Alain. 2002. Histoire sociale du suffrage universel en France, 1848-2000. París: Seuil.), y más tarde actores de origen obrero que serán lentamente reemplazados por profesionales de la política (Offerlé 1984Offerlé, Michel. 1984. “Illégitimité et légitimation du personnel politique ouvrier en France avant 1914”. Annales. Économies, Sociétés, Civilisations 39-4: 681-716. y 1999Offerlé, Michel (compilador). 1999. La profession politique, XIXème-XXème siècles. París: Belin.). Tomemos el ejemplo del clientelismo político y del capital allí involucrado siglos atrás en Francia, una relación entre un patrón y un cliente en la que juega un rol esencial un intermediario (quien es el depositario de un capital político cuya inversión permite articular los intereses de quienes tienen acceso al rey y quienes aspiran a ser recompensados por sus favores). En la Francia del siglo XVII, este rol de intermediario era desempeñado por notables de provincia (Kettering 1988Kettering, Sharon. 1988. “The Historical Development of Political Clientelism”. Journal of Interdisciplinary History XVIII, 3: 419-447.), mientras que en la Corte de Versalles, bajo Luis XIV, esa función de intermediación era desempeñada por actores que disponían de “recursos” —“conexiones personales, influencias, reputación, información e ideas”— que les permitían acceder al rey para ejercer sobre él “una influencia calculada” en beneficio de clientes, a cambio de “comisiones” que eran recibidas por estos brokers (Kettering 1993Kettering, Sharon. 1993 “Brokerage at the Court of Louis XIV”. The Historical Journal 36, 1: 69-87.: 80). Sin duda, estamos en presencia de una forma de brokerage sostenido por formas primitivas de acumulación de capital político.

Evidentemente, sabemos muchas más cosas sobre el desarrollo del campo político a partir del momento en el que se observan invenciones de dispositivos de profesionalización —dietas, inmunidades—, provocando la irrupción de nuevos actores que detentan diversas especies de capital, lo que tiene efectos en el juego político y en el modo de jugarlo. Dicho de otra manera: los cambios institucionales que afectan el funcionamiento del campo político tienen consecuencias sobre las especies de capital que pueden ser invertidas. En todas estas transformaciones, lo que se encuentra siempre en juego son capitales cuyas especies y su larga continuidad histórica desde la postguerra europea permitieron pensar en un estado estacionario de este espacio; lo que Lipset y Rokkan (1967Lipset, Seymour Martin y SteinRokkan. 1967. Party Systems and Voter Alignments: Cross-National Perspectives. New York: Free Press.) llamaban el “congelamiento” —freezing— de los sistemas de partidos.

Es importante detenerse en un aspecto del funcionamiento estructural del campo político. A diferencia de otros campos, el campo político organizado por las reglas del sufragio universal adopta periódicamente la fisionomía de un mercado político. Se trata de una transformación sobre la cual nos detenemos poco, ya sea porque se considera que el campo político es, al mismo tiempo, un mercado político22Es la hipótesis bien conocida de las campañas electorales permanentes, según la cual los agentes políticos se encuentran constantemente sometidos a lógicas de mercadeo y a transacciones en miras a un intercambio entre una oferta electoral y apoyos en una futura elección (Desrumaux 2018)., o a causa de la peligrosa polisemia de la noción de ‘mercado’, que nos transporta espontáneamente a la idea de mercados económicos y a las lógicas de intercambio que, desde Downs (1957Downs, Anthony. 1957. An Economic Theory of Democracy. New York: Harper and Row.), han penetrado tanto en el funcionamiento normal de los mercados políticos como en la ciencia política propiamente tal que los estudia. Lo que es fascinante en esta periódica transformación estructural es que el campo adopta, en intervalos regulares y conocidos de antemano, una configuración de mercado, entregando centralidad a las ofertas políticas y prácticas de mercadeo de votos. Es importante entender que el mercado político no es un espacio distinto al campo político: es el propio campo que, en tiempos de elecciones y a partir de sus propias reglas, adopta una configuración de mercado, de acuerdo a temporalidades y un calendario público y conocido por todos. Es así como, en coyunturas de mercado, ya no solo es el capital político acumulado en el campo que es invertido, sino también activos idealmente “líquidos”23El uso que aquí hago de la noción de “liquidez” se refiere a los efectos prácticamente inmediatos que una inversión de activos puede provocar (Carruthers y Stinchcombe 1999). Lo esencial de la noción de liquidez reside entonces en la instantaneidad de sus efectos: es “un término que remite aquí a la posibilidad, para quien” detenta “cosas que pueden ser fácilmente convertidas en dinero”, de “extraer el ingreso esperado cualquiera sea el lugar o el momento en el que tiene lugar la transacción” (Boltanski y Esquerre 2017: 362). (dinero, conexiones, notoriedad), y es en estas coyunturas que ciertas celebridades (Driessens 2013Driessens, Olivier. 2013. “Celebrity Capital: Redefining Celebrity Using Field Theory”. Theory and Society 42 (5): 543-560. DOI : 10.1007/s11186-013-9202-3) pueden irrumpir, así como emprendimientos carismáticos.

Es en los momentos de transición (institucionalizados, es decir regulados por el Estado) desde el estado de campo al de mercado que las estrategias de inversión de capital y de activos se vuelven particularmente visibles: de allí la importancia de interesarse en las regulaciones que afectan el uso del dinero en política (Pagé 2018Pagé, Julia. 2018. Le prix de la démocratie. París: Fayard.; Ackerman y Ayres 2002Ackerman, Bruce e IanAyres. 2002. Voting With Dollars. New Haven: Yale University Press.; Scarrow 2007Scarrow, Susan E.2007. “Political Finance in Comparative Perspective”. Annual Review of Political Science 10: 193-210. DOI: 10.1146/annurev.polisci.10.080505.100115), el acceso a los programas de televisión en función de la importancia que los canales y plataformas atribuyen a los actores o la publicación de datos demoscópicos que participan de la construcción de recursos mediáticos. Esto quiere entonces decir que el campo, en coyunturas electorales, deja de ser únicamente un campo: son las propias reglas del campo político que provocan periódicamente la aparición de una configuración de mercado que es reconocida como tal, esto es, como un espacio transaccional entroncado en el campo en el que los actores oferentes y demandantes concuerdan, de modo descentralizado y sin mediar una estructura de precios, bajo qué condiciones se intercambian ofertas de bienes contra votos. Una vez concluida la elección, el campo recupera su condición exclusiva de campo. ¿Quiere entonces esto decir que las relaciones de mercado desaparecen cuando el campo político y su racionalidad se vuelven nuevamente dominantes, una vez concluida la coyuntura electoral de turno? De ninguna manera: el funcionamiento del campo político sostenido por razones de mercado es un hecho bien establecido (mediante contrataciones de profesionales del marketing, consultores, etc.). Cuando sostengo que el campo político recupera sus derechos una vez terminada una elección es para señalar que la convergencia entre una oferta y una demanda deja de gozar de centralidad: esta es la razón de por qué Manin (1995Manin, Bernard. 1995. Principes du gouvernement représentatif. París: Flammarion.: 288) afirma que “la configuración final de la oferta no es entonces el producto de una voluntad, es el efecto de una pluralidad de acciones” que tienen efectivamente lugar antes de que una configuración de mercado se establezca, es decir bajo el funcionamiento de un campo político.

Este curioso entroncamiento del mercado en el campo político es rara vez visitado por las ciencias sociales, en las que la pregunta por el valor social y político de los actores se torna esencial. Es este el aspecto que Bourdieu no pudo percibir con claridad sobre el capital político, a diferencia de otras especies de capital en otros campos (como el literario, en donde el mercado juega un rol constante en la valoración de las obras y sus autores a través de distintos agentes: editores, críticos literarios, etc.), mientras que el capital político opera en una configuración de mercado con sujeción a periodicidades.

Por consiguiente, para responder a la pregunta de qué es el capital político, resulta ser una condición necesaria enfocarse en sus formas —objetivadas, incorporadas e institucionalizadas— y su composición interna —know-how, habilidades, notoriedad, etc.—, pero no es suficiente. Evidentemente, estas formas y modos de adquisición importan y Bourdieu las pudo explicar magníficamente. Pues bien, lo que singulariza a los campos, y muy especialmente al campo político, es que este se encuentra constantemente sometido a variaciones históricas de su modo de funcionamiento y a coyunturas que lo sacuden —estados del campo—, lo que repercute en el valor —cambiante— de las distintas especies de capital del que disponen los actores que ingresaron al campo, pero también en los recursos que son detentados por los desafiantes. Esta es la razón por la cual, cuando el campo político adopta una configuración de mercado una vez cumplidos ciertos ritos de institución —disolución de la cámara baja, votación de una moción de censura de un primer ministro, término natural de un mandato presidencial, etc.—, no es solo el futuro de los actores el que se pone en juego, sino también las inversiones de distintas especies de capital, de campo o extra-campo, cuyo valor no se encuentra nunca enteramente garantizado.

CONCLUSIÓN

 

Este artículo ha buscado aclarar el significado del concepto de ‘capital político’, para lo cual fue necesario interesarse en sus modos de adquisición, en las lógicas de delegación del capital objetivado, en la actividad de cálculo que se encuentra involucrada cuando se quiere invertir un capital o recursos en el campo político, lo que a su vez nos lleva a interrogarnos sobre los orígenes del capital político —interno o externo—.

Las transformaciones que han afectado a la política en los últimos 25 años son enormes, y afectan tanto el funcionamiento del campo político como la operacionalización del capital en el momento en que este es invertido. Las transformaciones del campo político son veloces e impredecibles, y nada garantiza que su funcionamiento descanse en inversiones de capital de campo: de multiplicarse los capitales eficientes para ingresar al campo político, pero que se originaron en otros campos, es a una verdadera metamorfosis del campo y de la actividad política a la que podríamos estar asistiendo. Algo de esta prefiguración ya se encuentra contenido en la multiplicación de candidaturas independientes exitosas, tanto por fuera de los partidos como en listas de partidos. Sabemos poco de sus consecuencias, aunque sí tenemos sospechas. De multiplicarse los orígenes del capital para ingresar al campo, su poblamiento será ciertamente pluralista y diverso, pero al precio fuerte de una fragmentación de características inéditas.

DECLARACIÓN DE CONFLICTOS DE INTERESES

 

El autor de este artículo declara no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o personales que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.

FUENTES DE FINANCIACIÓN

 

Este artículo se inscribe en los proyectos Fondecyt 1231356 y ANID/FONDAP/1523A0005.

DECLARACIÓN DE CONTRIBUCIÓN DE AUTORÍA

 

Alfredo Joignant: Conceptualización, investigación, redacción – borrador original, redacción – revisión y edición.

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Mattozzi, Andrea y Antonio Merlo. 2008. “Political Careers or Career Politicians?”. Journal of Public Economics vol. 92, 3-4: 597-608.

44 

Mayer, Jane. 2017. Dark Money: The Hidden History of the Billionaires Behind the Rise of the Radical Right. New York: Anchor Books.

45 

Moreno, José Luis y Carlos Bruquetas. 2016. “Sobre el capital erótico como capital cultural”. Revista Internacional de Sociología vol. 74, 1. DOI: https://doi.org/10.3989/ris.2016.74.1.024

46 

Nee, Victor y Sonja Opper. 2010. “Political Capital in a Market Economy”. Social Forces 88 (5): 2105-2132.DOI: https://doi.org/10.1353/sof.2010.0039

47 

Neveu, Erik. 2013. “Les sciences sociales doivent-elles accumuler les capitaux?”. Revue française de science politique 2, vol. 63: 337-358. DOI : https://doi.org/10.3917/rfsp.632.0337

48 

Neveu, Erik. 2018. “Bourdieu’s Capital(s): Sociologizing an Economic Concept”. Pp. 347-373 en The Oxford Handbook of Pierre Bourdieu, editado por Thomas Medvetz y Jeffrey J. Sallaz. New York: Oxford University Press.

49 

Ober, Joshua. 2005. Athenian Legacies. Essays on the Politics of Going on Together. Princeton, NJ: Princeton University Press.

50 

Offerlé, Michel. 1984. “Illégitimité et légitimation du personnel politique ouvrier en France avant 1914”. Annales. Économies, Sociétés, Civilisations 39-4: 681-716.

51 

Offerlé, Michel. 1987. Les partis politiques. París: Presses universitaires de France.

52 

Offerlé, Michel (compilador). 1999. La profession politique, XIXème-XXème siècles. París: Belin.

53 

Pagé, Julia. 2018. Le prix de la démocratie. París: Fayard.

54 

Pudal, Bernard. 2020. “Capital politique”. Pp. 110-112 en Dictionnaire international Bourdieu, editado por G. Sapiro. París: CNRS Éditions.

55 

Samuelson, Paul A. y William D. Nordhaus. 2006. Macroeconomía. Madrid: McGraw Hill.

56 

Scarrow, Susan E. 2007. “Political Finance in Comparative Perspective”. Annual Review of Political Science 10: 193-210. DOI: https://doi.org/10.1146/annurev.polisci.10.080505.100115

57 

Schulman, Daniel. 2014. Sons of Wichita: How the Koch Brothers Became America’s Most Powerful and Private Dynasty. New York: Grand Central Publishing.

58 

Sharlet, Jeff. 2008. The Family: the Secret Fundamentalism at the Heart of American Power. New York: Harper Perennial.

59 

Shiller, Robert. J. 2019a. “The Trump Narrative and the Next Recession”. https://www.advisorperspectives.com/commentaries/2019/08/31/the-trump-narrative-and-the-next-recession

60 

Shiller, Robert. J. 2019b. Narrative Economics. How Stories Go Viral & Drive Major Economic Events. Princeton: Princeton University Press.

61 

Stockemer, Daniel y Rodrigo Praino. 2015. “Blinded by Beauty? Physical Attractiveness and Candidate Selection in the U.S. House of Representatives”. Social Science Quarterly 96, 2: 430-443.DOI: https://doi.org/10.1111/ssqu.12155

62 

Theriault, Sean M. 1998. “Moving Up or Moving Out: Career Ceilings and Congressional Retirement”. Legislative Studies Quarterly XXIII, 3: 419-433.

63 

Tullock, Gordon. 1965. “Entry Barriers in Politics”. The American Economic Review 1-2: 458-466.

64 

Vommaro, Gabriel. 2017. La larga marcha de Cambiemos. La construcción silenciosa de un proyecto de poder. Buenos Aires: Siglo Veintiuno.

NOTAS

 
1 

Basta tan solo mencionar, como prueba de éxito de la locución ‘capital político’, varios trabajos anglosajones que, sin tomar totalmente en serio el concepto, capturan fragmentos de un recurso que es muy elusivo: Fielding (2011Fielding, Steven. 2011. “Fiction and British Politics: Towards an Imagined Political Capital?”. Parliamentary Affairs vol. 64, 2: 223-232.); French (2010French, R.2010. “Political Capital”. Representation 47 (2): 215-230. DOI : 10.1080/00344893.2011.581086); Nee y Opper (2010Nee, Victor y SonjaOpper. 2010. “Political Capital in a Market Economy”. Social Forces 88 (5): 2105-2132.DOI: 10.1353/sof.2010.0039).

2 

Ante la espinuda pregunta del universalismo del cálculo, Bourdieu respondía: “creo que se puede aceptar que la disposición hacia el cálculo existe universalmente”, y que “el cálculo económico existe al estado de propensión” (Bourdieu 2017Bourdieu, Pierre. 2017. Anthropologie économique. París: Raisons d’agir/Seuil.: 50). Dicho de otro modo, todos los actores, en diversos universos sociales, están equipados de la capacidad de calcular o, si se quiere, de medir cognitivamente los costos y beneficios de tal o cual acción. Ciertamente, esta disposición universal no significa que se calcule del mismo modo en el campo político y en el campo económico, como tampoco quiere decir que los actores estén calculando todo el tiempo: es aquí donde vemos los riesgos asociados a una actividad congnitiva que hace espontáneamente sentido en el campo económico (dada la existencia de sistemas de precios en los que se ancla el acto de cálculo), pero que no encuentra una equivalencia exacta en el campo político (sostener que los candidatos o partidos podrían tener un “precio” es lógicamente absurdo). Esto quiere entonces decir que calcular, políticamente hablando, para quienes poseen capital en el campo político supone la capacidad de imaginar y anticipar los efectos que una decisión de inversión (por ejemplo, ser candidato a un puesto electivo) puede acarrear, esto es, la probabilidad de alcanzar el éxito.

3 

Un buen ejemplo de la incertidumbre sobre los resultados que rige un acto de inversión de capital político lo entrega David Cameron cuando se lanza, contra todos los pronósticos, a la conquista del liderazgo del Partido Conservador en el Reino Unido, a partir de una lenta acumulación de “capital mediático” que sirve como proxy para capturar y dimensionar su capital político (Davis y Seymour 2010Davis, Aeron y EmilySeymour. 2010. “Generating Forms of Media Capital Inside and Outside a Field: the Strange Case of David Cameron in the UK Political Field”. Media, Culture & Society 32: 739-759. Doi: http://10.1177/0163443710373951.).

4 

Sobre esto, los ejemplos de George Weah —ex futbolista e insigne goleador del Milan AC hoy transformado en presidente de Liberia (2018-2024)— y de Ronald Reagan —un ex actor de cine que fue elegido como presidente de los Estados Unidos en 1981—, son suficientemente elocuentes para ilustrar la posibilidad de reconversiones de capital desde campos distintos al político.

5 

Al respecto, Chile es un muy buen ejemplo: a continuación del auge del movimiento estudiantil en 2011 y 2012, varios de sus dirigentes se transformaron en diputados en las elecciones de 2013.

6 

Lo que plantea la pregunta de si pueden existir capitales sin conexión con un campo determinado, esto es, un recurso que se puede originar por fuera de un campo; este tema ha sido discutido a partir de la noción de ‘capital erótico’ de Hakim tanto por Neveu (2013Neveu, Erik. 2013. “Les sciences sociales doivent-elles accumuler les capitaux?”. Revue française de science politique 2, vol. 63: 337-358. DOI : 10.3917/rfsp.632.0337) como por Moreno y Bruquetas (2016Moreno, José Luis y CarlosBruquetas. 2016. “Sobre el capital erótico como capital cultural”. Revista Internacional de Sociología vol. 74, 1. DOI: 10.3989/ris.2016.74.1.024).

7 

Sobre el campo político y algunas de sus propiedades: Bourdieu (1981Bourdieu, Pierre. 1981. “La représentation politique. Esquisse d’une théorie du champ politique”. Actes de la recherche en sciences sociales 36-37: 3-24. y 2000Bourdieu, Pierre. 2000. Propos sur le champ politique. Lyon: Presses universitaires de Lyon.) y Gaxie (1993Gaxie, Daniel. 1993. La démocratie représentative. París: Montchrestien.).

8 

Lo que más se asemeja a un rescate estatal de un gran inversor de capital político fue la promulgación de una ley express en Chile en 2001 para permitirle a la Democracia Cristiana subsanar la inscripción errónea de sus candidatos a parlamentarios, lo que hubiese significado la desaparición del partido en las elecciones de dicho año y consecuencias insospechadas para el sistema de partidos: https://www.elmundo.es/elmundo/2001/07/20/internacional/995655809.html.

9 

Una función de consagración externa al campo que se explica por el hecho que ciertos agentes ejercen desde allí un poder performativo sobre la vida del campo: grandes empresarios, periodistas reconocidos por sus pares y escuchados por los actores políticos, políticos que se retiraron del campo, eventualmente intelectuales mediáticos.

10 

Es interesante comparar el sentido más bien vago de la idea de “depreciación” del capital en el campo político con lo que hay que entender por depreciación del capital en economía, que es una medición relativamente precisa de “la cantidad de capital que fue consumida en un año”, lo que les permite a Samuelson y Nordhaus hablar de “muertes del capital” (Samuelson y Nordhaus 2006Samuelson, Paul A. y William D.Nordhaus. 2006. Macroeconomía. Madrid: McGraw Hill.: 29). Este es un buen ejemplo de la dificultad para conceptualizar el ‘capital político’, y utilizar el concepto en mediciones empíricas.

11 

En un interesante artículo, Boyer evoca las posibilidades de “cambio en las tasas de equivalencia entre diversas formas de capital (…), lo que desestabiliza la capacidad de reacción de los habitus formados en un contexto muy distinto” (Boyer 2003Boyer, Robert. 2003. “L’anthropologie économique de Pierre Bourdieu”. Actes de la recherche en sciences sociales 2003/5: 65-78.: 72). Sin duda, pero, al mismo tiempo, lo que cabe explicar es en qué consiste la “tasa de equivalencia” o, según otros autores, la “tasa de intercambio” (Desrumaux y Nollet 2021Desrumaux, Clément y JérémieNollet (bajo la dirección de). 2021. Un capital médiatique? Usages et légitimation de la médiatisation en politique. Rennes: Presses universitaires de Rennes.: 15), en la medida en que la noción misma de ‘tasa’ supone una métrica que, en la realidad, no existe. Ello hace del valor de las personas y de las cosas en el campo político un asunto sumamente subjetivo. Jelinek lo decía maravillosamente bien en una de sus novelas: “cuando alguien se encuentra tan devaluado, los otros se ven inmediatamente un poco reevaluados” (2004Jelinek, Elfriede. 2004. Las amantes, Barcelona: El Aleph Editores.: 141).

12 

En el comunismo latinoamericano, se hablaba de “caer en desgracia” para describir situaciones de ostracismo político. Varios casos se pueden encontrar en el comunismo cubano noventero, como, por ejemplo, el del ex canciller Roberto Robaina entre 1993 y 1999 —reconvertido en pintor—, el de su sucesor Felipe Pérez Roque —1999-2009, hoy ingeniero en una empresa pública— y el de Carlos Lage, ex vice-presidente del Consejo de Estado de Cuba entre 1993 y 2009, hoy funcionario administrativo en un hospital de la periferia de La Habana. En la actualidad, la caída en desgracia trasciende al mundo comunista, ya que el mismo fenómeno se observa en partidos de derecha.

13 

En la entrada “capital político” que publiqué en un libro en homenaje a Michel Offerlé, establecí el doble origen de este recurso, externo e interno al campo, asentando la idea de una categoría que es profundamente ambigua y elusiva: es así como “una misma palabra puede entonces significar al mismo tiempo dos cosas distintas, al remitir a momentos diferentes de acumulación de capital político” (Joignant 2018Joignant, Alfredo. 2018. “Le capital politique”, en H.Michel, S.Levêque y J.G.Contamin (directores), Rencontres avec Michel Offerlé. París: Éditions du Croquant: 57-60.: 54).

14 

Gabriel Boric, presidente de Chile desde marzo de 2022, fue un activo dirigente del movimiento estudiantil en los años 2011-2012, lo que le permitió transformarse en diputado en 2013: esto significa que el capital activista adquirido en movimientos sociales puede ser reconvertido en capital político o, si se quiere, es un recurso habilitante para franquear con posibilidades de éxito las barreras de entrada al campo político.

15 

El caso de Trump es interesante, ya que él comienza a acumular capital empresarial, en un sentido reputacional, en 1983, año en el cual el periódico New York Times le dedica un artículo que lo consagra bajo el título “The Empire and Ego of Donald Trump”, describiéndolo como “un símbolo internacionalmente de Nueva York en tanto Meca para los super ricos del mundo” (Shiller 2019aShiller, Robert. J.2019a. “The Trump Narrative and the Next Recession”. https://www.advisorperspectives.com/commentaries/2019/08/31/the-trump-narrative-and-the-next-recession y 2019bShiller, Robert. J.2019b. Narrative Economics. How Stories Go Viral & Drive Major Economic Events. Princeton: Princeton University Press.: XII), para en seguida completarlo con capital de celebridad jugando un rol teatral en el programa de tele-realidad The Apprentice.

16 

La sociología política a veces se enfrenta a situaciones sorprendentes que son dignas de estudiar. Es así como cabría analizar a los agentes que, habiendo acumulado capital político en el campo político, deciden voluntariamente abandonarlo, invirtiendo lo atesorado en otros campos: contactos, redes, know-how y conocimiento práctico de los tira y afloja del campo, es decir, un conjunto de aspectos que remiten a la composición interna del capital político, el que es valorado —y valorizado en dinero contante y sonante— en otros campos al cabo de estrategias de reconversión (Cingano y Pinotti 2013Cingano, Federico y PaoloPinotti. 2013. “Politicians at Work: the Private Returns and Social Costs of Political Connections”. Journal of the European Economic Association 11 (29): 433-465. DOI: 10.1111/jeea.12001; Mattozzi y Merlo 2008Mattozzi, Andrea y AntonioMerlo. 2008. “Political Careers or Career Politicians?”. Journal of Public Economics vol. 92, 3-4: 597-608.; Theriault 1998Theriault, Sean M.1998. “Moving Up or Moving Out: Career Ceilings and Congressional Retirement”. Legislative Studies Quarterly XXIII, 3: 419-433.).

17 

Si en 1932 Hitler se encontraba a la cabeza de un movimiento de masas que reivindicaba “800.000 afiliados y cerca de 500.000 SA de los cuales muchos no estaban inscritos en el partido” (Kershaw 1995Kershaw, Ian. 1995. Hitler. Essai sur le charisme en politique. París: Gallimard.: 105), ello no impidió la sangrienta decapitación de la facción de Röhm durante “la noche de los cuchillos largos” en 1934, concluyendo de este modo una lucha entre facciones rivales de la que sale victorioso “el complejo SS-Gestapo-SD” (Kershaw 1997Kershaw, Ian. 1997. Qu’est-ce que le nazisme? Problèmes et perspectives d’interprétation. París: Gallimard.: 180), y la completa obsolescencia del capital de origen SA.

18 

Como, por ejemplo, este misterioso grupo evangélico, “la familia”, cuyo poderío es mostrado en el documental The Fellowship que es difundido por Netflix, el que ejerce una enorme influencia en la política estadounidense desde hace décadas: ver también el libro de Sharlet (2008Sharlet, Jeff. 2008. The Family: the Secret Fundamentalism at the Heart of American Power. New York: Harper Perennial.).

19 

Como los hermanos Koch, que financian think tanks y grupos de interés libertarianos y conservadores cercanos al Partido Republicano (especialmente, Americans for Prosperity) cuya influencia se observa en el documental de Robert Greenwald, Koch Brothers Exposed (2012): “David Koch, Billionaire who Fueled Right-Wing Movement, Dies at 79”, The New York Times, 23 de agosto de 2019 (https://www.nytimes.com/2019/08/23/us/david-koch-dead.html); “Kochland Review: How the Kochs Bought America -and Trashed It”, The Guardian, 7 de diciembre de 2019 (https://www.theguardian.com/us-news/2019/dec/07/kochland-review-koch-brothers-pollution-congress-republicans), así como las investigaciones periodísticas de Mayer (2017Mayer, Jane. 2017. Dark Money: The Hidden History of the Billionaires Behind the Rise of the Radical Right. New York: Anchor Books.); Leonard (2019Leonard, Christopher. 2019. Kochland: The Secret History of Koch Industries and Corporate Power in America. New York: Simon & Schuster.) y la biografía de Schulman (2014Schulman, Daniel. 2014. Sons of Wichita: How the Koch Brothers Became America’s Most Powerful and Private Dynasty. New York: Grand Central Publishing.).

20 

La diferencia que establezco entre capital político, dinero y activos económicos es importante (ver Joignant 2022Joignant, Alfredo. 2022. El juego político. Una sociología del campo político. Madrid: Tecnos., capítulo 2), a lo que cabe agregar el valor social y electoral de la belleza de los candidatos —por muy extraño que pueda parecer— y que concibo más como activos que como capital (Bergreen, Jordhal y Poutvaara 2010Bergreen, Niclas, HenrikJordahl y PanuPoutvaara. 2010. “The Looks of a Winner: Beauty and Electoral Success”. Journal of Public Economics 94: 8-15. DOI: 10.1016/j.jpubeco.2009.11.002; Stockemer y Praino 2015Stockemer, Daniel y RodrigoPraino. 2015. “Blinded by Beauty? Physical Attractiveness and Candidate Selection in the U.S. House of Representatives”. Social Science Quarterly 96, 2: 430-443.DOI: 10.1111/ssqu.12155).

21 

Lo que no fue impedimento para la formación de “arenas” —el Consejo de los 500— mediante sorteo (Finley 1986Finley, Moses. I.1986. El nacimiento de la política. Barcelona: Editorial Crítica.: 96) y, de manera más general, de hábitos de participación en espacios acotados de competencia que no eran campos (Ober 2005Ober, Joshua. 2005. Athenian Legacies. Essays on the Politics of Going on Together. Princeton, NJ: Princeton University Press.).

22 

Es la hipótesis bien conocida de las campañas electorales permanentes, según la cual los agentes políticos se encuentran constantemente sometidos a lógicas de mercadeo y a transacciones en miras a un intercambio entre una oferta electoral y apoyos en una futura elección (Desrumaux 2018Desrumaux, Clément. 2018. “Temps de campagne. Travail politique des députés et coproduction des conjonctures électorales en France et en Grande-Bretagne”. Pp. 25-39 en Temporalité (s) politique (s). Le temps dans l’action collective, editado por GuillaumeMarrel y RenaudPayre. Louvain-la Neuve: De Boeck Supérieur.).

23 

El uso que aquí hago de la noción de “liquidez” se refiere a los efectos prácticamente inmediatos que una inversión de activos puede provocar (Carruthers y Stinchcombe 1999Carruthers, Bruce G. y Arthur L.Stinchcombe. 1999. “The Social Structure of Liquidity: Flexibility, Markets, and States”. Theory and Society vol. 28: 353-382.). Lo esencial de la noción de liquidez reside entonces en la instantaneidad de sus efectos: es “un término que remite aquí a la posibilidad, para quien” detenta “cosas que pueden ser fácilmente convertidas en dinero”, de “extraer el ingreso esperado cualquiera sea el lugar o el momento en el que tiene lugar la transacción” (Boltanski y Esquerre 2017Boltanski, Luc y ArnaudEsquerre. 2017. Enrichissement. París: Gallimard.: 362).