INTRODUCCIÓN
⌅La locución ‘capital político’ es una expresión de uso frecuente en el lenguaje político cotidiano, pero es también solicitada por las ciencias sociales sin que quede claro su estatus: ¿es una mera expresión o un concepto? Es en Pierre Bourdieu en quien encontramos la sociología más sistemática del capital. A partir de la teoría general de los campos, se le debe reconocer el mérito de haber estudiado empíricamente distintos tipos de campos y haber discernido el rol que juegan distintas especies de capital en el funcionamiento de estos espacios especializados. En este artículo, propongo someter a escrutinio y crítica esta noción de ‘capital político’ en su relación con el campo político, relevando el problemático estatus conceptual de una categoría que fue utilizada por Bourdieu de modo laxo, ya que nunca sintió la necesidad de definirlo. Mi objetivo no es razonar sobre un concepto en el que Bourdieu pudo haber pensado, sino aportar respuestas a la pregunta siguiente: ¿qué tenemos que entender por capital político?
Dicha pregunta puede sorprender, dado que la literatura que utiliza el concepto de ‘capital político’ abunda. Es así como Neveu (2013Neveu, Erik. 2013. “Les sciences sociales doivent-elles accumuler les capitaux?”. Revue française de science politique 2, vol. 63: 337-358. DOI : 10.3917/rfsp.632.0337 y 2018Neveu, Erik. 2018. “Bourdieu’s Capital(s): Sociologizing an Economic Concept”. Pp. 347-373 en The Oxford Handbook of Pierre Bourdieu, editado por ThomasMedvetz y Jeffrey J.Sallaz. New York: Oxford University Press.) se interrogó sobre los riesgos asociados al problemático éxito social del concepto1
USOS ORDINARIOS DEL CAPITAL POLÍTICO Y ANALOGÍAS ECONÓMICAS
⌅Detengámonos en dos ejemplos de uso ordinario de la locución. El primer ejemplo se enmarca en el contexto de la cumbre climática de Nueva York de 2019, en donde el presidente chileno Sebastián Piñera jugó un rol importante, haciéndose acreedor de un award internacional por sus políticas de lucha contra el calentamiento global. Para lograrlo, el presidente Piñera invirtió su capital político ante sus pares internacionales respecto de futuras políticas domésticas, con lo cual el galardón recibido no era otra cosa que la certificación de un compromiso sobre el futuro. De allí la pregunta formulada por un periódico electrónico sobre los usos y efectos del capital que ha sido acumulado por el presidente chileno: “la pregunta es si este capital político que [Piñera] acumula en el exterior le servirá para implementar políticas públicas en el ámbito doméstico” (El Libero, 28 de septiembre de 2019). No conocemos la respuesta, en la medida en que no sabemos mucho acerca de la naturaleza del capital político que ha sido acumulado por el presidente chileno, y aún menos sobre las formas de su acumulación. El segundo ejemplo proviene de Italia. Con ocasión de la investidura de Giuseppe Conte como presidente del Consejo en 2020, las dudas sobre las razones de esta consagración coparon la crónica periodística: "un perfecto desconocido sin experiencia política ni vínculo partidario hizo gala de una capacidad de maniobra insospechada. Se dotó a lo largo del tiempo de un auténtico capital político que superaba las fronteras estrictas de la actual mayoría constituida por la alianza del Partido Demócrata (centro-izquierda), de los partidarios de Matteo Renzi y del M5S” (Le Monde, 24 de julio de 2020). Estas dos referencias periodísticas constituyen dos ejemplos (entre muchos) de uso ordinario de la palabra ‘capital’, desde la afirmación de su “acumulación” (¿bajo qué formas?) en un foro internacional hasta el curioso juicio referido a su autenticidad, dejan abiertas una serie de incógnitas: ¿bajo qué formas se acumula el capital político? ¿Qué es, exactamente, lo que se está acumulando e invirtiendo? ¿En qué sentido lo que se encuentra involucrado es un “capital”, y qué función cumple el adjetivo ‘político’?
El problema de la noción de ‘capital’ reside ciertamente en su polisemia, pero también en su articulación con funciones económicas que no son mecánicamente transferibles a la política. En este sentido, cabe preguntarse: ¿podemos pensar el capital político mediante analogías económicas? La respuesta es afirmativa, a condición de no perder de vista los límites de la analogía. A veces asimilado al dinero o a activos financieros reconvertibles en dinero (por ejemplo, acciones), dotando a quienes lo poseen de un cierto poder de compra, el capital suele ser asociado a la idea de inversión orientada a crear valor y riqueza. Si esta es la lógica funcional y casi mecánica del capital, el problema intelectual comienza al momento de comprender la lógica de acumulación del capital político y su inversión según una disposición “universal” hacia el cálculo para alcanzar ciertas metas2
Es evidente que diversos tipos de recursos son acumulados al interior de los partidos políticos por sus afiliados (y por la propia organización), lo que permite invertirlos en proyectos de promoción de una carrera política (Claessen 2023Claessen, Clint. 2023. “Accruing Career Capital: How Party Leaders with More Political Experience Survive Longer”. Party Politics, DOI: 10.1177/135406882311703.) que suponen el ingreso en el campo político. Pues bien, en política el cálculo vinculado a la inversión es mucho menos sofisticado que en el mundo económico, lo que se traduce en decisiones y elecciones marcadas por una mayor subjetividad y, a menudo, por una fuerte incertidumbre sobre los resultados3
Si la locución ‘capital político’ puede ser entendida como concepto, es a condición de ponerla en relación con un campo6
Entonces, ahora que sabemos que el capital político se relaciona con un campo, ¿qué se puede decir del capital político y de su composición? En primer lugar, el capital político es una forma de capital simbólico, esto es, un recurso que le entrega valor —ante los ojos de otros actores— a quien lo posee e invierte bajo la forma de un crédito de aceptación y, eventualmente, de admiración para quien lo detenta. En los términos del sociólogo Bernard Pudal, el capital específico del actor político es de naturaleza “reputacional”, lo que lo lleva a “acumular crédito y a evitar cualquier descrédito, refugiándose en la prudencia y la eufemización” (Pudal 2020Pudal, Bernard. 2020. “Capital politique”. Pp. 110-112 en Dictionnaire international Bourdieu, editado por G.Sapiro. París: CNRS Éditions.: 111). Por tanto, el capital político se transforma en un concepto a partir del momento en que se le considera como un recurso —o conjunto de recursos— que logró adquirir valor en un campo propiamente político, entendiendo como tal un espacio diferenciado y objetivado en puestos, cargos, reglas, agentes especializados y en una lógica de funcionamiento que le es propia7
¿Qué nos puede aportar la analogía del razonamiento económico para pensar la operacionalización del capital político? En lo que se refiere a sus formas de adquisición, pocas cosas, dado que una de estas formas, el capital objetivado, se ha impuesto ampliamente en las economías modernas: las objetivaciones del capital económico en forma de instrumentos —fundamentalmente financieros— que son cada vez más sofisticados han ganado tal importancia —con o sin el aval del Estado— que es difícil encontrar equivalencias en el mundo político. En tal sentido, más allá de que los partidos, el Estado, las organizaciones empresariales y sindicales puedan generar capital objetivado y delegarlo en actores individuales, no se percibe nada ni remotamente parecido en política a esas otras objetivaciones del capital económico —acciones, bonos, valores de renta variable, etc.—.
Por este conjunto de razones, es difícil encontrar equivalencias de estrategias de inversión de capital político por parte de grandes inversores con acciones parecidas en el campo económico, y aún menos fórmulas de rescate por parte del Estado cuando el inversor es demasiado grande para que su quiebra no produzca consecuencias en toda la economía (too big to fail)8
Este conjunto de formas y mutaciones del capital fue presentido por Bourdieu, en los pocos textos en que se refería al capital político, si bien no se detuvo en sus modos de acumulación “por fuera del campo” ni en las estrategias de inversión ensayadas por actores que, interesados en franquear las barreras de entrada del campo político, calculan y deciden arriesgar los recursos que ellos poseen. ¿En qué sentido el capital político y su inversión son objeto de cálculo? Se puede tener éxito o fracasar en las estrategias de inversión del capital para ingresar al campo político no por fallas de racionalidad, sino por disposiciones y un sentido práctico mal adaptados a la realidad presente del campo11
LOS MODOS DE APROPIACIÓN DEL CAPITAL POLÍTICO
⌅De lo anterior se sigue que el capital que da la posibilidad de acceder al campo político puede ser acumulado en otros campos, en partidos que participan de las luchas del campo político a través de sus diputados, senadores, alcaldes y tantos otros agentes que ocupan posiciones (formales, pero también informales: asesores, consejeros del príncipe, etc.), facciones de partidos, movimientos sociales y, de modo menos frecuente, en organizaciones de la sociedad civil. El rol de los partidos es evidente, si se les considera como agencia socializadora y como plataforma de despegue para emprender eventuales carreras políticas. Sin embargo, militar en partidos no quiere decir que se esté adquiriendo capital político: he allí la diferencia entre el capital “político” acumulado en el campo —lo que supone, lógicamente, haber ingresado a él ocupando posiciones— y el capital “militante”, el que está hecho de recursos valorados por el partido (Matonti y Poupeau 2004Matonti, Frédérique y FranckPoupeau. 2004. “Le capital militant: essai de définition”. Actes de la recherche en sciences sociales 155: 4-11.) pero que, a mi entender, no es un capital propiamente político —se puede militar en partidos sin ocupar posiciones en el campo político—. Esto revela una paradoja: desde militantes a dirigentes nacionales, no porque ellos participen en partidos se podrá decir que han atesorado capital político de campo. Esta es una afirmación paradójica, ya que plantea la pregunta de si las posiciones partidarias per se —el mercado interno de cargos de los partidos— forman parte del universo general de las posiciones del campo político13
- 1) el capital que permite acceder al campo político puede ser adquirido al cabo de trayectorias al interior de los partidos —capital partidario, en que el “capital militante” es tan solo una de las formas posibles—;
- 2) otras especies de capital que son acumuladas al exterior del campo político pueden ser reconvertidas y encontrarse en el origen de estrategias de inversión: participación y roles de liderazgo en movimientos sociales, formas de notoriedad en otros campos que son electoralmente valoradas, grandes empresarios que apelan a una reputación de hombres de negocios exitosos (Berlusconi en Italia, Trump en Estados Unidos15
El caso de Trump es interesante, ya que él comienza a acumular capital empresarial, en un sentido reputacional, en 1983, año en el cual el periódico New York Times le dedica un artículo que lo consagra bajo el título “The Empire and Ego of Donald Trump”, describiéndolo como “un símbolo internacionalmente de Nueva York en tanto Meca para los super ricos del mundo” (Shiller 2019a y 2019b: XII), para en seguida completarlo con capital de celebridad jugando un rol teatral en el programa de tele-realidad The Apprentice. ); - 3) una vez franqueadas las barreras de entrada del campo político, los agentes que allí ocupan posiciones pueden acumular capital propiamente político, un capital de campo, e invertirlo con el fin de mantener la posición o progresar en este espacio tomando riesgos16
La sociología política a veces se enfrenta a situaciones sorprendentes que son dignas de estudiar. Es así como cabría analizar a los agentes que, habiendo acumulado capital político en el campo político, deciden voluntariamente abandonarlo, invirtiendo lo atesorado en otros campos: contactos, redes, know-how y conocimiento práctico de los tira y afloja del campo, es decir, un conjunto de aspectos que remiten a la composición interna del capital político, el que es valorado —y valorizado en dinero contante y sonante— en otros campos al cabo de estrategias de reconversión (Cingano y Pinotti 2013; Mattozzi y Merlo 2008; Theriault 1998). .
Es evidente que el capital “político” que es definido en función de su origen (externo/interno) al campo sirve para franquear las barreras de entrada en este (Tullock 1965Tullock, Gordon. 1965. “Entry Barriers in Politics”. The American Economic Review 1-2: 458-466.). Cuando esto ocurre, es otra historia que comienza, estrechamente ligada a la carrera política y a la profesionalización de sus actores (Alcántara 2012Alcántara, Manuel. 2012. El oficio de político. Madrid: Tecnos.) que tienen que mantener la posición, progresar, evitar el descenso en las jerarquías del campo y, eventualmente, la exclusión.
Todas las especies concebibles de capital político, desde aquellas que son adquiridas al exterior del campo hasta aquellas otras que son acumuladas en el campo, adoptan entonces los mismos modos de apropiación que Bourdieu (1986Bourdieu, Pierre. 1986. “The Forms of Capital”. Pp. 241-258 en Handbook of Theory and Research for the Sociology of Education, editado por J.Richardson. New York: Greenwood.) había establecido cuando reflexionaba sobre las tres formas sociales del capital:
- una forma objetivada, cuando el capital es controlado por una organización —un partido, un sindicato, un Political Action Committee del tipo la National Rifle Association en los Estados Unidos, cuyo sello posee valor electoral, el que puede ser delegado—;
- una forma interiorizada, lo que aplica bien para los actores que adquirieron un sentido del juego y un interés vital por la política, la illusio: esa adhesión dóxica al juego político que descarta radicalmente la obligación de suministrar respuestas a preguntas a propósito de los fundamentos del juego al momento de jugarlo, un poco a la manera de los jugadores de fútbol, quienes no se interrogan sobre las reglas del juego al momento de jugar;
- una forma institucionalizada que interviene en dos momentos: al inicio del ciclo vital del capital cuando este es invertido —en el momento en que la autoridad estatal reguladora verifica, acepta y oficializa las candidaturas a puestos y posiciones en el campo político (Federal Election Commission de los Estados Unidos, Instituto Nacional Electoral mexicano), y al final, al momento de ratificar a quienes fueron electos— (tribunales calificadores de elecciones).
Un capital objetivado
⌅En su forma objetivada, el capital político es el fruto de la historia colectiva de una institución —pensemos en un partido político—, esto es, un conjunto de objetos y de cosas que son contenidas por ella y cuyo valor se sedimenta mediante prácticas, acciones, modos de actuar y creencias colectivas: símbolos partidarios, himnos, cantos, tradiciones, padres fundadores y hasta mártires que son reconocidos y cuyo recuerdo es reproducido con el concurso de todos —participando en conmemoraciones mediante las cuales es rememorada la historia del partido—, creando de este modo las condiciones para su delegación a favor de militantes ejemplares. Es lo que permite a Bourdieu decir que “es solo cuando la herencia se apropió del heredero que el heredero puede apropiarse de la herencia” (Bourdieu 1997Bourdieu, Pierre. 1997. Méditations pascaliennes. París: Seuil.: 219). Sin embargo, a menudo olvidamos que, dependiendo de los partidos, son facciones, tendencias o corrientes que también pueden acumular capital objetivado, particularizando distintas historias y forjando sus propios símbolos identitarios; pensemos en la rivalidad entre trotskystas y leninistas bajo la revolución rusa, al punto de originar dos “tradiciones” distintas de comunismo, o en la competencia entre los SS de Himmler y los SA de Röhm al interior del Partido Nazi, dos facciones que rivalizaban tanto en estética como en fidelidad a Hitler17
Si el capital político objetivado puede tener valor, esto no se explica solo por su composición interna —su poder de atracción no remite solamente a la historia larga y sentimental de su atesoramiento en una institución—, sino sobre todo por los estados históricos del campo. En la actualidad, es el estado del campo, y no las características intrínsecas del capital, lo que explica que las formas objetivadas de este recurso se diversifiquen en su origen —ya no solo en partidos, sino también en organizaciones patronales, profesionales o en movimientos sociales—, lo que a su vez remite a las transformaciones demográficas del electorado y a los cambios generacionales involucrados.
Prueba de lo anterior es la creciente importancia de los “independientes” que son elegidos como diputados, senadores o alcaldes en diversos países europeos y latinoamericanos. Es aquí donde nos volvemos a encontrar con la tensión y, eventualmente, la complementariedad entre el origen —externo— al propio campo político del capital político y sus raíces internas a este espacio. A riesgo de repetirnos, es perfectamente concebible que el capital sea acumulado por organizaciones externas al campo —sindicatos, organizaciones estudiantiles, etc.— y hasta por grupos restringidos poderosos (sociedades secretas18
Un capital interiorizado
⌅En su forma interiorizada, el capital político adopta la fisionomía práctica de un conjunto de disposiciones que permiten habitar el campo y actuar allí de modo pertinente. Esta evidencia sobre la función cognitiva que presupone poseer capital político de modo interiorizado en forma de habitus, no es siempre cierta. Hay un determinado número y tipo de actores que ganan el derecho de ocupar una posición en el campo político sin que ellos dispongan necesariamente de este capital incorporado en la forma de disposiciones de campo, de habitus político. En efecto, los habitus de los actores (Martínez García 2017Martínez García, José Saturnino. 2017. “El habitus. Una revisión analítica”. Revista internacional de sociología 75 (3). DOI: http:// dx.doi.org/10.3989/ris.2017.75.3.15.115.) que franquearon las fronteras del campo pueden formarse en universos muy distintos al de la política, al punto de jamás asimilar completamente la lógica del campo político por las razones que fueren: efecto duradero de la clase social de origen, el oficio, las condiciones originarias de existencia, en síntesis el habitus primario, pero también a causa de las desventajas que se originan en la etnia o en el género, y más profundamente debido a una trayectoria que no estaba orientada a aterrizar en el campo político. Tal es el caso, paradójico, de Beppe Grillo, líder fundador del Movimiento 5 Estrellas en Italia y que accede al Senado en 2013 para, en seguida, retirarse y transferir el liderazgo de esta nueva fuerza inclasificable a Luigi Di Maio en 2017. Efectivamente, este es un caso paradójico, ya que el movimiento-partido que Beppe Grillo fundó provocó un verdadero sismo en la política italiana. Terminó primero en las elecciones legislativas de 2013, para en seguida transformarse en una suerte de partido pivote con el que era necesario aliarse para alcanzar una mayoría de escaños para formar gobierno, lo que revela una importancia de este partido sin parangón con la trayectoria errática de su líder cuando este era senador. En este sentido, la trayectoria en el campo de Beppe Grillo no es muy distinta a la de Illona Staler (Cicciolina, una estrella del cine porno) cuando ella fue elegida como diputada por un solo mandato en la lista del Partido Radical, 25 años antes. Si bien estos dos actores promovieron causas populares, su forma de habitar y ocupar el campo revela disposiciones mal ajustadas al juego político, lo que se tradujo en su tácita exclusión. De esto se sigue que actores outsiders, a menudo caracterizados por trayectorias “meteóricas”, no están necesariamente orientados a adquirir el habitus político.
Un capital institucionalizado
⌅En cuanto al capital institucionalizado, ¿cuál es su composición? El capital político declinado en esta forma opera como consagración estatal, generalmente en el lenguaje jurídico de lo universal con el fin de lograr que el juego político sea jugable por todos, de acuerdo a reglas conocidas de antemano y por todos los jugadores, quienes, precisamente porque fueron reconocidos como jugadores, permiten que el juego tenga una salida previsible y aceptable, es decir, más allá de los resultados que indican ganadores y perdedores, una salida que garantice la continuidad tanto del juego como del campo en el que se juega.
CAMPO POLÍTICO, CONFIGURACIONES DE MERCADO Y CAPITAL POLÍTICO
⌅Los diversos universos sociales que estructuran a sociedades diferenciadas, especialmente en la forma de campos, no podrían existir sin capitales ni recursos que son invertidos por actores, quienes juegan un rol motor y de puesta en movimiento de estos espacios. En este sentido, un capital de campo político es un recurso (generalmente adquirido) y, a veces, heredado a continuación de una transferencia de conexiones y de una reputación ante un electorado dominado por un político que está a punto de retirarse del oficio a favor de un “delfín”, o bien de padre a hijo: es todo un capital que se encuentra en juego cuando existen dinastías familiares (Joignant 2014Joignant, Alfredo. 2014. “El capital político familiar: ventajas de parentela y concentraciones de mercado en las elecciones generales chilenas de 2013”. Política. Revista de ciencia política, 52 (2): 13-48. DOI: 10.5354/0719-5338.2014.36134; Crowley y Reece 2013Crowley, George.R. y William. S.Reece. 2013. “Dynastic Political Privilege and Electoral Accountability: the Case of U.S. Governors, 1950-2005”. Economic Inquiry vol. 51, 1: 735-746. DOI: 10.1111/j.1465-7295.2012.00476.x; Feinstein 2010Feinstein, Brian. D.2010. “The Dynasty Advantage: Family Ties in Congressional Elections”. Legislative Studies Quarterly XXXV 4: 571-598.;Dal Bó, Dal Bó y Snyder 2009Dal Bó, Ernesto, PedroDal Bó y JasonSnyder. 2009. “Political Dynasties”. The Review of Economic Studies vol. 76, 1: 115-142. DOI: 10.1111/j.1467-937X.2008.00519.x).
Es cierto que los campos, tal como los conocemos, así como los capitales que los ponen en movimiento al ser invertidos, no siempre han existido. No cabe duda de que sabemos pocas cosas sobre la génesis del campo político —salvo en lo que concierne a su puesta en forma en los regímenes parlamentarios en el siglo XIX— y, a decir verdad, prácticamente nada sobre los modos primitivos de acumulación de capital en espacios políticos en formación. Exagerando algo el argumento, ¿podemos decir que en la polis de la antigua Atenas, una sociedad desprovista de universos diferenciados21
Evidentemente, sabemos muchas más cosas sobre el desarrollo del campo político a partir del momento en el que se observan invenciones de dispositivos de profesionalización —dietas, inmunidades—, provocando la irrupción de nuevos actores que detentan diversas especies de capital, lo que tiene efectos en el juego político y en el modo de jugarlo. Dicho de otra manera: los cambios institucionales que afectan el funcionamiento del campo político tienen consecuencias sobre las especies de capital que pueden ser invertidas. En todas estas transformaciones, lo que se encuentra siempre en juego son capitales cuyas especies y su larga continuidad histórica desde la postguerra europea permitieron pensar en un estado estacionario de este espacio; lo que Lipset y Rokkan (1967Lipset, Seymour Martin y SteinRokkan. 1967. Party Systems and Voter Alignments: Cross-National Perspectives. New York: Free Press.) llamaban el “congelamiento” —freezing— de los sistemas de partidos.
Es importante detenerse en un aspecto del funcionamiento estructural del campo político. A diferencia de otros campos, el campo político organizado por las reglas del sufragio universal adopta periódicamente la fisionomía de un mercado político. Se trata de una transformación sobre la cual nos detenemos poco, ya sea porque se considera que el campo político es, al mismo tiempo, un mercado político22
Es en los momentos de transición (institucionalizados, es decir regulados por el Estado) desde el estado de campo al de mercado que las estrategias de inversión de capital y de activos se vuelven particularmente visibles: de allí la importancia de interesarse en las regulaciones que afectan el uso del dinero en política (Pagé 2018Pagé, Julia. 2018. Le prix de la démocratie. París: Fayard.; Ackerman y Ayres 2002Ackerman, Bruce e IanAyres. 2002. Voting With Dollars. New Haven: Yale University Press.; Scarrow 2007Scarrow, Susan E.2007. “Political Finance in Comparative Perspective”. Annual Review of Political Science 10: 193-210. DOI: 10.1146/annurev.polisci.10.080505.100115), el acceso a los programas de televisión en función de la importancia que los canales y plataformas atribuyen a los actores o la publicación de datos demoscópicos que participan de la construcción de recursos mediáticos. Esto quiere entonces decir que el campo, en coyunturas electorales, deja de ser únicamente un campo: son las propias reglas del campo político que provocan periódicamente la aparición de una configuración de mercado que es reconocida como tal, esto es, como un espacio transaccional entroncado en el campo en el que los actores oferentes y demandantes concuerdan, de modo descentralizado y sin mediar una estructura de precios, bajo qué condiciones se intercambian ofertas de bienes contra votos. Una vez concluida la elección, el campo recupera su condición exclusiva de campo. ¿Quiere entonces esto decir que las relaciones de mercado desaparecen cuando el campo político y su racionalidad se vuelven nuevamente dominantes, una vez concluida la coyuntura electoral de turno? De ninguna manera: el funcionamiento del campo político sostenido por razones de mercado es un hecho bien establecido (mediante contrataciones de profesionales del marketing, consultores, etc.). Cuando sostengo que el campo político recupera sus derechos una vez terminada una elección es para señalar que la convergencia entre una oferta y una demanda deja de gozar de centralidad: esta es la razón de por qué Manin (1995Manin, Bernard. 1995. Principes du gouvernement représentatif. París: Flammarion.: 288) afirma que “la configuración final de la oferta no es entonces el producto de una voluntad, es el efecto de una pluralidad de acciones” que tienen efectivamente lugar antes de que una configuración de mercado se establezca, es decir bajo el funcionamiento de un campo político.
Este curioso entroncamiento del mercado en el campo político es rara vez visitado por las ciencias sociales, en las que la pregunta por el valor social y político de los actores se torna esencial. Es este el aspecto que Bourdieu no pudo percibir con claridad sobre el capital político, a diferencia de otras especies de capital en otros campos (como el literario, en donde el mercado juega un rol constante en la valoración de las obras y sus autores a través de distintos agentes: editores, críticos literarios, etc.), mientras que el capital político opera en una configuración de mercado con sujeción a periodicidades.
Por consiguiente, para responder a la pregunta de qué es el capital político, resulta ser una condición necesaria enfocarse en sus formas —objetivadas, incorporadas e institucionalizadas— y su composición interna —know-how, habilidades, notoriedad, etc.—, pero no es suficiente. Evidentemente, estas formas y modos de adquisición importan y Bourdieu las pudo explicar magníficamente. Pues bien, lo que singulariza a los campos, y muy especialmente al campo político, es que este se encuentra constantemente sometido a variaciones históricas de su modo de funcionamiento y a coyunturas que lo sacuden —estados del campo—, lo que repercute en el valor —cambiante— de las distintas especies de capital del que disponen los actores que ingresaron al campo, pero también en los recursos que son detentados por los desafiantes. Esta es la razón por la cual, cuando el campo político adopta una configuración de mercado una vez cumplidos ciertos ritos de institución —disolución de la cámara baja, votación de una moción de censura de un primer ministro, término natural de un mandato presidencial, etc.—, no es solo el futuro de los actores el que se pone en juego, sino también las inversiones de distintas especies de capital, de campo o extra-campo, cuyo valor no se encuentra nunca enteramente garantizado.
CONCLUSIÓN
⌅Este artículo ha buscado aclarar el significado del concepto de ‘capital político’, para lo cual fue necesario interesarse en sus modos de adquisición, en las lógicas de delegación del capital objetivado, en la actividad de cálculo que se encuentra involucrada cuando se quiere invertir un capital o recursos en el campo político, lo que a su vez nos lleva a interrogarnos sobre los orígenes del capital político —interno o externo—.
Las transformaciones que han afectado a la política en los últimos 25 años son enormes, y afectan tanto el funcionamiento del campo político como la operacionalización del capital en el momento en que este es invertido. Las transformaciones del campo político son veloces e impredecibles, y nada garantiza que su funcionamiento descanse en inversiones de capital de campo: de multiplicarse los capitales eficientes para ingresar al campo político, pero que se originaron en otros campos, es a una verdadera metamorfosis del campo y de la actividad política a la que podríamos estar asistiendo. Algo de esta prefiguración ya se encuentra contenido en la multiplicación de candidaturas independientes exitosas, tanto por fuera de los partidos como en listas de partidos. Sabemos poco de sus consecuencias, aunque sí tenemos sospechas. De multiplicarse los orígenes del capital para ingresar al campo, su poblamiento será ciertamente pluralista y diverso, pero al precio fuerte de una fragmentación de características inéditas.